EEUU: Incertidumbre electoral 2012

Fecha:06/02/12

Las habituales escaramuzas electorales han comenzado en EEUU. Como parte de las mismas, Mitt Romny, ex gobernador de Massachussets, se impuso a sus rivales, tanto moderados como extremistas, por un estrecho margen en el caucus de Iowa.

Los resultados de las elecciones primarias republicanas han sido caja de resonancia del sentir popular, que se decanta por candidatos capaces de elaborar políticas que conduzcan a una mejora para la maltrecha economía del país (1) , hoy sumida en crisis, a la vez que aúpan a nuevos líderes dotados de coraje y decisión, capaces de distanciarse asimismo de posturas extremas. Los comicios de diez meses de duración han sido como una veleta, girando en la dirección en que la mueve el viento de un electorado ansioso de transformaciones para su bien.

En lo que si deberán coincidir todos los candidatos es en asumir como urgente el enfrentamiento a los mismos desafíos, es decir, la alta tasa de desempleo, el enorme déficit y la acumulación de deudas estatales. Son tres males pertinaces e interrelacionados que aquejan a la economía de EEUU, debido a las fallas nacionales que evidencia el diseño político-económico, y hasta sistémico, del país. Estos males sociales no han hecho más que agravarse tras el inicio del nuevo siglo.

El actual presidente, Barack Obama (1), procura la reelección apoyándose en lo que considera logros de su administración, como fueron la muerte de Bin Laden, la retirada de los militares estadounidenses de Irak y su posible salida de Afganistán (1) (2), así como el “regreso” de EEUU a Asia. En el plano económico, empero, poco tiene para exhibir a su favor: el país vive atenazado por los altos déficits que le han dejado dos guerras, la reforma del sistema médico y el aumento de las deudas estatales en casi 50 por ciento, hasta casi 15 billones de dólares. Para colmo de males, la tasa nacional de desempleo apenas registró un punto porcentual de disminución en tres años consecutivos.

No hace falta ser clarividente para comprender que se trata de un callejón sin salida, y que en apariencia no habrá Dios quien resuelva el entuerto. Si la tasa de desempleo continúa baja en los primeros 10 meses de 2012, Obama será presidente de un sólo período. Sin embargo, si mejora la situación, a los republicanos les costará mucho convertirse en una poderosa fuerza opositora.

Los problemas económicos y financieros tienen profundas raíces políticas y sociales. Como es bien sabido, EEUU debe aumentar los ingresos y disminuir los gastos. Sin embargo, la polarización política impide a ambos partidos llegar a un acuerdo aceptable para ambos. Dadas las transformaciones sufridas por el desarrollo económico global, EEUU ha perdido en buena medida la capacidad para mantener su ambicioso liderazgo mundial en los terrenos económico y militar. Los demócratas no pueden aceptar el punto de vista republicano de ajustar los gastos a los ingresos y mantener altas erogaciones hacia la esfera militar al mismo tiempo. Por otra parte, ante los fabulosos déficits, los demócratas persisten en su plan de ampliar los gastos públicos, opción inaceptable para los republicanos. La única coincidencia entre ambas partes es el temor que genera su incapacidad para aumentar los ingresos y su habilidad para ofender al electorado. EEUU está entrando en una época de incertidumbres en la elaboración de políticas.

El atolladero en que se ha metido el país es inevitable en la actualidad. La globalización ha generado dividendos para EEUU, pero su gobierno no ha sabido distribuirlos racionalmente entre los estadounidenses, lo que ha atentado contra la fuerza cohesiva social del país. La recurrencia abusiva del Gobierno estadounidense a la guerra se ha traducido en cuantiosos gastos de recursos nacionales. Además, la globalización también ha ofrecido oportunidades a otros países, lo que ha generado una disminución de la superioridad relativa de EEUU. Aunque todos los aspirantes a la presidencia abrigan el deseo de traer prosperidad y seguridad a EEUU, su disparidad de puntos de vista implica que ciertas propuestas produzcan resultados contrarios al propósito original.

En un año electoral, tanto el Presidente como los representantes a la Cámara y un tercio de los senadores deberán someterse a las urnas, tras lo cual el Ejecutivo deberá sufrir notables transformaciones. Si después que se recomponga el aparato administrativo central, el país consigue superar las insuficiencias de su diseño sistémico, el mismo logrará aliviar la incertidumbre que hoy mediatiza la elaboración de políticas, permitiendo una mejor distribución de recursos en la población. Para llegar a ese punto se requerirá del concurso de la nación en pleno, volcada en una misma voluntad. Sin embargo, la realidad que impone la actual fragmentación política que predomina en EEUU coloca en sitio muy lejano la consecución de este loable ideal.

