Carta abierta de un Cubano en Chile a @camila_vallejo

Camila Vallejo, Fidel Castro y el Movimiento Estudiantil

Fecha:14/04/12
Por: Pfernandez

El movimiento estudiantil chileno del año pasado, llegó a las páginas de prácticamente todos los grandes medios del mundo. Que un puñado de gringos entusiastas se instalen en Wall Street y hagan noticia, es normal, pero acá, donde la tierra termina, tiene que ser algo muy significativo lo que suceda para atraer la mirada de las metrópolis: una revolución, un premio Nobel, un Golpe de Estado, un terremoto.

La energía del movimiento estudiantil quedó enteramente concentrada, para el gran público, en la imagen de Camila Vallejo. Fue elegida una de las mujeres más valientes del planeta, personaje del año para The Guardian, se la comparó iconográficamente con el sub comandante Marco, de todos lados recibió invitaciones de gente u organizaciones que querían reunirse con ella. Y realizó muy bien su papel. No sólo supo ser glamorosa, como señaló The New York Times, en el mejor sentido de la palabra, es decir, mostrar la elegancia y belleza contenida en una causa popular, sino que fue parte de un grupo de dirigentes que supieron mantenerse unidos por encima de las filiaciones partidarias, a sabiendas de que no radicaba allí su corazón. Muy por el contrario, entre los gritos más repetidos durante las marchas, estaba “el pueblo, unido, avanza sin partidos”. Las decisiones se tomaban siempre en asambleas. Cada facultad universitaria y cada liceo tenía sus propias instancias de participación. Para quienes formaron parte del movimiento, se trató de un extraordinario ejercicio democrático.

A finales del año, los dirigentes estaban agotados y el espíritu unitario fue dando paso a las agendas particulares. Para las últimas elecciones estudiantiles, proliferaron las listas en pugna. Cosa inimaginable para quien veía esto de lejos, Camila Vallejo no ganó en su federación. Era la candidata del Partido Comunista, que esta vez corría sin alianzas. Llegó segunda. El movimiento ciudadano, en su cara más amplia, la de los que salieron por miles de miles a apoyar las demandas estudiantiles, no tenía nada de comunista. En los comienzos, no eran pocos los que habiendo votado por el actual presidente, lo apoyaban con entusiasmo. Se trataba de una demanda civilizatoria, propia de una sociedad que ha crecido y aspira a mayores progresos y justicias.

Pero la semana pasada, Camila estuvo en Cuba. Se reunió con una serie de entidades oficialistas y con Fidel mismo. La dirigenta social fue superada por la militante del PC. Yo dirijo una revista –The Clinic- cuyo nombre proviene de la clínica inglesa donde fue detenido Pinochet. Nacimos en 1998 para bombardear la herencia dictatorial. Desde las primeras movilizaciones nos manifestamos explícitamente cómplices de las demandas estudiantiles. Es más, pusimos nuestras páginas al servicio del movimiento, y le cedimos un número entero a sus cabecillas, para que hicieran con él lo que se les antojara. Marchamos juntos, porque nos sentimos cómplices de su espíritu oxigenante y transformador. Nada más lejos de eso que un régimen anti democrático. En fin, en la última tirada publiqué una editorial titulada “Fidelidad”. Aquí se las dejo.

Fidelidad

Lo que pasa en Cuba no es chacota, Camila, al menos para quienes valoramos la libertad. Por eso tus declaraciones, tras viajar a la isla, son un gravísimo error. Y digo error, para exculparte. A alguien de tu generación, sin deudas ni compromisos acumulados, no le corresponde seguir repitiendo como loro las consignas de sus antepasados. La realidad cubana está en las antípodas del mito gastado que algunos continúan defendiendo, ya sea por intereses espurios, terquedad o simple ignorancia.

Todos mis amigos de allá, los que viven adentro y los exiliados, son de izquierda (si acaso esta palabra significa algo), y detestan a Fidel. Han seguido con entusiasmo el movimiento estudiantil chileno. Se sienten identificados, porque han visto en él la irrupción de fuerzas frescas por una causa justa. Su equivalente en Cuba, sin ningún lugar a dudas, sienten que está en la oposición a la dictadura. Son los jóvenes rockeros, los escritores, los vanguardistas y los numerosísimos hastiados. Los Castro son la derecha dura. Actúan como los patrones de un gran fundo en el que los ciudadanos son tratados como inquilinos. Antes de transformarse en una vieja encorvada, Fidel se paseaba con un aire de superioridad insoportable. Tú dices que no viste nada raro: “No vi en ningún momento gases lacrimógenos, vi a la policía circulando por las ciudades sólo con su uniforme, sin cascos ni armas de ningún tipo. Ese nivel de cultura cívica, tanto del Estado como del conjunto de la sociedad, está a años luz de la represión que vivió el movimiento estudiantil el año pasado”.

