El Tiempo congelado

Fecha:17/06/2012

Basta sólo una chispa para que el potrero de pasto seco se vuelva a encender. Basta un documental, Pinochet (1) -ahora desde el lado de los militares presos en Punta Peuco-, para que las organizaciones de derechos humanos (1) reaccionen y los encapuchados las emprendan con arrebato y violencia contra el pinochetismo, la policía, las vitrinas, los paraderos o los vehículos de una compraventa de autos. Se diría que la herida es reciente. Pero no, va a cumplir 40 años y se reabre una y otra vez a la menor provocación o </abravata. Que nadie se escandalice. William Faulker, cuya poética está asociada al tiempo ido, lo dijo mejor que nadie: “El pasado no existe. Ni siquiera ha pasado”.

La pregunta es por qué el tajo no cicatriza. No sólo ha pasado mucho tiempo. Vaya que ha cambiado el mundo y ha cambiado Chile. Pero en esto, en el Gran Trauma Nacional, el tiempo pareciera haberse congelado al punto que Allende y Pinochet siguen presentes. De distinta manera, por supuesto. Pero ahí están: dando la pelea.

El discreto encanto de la simetría

La lectura de la historia dice, en principio, que Allende perdió en el momento y ganó en la posteridad. Al revés, que Pinochet ganó el partido preliminar aunque perdió el de fondo. Pero al final, estas simetrías no interpretan a nadie en su salomónica carga de ironías. Al diablo con los triunfos morales y los veredictos de la eternidad. Contrariando la interpretación dominante de historiadores y sociólogos, lo que intuían probablemente los desalmados y vándalos que salieron a armar gresca el domingo pasado, es que Pinochet vive no sólo en la incondicionalidad de sus partidarios. Ellos -y no sólo ellos- lo reconocen también en las bases del llamado nuevo Chile. De ahí su frustración y su furia. ¿No era que el dictador fue derrotado?

Si las cosas son así, y vale decirlo en condicional porque en los desórdenes hay intereses políticos involucrados y está muy presente el vértigo de la ultra por la ingobernabilidad, la situación es por supuesto complicada. Complicada, porque la mancha de origen le ensucia el manto -no en la misma medida, de acuerdo- tanto a la derecha que estuvo con Pinochet hasta el final, como a los que lo combatieron pero heredaron -sin especiales expresiones de asco- el país que él concibió. Complicado también, porque es imposible desandar el camino y regresar sin más al Chile del año 70. ¿Cómo purgan las sociedades sus desafueros o borran de la historia los pasajes que no gustan? ¿Cómo hacen para que el pasado no las siga majadereando? ¿De qué manera saldan sus cuentas pendientes? ¿Será posible partir otra vez de cero?

Lo que está abierto

Hay, desde luego, gran inmadurez y candor en esas preguntas. No, no es posible volver a empezar. No, la sanación no pasa por negar lo que se vivió; pasa precisamente por reconocerlo y asumirlo. No, los hechos no ocurrieron porque sí o porque haya habido un solo malo de la película. No, el pasado, por mucho que admita múltiples interpretaciones, no se puede cambiar.

Eso es quizás lo único irremovible. Todo lo demás puede moverse y de hecho, está abierto y sometido constantemente a revisión. La gente puede cambiar de opinión, puede arrepentirse. Puede reconocer incluso que no volvería a actuar como actuó. Pero eso, que puede ser un bonito gesto, tanto en el plano personal como en el político, no cambia en nada el pasado. También es un bonito gesto dar la cara y apechugar incluso respecto de los errores cometidos y de lo que no haya sido especialmente glorioso.

Es difícil sentar normas generales a este respecto. Quién es uno para hacerlo: eso queda para la filosofía moral, que para estos efectos, por lo demás, se toma su tiempo. Mientras tanto, este es uno de esos terrenos donde mandan más los testimonios y las verdades personales que las prescripciones de la ortodoxia o del pensamiento políticamente correcto.