Fecha:31/01/12
Autor:Michael Boskin

Standford – Los candidatos políticos de éxito tratan de poner en práctica las propuestas para las que fueron electos. En Estados Unidos, el presidente Barack Obama y los demócratas, con el control de la Cámara de Representantes y el Senado (a prueba de obstruccionismo), tenían el poder de hacer prácticamente lo que quisieran en 2009, y así fue.

Obama y sus aliados en el Congreso promulgaron una ley de “estímulo” de 800 mil millones de dólares cargada con programas dirigidos a los principales grupos del electorado demócrata (como los ambientalistas y los empleados públicos), adoptaron una reforma de salud radical y muy impopular (cuya constitucionalidad será determinada por la Corte Suprema este año), impusieron vastas y nuevas normas a amplios sectores de la economía, adoptaron una política industrial que selecciona algunas empresas para darles un un trato especial, se dedicaron a tomar préstamos y gastar a niveles sólo superados en la Segunda Guerra Mundial, y centralizaron el poder en Washington, DC (y, dentro del gobierno federal, en el poder ejecutivo y los organismos reguladores).

La última elección que produjo un cambio así de radical en la dirección de la política ocurrió en 1980, cuando el presidente Ronald Reagan rediseñó los impuestos, el gasto y las normativas, y apoyó claramente a la Reserva Federal y su rumbo desinflacionario. Si bien las elecciones de 1988, 1992 y 2000 también tuvieron importantes consecuencias, los cambios de política no fueron tan significativos como en 1980 y 2008.

El país se rebeló contra Obama y los movimientos de los demócratas hacia la izquierda con victorias históricas de los republicanos en las elecciones legislativas de 2010. Desde entonces, muchos republicanos se han visto profundamente decepcionados por el hecho de que la Cámara de Representantes no haya sido capaz de revertir gran parte de la agenda de Obama. Sin embargo, el sistema político de EE.UU. está diseñado para que sea mucho más difícil lograr algo que bloquearlo. No es fácil hacer mucho si se controla sólo la mitad de una tercera parte del gobierno federal.

Las elecciones de 2012 se perfilan como un referendo sobre las políticas y el desempeño de Obama. La economía está mejorando lentamente, pero sigue en mal estado, con un alto desempleo y millones de personas obligadas a abandonar la fuerza de trabajo. Se espera que los republicanos mantengan el control de la Cámara de Representantes y recuperen la mayoría en el Senado.

El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, el republicano favorito para desafiar a Obama en noviembre, y otros candidatos del partido, quieren reducir el gasto, reformas importantes de los programas de gobierno, menos impuestos, la expansión del comercio y una normativa menor y más específica que la que aplica Obama.

Romney, por ejemplo, ha detallado un programa económico de 59 puntos, incluido un límite al gasto federal del 20% del PIB, lo que requeriría una reducción similar a las de los años 80 y 90. Los otros republicanos tienen planes todavía más agresivos de reducción de impuestos y el tamaño y alcance del gobierno. El candidato final haría bien en incorporar las mejores ideas de sus oponentes e integrar a su campaña a los mejores de sus equipos.

Un triunfo republicano, junto con el control de la Cámara y el Senado, podría llevar a la reducción, revocación y sustitución sustanciales de muchas de las iniciativas de Obama, intentos de reforma de impuestos y derechos, así como medidas para imponer una mayor disciplina fiscal. Una importante prioridad en la agenda de Romney es la reducción del impuesto a las corporaciones, del 35% al ​​25%, el nivel promedio de la OCDE(1) (los demás candidatos republicanos la reducirían aún más), lo que compensaría una gran desventaja competitiva mundial de las multinacionales estadounidenses.

También es probable que una victoria republicana conduzca a un gran esfuerzo por abrir muchas más oportunidades de exploración energética en Estados Unidos, frustradas por Obama. Romney ha prometido negociaciones más duras sobre comercio y divisas con China, pero en general es mucho más proclive a impulsar nuevos acuerdos comerciales que la administración actual, apoyada por los sindicatos. Sin embargo, si los demócratas mantienen el control del Senado, será mucho más difícil de lograr. Un presidente republicano también puede hacer muchos nombramientos políticos clave en entidades como la Reserva Federal, el Tesoro y los organismos reguladores.

Si Obama es reelecto y los republicanos controlan la Cámara de Representantes y el Senado, su agenda legislativa será en esencia letra muerta, y pasará al menos los próximos dos años negociando su reforma y restitución. En este escenario, el centro de gravedad política en el Partido Republicano pasaría a John Boehner, portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, Eric Cantor, líder de la mayoría de la Cámara y otros representantes clave, como David Camp, Kevin Brady y Kevin McCarthy, junto con varios senadores.