Semejante declaración, Camila, sinceramente, está a la altura de los comentarios de las señoronas pinochetistas, para las que el Chile del régimen militar era un oasis de tranquilidad. El cineasta y actor cubano, Ismael Diego, hijo de revolucionarios, te lo explicó en una carta próxima y afectuosa: “Los coches lanza agua, los gases lacrimógenos y demás maquinaria represiva a las que usted está acostumbrada, no son la única forma de represión que existe. En Cuba se aplican otros métodos, en gran medida porque no va dirigida a una muchedumbre que se manifiesta en plena calle y que además responde con violencia, quizás justificada, ante la agresión. Aquí la represión va dirigida principalmente a grupos defensores de los derechos humanos, periodistas independientes, activistas políticos, blogueros, artistas e intelectuales, todas personas de ideas, de ideas incómodas para el sistema, pero de ideas. Personas pacíficas que, hasta la fecha, no han realizado ningún acto público que se asemeje a lo que usted ha experimentado, entre otras cosas, porque no tienen ese derecho. Y es ése, el acto de manifestarse a plenitud en las calles, el mayor temor que mueve al sistema represivo en mi país”. Para la visita del Papa, Camila, detuvieron a mucha gente, buena parte de los cuales siguen presos, solo por gritar en público.

Jamás autorizaría el gobierno una concentración en la Plaza de la Revolución. La ciudadanía teme expresarse. El nivel de control que se ejerce desde los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), es impresionante. Están en todos los barrios, y caer en desgracia con sus funcionarios conduce a la ruina, cuando no a penas mayores. Últimamente no han sido pocas las pateaduras. Cuba no es Fidel, y el afecto por ese pueblo no se manifiesta avalando al sistema que lo oprime. Te preguntaron por la importancia de las redes sociales en la lucha de los jóvenes chilenos, y contestaste que había sido muchísima, y luego agregaste algo que no termino de comprender: que se trataba de una “herramienta del capitalismo”. ¿Los avances tecnológicos son “herramientas del capitalismo”?¿O lo capitalista es la interconexión? Porque no sé si te diste cuenta, pero allá en Cuba, salvo contadas excepciones, la internet está prohibida. Dijiste que en Chile la prensa estaba controlada por un duopolio –cosa harto cierta-, en la Meca de la falta de libertad de expresión. Allá no podríamos tener esta revista. Existen sólo el Granma y Juventud Rebelde, y ambos parecen folletos parroquiales.

Las verdaderas noticias circulan de boca en boca. “La bola”, le llaman ellos. ¿Viste en los noticieros de televisión a alguien hablando contra el régimen? Buena parte de la energía que tú encarnaste, aquí se vio traicionada. Los hermanos Castro no son ninguna luz ni guía para los que aspiramos a una sociedad más libre, participativa e igualitaria. Todo lo contrario. Tú pudiste ser la que se rebelara contra lo predecible, pero la disciplina fue más fuerte. En lugar de hurguetear tras bambalinas, te contentaste con el tour oficial, caíste de rodillas ante el barbón de los afiches, flameaste la bandera del Partido en vez de representar a tus auténticos cómplices habaneros. Las críticas que recibas de los que apoyaron a Pinochet, valen poco y nada. No tienen cara para quejarse de los abusos de una dictadura. Te recuerdo que varios de ellos evaden sus responsabilidades diciendo que de haber sabido lo que ocurría, no la hubieran apoyado. Estamos peleando por más y mejor democracia, ¿cierto, Camila?

Patricio Fernández.El Autor es escritor y periodista. Director y fundador de la revista The Clinic y theclinic.cl. Además, se le puede escuchar todas las mañanas en radiozero.cl.

Carta abierta de un Cubano…

Camila:

Discúlpame si te trato tan familiar, pero llegaste a ser tan famosa (casi como de reality show) que me siento con permiso para llamarte de manera cercana. Así como tú le llamas, cariñosa y coloquialmente a los Castro, Fidel y Raúl….

No soy un intelectual y quizás las ideas no las pueda ordenar tan bien. Aunque estudié en Cuba, llegué sólo a lo que tú llamarías “cuarto medio”. No pude hacer los estudios superiores en mi país, porque en esos años de crisis, de hambre, de confusión y desespero tu líder admirado desató la campaña “Universidad para los Revolucionarios”. Y yo había renunciado a mi carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y había dicho que no era revolucionario, manchando mis antecedentes y mi historial.

