El mundo desde Octubre…

Project Syndicate El Moderador

Fecha:01.04.13
Autor:Nouriel Roubini
Articulo: La economía mundial al vuelo

El Mundo en estos días El Moderador

Estambul – En las últimas cuatro semanas, viajé a Sofía, Kuala Lumpur, Dubái, Londres, Milán, Fráncfort, Berlín, París, Pekín, Tokio, Estambul y por todo Estados Unidos. Así, nunca me sentí demasiado lejos de la infinidad de desafíos que enfrenta la economía mundial.

En Europa, el riesgo de una excepcional ruptura de la zona del euro y la pérdida de acceso a los mercados para España e Italia disminuyó gracias a la decisión del Banco Central Europeo de crear una red de protección para la deuda soberana el verano pasado. Pero los problemas fundamentales de la unión monetaria –bajo crecimiento potencial, recesión sostenida, pérdida de competitividad y grandes volúmenes de deuda pública y privada– no han sido resueltos.

Por otra parte, el gran acuerdo entre el núcleo de la zona del euro, el BCE y la periferia –dolorosa austeridad y reformas a cambio de asistencia financiera a gran escala– está resquebrajándose a medida que la fatiga por austeridad en la periferia choca con la fatiga por rescate en los países centrales de la zona del euro, como Alemania y los Países Bajos.

La fatiga por austeridad en la periferia se percibe claramente en el éxito de fuerzas antiestablishment en la reciente elección italiana; en las grandes demostraciones callejeras en España, Portugal y otros sitios; y también en el malogrado rescate de los bancos chipriotas, que ha alimentado un intenso enojo popular. En toda la periferia, los partidos populistas de izquierda y derecha ganan terreno.

Mientras tanto, la insistencia de Alemania en imponer pérdidas a los acreedores de los bancos en Chipre es el último síntoma de fatiga por rescate en el centro. Otros miembros centrales de la zona del euro, ansiosos por limitar los riesgos para sus contribuyentes, han señalado de manera similar que los rescates mediante reestructuración de la deuda con pérdidas para los acreedores (bail-in -1-) son lo que se viene.

Fuera de la zona del euro, en  el Reino Unido lucha por recuperar el crecimiento debido al daño causado por los esfuerzos de consolidación fiscal concentrados al principio del período, mientras que el sentimiento antiausteridad gana fuerza en Bulgaria, Rumania y Hungría.

En China, la transición en el liderazgo ha sido suave. Pero el modelo económico del país continúa, según las famosas palabras del ex primer ministro Wen Jiabao, «inestable, desequilibrado, falto de coordinación e insostenible».

Los problemas de China son muchos: desequilibrios regionales entre sus regiones costeras y el interior, y entre las zonas urbanas y rurales; ahorro e inversión fija excesivos e insuficiente consumo privado; aumento de la desigualdad en el ingreso y la riqueza; y una enorme degradación ambiental que pone a la salud pública y alimentaria en peligro por la contaminación del aire, el agua y el suelo.

Los nuevos líderes del país hablan seriamente de profundizar las reformas y reequilibrar la economía pero, por su inclinación, mantienen la cautela, el gradualismo y el conservadurismo. Además, el poder de los intereses creados que se oponen a la reforma –las empresas estatales, los gobiernos provinciales y los militares, por ejemplo– aún debe ser derrotado. Como consecuencia, es posible que las reformas necesarias para reequilibrar la economía no ocurran lo suficientemente rápido para evitar una caída brusca cuando, el año que viene, la inversión se derrumbe.

En China –así como en Rusia (y parcialmente en Brasil e India)– el capitalismo de estado se ha afianzado más y esto no augura nada bueno para el crecimiento. En general, se exageró el desempeño de estos cuatro países (los BRIC). Otras economías emergentes pueden mostrar mejores resultados durante la próxima década: Malasia, las Filipinas e Indonesia en Asia; Chile, Colombia y Perú en Latinoamérica; y Kazajistán, Azerbaiyán y Polonia en Europa del Este y Asia Central.

