Golpe de Estado secreto en China

Fecha: 26/03/12
Autor:Gerardo De la Concha

El enfrentamiento interno complica al gigante asiático, pero da una leve esperanza a los perseguidos por el régimen, que no son pocos.

En las últimas semanas se ha librado una dura lucha en el seno de la élite de poder en China(1). De hecho, se puede hablar de que ha sucedido un golpe de Estado secreto, dirigido contra la facción del anterior presidente Jiang Zemin, para privilegiar así a futuro el ascenso de una facción reformista encabezada por el vicepresidente Xi Jinping, a quien preparan como sucesor de Hu Jintao.

El actual conflicto se origina con el intento de deserción de Wan Lijun —ex jefe de policía de Chongqing— quien quiso asilarse en febrero de este año en el consulado estadounidense, entregando documentos incriminatorios contra Bo Xilai, alto dirigente del Partido Comunista Chino (PCCH), jefe político en dicha megalópolis —que era parte de la provincia de Sichuan— y miembro connotado del grupo de Shangai, cuyo dirigente máximo es precisamente Jiang Zemin.

Para entender el poder detentado por Bo Xilai basta y sobra señalar que estuvieron bajo su jurisdicción —como alcalde primero y luego como presidente del Comité de Asuntos Políticos y Legislativos del PCCH—, los campos de trabajo forzado de Masanjia, Dalun, Zhangshi y Longshan, pertenecientes al olvidado Gulag chino; esto lo llevó a ser ministro de Comercio, quizás por el mérito de poder exportar en forma encubierta productos realizados con mano de obra esclava.

Bo Xilai es reconocido por sus crímenes contra la humanidad. Ha sido juzgado en 14 tribunales de 13 países, en particular por haber organizado el tráfico de órganos con prisioneros practicantes del movimiento espiritual Falun Gong. De hecho, este antecedente había sido ya utilizado por el grupo de Hu Jintao para frenar su ascenso a otros puestos.

Wan Lijun —incriminado en este momento por vínculos con la mafia— denunció los planes de Bo Xilai para llevar a cabo un golpe de Estado contra Xi Jinping, con el pretexto de cerrar el paso a quienes quieren transitar de manera completa hacia el modelo capitalista. De hecho, este jerarca había mandado investigar presuntos actos de corrupción de Xi Jinping y del propio presidente Hu Jintao —provenientes ambos de organizaciones juveniles comunistas— con el propósito de usarlos en su contra. Mientras tanto llevaba a cabo una campaña denominada “Cantar lo rojo y golpear lo negro”, muy al estilo maoísta (1).

Por eso Wan Jinbao, el más liberal del grupo de Pekín de Hu Jintao, denunció recientemente el riesgo de que renazca en China una nueva “revolución cultural”. Su propuesta consiste en realizar reformas políticas que eviten un estallido social. Y es que, al margen de sus pugnas internas, en la élite china hay un temor cierto que la desaceleración económica y las enormes diferencias sociales, provoquen inestabilidad en la sociedad china con efectos desastrosos para el régimen.

Es claro que la facción de Hu Jintao está optando por pasar —en la siguiente etapa, con el ascenso al poder de Xi Jinping—, de las reformas económicas a un esquema de reformas políticas controladas, que modernicen al régimen. Por el contrario, la facción de Jiang Zemin tiene como su apuesta fortalecer el régimen autoritario, encabezando un esquema populista de raigambre maoísta.

En este enfrentamiento el tema de los crímenes contra la humanidad puede ser utilizado por la facción reformista contra el grupo de Jiang Zemin, el cual tiene muchas culpas que pagar en este aspecto.

En este momento, la severa censura en Internet (1) dentro de China se ha relajado para los temas de la matanza de Tiananmen y el movimiento espiritual Falun Gong (1) (2), como una señal muy clara dirigida a la facción de Jiang Zemin de que, en efecto, sus crímenes pueden ser usados en su contra.

Bo Xilai, destituido de sus cargos, se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario, aunque el 23 de marzo la televisión china lo mostró en un extraño encuentro con el ministro de Política Exterior de Malasia. Al parecer se quiere evitar trascienda públicamente esta pugna, aunque la caída de Zhou Yong Kang, el terrible jefe de la policía política china, ya no puede ocultar que la lucha de facciones se está librando de cara al decisivo congreso del PCCH en octubre de este año.