En Cuba todo se transa en ideología. Y eso lo sabes. Yo debía pagar mi universidad simulando que era revolucionario, yendo a los actos, subiendo feliz a los buses con los que llenan las plazas, inscribiéndome en la federación de estudiantes controlada por el Partido,… En Chile, en cambio, todo se transa en dinero. Pero, ¿acaso podrías decirme cuál de las dos alternativas es más justa, si en ambas hay miles de personas en el reverso de la moneda?

Tienes a todo un país con dolor de estómago. Hasta a aquellos nostálgicos de los 60 y 70 que no pudieron sustentar la admiración por la Revolución y Fidel Castro… Lo que hoy tú dices, lo dijeron ellos hace décadas atrás (y como de los arrepentidos es el reino de Dios… hasta Max Marambio dejó de aplaudir). Lo que hoy tú dices me lo enseñaron a decir hace 30 años, o quizás un poquito más, porque desde que pisamos la escuela, las matemáticas se confundían con estadísticas agrícolas del socialismo y su economía planificada y el castellano parecía haber sido inventado para escribir y recitar discursos que servían para vítores y movilizaciones.

La emoción máxima, sin embargo, de aquella educación ideologizada estuvo siempre en las clases de “Vida Política de mi Patria”, donde tuvimos el único libro escolar de papel couchè. ¿Cómo olvidar las fotos de Fidel y Raúl Castro, a todo color, presidiendo el capítulo donde nos enseñaban a amar a las figuras del Buró Político del Partido Comunista. ¿A qué niño no le daba gusto hojear un texto tan brillante y lindo?Recuerdo que hace algunos días un alcalde tuvo que pedir disculpas por colocar su foto en un cuaderno provisto por la gestión de su municipalidad en Chile, y yo volví a recordar aquel libro soñado “de mi patria” donde no había una foto, sino muchas que estaban en función de lo mismo.

¿Viste qué gran sistema de salud tenemos? Apuesto a que te llevaron a los hospitales que le muestran a los extranjeros y a los amigos de la revolución. Supe de lo emocionante que fue para ti ir a la Escuela Latinoamericana de Medicina. Allí estudian algunos amigos chilenos a los que les he explicado cómo postular, o sea, cómo hacerse pasar por “simpatizante” para poder estudiar gratis. Lo he hecho sin cargo de conciencia porque tú nos “enseñaste” que la educación debe ser gratis.Algunos de ellos no creen “ni en su madre”, pero buscaron avales y papeles con recomendaciones de partidos de la Concertación (menos la DC) y de esa otra izquierda de la que eres fiel representante. Y dijeron que admiran al líder y a su obra milagrosa… Ese mismo que le ha jodido la vida a miles de opositores, convertidos por “magia” del centralismo y control mediático absoluto en “traidores”.

Sabes, Camila, que te he escuchado apoyar a los chilenos en el exterior. ¿Sabes algo de los cubanos fuera de la isla, más que llamarle gusanos, traidores, vendidos al imperio, balseros, delincuentes…? Allí mismo, en las embajadas donde se buscan a jóvenes latinoamericanos – que después puedan declamar como tú – a los cubanos se les humilla y detesta, porque las oficinas de representación cubana en el exterior son oficinas de relaciones públicas. Y sólo le sirven los corderos; y también los indiferentes porque ellos hacen como que no existen. ¿No es contra la humillación y postergación de los ciudadanos que tú luchas? ¿O hay algunas postergaciones que son justificables para ti?

Cuba fue buena con los chilenos. Es cierto. Durante los difíciles y sangrientos años de la dictadura militar de tu país, mucha de tu gente aterrizó en La Habana. Pero, que te quede claro que fue porque había coincidencia ideológica. Yo, en cambio, hoy vivo en tu país y soy contrario a las ideas del gobierno de derecha que está en La Moneda. Pero ni ellos, ni tu policía, me detienen en la calle o me espían para saber lo que pienso. Mi visa no está fundamentada en mi posición política. En Cuba tendría a “la vieja del CDR”, al inculto policía “palestino”, al “funcionario” vigilante, a la vecina que se quiere ganar una bicicleta china, … a todos tratando de averiguar qué pienso, quién me visita, de dónde me visitan, qué me regalan…

Sabes, Camila, que Cuba tiene presos políticos. Algunos fijos y otros variables, para hablar en términos de mercado. Algunos se encierran temporalmente y a otros le roban la vida en míseras cárceles. ¿Sólo los presos políticos de tu dictadura te causaron dolor? O acaso para Camila Vallejo hay presos políticos que son justificables? Te dolieron los torturados en Villa Grimaldi y no te importan nada los de 100 y Aldabó, por mencionar sólo un reposorio de “antipatriotas”.

