Nuevos negocios donde otros no acceden: El otro crédito universitario

La jugada es la siguiente: inversionistas ponen plata, ésta se les presta a estudiantes universitarios prometedores y luego la devuelven a los inversionistas con rentabilidad. La fórmula de la administradora de fondos Lumni partió en Chile hace diez años con seis alumnos y para 2012 esperan llegar a los 3.500 en América Latina.

Por:Juan Pablo Garnham
Fecha:08/03/2012
Fuente:Artículo publicado en Qué Pasa

“Por la teoría de la mesa de tres patas”. Cuando a Andrés Sánchez le preguntaron en Lumni por qué había estudiado Ingeniería Civil Industrial, respondió eso con mucha seguridad. Estaba ahí postulando a un préstamo y, a diferencia de lo que sucede en otros lados, la entrevista personal era fundamental. Y comenzó a explicar esta idea que su papá, en ese momento cesante y sin capacidad para pagarle su último año de universidad, le había enseñado. “Una mesa con dos patas se cae. Necesita mínimo tres”, explica. Para él, la elección de su carrera fue similar: “se tienen que dar tres cosas: que te guste, que dé trabajo y que dé los suficientes ingresos para vivir la vida de acuerdo a las expectativas que uno quiere”.

Sánchez era uno de esos alumnos que cumplían con el perfil exacto que estaba buscando Lumni, una administradora de fondos que financia estudios superiores desde 2002 en Chile. Estaba en su último año de universidad, lo que implicaba que ya era posible tener un registro de su desempeño académico. También se notaba decidido en su vocación y en sus metas futuras: quería trabajar lo más luego posible. Finalmente, por la entrevista se veía como alguien serio y responsable. En definitiva, era una buena apuesta para ofrecerle un contrato. Como acostumbra Lumni, no le pidieron aval. Andrés solicitó cinco millones y se los dieron, a condición de que, una vez que comenzara a trabajar, fuera pagando a través de 36 cuotas, equivalentes cada una al 12,76% de su sueldo. Hasta ahora, lo ha hecho así. “En cuanto me llega el sueldo, lo deposito altiro”, dice Andrés, hoy analista de planificación en la AFP Habitat.

“Nos hemos sorprendido gratamente con la cartera de pagos”, dice Matías Valdivieso, gerente general de Lumni. En un comienzo, en la empresa se esperaban una situación más complicada, tomando en cuenta que los índices de morosidad en el fondo solidario de crédito universitario son superiores al 40%. “Sin embargo, hemos tenido índices de default mínimos. Ahora tenemos que prepararnos para que esto que hemos hecho bien con cientos de estudiantes, también ande bien con miles”.

Porque las expectativas que tienen en Lumni son altas. De los seis estudiantes que ayudaron con un millón de pesos en forma experimental en 2002, hoy ya llegan a 250 sólo en Chile y con montos muchísimo más altos. A fines de año esperan llegar a los 500 chilenos financiados y a un total de 3.500 en América Latina, para lo que cuentan ya con oficinas en México, Colombia, Estados Unidos y evalúan una nueva sede en Perú. “Nuestra meta es, de aquí a 2015, financiar unos diez mil estudiantes en Chile y en Latinoamérica a cuarenta mil”, dice Valdivieso.

En un comienzo, la gran limitante para este crecimiento fue encontrar inversionistas. Al tocar puertas se encontraban con gente dispuesta a dar montos bajos, como tanteando el terreno, de uno a cinco millones de pesos. El problema es que con eso apenas alcanzaba para financiar a un estudiante. Pero con el tiempo el panorama ha mejorado. “Hemos avanzado a un inversionista que pone mucha más plata, 50 ó 100 millones de pesos”, dice Valdivieso. Esto se explica, según él, por el respaldo de sus resultados y también por una actitud distinta de los financistas frente a modelos de capital de riesgo innovadores. “Hoy es mucho más fácil hablar de esto que hace cinco años atrás”, comenta.

Sólo en Chile cuentan con 40 inversionistas, los cuales no sólo están satisfechos por los resultados financieros, sino por la posibilidad de tener un efecto social positivo. “Pocas inversiones te dan satisfacciones como estos fondos. Por un lado, colaboras para que jóvenes puedan estudiar”, dice Ernesto Ezquerra, asesor comunicacional del grupo Angelini e inversionista del fondo, “por otro lado, tienes gestores que administran muy bien los fondos”.

Tomás Morales, otro de los inversionistas de Lumni y gerente general de Binaria S.A., concuerda con esta apreciación. “Financieramente han demostrado ser fondos de bajo riesgo y de retorno razonable. Si el inversionista además busca un retorno social, ésta es una excelente alternativa”, dice.