Cuando Andrés Chadwick, el ministro vocero, habló esta semana de arrepentimiento y tomó distancia de la las violaciones de DD.HH. por parte de un gobierno que él apoyó (y sigue apoyando, como lo aseguró al día siguiente en su aclaración), generó incomodidades en su sector, aunque sintió estar rindiendo un tributo a la moderación y la madurez. No hay por qué poner en duda que lo hizo desde la honestidad. Y siendo así, corresponde valorarlo y agradecérselo. La idea del “yo nunca supe lo que realmente pasaba” a lo mejor no se sostiene mucho. No importa. Pero la idea del “yo pude haber hecho más de lo que hice”, que por lo demás estaba en la declaración que hizo su partido, la UDI, con ocasión de los 30 años del golpe, comporta voluntad de enmienda y es un reconocimiento éticamente superior.

No más fuera esto lo único rescatable del episodio del domingo pasado, justo es reconocer que en la hora actual es valioso como saldo.

Artículo: El gesto del vocero que descolocó a la UDI
Fuente:La Tercera

Molestia y desazón en las filas gremialistas causaron los dichos de uno de los “coroneles” del partido sobre el régimen militar. La apuesta del ministro es no entorpecer el rol de articulador que motivó su ingreso al gabinete.

1) El conflicto

Un llamado telefónico recibió el domingo pasado el ministro Andrés Chadwick, de parte del presidente de la UDI, Patricio Melero.

Si bien ambos poseen una buena relación y mantienen un contacto fluido para analizar determinados proyectos de ley, ese día el llamado tenía otra motivación y, de hecho, se desarrolló en un tono distinto al habitual.

El diputado le transmitió al ex senador gremialista su sorpresa por las declaraciones que había visto minutos antes por televisión. En una entrevista, Chadwick dijo estar “arrepentido” de “haber sido parte” de un gobierno en el que se produjeron “brutales” violaciones a los derechos humanos.

Según dicen en el entorno del timonel gremialista, en la conversación el vocero de Gobierno intentó precisar sus dichos, algo que se materializó públicamente al día siguiente, cuando señaló que estaba arrepentido de no haber tenido una mayor “preocupación” para “evitar” violaciones a los DD.HH. Esto, dejando en claro que su postura la manifestaba “siendo partidario” del gobierno militar.

2) Aliados

El lunes, tras participar en la reunión del comité político junto a los dirigentes de la Alianza, el secretario de Estado subió las escaleras de La Moneda que lo llevan hasta su despacho y se encontró al interior de su oficina con el diputado UDI Carlos Vilches.

El parlamentario había llegado hasta Palacio para entregarle su apoyo al ministro, gesto que fue agradecido por Chadwick.

Quienes supieron el contenido de la conversación señalan que el secretario de Estado manifestó entender la distancia que había tomado la UDI frente a su postura, así como también las críticas que pudieran transmitir en privado algunos miembros del partido.

Momentos antes, en todo caso, Chadwick ya había recibido un espaldarazo público de parte de dos de sus compañeros en el gabinete: Laurence Golborne (MOP) y Joaquín Lavín (Desarrollo Social), quienes se manifestaron en la misma línea que el vocero de Gobierno respecto de la situación de los derechos humanos durante el régimen militar.

3) Adversarios

Es justamente en el gobierno donde Chadwick tiene a sus principales aliados. Y es precisamente ese factor el que genera cierto recelo en los sectores más doctrinarios de la UDI.

En la colectividad, algunos resienten que uno de los “coroneles” del gremialismo se haya marchado a La Moneda, desde donde ha defendido planteamientos que generan resistencia en el partido.

Así, recuerdan la promoción de la regulación de las uniones civiles entre homosexuales(1)(2)(3), el impulso a la reforma tributaria y la bullada salida de Rodrigo Alvarez de la cartera de Energía, tras ser marginado del acuerdo final con los dirigentes de Aysén.

Tanto en la reunión de directiva como en la comisión política, el asunto fue discutido largamente. Y si bien no fue el principal tema, quienes estuvieron presentes sostienen que se configuró un crudo diagnóstico de la situación.

“Una mala respuesta” fue uno de los apelativos que se usaron, mientras que otros, en un tono más duro, señalaron que lo hecho por Chadwick se “alejaba” de los principios de la colectividad.

Al día siguiente, los comentarios afloraron durante el almuerzo de bancada en el Congreso, ocasión en la que algunos advirtieron que ese tipo de posturas sólo tienen valor cuando se adoptan en privado, y no cuando alguien ostenta el cargo de vocero de un gobierno.

