Guy Sorman: “Hay una sobrerreacción frente a lo que sucede, la UE no va a desaparecer”

Fecha:17/06/2012
Autor: Cristina Cifuentes

El economista y periodista francés, Guy Sorman se ha convertido en uno de los intelectuales más respetados de Europa. Partidario del liberalismo clásico, este autor es columnista de periódicos como Le Figaro y The Wall Street Journal. Además, ha escrito decenas de libros, como “China, el imperio de las mentiras” (1) y “La Economía no miente”. Analiza el panorama que enfrenta Europa tras los comicios griegos y las elecciones legislativas francesas de hoy, que auguran un amplio triunfo del Partido Socialista. Descarta, sin embargo, las visiones pesimistas que hablan incluso de la desaparición a mediano plazo del euro o incluso de la Unión Europea. “El euro es una moneda estable, si estuviera condenada a la fatalidad como muchos dicen, ¿por qué la gente sigue comprando euros?”, asegura.

Hoy se realizan las elecciones griegas que están generando inquietud a nivel mundial. ¿Cómo ve la situación y el panorama en Europa?

Existe un consenso entre los líderes europeos de que hay que actuar juntos, que no se puede retroceder, sino que hay que avanzar. Aun en Grecia nadie quiere dejar Europa o el euro. Así que el consenso será crear leyes más fuertes, con una mayor integración, lo que creo tomará 10 años. Uno ve encuestas que dan muestra de lo escéptica que está la gente, puedes entenderlo porque las políticas en Europa han sido tan confusas durante los años. Ahora tenemos en todas partes gobiernos estables como en Francia, Polonia, los Estados bálticos y los países escandinavos (1). Todos están de acuerdo que en el largo plazo lo que hay que hacer son los estados unidos de Europa. Creo que se verá cada vez más una consistencia respecto de esa dirección.

¿Cree entonces que Europa se va a convertir en un sistema federal (1)?

Sí, Francois Hollande dijo la semana pasada diciendo lo mismo, que Europa necesita integración. (Mariano) Rajoy en España y el primer ministro de Polonia dijeron lo mismo.

Excepto los británicos…

Ellos se van a quedar al margen, pero Europa se puede integrar sin ellos. Si en el pasado se realizaron acuerdos para que no se unieran al euro, lo mismo puede pasar ahora. El Reino Unido debería dejar Europa. El problema de Europa no es Grecia, es el Reino Unido. Ellos están solo para evitar que se tomen decisiones. Yo pondría a Turquía y sacaría al Reino Unido.

¿Cree que con el liderazgo de Hollande se ha reforzado un bloque anti Angela Merkel en la UE?

Eso ocurrió durante las elecciones, cuando Hollande decía estamos en contra de Alemania, estamos a favor del crecimiento. Pero ahora que ya fue elegido, todo se volverá más serio. Creo que las políticas que implementará serán las tradicionales en materia económica, más cercano al modelo alemán. Esa idea de dejar sola a Merkel es completamente artificial.

El historiador británico Niall Ferguson argumenta que Europa está al borde de la debacle y recuerda lo sucedido con la crisis de 1933.

Ferguson no es economista y es un historiador populista y, para colmo, es británico. No es una fuente confiable. Para ser popular estos días hay que decir que casi es el fin del mundo. No existe fundamento en lo que está diciendo, no propone alternativas, no es experto en ese tema, espero que no crea lo que escribe.

¿Cuál cree que será el desenlace de esta crisis?

Es muy difícil hacer predicciones, pero creo que en 10 años más tendremos algo así como los estados unidos de Europa, con un presupuesto único, con un ministro de finanzas. La economía creo que estará completamente integrada.

Todos los ojos ahora están puestos en Europa del sur porque es donde están los problemas, pero Europa no es lo que era hace 10 años, porque tiene nuevos miembros, como los países de Europa del Este. Polonia, por ejemplo, está muy comprometida con la economía de libre mercado (1) y su gente tiene una visión positiva de Europa. Deberíamos mirar al este. Ahí vemos que hay muchos países que se quieren unir, porque ven que es una forma de prosperidad y paz.