Vas a un país a un extranjero y hablas mal de tu patria. ¿Cómo tan antipatriota? Sí, o acaso hablar mal del sistema neoliberal no te hacer ser una traidora y no querer a tu tierra? Bueno, a mí me han acusado de eso, y ni siquiera he dado declaraciones a los diarios hablando mal de “el sistema”. Por “antipatriota”, por haber dicho que no soy revolucionario, no tengo permiso para vivir en mi terruño, para visitar la casa de la infancia, para llevarle flores a la tumba de mi abuela, para acompañar a mi madre en sus enfermedades y para darle un abrazo a los que llevan años esperando;… y hay que ser sincero, esperan también un pesito extranjero para poderse comprar un pedazo de carne roja de manera legal. ¿Qué sentirías y dijeras tú, si a tu regreso de Cuba te detienen en la aduana, te encierran en un cuarto, te interrogan, te acusan y te llevan a una cárcel acusa de traición; o te sueltan con “libertad vigilada” para toda la vida?

No me arrepiento de haber sentido cierto dejo de admiración hacia ti. Un amigo siempre me decía: ¡Es comunista¡ Pero yo, de porfiado, quería ver en ti el sueño de los que no tienen acceso a la educación, como mismo sigo soñando por aquellos que en mi país no tiene acceso a la palabra, a la libertad, al poder elegir, al poder decir. Y sí, mi amigo tenía razón. Con tanto golpes que me ha dado la vida…

Y salí a la calles a acompañar a esa gente que espera por un sistema más inclusivo y justo. Y saqué las cacerolas por el balcón los días en que llamaste a hacer ruido… Ahora veo que con pocas nueces…

No me arrepiento, pero chica, se me erizan los pelos ahora que constato que los querías llevar a todos a un abismo. De abismo en abismo. Parece ser lo que les toca a los excluidos. Te lo advierto, aunque no se note. Si te veo en una marcha me saldré de ella. Si llamas a sacar las ollas, me pondré a cocinar… Es que, muchacha, no quiero tener tan mala suerte de que después que me costó tanto escapar, el sistema me pille acá, tan lejos donde puedo hablar, puedo salir a la calle, puedo protestar,….

Ah, y puedo estudiar… Como la “Universidad para los Revolucionarios” me exigía la moneda ideológica que yo no tenía, hoy termino mi educación superior en Chile tratando de buscarme día a día la moneda económica que sí puedo tener. Porque brazos, piernas y cerebro me quedan. ¡Qué paradojas verdad¡ Las que no te quieren enseñar y las que tú no quieres ver.

Es difícil buscarse la plata para pagar una carrera cara y darle el dinero a dos o tres que seguirán haciéndose ricos. Pero sabes, no me importa… Y sudo feliz para aprender un castellano que me libere el verbo, una matemática que me enseñe a contar por mí mismo, y hasta una historia donde puedo escoger si decirle o no dictador a un criminal (aunque no estoy de acuerdo es mucho mejor que aquella otra alternativa donde por obligación hay que llamarse Dios a un dictador. Y a coro. Todos juntos.).

Terminaré arruinado pagando mis estudios. Pero saldré a las calles y llegaré a mi casa sin que me obliguen al agradecimiento de por vida, uno que no se podrá pagar nunca y que te enrostrarán siempre. Podré tener un título sin el compromiso de bajar la cabeza para no replicarle al financista ideológico… Soy libre, aunque sea en el neoliberalismo.

Camila Vallejo – y ya me voy poniendo menos familiar – tú sirves y le servirás a la revolución sólo como actriz declamadora. ¡Lo haces muy bien¡ Te escucho hablar y digo: coñoooo, pero qué buena para aprenderse el libreto es esa linda muchacha. Y hasta siento nostalgia de esa palabrería sin certeza que me salía verborreicamente de mis labios adolescentes y juveniles… Porque fueron sus añitos metido en reuniones, yendo a marchas, aplaudiendo discursos de 10 horas… Algo me queda, incluso, de eso. Trato de vigilármelo, sí.

Si un día llegas a Cuba hablando por ti misma, no servirás para el circo. Pregunta por Robertico Robaina, pregunta por Felipe Pérez Roque, pregunta por el escudero más joven y el último de los eliminados, aquel niño flaco y alto llamado Carlitos por quien incluso sentí cierta simpatía. Pregunta por aquellos, jóvenes que dentro del sistema quisieron hacer algún cambio. O improvisaron el guión con una maquilladita, no mucho más… Porque no lo querían o porque no podían. Pero eso bastó para que les llegara la hora final.

Si un día te tocara pensar por ti misma allí, te harían alguna trampa, te prepararían, como si fueras un ratón, una estrategia para que muerdas el queso prohibido.

He tratado de no ofenderte, a pesar de que has ofendido a tantos cubanos que padecen los dolores del exilio y la inmigración. Te lo voy a decir en buen chileno, porque no aguanto más la compostura, “no seai weona”.

Desatentamente,

Un cubano ofendido en Chile.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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