Más hacia el Este, Japón intenta un nuevo experimento económico para detener la deflación, impulsar el crecimiento económico de recuperar la confianza de las empresas y los consumidores. La «Abenomía» tiene varios componentes: estímulos monetarios agresivos del Banco de Japón; un estímulo fiscal este año para cebar la demanda, seguido por austeridad fiscal en 2014 para poner límite a los déficits y la deuda; un empuje para aumentar los salarios nominales e impulsar la demanda interna; reformas estructurales para desregular la economía; y nuevos acuerdos de libre comercio –comenzando con el Acuerdo Transpacífico– para impulsar el comercio y la productividad.

Pero los desafíos son sobrecogedores. No queda claro si se puede vencer a la deflación con política monetaria; el estímulo fiscal excesivo y la austeridad diferida pueden hacer que la deuda se torna insostenible; y los componentes de la reforma estructural de la Abenomía son vagos. Por otra parte, las tensiones con China por reclamos territoriales en el Mar de China Oriental pueden afectar adversamente al comercio y a la inversión directa extranjera.

Luego está el Oriente Medio, que se mantiene como un arco de inestabilidad desde Magreb hasta Pakistán. Turquía –con una población joven, gran potencial de crecimiento y un dinámico sector privado– busca convertirse en una importante potencia regional. Pero enfrenta muchos desafíos propios. La propuesta turca para unirse a la Unión Europea está actualmente estancada, al tiempo que la recesión en la zona del euro desalienta su crecimiento. Su déficit de cuenta corriente aún es grande y su política monetaria ha sido confusa, ya que el objetivo de impulsar la competitividad y el crecimiento entra en conflicto con la necesidad de controlar la inflación y evitar una excesiva expansión del crédito.

Además, si bien han aumentado las probabilidades de un acercamiento con Israel, Turquía enfrenta graves tensiones con Siria e Irán, y el partido Islámico en el poder aún debe demostrar que puede coexistir con la tradición política secular del país.

En este frágil entorno mundial, ¿se ha convertido EE. UU. en un faro de esperanza? Los estadounidenses han experimentado varias tendencias económicas positivas: la vivienda se recupera, el gas y el petróleo de pizarra reducirán los costos energéticos e impulsarán la competitividad; la creación de empleos mejora; los crecientes costos laborales en Asia y la llegada de la robótica y la automatización apuntalan un resurgimiento manufacturero; y la agresiva flexibilización cuantitativa ayuda tanto a la economía real como a los mercados financieros.

Pero aún existen riesgos. El desempleo y la deuda de los hogares continúan obstinadamente altos. La carga del aumento impositivo y los recortes del gasto impactarán sobre el crecimiento; y el sistema político es disfuncional: la polarización partidaria impide lograr compromisos sobre el déficit fiscal, la inmigración, la política energética y otros temas clave que influyen sobre el crecimiento potencial.

En suma, entre las economías avanzadas, EE. UU. es la que está en mejor situación relativa, seguida por Japón, donde la Abenomía impulsa la confianza. La zona del euro y el RU continúan sumidos en recesiones, empeoradas por restrictivas políticas monetarias y fiscales. Entre las economías emergentes, China podría enfrentar una caída brusca a fines de 2014 si se posponen las reformas estructurales críticas; y los demás BRIC deben alejarse del capitalismo de estado. Si bien otros mercados emergentes en Asia y Latinoamérica muestran un mayor dinamismo que los BRIC, su empuje no será suficiente para revertir la marea mundial.

Fecha:28.03.13
Autor:J. Bradford DeLong
Articulo: ¿Déjalo sangrar?

Berkeley – Durante los 12 años de la Gran Depresión –entre el derrumbe del mercado de valores en 1929 y la movilización estadounidense para la Segunda Guerra Mundial– la producción en Estados Unidos se mantuvo en promedio aproximadamente un 15 % debajo de la tendencia predepresión. Esto implicó una caída total del producto equivalente a 1,8 años de PBI. Actualmente, incluso si la producción recupera su nivel potencial con inflación estable para 2017 –un «si» mayúsculo– EE. UU. habrá perdido el equivalente al 60 % del PBI de un año.