Por supuesto, los internautas chinos, expectantes de a dónde puede llevar el ajuste de cuentas en la élite dominante, bromean sobre el próximo Congreso Comunista, al que llaman el “desfile de modas de Pekín”, aludiendo a la exhibición de riqueza que muestran los delegados y jerarcas del partido.

Lo cierto es que las cosas se complican en el gigante asiático y una leve esperanza se abre para los perseguidos por el régimen, si el ala reformista decide lavar la cara y utilizar su causa para golpear a sus adversarios, los duros del sistema.

Fecha:22/03/12

Las agencias de inteligencia estadounidenses (1)(2) están en alerta desde hace días porque en las páginas web chinas circulan informes sobre un golpe militar en el país.

Según el diario The Washington Times, a pesar del riguroso control del gobierno chino en la red varios usuarios consiguieron publicar la noche del 19 de marzo en distintos sitios webs imágenes donde aparecen tanques y otros vehículos militares entrando en Pekín.

Además, según destaca la inteligencia estadounidense, varios de ellos expresaron su preocupación por el considerable aumento de policías en la ciudad y aseguraban haber oído disparos en la calle.

Incluso algunos dijeron que “un acontecimiento político de gran magnitud había ocurrido en Pekín”, mientras otros aseguraban que hubo una “reunión secreta” convocada por la Comisión Militar Central, el órgano del Partido Comunista que supervisa a las fuerzas armadas.

Medidas inmediatas

Debido a estos rumores, múltiples sitios web chinos actuaron de inmediato: bloquearon en los buscadores palabras como “golpe de Estado”(1), “disparos“(1) y “bala“(1), por lo que poco después los cibernautas ya no pudieron acceder a la información.

La inteligencia estadounidense vincula estos informes sobre un supuesto golpe militar con la situación política del país y resalta que los rumores comenzaron después del derrocamiento de Bo Xilai, un alto funcionario del Buró Político y aspirante a dirigir el Partido Comunista que estuvo involucrado en una serie de escándalos y tiene una relación estrecha con mandos castrenses.

De momento, Pekín no ha negado ni comentado la información.

Fecha:26/03/12
Autor:Stephen S. Roach

Beijing – El primer principio que aprendí cuando empecé a centrar la atención en China al final del decenio de 1990 es el de que nada es más importante para los chinos que la estabilidad, ya sea económica, social o política.

Dados los siglos de agitación habidos en China, los dirigentes actuales harán todo lo que esté en su poder para preservar la estabilidad. Siempre que tengo dudas sobre un posible cambio de política china, examino las opciones a través de la lente de la estabilidad. Ha funcionado a las mil maravillas.

La estabilidad era lo que todos los asistentes tenían presente en el anual Foro de Desarrollo de China (FDCH) celebrado entre el 17 y el 20 de marzo en Beijing. El FDCH, organizado por el Primer Ministro, Wen Jiabao, con la asistencia de muchos ministros del Consejo de Estado, es la más importante conferencia internacional de China. Sin embargo, dos días –literalmente– antes de que se iniciara el de este año, el polémico Bo Xilai fue destituido de su cargo de Secretario del Partido en Chongqing. Como era un muy probable candidato a miembro del Comité Permanente del Politburó (1), círculo interno de los dirigentes de China, la repentina destitución de Bo resultó pasmosa. Había palpables cuchicheos en el aire cuando nos reunimos en el hotel estatal Diaoyutai.

Las sesiones oficiales se desarrollaron como era previsible, pues se hizo mucho hincapié en la próxima transformación estructural del modelo de crecimiento de China,paso colosal desde el todopoderoso crecimiento impulsado por la exportación y la inversión de los 32 últimos años a una dínámica más impulsada por el consumo. Ahora existe una opinión generalizada entre los dirigentes superiores de China en pro de esa reequilibración. Como dijo un participante, “el debate ha pasado de qué hacer a cómo y cuándo hacerlo”.

Muchos de los otros temas se derivaron de esa conclusión general. Se destacaron el crecimiento impulsado por los servicios y una estrategia de desarrollo basada en las innovaciones. Al mismo tiempo, hubo considerable preocupación por el reciente resurgimiento de empresas de propiedad estatal, que ha hecho pasar la distribución de la renta nacional del trabajo al capital, importante obstáculo a la reequilibración de China en pro del consumo. El Banco Mundial y el Centro de Investigaciones sobre el Desarrollo de China (el organizador del FDCH) acaban de publicar un informe exhaustivo en el que se abordan muchos aspectos de ese asunto decisivo.