Los sondeos auguran que en las elecciones legislativas de Francia, los socialistas lograrán un amplio triunfo lo que fortalecerá a Hollande y su plan de gobierno. ¿Cómo influirá eso en las estrategias que tome Europa para enfrentar la crisis?

Todos entienden que se tiene que llevar a cabo un nuevo consenso en Europa, que necesitamos más integración, más federalismo. Hollande siempre lo ha dicho, ya sea por convicción personal o porque es la plataforma del PS, y los alemanes también están de acuerdo. Actualmente, en Europa hay un consenso de que necesitamos un centro más fuerte que sea capaz de implementar las reglas, y eso es muy positivo para el futuro europeo. Ha habido una sobreexageración de lo que pasa en Europa, leo la prensa en Estados Unidos y dicen que Europa va a desaparecer. Esto no tiene sentido desde el principio. La UE es un proyecto político que comenzó hace 60 años y no hay ninguna alternativa, nadie la está proponiendo. Por otro lado, el euro no está amenazado, porque no depende de los gobiernos, sino que de un banco central independiente.

Autor:Álvaro Vargas Llosa
Fecha:17/06/2012

Este domingo tendrán lugar las elecciones más importantes del mundo. Ocurrirán en el extremo sur de la península Balcánica, en un lugar improbable del que pende el destino inmediato de Europa y puede decirse, sólo con una pizca de hipérbole, de la humanidad: Grecia. De lo que suceda o deje de suceder después de estos comicios dependerá que la depresión que atraviesa ese país -su PBI ha caído 25 por ciento en cuatro años y ya un tercio de la población es pobre- derive en el desmadejamiento del euro y el derrumbe de buena parte de los construcción europea. Si esto se diera, el impacto en el resto del mundo occidental sería inmediato y duradero: por lo pronto, Estados Unidos, cuya economía representa la cuarta parte del producto bruto mundial y se está desacelerando otra vez, se resentiría dramáticamente. Es posible que no sea exagerado decir que Barack Obama se juega la reelección en Grecia.

Las elecciones griegas de este domingo 17 de junio son, en realidad, una repetición de las del 6 de mayo, que pasmaron a Europa por el inesperado segundo lugar de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza). El éxito de esta fuerza política, producto de la ira de los griegos contra los infinitos planes de austeridad aplicados desde 2009, sorprendió incluso a su líder, Alexis Tsipras, el joven y turbulento impugnador de las condiciones impuestas por Europa y el Fondo Monetario Internacional a Atenas, a cambio de los rescates financieros aprobados en mayo de 2010 y marzo de 2012. El triunfo insuficiente de los conservadores de Nueva Democracia y el relego de los socialistas del Pasok al tercer lugar, convirtieron a Syriza en la sensación y el terror de Europa. Tsipras, su jefe, impidió la formación de una mayoría parlamentaria y por tanto, de un nuevo gobierno, a las dos fuerzas tradicionales que respaldan las condiciones impuestas por la comunidad internacional. De allí las elecciones de este domingo.

Desde entonces hasta ahora, dos cosas han ocurrido. Una: Syriza ha alcanzado a Nueva Democracia en los sondeos y le disputa el primer lugar. Dos: la sombra ominosa de la salida de Grecia del ámbito del euro, lo que se conoce como “Grexit”, planea sobre la Unión Europea. Aunque Tsipras insiste una y otra vez (la última nada menos que en el Financial Times, el miércoles pasado) en que no quiere abandonar el euro, sino cambiar los planes de austeridad por planes de estímulo, en las capitales europeas, en Estados Unidos y en Pekín existe la convicción absoluta de que si Syriza gana los comicios y logra formar gobierno provocará un desbarajuste financiero que, independientemente de sus intenciones finales, sacará a Grecia de la moneda única. Y el contagio forzará la salida de los otros países en problemas.