De hecho, es casi seguro que las pérdidas por lo que he estado llamando la «Depresión Menor» no habrán finalizado para 2017. No hay en el horizonte el equivalente moral de una guerra para atraer a EE. UU. hacia una poderosa bonanza y borrar el ensombrecimiento causado por la caída de la economía. Cuando tomo los valores actuales y proyecto el crecimiento futuro de EE. UU. considerando la tendencia reducida, el valor actual que obtengo para la pérdida adicional nunca es menor que el 100 % del producto de un año. Esto llevaría el costo total a 1,6 años del PBI. El daño es entonces casi igual al de la Gran Depresión –e igualmente doloroso, aun cuando el PBI real estadounidense actual es 12 veces mayor que el de 1929.

Cuando hablo con mis amigos en el gobierno de Obama, se defienden a sí mismos y al resultado macroeconómico (1) de largo plazo estadounidense señalando que el resto del mundo desarrollado está mucho peor. Están en lo cierto. Europa desea desesperadamente que sus problemas se reduzcan al tamaño de los estadounidenses.

Sin embargo, mi conclusión es que debo dejar de llamar al episodio actual la Depresión Menor. Sí, su forma es distinta a la de la Gran Depresión pero, hasta ahora por lo menos, no hay motivo para clasificarlo en un nivel inferior en la jerarquía de desastres macroeconómicos.

El mercado estadounidense de bonos (1) (2) me da la razón. Desde 1975, la prima nominal anual sobre las letras del tesoro a 30 años ha mantenido un promedio del 2,2 %: en otras palabras, durante su duración, los rendimientos nominales de las letras del tesoro a 30 años están 2,2 puntos porcentuales por encima del promedio esperado para las tasas nominales de las futuras letras del tesoro a corto plazo. La letra del tesoro actual a 30 años rinde el 3,2 % anual. Esto significa que, a menos que el comprador marginal de bonos actual sea inusualmente adverso a mantener letras del tesoro de 30 años, anticipa que las tasas nominales de las letras del tesoro de corto plazo serán en promedio del 1 % anual durante la próxima generación.

La Reserva Federal de EE. UU. solo mantiene la tasa nominal de corto plazo de las letras del tesoro alrededor del 1 % cuando la economía está deprimida, sobra capacidad, hay mano de obra ociosa y el principal riesgo es la deflación más que una presión al alza sobre los precios. Desde la Segunda Guerra Mundial, la tasa de desempleo estadounidense se mantuvo en promedio en el 8 % cuando la tasa nominal de las letras del tesoro de corto plazo fue igual o menor al 2 %.

Ese es el futuro que el mercado de bonos ve para Estados Unidos: una economía con poca actividad y deprimida, si no para la próxima generación, al menos para la mayor parte de ella.

Excepto en caso de una absoluta revolución en la forma de pensar y el personal en la Fed y el Congreso estadounidense, las políticas activistas no rescatarán a Estados Unidos. Alguna vez los responsables de las políticas entendían que el gobierno debía ajustar la oferta de activos para garantizar una provisión suficiente de activos líquidos, activos seguros, e instrumentos para el ahorro. De esa forma, la economía en su conjunto no se vería expuesta a presiones para desapalancarse y empujar a la producción por debajo del producto potencial. Pero este principio básico de gestión macroeconómica simplemente se desvaneció.

La mayoría de los gobernadores de la Fed cree que la agresiva expansión monetaria ha alcanzado, si no superado, los límites de la prudencia. En el Congreso estadounidense, la mayoría sigue el ejemplo de «Teodorico de York, barbero medieval» (producto de la comedia televisiva Saturday Night Live durante la década de 1970, cuya solución a todas las enfermedades era la sangría). Cree que la endeble economía estadounidense necesita otro buen sangrado, a ser aplicado en forma de austeridad más rigurosa.

Como dice Lady Bracknell en la obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto: «Perder a uno de los padres […] puede verse como un infortunio. Perder a ambos, tiene el aspecto de un descuido». El infortunio estadounidense fue sufrir un desastre con la escala de la Gran Depresión; pasar por dos, realmente tiene el aspecto de un descuido.