Pero durante las sesiones oficiales del CDCH en ningún momento se hizo la menor insinuación sobre la presencia de tal elefante en las salas del Diaoyutai. No se hizo mención alguna a Bo Xilai ni a lo que su destitución significaba para la política interior de China en este año decisivo de transición en la dirección. Si bien es fácil verse envuelto en la vorágine de relatos de la intriga palaciega que se produjo a continuación, sospecho que la destitución de Bo presenta un significado más profundo.

Las autoridades chinas afrontaban el riesgo de una peligrosa combinación de inestabilidad política y económica. Como el país estaba afectado por una segunda crisis de la demanda exterior en tres años –primero, la crisis de las hipotecas de riesgo de los Estados Unidos y ahora la crisis de la deuda soberana de Europa–, cualquier brote de inestabilidad política interior habría representado una amenaza mucho mayor de lo habitual.

Bo personificaba ese riesgo. Encarnaba el llamado “modelo Chongqing” de capitalismo de Estado que ha ido en ascenso en China en los últimos años: urbanización y desarrollo económico dirigidos por el Gobierno y que concentran el poder en manos de dirigentes regionales y empresas de propiedad estatal.

El verano pasado, estuve durante algún tiempo en Chongqing, enorme zona metropolitana con más de 34 millones de habitantes. Me marché asombrado ante el alcance de los planes de la ciudad. El objetivo, orquestado por el alcalde de Chongqing, Huang Qifan, principal arquitecto del espectacular proyecto de desarrollo Pudong de Shangái, es el de transformar la zona de Liangjiang de Chongqing en la primera zona de desarrollo urbano del interior de China. Con ello Liangjiang habría ido a la par con dos proyectos de prestigio anteriores de China: Pudong y la zona de Binhai en Tianjin.

Sin embargo, se trata del mismo modelo de desarrollo de predominio estatal que fue objeto de duras críticas en el FDCH de este año y que contrasta llamativamente con la opción más impulsada por el mercado que cuenta con amplio consenso entre los dirigentes superiores de China. Dicho de otro modo, se veía a Bo no sólo como una amenaza a la estabilidad política, sino también como el representante principal de un modelo de inestabilidad económica. Al destituir tan abruptamente a Bo, el gobierno central ha subrayado, en realidad, su compromiso inquebrantable con la estabilidad.

Cuadra con otra pieza curiosa del rompecabezas chino. Hace cinco años, Wen hizo una famosa advertencia sobre una economía china que corría peligro de volverse “inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible”. He subrayado repetidas veces el decisivo papel que esos cuatro adjetivos de Wen han desempeñado en la formulación de la estrategia en pro del consumo de la “Próxima China”. La crítica de Wen preparó el terreno para que China afrontara frontalmente sus imperativos reequilibradores.

Pero, en sus observaciones oficiales sobre el FDCH de este año, los dirigentes superiores de China –incluido el Primer Ministro designado, Li Keqiang– suprimieron toda referencia explícita a los riesgos de una economía china “inestable”. En una palabra, los cuatro adjetivos han pasado a ser ahora tres.

En China, esos cambios de lenguaje no son accidentales. La interpretación más probable es la de que las altas esferas no quieren hacer la menor concesión en materia de estabilidad. Al abordar la inestabilidad económica mediante la reequilibración en pro del consumo, y la estabilidad política, al destituir a Bo, la estabilidad ha pasado a ser de un factor de riesgo a un compromiso inflexible.

El mensaje fundamental actual de los dirigentes chinos es inequívoco. Son los primeros en reconocer que su estrategia de crecimiento y desarrollo se encuentra en una coyuntura decisiva. Les preocupa que las “reformas y apertura” de Deng Xiaoping corran peligro de perder impulso. Al abordar la combinación de riesgos económicos y políticos que pueden afectar a la estabilidad, el Gobierno está preparando el terreno para la próxima fase de desarrollo extraordinario de China. Yo no sería partidario de dudar de su compromiso con miras a la consecución de ese objetivo.

El Autor,Stephen S. Roach, fue presidente de Morgan Stanley Asia y economista en jefe de la empresa, y en la actualidad es investigador principal en la Universidad de Yale Jackson del Instituto de Asuntos Internacionales y profesor en Yale School of Management. Su libro más reciente es The Next Asia.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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