Demasiada cabeza

Fecha:26/11/11
Por: Carolina Pulido
Ilustración:Sofía Valenzuela

Desde que vi el video de la niña china que fue atropellada dos veces a vista y paciencia de una decena de peatones impávidos, sin recibir ayuda alguna, no he podido dejar de pensar en ello. Será porque tengo una hija de esa edad (lo que sin duda explica la angustia que experimenté al ver las espantosas imágenes). Pero también es una pena diferente. Una tristeza que se mezcla con la repulsión y la vergüenza ajena.

Qué egoísmo más escalofriante. Me recuerda otro caso ocurrido hace algunos años, en Londres. Una mujer de 40 llevaba 2 años muerta en su departamento, frente al televisor encendido. Nadie la echó de menos en ese tiempo. Ningún vecino. La televisión seguía funcionando como si nada mientras su cuerpo se descomponía. Y a nadie le molestó el olor. Por supuesto, no es lo mismo. No hubo testigos de su muerte. Nadie pudo evitarle el momento fatal, simplemente porque nadie lo supo. Pero el hecho de que no hubiera un familiar (1), un amigo (2), un compañero de trabajo que la extrañara resulta desolador. Qué soledad más brutal.

Y si nos ponemos a buscar, no es necesario viajar tan lejos para toparse con casos como ese. En Chile, país tercermundista, un as en aprender bien rapidito las lecciones del Norte, hay casos que bien podrían entrar en el salón de honor de lo peor del individualismo posmoderno (1). Se me viene a la cabeza la historia de una señora. Una historia que se repite cada cierto tiempo en las noticias de la noche, con diferentes personajes, pero el mismo argumento. Se llamaba Dina Ortiz, tenía 65 años y 5 hijos. La encontraron desnutrida y abandonada en una pieza. Pesaba 29 kilos y sus hijos dijeron que no tenían plata para cuidarla. Un argumento curioso que grafica la triste verdad: el mundo se nos pudre.

Perdonen el pesimismo, por favor. Sé que pasan cosas buenas. Las redes sociales se toman el poder. Nunca tantos ciudadanos tuvieron la posibilidad de expresarse, de agruparse en torno a una causa, de saborear el peso de influir en las decisiones políticas. Derechos civiles, sí. Todos virtualmente conectados desde nuestras máquinas personales, sí. Pero cada vez más solos. Cada vez más egoístas(1). Cada vez más fríos.

Basta con mirar cómo está la cosa en el Norte para ver hacia dónde vamos. En Europa ya casi no quedan niños. La gente dejó de creer en la familia. Buscan pareja en la red. En las redes. Algunos incluso aman solo por internet. Otros mueren solos y nadie los recuerda. En Italia los jóvenes se suicidan porque les va mal en los exámenes. O sufren ataques al corazón en las vísperas, porque los estudios parecen ser cosa de vida o muerte. Demasiada cabeza.

Pero no es nada nuevo: son los tiempos del gobierno de la razón. El que vive en la cabeza se topa demasiado seguido con el ego, y para nadie es un misterio que de egos se nutren nuestras grandes ciudades individualizadas. Vivir en la emoción es un concepto que tiene mala prensa, que suena a sensiblería, a seudoespiritualidad, a poca inteligencia. Un cliché como abrir el corazón, que aunque poco cool parece ser la única forma de salir de la inercia, de conectarse con el amor, o por último, de comunicarse con el del lado. Comunicación real. No virtual (1).

Ese es el punto: nuestros sentimientos se están atrofiando, se congelan, se momifican. Lo de China es un ejemplo macabro, pero tan real y tan clarito como el agua.

Quisiera escribir un final esperanzador, pero no sé de dónde sacarlo. Tal vez baste con decir que la vida es un péndulo. Que en algún momento tenemos que despertar, todos. Ya hay algunas señales, pequeños grupos que crecen día a día buscando volver a los orígenes. A lo esencial. A cultivar su tierra, vivir más sanamente, formar tribus. Es posible, pero hace falta coraje.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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