Es difícil, en la vorágine actual, recordar cómo llegó Grecia a convertirse en el país más importante del mundo después de ser, durante muchos años, el menos importante de la unión. Quizá una forma de contar la historia para que se entienda bien desde América Latina, sea comparar a Grecia con Argentina. Porque lo cierto es que el hundimiento griego tiene mucho en común con los sucesivos hundimientos argentinos a lo largo de décadas (para no ir demasiado lejos, la hiperinflación de los años 80, el colapso de la convertibilidad en 2001 (1) y la debacle actual, que ha hecho a ese país perder más de seis puntos porcentuales en términos de crecimiento del PBI en un solo año). En ambos casos, las causas son autoinfligidas y en ambos casos, también, tienen que ver con una cultura política antimoderna ampliamente extendida.

Un hecho ocurrido en 2009 resume bien los años de irresponsabilidad que llevaron a Grecia a la catástrofe. Fue con ocasión de la elección que ganó el Pasok, liderado por Yorgos Papandreu, ese año. A poco de asumir el mando, el nuevo primer ministro reveló que el déficit heredado de manos de la Nueva Democracia de Konstantinos Karamanlis no ascendía a 3,7 por ciento, sino a 12,7 por ciento. ¿Qué había sucedido? Sencillamente, que las cuentas públicas eran una colosal estafa desde hacía mucho tiempo. Lo habían sido en tiempos del propio Pasok, que había gobernado hasta 2004, y de Nueva Democracia, que había ocupado el gobierno hasta 2009. Con ayuda de Goldman Sachs y otros bancos de Wall Street, los griegos habían empleado derivados para endeudarse, de tal forma que Europa no advirtiera que este país había sobrepasado los límites permitidos. Habían emitido deuda en diversas monedas, incluyendo yenes, a cambio de adelantos en euros por parte de la banca a una tasa de cambio histórica, es decir, con escasa relación con la actualidad, y luego habían usado otros derivados, en este caso, una permuta de tasas de interés, de cara a la devolución de los créditos en el futuro. Todo ello, comprometiendo diversas fuentes de ingresos -como los peajes de las carreteras-, sin que la obligación figurara oficialmente. Como no es infrecuente con los derivados, la apuesta le estalló al jugador en la cara, cuando los referentes a los que estaban vinculados estos instrumentos complejos se movieron en su contra. Los efectos de la revelación, una vez que el nuevo gobierno hizo público el déficit real, fueron instantáneos: los mercados financieros castigaron a Grecia implacablemente, las calificadoras de riesgo rebajaron la calificación de la deuda progresivamente, hasta reducirla a “basura”, y empezó una incesante lista de planes de austeridad que incendiaron la pradera.

Estos planes arrancaron con la decisión de Yorgos Papandreu de reducir los salarios públicos en 10 por ciento, subir la edad de jubilación, aumentar el IVA y los impuestos selectivos. Pero nada de eso bastó, como no bastaron varios “paquetazos” posteriores. En mayo de 2010, la Unión Europea y el FMI le echaron a Grecia el primero de dos cables: los famosos rescates. El primer rescate fue por 110 mil millones de euros y el segundo, en marzo de este año, fue por 130 mil millones y vino a remolque de una quita de deuda, llamada, como suele hacerse eufemísticamente en estos casos, “reestructuración”. Lo cierto es que se les puso a los acreedores una pistola en la sien y se les dijo: “O aceptan perder 106 mil millones de dólares que le prestaron en su día a Grecia o los pierden, aunque no lo acepten”.

El primer rescate tuvo dos efectos: sentó el precedente que luego sería replicado en Irlanda (noviembre de 2010) y Portugal (abril 2011) y que, de un modo algo distinto, se está replicando ahora en España, y acabó de reforzar en el imaginario colectivo la conexión entre el sufrimiento de la crisis y la responsabilidad de Europa. Hasta ese momento, la austeridad era más el resultado de decisiones internas que de una imposición externa. A partir del rescate, el gobierno griego se escudaba en que no tenía otra salida que aplicar planes de austeridad (recortes, aumento de impuestos, venta de activos estatales), porque las condiciones europeas eran draconianas. La población iba desarrollando una intensa ira contra los socios de Grecia en la Unión Europea, en especial los alemanes.

