El fin del entusiasmo

Autor:Axel Christensen | Director ejecutivo de BlackRock Sudamérica.
Fecha:15/06/2012

La manera en que las autoridades chilenas han lidiado con los conflictos recientes, la contingencia y las crisis está haciendo que incluso quienes desde el extranjero alababan la solidez y seriedad chilena empiecen a tener dudas.

Esta semana me llegó un correo de un viejo amigo, destacado economista de uno de los mayores bancos de inversión de Wall Street. Hace muchos años cubre la economía chilena y ha sido un ferviente partidario de nuestro país, señalando a Chile como el país más destacado de América Latina.

Incluso en un reporte que me envió a fines del año pasado, en medio de las manifestaciones estudiantiles, reafirmaba que esto podía ser una oportunidad para atacar las carencias educacionales, quizás el mayor obstáculo que impide que nuestro país cumpla con la anhelada meta de llegar a ser un país desarrollado.

En esa oportunidad, destacaba cómo la combinación de una trayectoria de políticas macroeconómicas prudentes y un favorable entorno microeconómico le permitía a Chile sortear un complicado panorama externo sin demasiados sobresaltos, a pesar de nuestra apertura comercial con el resto del mundo.

Es por eso que me preocupé mucho del tono del reciente mensaje que recibí. El tono optimista, que incluso se mantuvo en los momentos más difíciles, desapareció. Donde antes había certezas, empiezan a asomar dudas.

Viniendo de una persona que solía hacer un diagnóstico siempre tan positivo de nuestro país, su inquietud me preocupa.

Su visión acerca de que la crisis en la educación constituía una oportunidad se había desvanecido, al constatar que la discusión se ha dejado de centrar en lo relevante -la calidad de la educación pública y la eficiencia del gasto fiscal en ella- para focalizarse exclusivamente en quién le tira más plata al problema con la esperanza de resolverlo.

Le llama profundamente la atención cómo el debate se ha trasladado a una reforma tributaria sin haber quedado resuelto qué objetivos se buscaba lograr en una reforma educacional. Se identifican montos, ¿pero dónde estaban las metas respecto a niveles de calidad (por ejemplo, puntajes en pruebas PISA) o eficiencia en los dineros que el Fisco destinaría a la educación? Echa de menos la misma seriedad que los chilenos habían demostrado en otras discusiones, como la responsabilidad fiscal o la reforma previsional, y que a su juicio era la base para distinguir a Chile dentro de la región.

El tono es aun más pesimista al referirse a la crisis energética. No entiende que a pesar de haber sufrido ya varios episodios de shocks energéticos (racionamientos, corte de gas argentino, etc.) en el pasado reciente, aún no seamos capaces de llegar a un consenso respecto a una política energética de largo plazo, que sea consistente con las altas tasas de crecimiento que Chile necesita para llegar a convertirse en un país desarrollado. Refiriéndose en particular a las dificultades del proyecto HidroAysén, advierte que incluso si éste se aprueba en su conjunto, habrán quedado planteadas dudas que afectarán las decisiones de inversionistas en proyectos futuros.

También expresa su intranquilidad por la vulnerabilidad que demuestran tanto gobierno como oposición a las presiones de grupos de interés, ante la falta de apoyo popular a ambos bloques políticos. Advierte que las decisiones políticas orientadas a satisfacer encuestas y no la capacidad de conducir en base a convicciones que luego se traduzcan en apoyo popular es precisamente lo que ha marcado la crisis política que afecta a Estados Unidos y que le llevó a su baja de clasificación a mediados del año pasado.

Finalmente, su mayor inquietud viene dada por el relajamiento de la austeridad fiscal que tanto sirvió a Chile para enfrentar mejor las crisis externas. La experiencia de otros países, en el pasado emergentes hoy desarrollados, evidencia que una vez que el gasto público aumenta, es muy difícil reducirlo. Hoy, un alto precio del cobre le permite a nuestro país solventar un mayor gasto destinado a beneficios sociales. Sin embargo, una situación externa más compleja -que no se puede descartar hoy en día- puede cambiar el panorama completamente. ¿Será posible que éste o un futuro gobierno sea capaz de reducir o eliminar beneficios para mantener la prudencia fiscal que ha caracterizado a la economía chilena?

Mi amigo economista -otrora un ferviente creyente en que Chile mantendría el liderazgo y lograría la meta de convertirse en el primer país latinoamericano en llegar a la categoría de desarrollado- mira lo que ha pasado en lo relativo a la educación y la energía, y empieza a tener dudas…

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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