4) Objetivos

Tras una extensa reunión que sostuvo Melero con el Presidente Sebastián Piñera, el jueves pasado en La Moneda, Chadwick llamó a su celular al timonel gremialista para reunirse.

Por algunos minutos, ambos dialogaron en privado sobre diversos temas, tras lo cual Melero abandonó Palacio con rumbo a la sede de la UDI, en calle Suecia.

El encuentro es visto en el entorno de Chadwick como una señal positiva, tras la polémica que originaron sus palabras sobre el régimen militar.

De hecho, la mesa gremialista ya había valorado que el propio ministro matizara sus declaraciones públicamente.

En ese marco, la apuesta del titular de la Segegob es restablecer la normalidad entre su figura y el gremialismo(1), con el objetivo de no entorpecer el rol de articulador político que motivó su ingreso al gabinete.

Artículo:Volver al futuro
Fecha:17/06/2012
Autor: Jorge Navarrete
Medio:La Tercera

Los lectores podrían reparar en lo equívoca de la frase con que se titula esta columna. Sin ir más lejos, los acontecimientos de esta última semana, me refiero al homenaje a Augusto Pinochet y el mea culpa del ministro Andrés Chadwick, son hechos que más bien nos transportan al pasado, trayendo a la memoria un difícil y muy doloroso período de nuestra historia. Sin embargo, no es el recuerdo del ayer lo que principalmente me preocupa, sino lo poco que hemos aprendido a la luz de las reacciones que hoy, y ahora, estos eventos han provocado.

Soy de aquellos que manifiestan un severo juicio de reproche, moral y político, en contra de la dictadura militar y los civiles que la apoyaron. Nunca me han hecho sentido, para justificar las atrocidades cometidas por el Estado, aquellos argumentos que apelan a las circunstancias o que relevan los logros del régimen. Los verdaderos demócratas son aquellos que superponen la libertad política y la dignidad humana a cualquier otra consideración -sea económica, social o cultural-, sosteniendo que no hay razones para privar a ninguna persona o comunidad de sus derechos más fundamentales.

Fue justamente el anhelo de recuperar esa tan anhelada libertad lo que animó el espíritu y acción de todos quienes tan valientemente lucharon contra la dictadura. Lo hicieron convencidos de que ninguna sociedad puede prosperar cuando son otros, sean muchos o pocos, los que dictaminan cómo debemos pensar, actuar o decidir. De esa manera se reconquistó la democracia y el ejercicio de sus derechos básicos para todos, y no sólo para quienes habían resultado vencedores; mucho menos, por cierto, en desmedro de aquellos derrotados o que pensaban diferente.

Es por todo lo anterior que no se puede sino protestar por la intolerancia que hemos percibido en estos días, como si la libertad de expresión o reunión no fuera también sagrada para quienes piensan distinto, por más equivocadas u obscenas que nos parezcan sus convicciones. Está en la esencia de cualquier derecho el que su ejercicio no dependa del juicio que otros tengan sobre el propósito que éste ampara y, de esta manera, entender que una acción puede ser válida aunque no necesariamente valiosa. De lo contrario, estaríamos siempre a merced de las mayorías o de quien las representa institucionalmente, me refiero al Estado.

Me repugna política y moralmente la figura de Pinochet, pero no había razones para impedir o censurar en forma previa el homenaje al dictador. De hecho, la más bella paradoja de una democracia es que estamos obligados y comprometidos a garantizar la libertad de todos, incluso de quienes no la respetaron en el pasado o no la valoran en el presente. Es justamente esa posición la que nos honra y distingue de todos aquellos cuyo primer instinto es acallar o suprimir la diferencia.

Podremos disentir, enjuiciar o protestar, pero es ilegítimo solicitar el amparo del Estado para censurar a quienes piensan diferente. Lo más triste es constatar que detrás de esta cultura de la opinión única, apoyada por la funa violenta o el matonaje, la herencia de Pinochet sigue presente entre nosotros. Esta vez no sólo relevada por sus partidarios, sino también por quienes dicen ser sus más enconados adversarios.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Un Comentario

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