Pakistán en el Precipicio

Autor: Shahid Javed Burki
Fecha:26/12/11

Islamabad – El presidente paquistaní Asif Ali Zardari regresó precipitadamente a Karachi en la mañana del 19 de diciembre, tras una ausencia de 13 días para recibir tratamiento médico en Dubai, donde vivió en tiempos de su exilio. El gobierno no emitió una declaración formal sobre la salud de Zadari, pero sus partidarios revelaron que había sufrido un leve derrame cerebral que lo dejó inconsciente por varios minutos.

El súbito retorno de Zardari alimentó las especulaciones sobre su futuro, pero, más importante aún, sobre el futuro del gobierno civil en Pakistán. Su decisión se produjo tras una reunión de tres horas entre el primer ministro Yusuf Raza Gilani y el general Ashfaq Pervez Kayani, jefe del Ejército paquistaní. La elección de su destino –Karachi, la mayor ciudad de Pakistán y su base política, en lugar de Islamabad, la capital del país- sugiere la profundidad de la crisis que ya asoma desde debajo de la superficie.

Zardari ha estado en el poder desde 2008, tras haber sido elegido ocho meses después del asesinato de su esposa, Benazir Bhutto. Incluso después de que una enmienda constitucional en 2010 hiciera del primer ministro el ejecutivo en jefe del país, Zardari ha continuado siendo el principal tomador de decisiones. Su ascenso político va de acuerdo con la tradición del sur de Asia de dinastís políticas cuasi-democráticas: asumió el liderazgo del Partido Popular de Pakistán (PPP) de Bhutto -fundado en 1967 por su padre, Zulfikar Ali Bhutto– y designó a su hijo Bilawal como copresidente del partido, basando su decisión en un testamento manuscrito dejado por su esposa. Para subrayar el vínculo, el hijo pasó a llamarse Bilawal Bhutto Zardari.

Pero, tras haber dejado hábilmente fuera de maniobra a sus oponentes durante tres años, Zardari parece haber malinterpretado el ambiente político actual, ya que Pakistán no es el mismo país en el que su esposa y su suegro ejercían el poder. Al tratar de jugar según las viejas reglas, cometió varios errores que en última instancia le costaron el empleo y la permanencia de la familia Bhutto en el poder.

Como muchos otros líderes paquistaníes antes que él, Zardari contaba con que se mantendría el apoyo norteamericano. Esto funcionó por algún tiempo, pero un supuesto intento de involucrar a Estados Unidos más abiertamente en la política paquistaní debilitó, en lugar de fortalecer, su permanencia en el poder. De hecho, mientras que la Primavera Árabe(1) puso fin al viejo y corrupto trato que mantiene a tantos gobernantes autocráticos(1) en el poder en el mundo musulmán, Zardari y sus colaboradores parecen no haber recibido el mensaje.

Se creía que Husain Haqqani, embajador de Pakistán en los EE.UU., había intentado conseguir la ayuda de Estados Unidos para la prevención de otro golpe militar. Se había enviado al almirante Mike Mullen, entonces jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., un memorando sin firma que se cree fue escrito a sugerencia de Haqqani, en busca de ayuda estadounidense a cambio de luchar contra los extremistas en áreas tribales de Pakistán que estaban complicando los esfuerzos de Estados Unidos por retirarse de Afganistán. Lo que los animados medios de comunicación paquistaníes llamaron “memogate” obligó a Haqqani a renunciar y permitió a la Corte Suprema de Justicia hacer valer su autoridad al decidir investigar el asunto.

El tribunal ya había puesto el ojo en Zadari al examinar el trato entre el ex presidente Pervez Musharraf y Benazir Bhutto. A cambio de la retirada de los casos de corrupción en su contra, Zardari, y varios de sus amigos y asociados, Bhutto acordó apoyar a Musharraf después de las elecciones previstas para diciembre de 2007. Se creía que el gobierno de Bush, deseoso de tener un gobierno elegido democráticamente en Pakistán para continuar la lucha contra el terrorismo, había negociado el acuerdo.

Ese trato ya ha sido rechazado por la Corte Suprema, que ordenó al gobierno a reabrir los casos de corrupción, incluyendo uno en Suiza, donde Zardari está acusado de haber depositado decenas de millones de dólares. El gobierno se negó y ahora la Corte está trabajando para asegurar que el Poder Ejecutivo lleve a cabo sus órdenes.

Pero la decisión de Zardari de comenzar a preparar a su hijo de 23 años de edad para el poder puede haber sido su más grave error. Zulfikar Ali Bhutto ungió a su esposa y su hija como copresidentes del PPP en caso de ser ejecutado por el régimen militar que lo había derrocado. Benazir Bhutto, a su vez, puso el control del partido en las manos de su esposo e hijo. Pero, esta vez, una ciudadanía despierta no estuvo dispuesta a aceptar que el liderazgo político se pueda transmitir fácilmente de padre a hija, de esposa a esposo, de padre a hijo.

El cambio político en Pakistán está asegurado, pero se producirá de una manera difícil de prever. La Primavera Árabe, la decreciente influencia de Estados Unidos en el mundo musulmán, y la determinación de los ciudadanos a ser escuchados se han combinado para crear un ambiente en el que lo sin precedentes y lo impredecible son las únicas certezas.

El Autor es ex Ministro de Finanzas de Pakistán y Vicepresidente del Banco Mundial, es Presidente del Instituto de Políticas Públicas, con sede en Lahore.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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