En ese caso, Obama haría bien en moverse hacia el centro (como hiciera Bill Clinton después de que los demócratas perdieran el control del Congreso en 1994) y trabajar en conjunto con los republicanos del Congreso para dar forma a derechos y reformas fiscales sensatas. Pero parece poco probable: desde la gran derrota de los demócratas en 2010, Obama se ha movido aún más a la izquierda, adoptando una agenda más populista.

Independientemente del resultado de las elecciones presidenciales y legislativas de este año, es probable que varios gobernadores republicanos logren una mayor visibilidad nacional. Todos ellos -como Mitch Daniels de Indiana, Chris Christie de Nueva Jersey, Bob McDonnell de Virginia y el ex gobernador Jeb Bush de Florida- declinaron buscar la nominación presidencial republicana, pero estarán en la lista corta para el 2016 si Obama triunfa en noviembre.

El juez de la Corte Suprema Louis Brandeis describió famosamente los estados como “laboratorios”: se les debe permitir experimentar y aprender unos de otros, para ver qué políticas funcionan. Por ejemplo, Clinton y el Congreso republicano tuvieron como referencia para la importante reforma del estado de bienestar de 1996 las políticas originadas por el gobernador de Wisconsin Tommy Thompson y emuladas con éxito por el alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, ambos republicanos reformistas. El grupo actual de gobernadores republicanos ofrece igualmente innovadoras soluciones a nivel estatal -por ejemplo, sobre el gasto, la deuda y los pasivos no financiados de pensiones y sanidad- como modelos para el país.

Hasta noviembre, lo más probable es que las divisiones en el seno del gobierno y una campaña llena de polémicas impidan movimientos de política importantes. Pero después de las elecciones, los impuestos y el gasto, la política comercial, el federalismo, la regulación y la defensa serán objeto de un curso de acción diferente (su nivel de radicalismo dependerá de quién gane) con implicaciones importantes para la posición fiscal de EE.UU., el equilibrio externo y mucho más, incluidas las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo.

El Autor, profesor de Economía de la Universidad de Stanford e investigador superior de la Hoover Institution, fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente George H. W. Bush entre 1989 y 1993.

Fecha:02/02/2012
Escenario: Los tres déficits de Estados Unidos
Autor: Laura Tyson

Berkeley – Este año comenzó con una serie de informes que incluyen reconfortantes pruebas de que la recuperación económica en los Estados Unidos se está fortaleciendo. El ritmo de creación de empleos ha aumentado, los indicadores de manufactura y servicios han mejorado, y el consumo ha sido más fuerte de lo previsto. Pero es demasiado pronto para celebrar.

El crecimiento de la producción en EE.UU. sigue siendo anémico y la economía continúa enfrentando tres importantes déficits: un déficit de puestos de trabajo, un déficit de inversión y un déficit fiscal de largo plazo. No es probable que en un año electoral se aborde ninguno de ellos.

Aunque hoy la producción es más alta que en el cuarto trimestre de 2007, sigue estando muy por debajo de lo que podría si la capacidad productive y la mano de obra se utilizaran plenamente. Esa brecha -entre la producción real y potencial- se estima en más del 7% del PIB (más de 1 billón de dólares).

La brecha del producto refleja un déficit de más de 12 millones de puestos de trabajo, la cantidad necesaria para volver al nivel máximo de empleo de la economía en 2007 y absorber las 125.000 personas que ingresan a la fuerza de trabajo cada mes. Incluso si la economía crece a un 2,5% en 2012, como estiman la mayoría de las previsiones, el déficit de puestos de trabajo seguirá existiendo y no se cerrará sino hasta el año 2024.

Este déficit es principalmente el resultado de una demanda agregada insuficiente. El consumo, que representa alrededor del 70% del gasto total, se ve limitado por el alto desempleo, el débil aumento de los salarios y un brusco descenso del valor de la vivienda y la riqueza de los consumidores. El repunte del consumo en los últimos meses de 2011 fue financiado por una disminución en la tasa de ahorro de los hogares y un gran aumento del crédito al consumo. Ninguna de estas tendencias es saludable ni sostenible.

Con una tasa de desempleo del 8,5%, una tasa de participación laboral de apenas el 64% y el estancamiento de los salarios reales, el ingreso laboral se ha reducido a un mínimo histórico de 44% del ingreso nacional. Y se trata del componente más importante de los ingresos de los hogares y el principal motor del consumo.

Incluso antes de la Gran Recesión, los trabajadores y los hogares estadounidenses estaban en problemas. La tasa de crecimiento del empleo entre 2000 y 2007 se redujo a sólo la mitad de su nivel en las tres décadas anteriores. El aumento de la productividad fue fuerte, pero superó ampliamente el crecimiento de los salarios; las compensaciones de los trabajadores por hora real se redujeron, en promedio, incluso para aquellos con una educación universitaria.