El resultado de todo eso fue la irrupción exitosa de Syriza y de otros grupos radicales, sin excluir al grupo neonazi Aurora Dorada, que obtuvo nada menos que siete por ciento de los votos. Era la resaca antieuropea, enemiga de la austeridad impuesta desde el exterior.

La otra forma en que se manifestaban los ciudadanos, en este caso los pudientes, contra el estado de cosas, era la fuga de capitales: más de 200 mil millones de euros han salido desde 2008.

Los griegos, que se habían creído ricos hasta hacía my poco tiempo, a medida que se habían equiparado gradualmente a la media europea, se habían despertado del sueño convertidos en pobres. El despertar no era sino la confirmación de que el euro había constituido la ilusión de la riqueza, no la riqueza misma. En la práctica, los bajos intereses “alemanes” del euro habían emborrachado de consumismo y conformismo a los griegos, como había sucedido con otros europeos del sur, y había exacerbado una cultura del despilfarro y la corrupción en el Estado que venía de muy atrás, postergando la necesidad de se más competitivos. Aunque ciertos sectores (el naviero, por ejemplo) habían despuntado por su productividad y dinamismo, otros habían vivido una irrealidad que la debacle financiera originada en Estados Unidos en 2007 había puesto al descubierto con efectos empobrecedores muy súbitos.

La desconfianza en las elecciones del domingo ha llevado a gobiernos, organismos multilaterales y bancos a prepararse para la eventualidad de que Grecia tenga que abandonar el euro y regresar al dracma. Una corriente de pensamiento europea aboga por eso mismo, a pesar de los costos, como única salida a la crisis griega y como “cortafuegos” a la expansión de la crisis. Con una moneda devaluada, sostiene esta corriente, Grecia podrá exportar más y pagar menos deuda; por la vía de la inflación, atenuará los efectos del ajuste que vienen sufriendo los griegos. El “desenganche”, además, evitará a Europa seguir asumiendo la responsabilidad financiera de sacar a Grecia del infierno.

Otros, en cambio (y aquí se mezclan gobiernos y organismos multilaterales), creen que el costo sería demasiado alto y que el efecto “contagio” más bien acabaría con el euro en poco tiempo, deshaciendo décadas de ejercicio constructivo en la Unión Europea. Quienes así piensan cifran el costo en 11,500 euros por persona, es decir, por griego, y en unos 400 mil millones para la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario si se cuentan las ayudas y los bonos griegos en poder de esas entidades. Ello, sin contar los bonos griegos en poder de bancos comerciales europeos.

Es difícil hacer vaticinios porque, a pesar de los augurios catastrofistas, no puede descartarse que el líder de Syriza tenga razón, cuando dice que su eventual rechazo a los planes de austeridad no necesariamente implicará la expulsión de su país del euro o la cancelación de lo que queda por desembolsar de la ayuda. Según Tsipras, Europa está mintiendo para asustar a los votantes griegos y no se atreverá a provocar la salida de Grecia del euro, algo que dice no pretender, aun si Atenas desconoce los compromisos asumidos por gobiernos anteriores. Pero si es así, toda la premisa de los rescates -dinero a cambio de austeridad- caerá por tierra. Irlanda y Portugal pedirán ser exonerados de sus propios compromisos, lo mismo que España cuando se decida en Europa cuáles condiciones ponerle a cambio de rescatar a su banca.

En la mitología griega, Europa era una fenicia a la que el Dios Zeus, convertido en un toro manso que le llamó la atención, sedujo o violó, según de qué versión se trate. La llevó sobre su lomo hasta Creta, la isla griega, donde ella acabó siendo reina. Desde entonces, Europa es Grecia y Grecia es Europa. Es posible que nunca hayan estado ambas más cerca de decirse adiós que con ocasión de las elecciones de este domingo.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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