¿Qué deben hacer entonces los economistas que buscan mejorar el mundo, si ya no podemos esperar de manera realista empujar suavemente a la política en la dirección correcta?

En un punto similar durante la Gran Depresión, John Maynard Keynes alejó su foco de la búsqueda por influir en la política. Buscó en su lugar reconstruir el pensamiento macroeconómico escribiendo su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, para que la próxima vez que surgiese una crisis los economistas pensaran de manera diferente y más productiva sobre la economía que entre 1929 y 1933.

Esta semana, el economista y frecuente funcionario estadounidense Lawrence Summers, en una conferencia en la London School of Economics, llamó a otra reconstrucción del pensamiento macroeconómico –y de las instituciones y orientación de la banca central. Esa es una ambición keynesiana pero, ¿puede lograrse? No hay un Keynes actual a la vista, ni se percibe en el horizonte un consenso mundial al estilo Bretton Woods para reformar la banca central.

Fecha:27.03.13
Autor:Yu Yongding
Articulo: China y la tentación de la cuenta de capital

Pekín – A pesar de las fluctuaciones, el crecimiento de la economía china en general se ha mantenido estable durante las últimas tres décadas, no solo por la solidez de sus aspectos centrales, sino también por la exitosa gestión gubernamental de los flujos de capital transfronterizos.

Los controles de capital permitieron a China salir en gran medida indemne de la crisis financiera asiática de 1997-1998, aun cuando la fragilidad de su sistema financiero era al menos similar a la de los países afectados. La crisis financiera asiática persuadió a los líderes chinos para archivar sus planes, lanzados en 1994, de liberalización de la cuenta de capital.

En 2002, China retomó sus esfuerzos de liberalización, eliminando las restricciones a sus empresas para abrir cuentas bancarias en moneda extranjera, y permitiendo a los residentes tanto abrir cuentas en moneda extranjera como convertir el equivalente a $50.000 yuan al año en otras monedas. Las autoridades introdujeron también el programa de «inversores institucionales nacionales cualificados» (IINC) para permitir a los residentes invertir en activos extranjeros –una de las muchas iniciativas para reducir la presión al alza sobre el tipo de cambio del yuan fomentando la salida de capitales. Simultáneamente, el esquema de «inversores institucionales extranjeros cualificados» (IIEC) permitió que entidades extranjeras autorizadas pudieran invertir en los mercados internos de capital

A principios de 2012, el Banco Popular Chino (BPC) emitió un informe donde solicitaba a los responsables de políticas que aprovecharan una «oportunidad estratégica» para acelerar la liberalización de la cuenta corriente de capital. Poco después del informe, las cuotas de IIEC fueron relajadas significativamente.

De hecho, esa aceleración ha continuado desde que el gobierno inició la internacionalización del yuan en 2009. Si bien la internacionalización de la moneda equivale a la liberalización de la cuenta de capital, los avances en la primera presuponen avances en la segunda. Al permitir que las empresas elijan monedas para cancelar sus operaciones comerciales y crear mecanismos de «reciclado del yuan», el gobierno en realidad relajó las restricciones sobre los flujos transfronterizos de capital de corto plazo.

La mayoría de los economistas en China parece estar a favor de la postura del BPC y cita los beneficios potenciales de la liberalización de la cuenta de capital. Pero los responsables de las políticas en China también deben reconocer los significativos riesgos inherentes a relajar los controles de capital.

En primer lugar, China necesita controles de capital para mantener la independencia de su política monetaria hasta estar lista para adoptar un régimen cambiario de flotación. Como lo señaló Barry Eichengreen en el contexto del sistema de Bretton Woods, posterior a la Segunda Guerra Mundial, los controles de capital debilitan «el vínculo entre las políticas económicas interiores y exteriores, brindando margen de maniobra a los gobiernos para dedicarse a otros objetivos». Debido a que los controles de capital restringieron «los recursos que los mercados podían oponer a un tipo de cambio fijo», «limitaron los pasos que los gobiernos debían tomar para defenderlo». Con superávits en la cuenta corriente y de capital, el tipo de cambio del yuan aún enfrenta una presión al alza. Sin controles adecuados a la entrada de capitales transfronterizos de corto plazo, será difícil para el BPC mantener simultáneamente la independencia de la política monetaria y la estabilidad del tipo de cambio.