Gran parte de los inversionistas provienen de los grupos Angelini(1) y Masisa (2). El Fondo de Inversión Social (FIS) también participa, enfocando su inversión de un millón de dólares en la educación técnica. A esto se suman los planes de empresas y centros de estudios, que han manifestado su interés por tener sus propios fondos, para financiar a estudiantes en áreas de específicas relacionadas con sus preocupaciones.

Todo comenzó con David Bowie

La inspiración de todo el modelo proviene del “Duque Blanco“. En los noventa, David Bowie decidió “hacer caja” para financiar sus futuros proyectos y, conversando con su asesor financiero, se le ocurrió vender bonos donde compartía las futuras ganancias por derechos de autor de 287 canciones que compuso antes de 1990. De esta forma, Bowie recibió 55 millones de dólares. Cuando el colombiano Miguel Palacios escuchó esto, pensó “¿por qué no hacer lo mismo con el financiamiento de la educación?”. Así, junto a su compatriota Felipe Vergara comenzaron Lumni y partieron con el proyecto en Chile.

En ese momento, Colombia no estaba en una situación como para proponer este modelo en ese país y, además, Palacios tenía contactos chilenos. “Acá había mucha confianza para armar un esquema innovador para financiar la educación y también había mucha necesidad: es un país donde la educación es cara y el acceso al financiamiento es limitado”, dice Matías Valdivieso.

El problema era que a David Bowie era fácil creerle. Canciones como “Space Oddity” y discos como Hunky Dory hablaban por sí solos. Pero Palacios y Vergara obviamente no tenían estos hits, así que debieron partir de a poco: seis inversionistas, un millón cada uno y seis estudiantes. Fue la respuesta de los beneficiados la que se fue transformando en su garantía. “Ellos se sintieron muy agradecidos desde el comienzo, porque era la primera institución a la que ellos iban que no los evaluaba por su condición socioeconómica, sino por su vocación y su talento”, explica Valdivieso.

Tyare Vilches, estudiante de Ingeniería Civil en Informática y Telecomunicaciones, supo de la iniciativa cuando no le quedó otra que partir a la oficina de apoyo estudiantil de su universidad a ver cómo lo iba a hacer para pagar sus últimos años de carrera. Hasta el momento se había financiado trabajando en una multitud de ayudantías y con lo que le daba el crédito con aval del Estado. “Y justo empezó a haber más problemas económicos en mi casa y necesitaba financiar la mitad que no podía pagar”, dice Tyare.

Cuando ella supo del proyecto en esa oficina de la universidad, en seguida le llamó la atención el énfasis de este apoyo. “Me llamaba la atención que hablaran de fondos para ‘capital humano’ y que te apoyaban con las habilidades que no siempre uno sabe explotar”, comenta. A lo que se refiere es a los cursos y ayuda que entrega Lumni para fomentar la empleabilidad, factor que, según explica Valdivieso, es vital para el éxito de los beneficiados y de la inversión: “Queremos apoyarlos en su desempeño como profesionales y en su inserción laboral”, dice Valdivieso. Se les ayuda a estructurar su currículum, a dar buenas entrevistas de trabajo y a fortalecer sus redes de contacto. “Incluso a más de un estudiante lo hemos ayudado activamente a encontrar trabajo”, dice.

Este trabajo altamente personalizado, tanto en la selección como en el apoyo posterior a los estudiantes, ha tenido éxito. Sin embargo la pregunta es si se podrá mantener cuando se trabaje a escalas mayores. Valdivieso es optimista. “Hay dos elementos que nos dicen que estamos preparados para crecer”, dice. “El inversionista chileno, que hoy está más dispuesto a arriesgarse por modelos innovadores, y el trabajo de preparación que hemos hecho para escalar nuestras plataformas”.

El modelo mismo es el que podría limitar el sistema de transformarse en una alternativa para el estudiantado general. “La rentabilidad de los préstamos se calcula con rigor y favorece a alumnos cuyas carreras tienen una tasa de retorno más o menos segura”, dice el experto en educación José Joaquín Brunner, “por eso mismo no aspira ni podría llegar a ser un sistema masivo, sino más parecido, en el sector privado, a lo que eran los préstamos Corfo en el sector público”. Sin embargo, Brunner destaca que es un emprendimiento eficaz “que ha servido a varios cientos de jóvenes de familias de ingresos medios para financiar sus estudios”.

En Lumni, en todo caso, creen que hay espacio para crecer. Que Chile tiene muchos más estudiantes como Tyare y Andrés. “Todavía hay un potencial inmenso. Quizás el día de mañana lleguemos no sólo a los de seis para arriba, sino a los de entre cinco y seis”, dice Matías Valdivieso, “acá evaluamos cada caso y modelamos a cada profesional de forma distinta. Pero lo que más nos interesa es la integridad. Perfectamente podríamos llegar a la media si son íntegros”.

Funcionamiento del crédito universitario

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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