De hecho, el período 2002-2007 fue la única recuperación registrada durante la cual se redujo el ingreso real de las familias medias. Más aún, las oportunidades de trabajo siguieron polarizándose, con un crecimiento del empleo en ocupaciones de altos salarios profesionales, técnicos y de gestión, así como en los de bajos ingresos de servicios de alimentos, cuidados personales y servicios de seguridad.

Por el contrario, el empleo cayó en ocupaciones que requieren habilidades medias, tanto de obreros como administrativos, sobre todo en la industria manufacturera. Los hogares estadounidenses en apuros redujeron sus tasas de ahorro, tomaron préstamos poniendo como garantía sus viviendas y aumentaron su deuda para mantener el consumo, lo que contribuyó a las burbujas inmobiliaria y crediticia que estallaron en 2008 y que han requerido un doloroso desapalancamiento desde entonces.

Tres fuerzas han impulsado los cambios estructurales adversos del mercado laboral de EE.UU.:

· Un cambio tecnológico que exige habilidades especializadas y ha automatizado el trabajo de rutina, al tiempo que impulsa la demanda de trabajadores con al menos un título de educación superior.

· La competencia global y la integración de los mercados laborales a través del comercio y la subcontratación, que han eliminado puestos de trabajo y reducido los salarios.

· El descenso de la competitividad (1) de Estados Unidos como un lugar atractivo para ubicar la producción y el empleo.

El cambio tecnológico y la globalización han creado similares retos del mercado laboral en otros países desarrollados. No obstante, las opciones de políticas de EE.UU. son responsables de la erosión de la competitividad de Estados Unidos.

En particular, Estados Unidos está subinvirtiendo en tres áreas importantes que ayudan a los países a crear y conservar empleos de salarios altos: habilidades y capacitación, infraestructura, e investigación y desarrollo. El gasto en estas áreas representa menos del 10% del gasto de gobierno de los EE.UU., y esta proporción ha ido disminuyendo con el tiempo. Hoy el gobierno federal puede pedir prestado a tasas de interés históricamente bajas, y hay muchos proyectos en educación, infraestructura e investigación que podrían generar una retribución mayor, crear puestos de trabajo ahora y reforzar la competitividad de EE.UU. en la atracción de empleos con salarios altos.

El presidente Barack Obama ha planteado numerosas propuestas para reforzar la competitividad nacional, pero los republicanos del Congreso las han rechazado, alegando que el país se enfrenta a una crisis fiscal inminente. De hecho, el déficit federal como porcentaje del PIB se reducirá significativamente en los próximos años, incluso sin más medidas de reducción del déficit, antes de subir a niveles insostenibles para el año 2030.

En efecto, EE.UU. se enfrenta a un déficit fiscal de largo plazo, en gran parte resultado del aumento de los costos de la salud y el envejecimiento de la población. Sin embargo, el déficit fiscal actual se debe principalmente a los débiles ingresos fiscales, por la lentitud del crecimiento y el alto desempleo, y las medidas temporales de estímulo que se desvanecen en momentos en que la demanda agregada sigue siendo débil y se justifica un estímulo fiscal adicional.

Como mínimo, para mantener la economía en un camino de crecimiento del 2,5% este año, la reducción de impuestos de nómina y las prestaciones por desempleo propuestas por Obama deberían extenderse hasta fines de año. Estas medidas serían un refuerzo para la frágil recuperación y no aumentarían la brecha fiscal de largo plazo.

Entonces, ¿cómo se deben afrontar el déficit de empleos, inversiones y fiscal de largo plazo de la economía estadounidense?

Las autoridades deberían complementar hoy mismo las medidas fiscales para mejorar los déficits laboral y de inversión con un plan plurianual para reducir gradualmente el déficit fiscal de largo plazo. Este plan debería aumentar el gasto en educación, infraestructura e investigación, al tiempo que reduce el crecimiento futuro del gasto en atención de salud a través de los mecanismos de contención de costes contemplados en las leyes de reforma a la salud de Obama.

Si se aprueba hoy un plan de reducción del déficit en el largo plazo pero se difiere su inicio hasta que la economía está cerca del pleno empleo, se evitaría que una contracción fiscal prematura haga caer nuevamente la economía en una recesión. De hecho, la aprobación de ese paquete podría reforzar la producción y el empleo, aliviando las preocupaciones de los inversionistas sobre los futuros déficits y fortaleciendo la confianza de los consumidores y los empresarios.

Habría que tomar hoy decisiones dolorosas sobre cómo cerrar la brecha fiscal de largo plazo y aplicarlas con diligencia una vez que la economía se haya recuperado. Sin embargo, para los próximos años, las prioridades de la política fiscal deben ser el empleo, la inversión y el crecimiento.

El Autor es ex Presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de Estados Unidos, es profesora de la Escuela Haas de Negocios de la Universidad de California, Berkeley.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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