¿Lavado Político de China?

Fecha:26/04/12
Autor: Editor Diario El Peso

[SMD, Director Diario “El Peso”] Cuando China cedió la isla de Hong Kong a la Corona Británica por el tratado de Nankin en 1842, la guerra del opio había devastado al país y lo había sometido al abuso de las potencias occidentales, al punto que la cesión fue considerada una “consecuencia natural” de la tutela que se arrogaban los países occidentales sobre el oriente.

El enclave británico comprendía, además del territorio insular, una importante franja costera que fue cedida en diferentes tratados, siendo el más paradigmático el celebrado en Pekín en 1898 y que dispuso un “préstamo” de la región, por 99 años a la Corona Británica.

El tratado, firmado por gobiernos chinos (1) débiles y corrompidos por occidente, fue visto por muchos contemporáneos como una expresión más del cínico sentido del humor británico. Era impensable y casi innecesaria la firma de un convenio entre partes tan asimétricas en aquel momento y la única función que cumplió, fue dar un viso de legalidad a la usurpación británica frente a otras potencias occidentales.

Sin embargo los tiempos humanos tienen un ritmo diferente de los tiempos de las naciones y aquellos actores que sometieron al país asiático a diversas y reiteradas humillaciones hoy estarían desorientados ante una realidad que ha cambiado de manera radical los roles de los protagonistas del concierto internacional.

Muchos recuerdan el fallido intento británico (1) de gestionar la postergación de la entrega de los territorios ocupados, ante una nación convertida a finales del siglo XX en la cuarta potencia militar del globo, frente a un ex imperio incapaz de sostener su posición en Hong Kong(1).

Las formas y detalles del traspaso de la soberanía fueron acordados en 1984 por la entonces Primera Ministra británica, Margaret Thatcher y el líder de la República Popular China Deng Xiaoping. El 1 de julio de 1997, mediante una ceremonia que fue transmitida a todo el mundo, Hong Kong volvió a pertenecer a China. La “Dama de Hierro”, frente a china se transmutó, a lo sumo en aluminio.

China es un inquietante ensayo de la historia contemporánea por que es la única nación con una organización “no democrática” que se ha mantenido exitosa como experiencia política y económica. Además si se hace un análisis prospectivo de su desarrollo futuro, todo indica que seguirá teniendo un crecimiento económico sostenido y una influencia política que va aumentando de manera progresiva en el concierto internacional.

El Siglo XX fue testigo de la decadencia del imperio británico, del apogeo y caída de dos imperios autocráticos (1) como el Tercer Reich y la Unión Soviética, del fallido intento europeo, del surgimiento de una mega potencia (Punto:en relaciones internacionales) como los Estados Unidos y hacia fines de siglo, del fenómeno chino.

¿Es China una dictadura temporalmente exitosa como cualquier otra, que está en su momento de apogeo y que pronto tendrá su ocaso como pasó con Alemania o la Unión Soviética? ¿Por qué en la actualidad occidente no reacciona con la misma severidad que reaccionó ante otras experiencias totalitarias (1)? ¿Acaso China es un país libre de violaciones a los Derechos Humanos?

China es un gobierno no democrático (1) y como tal inclinado a los excesos que cualquier autocracia realiza frente a quienes se le oponen. No existe libertad de prensa, lo cual es una minucia si se tienen en cuenta las matanzas, desapariciones, torturas y purgas que ocurrieron y ocurren.

En este sentido China se asimila al nazismo, a la nomenklatura soviética o cualquier dictadura ya sea de Sudamérica, de Europa o de los países Árabes (1). Recordemos en este sentido las matanzas de Tiananmen o las purgas y limpiezas étnicas de Xingjyan.

Entonces ¿Dónde está la diferencia? ¿Qué ha descubierto occidente en China que tolera en los últimos tiempos sus excesos en un nivel que nunca antes lo hizo con otras autocracias?

Occidente ha descubierto un negocio: las multinacionales invierten en China por que sus costos generales son más bajos que en los países occidentales y nadie va a osar en China a reclamar mejores condiciones laborales ni a discutir el sistema a menos que quiera pagarlo con su vida. Éste es uno de los secretos del éxito chino: la ecuación Costo-Beneficio. En China la relación existente entre los costos y las ganancias es tan asimétrica (1) que las multinacionales occidentales ven en ello una oportunidad. Pocas veces un estado policial estuvo tan al servicio de los intereses empresarios como en China. Lo demás es pura literatura y ése es el problema porque ninguna literatura política es inocente.