En segundo lugar, el sistema financiero chino es frágil, y su estructura económica, rígida. Por lo tanto, la economía china es altamente vulnerable a las fugas de capitales. En los últimos años, la vulnerabilidad financiera china ha aumentado. Su deuda corporativa se estima en más del 120 % del PBI y la oferta monetaria amplia (M2) supera el 180 % del PBI. A principios de 2012, las preocupaciones de China se centraban en la deuda de los gobiernos locales, las redes de crédito subterráneas y las burbujas inmobiliarias. A la lista se agrega ahora el crecimiento de las actividades de la banca en la sombra. Sin controles de capital, un shock imprevisto podría desatar fugas de capitales de gran escala y llevar a una devaluación significativa de la moneda, disparar las tasas de interés, hacer estallar burbujas de activos, generar bancarrotas y cesación de pagos en empresas financieras y no financieras y, en última instancia, el colapso del sistema financiero chino.

Un tercer motivo para tomar con calma la relajación de los controles de capital es que las reformas económicas chinas aún no están completas y los derechos de propiedad no se han definido claramente todavía. Entre la ambigüedad sobre la propiedad y una corrupción omnipresente, el libre flujo del capital entre fronteras fomentaría el lavado de dinero y el vaciamiento de empresas, y eso incitaría tensiones sociales.

Finalmente, con más de $3,3 billones de reservas en divisas, China es un objetivo especialmente atractivo para los especuladores internacionales. Debido a su sistema financiero subdesarrollado y a sus ineficientes mercados de capitales, China sería incapaz de resistir un ataque similar a los que dispararon la crisis financiera asiática sin la protección que brindan los controles de capital. Ya, incluso sin un ataque especulativo importante, el arbitraje de tipos de cambio y tasas de interés facilitado por la internacionalización del yuan ha impuesto pérdidas significativas a China.

Por cierto, un enfoque cauto no debe impedir el progreso incremental hacia la liberalización de la cuenta de capital. Pero un marco de trabajo amplio para determinar el momento oportuno para cada medida política, basado en un riguroso análisis de costo-beneficio, es esencial. Si bien algunas de las medidas que ha tomado el BPC en pos de la liberalización de la cuenta de capital han resultado tanto necesaria como adecuadamente moderadas, es posible que otras deban ser reevaluadas y rescindidas.

Hoy día, cuando todas las grandes economías recurren a políticas monetarias expansivas, la economía global se ve inundada con un exceso de liquidez y se percibe la amenaza de una «guerra de divisas». Como resultado, la entrada de capitales de corto plazo, ya sea en busca de un puerto seguro o por arbitrajes de tasas de interés entre divisas, aumentarán en volumen y volatilidad.

En estas circunstancias, con el sistema financiero chino demasiado frágil para soportar choques externos y la economía mundial sumida en el desconcierto, sería poco prudente para el BPC apostar a la capacidad de una rápida liberalización de la cuenta de capital para generar un sistema financiero más sano y robusto. Por el contrario, los responsables de las políticas deberían avanzar con cuidado en pos de la liberalización financiera. Dada la amplia agenda de reformas de China, abrir más la cuenta capital puede esperar y, considerando los beneficios ambiguos de la liberalización y sus riesgos significativos, debería hacerlo.

_

“El logro de disuasión diplomática de Corea del Norte (1) dependerá de la cooperación de China, y esto requiere que China vitales de seguridad nacional intereses deben reconocerse. China teme no sólo las consecuencias sociales y económicas de una implosión de Corea del Norte, sino también las consecuencias estratégicas de la reunificación – en particular, que los militares de EE.UU., a través de su alianza con Corea del Sur (2), tendrían acceso al territorio en su frontera.” (1) (2) (3)

Yoon Young-kwan

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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