¿Qué quieren los árabes?

Fecha:04/01/2012
Autor:Mansoor Moaddel

El Cairo – La autoinmolación (1) hace un año del vendedor callejero tunecino Mohammed Bouazizi desencadenó una oleada de protestas populares que se extendió por todo el mundo árabe y expulsó del poder a los dictadores (1) de Egipto, Libia y el Yemen. Ahora, parece que el poder del Presidente de Siria, Bashar Al Assad, toca a su fin.

Se ha llamado “primavera árabe” a todos esos movimientos en pro del cambio, pero, ¿qué valores los impulsan y qué clase de cambio quieren sus partidarios? Una serie de encuestas hechas el verano pasado en el mundo árabe pone de relieve algunos cambios importantes en la opinión pública.

En las encuestas, el 84 por ciento de los egipcios y el 66 por ciento de los libaneses consideraban que el objetivo de la “primavera árabe” era la democracia y la prosperidad económica. En los dos países, sólo el 9 por ciento, aproximadamente, creían que dichos movimientos iban encaminados a establecer un gobierno islámico.

En el caso de Egipto, el Iraq y Arabia Saudí, donde se dispone de datos sobre tendencias, la “primavera árabe” reflejaba un cambio importante en los valores de la población respecto de la identidad nacional. En 2001, sólo el ocho por ciento de los egipcios se consideraban egipcios por encima de todo, mientras que el 81 por ciento se consideraban musulmanes. En 2007, los resultados fueron aproximadamente los mismos.

Sin embargo, a raíz de la “primavera árabe” esas cifras cambiaron espectacularmente: el número de los que se consideraban egipcios aumentó hasta el 50 por ciento, un dos por ciento más que los que se consideraban musulmanes. Entre los iraquíes, la autoidentificación primordial desde el punto de vista nacional aumentó desde el 23 por ciento de los que respondieron en 2004 hasta el 57 por ciento en 2011. Entre los saudíes, el porcentaje aumentó del 17 por ciento en 2003 hasta el 46 por ciento en 2011, mientras que el de los que afirmaban una identidad musulmana primordial se redujo del 75 por ciento al 44 por ciento.

También ha habido un cambio hacia la política secular y un debilitamiento del apoyo a la sharia (la ley religiosa islámica). Entre los iraquíes, el porcentaje de los que estuvieron de acuerdo con que, si la religión y la política estuvieran separadas, el Iraq sería un país mejor aumentó del 50 por ciento en 2004 a casi el 70 por ciento en 2011. No se dispone de datos similares correspondientes a Egipto y Arabia Saudí, pero estos dos países muestran una disminución del apoyo a la sharia. En Egipto, el porcentaje de los que consideraban “muy importante” que el Gobierno aplicara la sharia pasó del 48 por ciento en 2001 al 28 por ciento en 2011. En el caso de los saudíes, bajó del 69 por ciento en 2003 al 31 por ciento en 2011.

Por último, un análisis de una muestra nacionalmente representativa de 3.500 egipcios adultos, que respondieron sobre su participación en el movimiento contra Mubarak, mostró que una mayoría de los participantes eran varones jóvenes y solteros con una posición socioeconómica más alta, usuarios de la red Internet, lectores de periódicos, residentes en zonas urbanas y que profesaban los valores modernos y el libre albedrío. No les importaba tener vecinos americanos, británicos o franceses. La religiosidad no entrañaba necesariamente la participacion, mientras que la intolerancia religiosa la reducía.

Esos porcentajes parecen contrastar con los resultados de las recientes elecciones legislativas de Egipto, en las que los Hermanos Musulmanes y los fundamentalistas salafistas obtuvieron en conjunto el 65 por ciento, aproximadamente, del voto popular. Sigue siendo cierto que la religión es un factor importante para los votantes egipcios, pues el 66 por ciento de los encuestados “está muy de acuerdo” o “de acuerdo” en que sería mejor que ocuparan los cargos públicos personas con sólidas creencias religiosas y el 57 por ciento considera “muy importante” o “importante” la aplicación de la sharia por el gobierno. Aun así, el nacionalismo supera a la religión. Nada menos que el 78 por cierto estaban de acuerdo con la afirmación de que sería mejor que fueran más las personas con un fuerte compromiso con los intereses nacionales -en lugar de con opiniones profundamente religiosas- que ocuparan cargos públicos.

Entonces, ¿cómo se explica la incongruencia entre los datos de las encuestas y los resultados de las elecciones en Egipto? En primer lugar, los fundamentalistas se beneficiaron de muchos años de organización y activismo políticos, por lo que tuvieron más capacidad para movilizar a sus partidarios, mientras que los liberales, que encabezaron el levantamiento contra el antiguo régimen, carecían de una organización a escala nacional y dispusieron de poco tiempo para lograr que su recién adquirido capital político se materializara en votos.

En segundo lugar, los liberales no estuvieron atinados al elegir sus prioridades. En lugar de difundir su programa entre los egipcios, se equivocaron de enemigo, al dedicar un tiempo precioso a organizar manifestaciones contra el ejército.

Por último, el resultado de las elecciones no es tan malo como parece. El liberalismo ha sido objeto de ataques continuos durante decenios por parte de extremistas e instituciones religiosos y las organizaciones liberales fueron reprimidas por gobiernos opresivos. Si los que hicieron caer el régimen de Mubarak hubieran ondeado el estandarte del islam político, los fundamentalistas musulmanes habrían estado en condiciones mucho mejores para promover reinvidicaciones más exclusivistas sobre la revolución y el país.

Pero fueron los liberales los que liberaron a Egipto del autoritarismo, cosa que, a su vez, les dio legitimidad y engendró la poderosa sensación de conciencia nacionalista entre los egipcios. A consecuencia de ello, el apoyo a la sharia ha disminuido y la identidad nacional ha aumentado en muy gran medida entre los egipcios. En la medida en la que el debate político esté centrado en la reconstrucción nacional y la libertad, los fundamentalistas islámicos, en Egipto y en otros países, afrontarán una batalla muy dificultosa.

Mansour Moaddel es profesor de Sociología en la Universidad de Michigan Oriental y ha sido el investigador principal de varias encuestas sobre valores transnacionales llevadas a cabo en Oriente Medio entre 2001 y 2011.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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