La dictadura china (1)(1), en la jerga política de los medios de prensa tradicionales de occidente deviene ahora en “un tránsito evolutivo hacia una democracia intra-partidaria” y los analistas políticos occidentales “analizan” la interna de los factores de poder del partido comunista como si estuvieran comentando las elecciones primarias de los Estados Unidos (1).

Un comentario llamativo publicado en el New York Times:

“China es una oligarquía, no una dictadura y la autoridad no se identifica de forma individual…, pero sí con el Comité Permanente del Politburó, que tiene nueve miembros….”

Es sabido que las bases ideológicas del Partido Comunista Chino se han modificado desde la muerte de Mao Tsé Tung. Así lo demuestra la apertura económica de las últimas tres décadas. China asumió al modelo capitalista como compatible con su sistema político autoritario y a su vez el modelo político autoritario ha ido incorporando fuertes componentes nacionalistas.

A los grandes ideólogos del pasado, Mao Tsé Tung y Deng Xiao Ping debemos agregar a Jiang Zemin, expositor de la Teoría de la Triple Representatividad que ha intentado formular desde una perspectiva filosófica los nuevos vientos que soplan en China. Jiang Zemin, de profesión ingeniero, fue Secretario General del Partido Comunista y Presidente de la República Popular China.

El nuevo modelo ha supuesto la admisión de empresarios como miembros del Partido Comunista en los últimos años y esta transformación ideológica se ha intensificado con el actual Secretario General del Partido Comunista y Presidente de China el ingeniero hidráulico Hu Jintao.

El sistema capitalista ha significado para la sociedad China, el surgimiento de una importante cantidad de fortunas personales cuyo “efecto derrame” ha beneficiado a gran parte de su inmensa población, acostumbrada a una austeridad milenaria. En este sentido ha demostrado sino eficiencia por lo menos eficacia económica, lo que se manifiesta en el crecimiento sostenido de los últimos años.

Muchos entienden que de la mano del crecimiento económico, la milenaria austeridad china va a ir cediendo y la tendencia consumista de la población se va a consolidar. Esta apertura económica podría implicar también cierta moderación de las políticas internas y de sus mecanismos de control y represión. Sin embargo, aunque ello pueda ser posible dista bastante de ser una realidad, a pesar de los esfuerzos propios y ajenos por demostrarlo.

Entonces ¿Por qué China encierra un preocupante enigma? Por que corremos el riesgo de presenciar un “lavado político” del régimen. Para entenderlo: “El Lavado de Dinero”, es la introducción de ganancias ilegales (producto de actividades delictivas) en el tráfico económico ordinario y legal. El “Lavado de Leyes” es la introducción en un sistema jurídico de derecho, de normas que no están legitimadas por órganos representativos y deliberativos, por último el “Lavado Político” es el proceso de legitimación de un gobierno de facto diluyendo ideológica y jurídicamente toda responsabilidad por los abusos cometidos en contra de la humanidad. ¿Cuántas libertades(1) debemos ceder a la “eficacia” económica? ¿Cuál será el “Optimo Paretiano”, o el “punto de equilibrio” que los políticos, economistas y empresarios buscan imponer?

Si bien es cierto que el capitalismo ha “moderado” a China; para occidente el fenómeno chino implica un fenómeno inverso y está midiendo la capacidad de tolerancia del capitalismo hacia los regímenes autocráticos. Muchos miran a China desconfiando de la democracia y de su eficiencia para competir con un sistema autocrático. Recordemos un pensamiento “anticipatorio” de uno de los banqueros más importantes del mundo publicado en The New York Times en 1973.

“Sea cual sea el precio de la Revolución China, es obvio que ésta ha triunfado no sólo al producir una administración más eficiente y dedicada, sino también al promover una elevada moral y una comunidad de propósitos. El experimento social en China, bajo el liderazgo del presidente Mao, es uno de los más importantes y exitosos en la historia humana”.

David Rockefeller, “From a China Traveler” (The New York Times, 10-8-1973)

[SMD: Director Diario “El Peso”]

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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