La crisis italiana, la negociación colectiva y el modelo chileno

Fecha:22/11/11
Autor:Patrizio Tonelli

Silvio Berlusconi, sus escándalos y roterías han momentáneamente cedido el paso. Il Cavaliere dejó su cargo de primer ministro italiano. En su lugar llega un gobierno técnico de unidad nacional encabezado por Mario Monti, economista y personalidad que cuenta con un amplio apoyo y con la confianza de los poderes internacionales sobre su capacidad de solucionar la complicada situación económica italiana. ¿Todo bien entonces para Italia?

En realidad hay que leer los recientes acontecimientos políticos italianos a la luz del más amplio contexto europeo. En particular, el caso de Italia y Grecia son índice de un fenómeno que Fundación SOL viene denunciando hace tiempo. Estamos viviendo una preocupante crisis de la política, ahogada por la presión de los mercados y por la hegemonía del pensamiento neoliberal: en este contexto, Chile es el ejemplo al cual apunta Europa, y los vientos neoliberales empujan hacia su modelo privatizador y desigual. 

El marco común es la terrible crisis económica en que se encuentran los dos países, con una deuda pública que llega al 120% del PIB en el caso italiano y 140% en Grecia y la necesidad de implementar medidas urgentes y “drásticas” para que los países mantengan su solvencia y no caigan en el abismo de la quiebra. En este escenario, la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) (la llamada “troika”) monitorean y controlan estrictamente la situación, impartiendo clases sobre austeridad e indicaciones sobre cuáles soluciones tomar.

El pasado 5 de agosto, el BCE envió una carta secreta al gobierno italiano en la cual indicaba las medidas necesarias para aumentar el potencial de crecimiento del país y de esa forma asegurar la estabilidad de la cuenta pública. De forma muy explícita y directa el BCE fijaba los puntos ineludibles de un verdadero programa neoliberal, solicitando al gobierno italiano fuertes reformas de los sistemas previsional y de relaciones laborales del país. Por un lado invitaba a subir la edad necesaria de las mujeres para jubilarse, poniendo al mismo tiempo criterios más estrictos para acceder a la jubilación; por otro lado, junto a despidos y recortes salariales para los empleados públicos, invitaba a facilitar los mecanismos de despido en el sector privado y favorecer una negociación colectiva en la empresa, debilitando y rompiendo el tradicional esquema basado en el contrato colectivo nacional por rama productiva.

Esta materia parece importar particularmente al BCE al ocupar el primer punto de la carta. Específicamente se pide revisar las normas existentes sobre contratación y despido, flexibilizándolas y acompañándolas con políticas pasivas y activas del mercado laboral para redestinar los recursos (los trabajadores) hacia empresas y sectores más competitivos. Asimismo, se aconseja revisar el sistema de negociación colectiva salarial, permitiendo acuerdos a nivel de empresa para “adaptar” salarios y condiciones laborales a las exigencias de las empresas, otorgando a estos acuerdos mayor relevancia respecto de los otros niveles de negociación. Las órdenes del BCE se acompañan, finalmente, a la urgente recomendación de una radical estrategia de reformas orientadas a liberalizar y privatizar los servicios públicos.

La carta fue descubierta y publicada por el diario “Il Corriere della Sera” en septiembre, influyó en el debate contingente sobre la ley de presupuesto del país, y la aceptación de sus recomendaciones ha constituido la última medida de Silvio Berlusconi antes de su renuncia. “In cauda venenum”, decían los latinos, es decir: el veneno está en la cola. ¿Qué harán ahora Mario Monti y su gobierno técnico con estas recomendaciones?

La pregunta no es retórica al revisar su perfil personal. Mario Monti es un destacado economista y actualmente “international advisor” de Coca Cola; es decir, uno de los expertos que asesoran al gigante multinacional del rubro de las bebidas sobre cómo aumentar sus ya gigantes ganancias y fortalecer su posición dominante en los mercados globales. Al mismo tiempo, Monti es “international advisor” de Goldman&Sachs,  uno de los bancos de inversión más grandes del mundo y responsable directo de las crisis “subprime” en EE.UU. en 2008, que ha afectado y afecta los ahorros, las inversiones y los salarios de millones de personas en todo el mundo. ¿Qué hará entonces ahora Mario Monti que, además, ha expresado su total aprobación de las políticas de FIAT, que apuntan a instaurar unsistema autoritario de relaciones laborales basado en la negociación en la empresa y en la marginalización de los sindicatos “incómodos”?

Los paralelos con el caso griego son tan evidentes como inquietantes. El 9 de noviembre el primer ministro socialdemócrata Papandreu renunció a su cargo, dejando el paso a un gobierno técnico de unidad nacional encabezado por Lukas Papadimos, destacado economista y ex vicepresidente del BCE. El pasaje de consignas acaece en el contexto de las recomendaciones de la “troika” que vinculan las ayudas financieras y el rescate del país a durísimas reformas en el gasto social y en el sistema de relaciones laborales. Junto a recortes en las pensiones, en el sector público se recomienda despidos y la prohibición de acuerdos colectivos salariales, introduciendo una escala salarial fija que disminuirá las remuneraciones de los empleados estatales.En el sector privado, paralelamente, se recomienda suspender las negociaciones y los contratos colectivos sectoriales para fortalecer la prioridad absoluta del nivel de empresa. Adicionalmente, se introduce la posibilidad que “asociaciones de personas” externas a los sindicatos, puedan negociar convenios colectivos de empresa, vulnerando así la representación colectiva de los sindicatos y creando un peligroso paralelo con los grupos negociadores previstos por el código del trabajo chileno.

Si en el pasado las recetas de los Chicago boys y del FMI se aplicaban a los países de América Latina (junto con Chile, cómo no recordar al México de Salinas de Gortari, al Brasil de Cardozo, a la Argentina de Menem), ahora las mismas recetas provienen de Paris, Berlín y Bruselas y se aplican en Europa, empezando por sus anillos más débiles. Siguiendo los patrones de una verdadera “teoría del shock” utilizan a la actual crisis financiera de esos países para reformar, a través de gobiernos supuestamente “técnicos”, el entramado político-institucional y garantizar el libre despliegue de las lógicas de mercado. A este propósito, el filosofo francés Etienne Balibar afirma que lo que está pasando en Europa es la “construcción de un nuevo modelo de gobierno político” de matriz neoliberal capaz de afirmarse dentro y más allá de la crisis.

Objetivo privilegiado de este proceso son los mecanismos democráticos que históricamente las sociedades europeas habían construido para limitar y contener las lógicas de mercado y las desigualdades sociales, en primer lugar, los sindicatos y la negociación colectiva sectorial.

El modelo que se está dibujando en Europa recuerda entonces a Chile y en particular a su desastroso sistema de relaciones laborales que limita la acción sindical al ámbito de la empresa e impide un efectivo derecho a huelga, generando sindicatos débiles y baja cobertura de la negociación colectiva. Los efectos sociales de estas dinámicas y paralelismos son ya evidentes. Numerosos estudios destacan como, a pasos de gigante, “el viejo continente” estaría encaminándose hacia un escenario progresivamente caracterizado por bajos salarios, inexistente redistribución de los ingresos y explotación, elementos que caracterizan profundamente nuestra realidad chilena.

Tendremos que recordar lo que está pasando en Italia y Grecia, cuando en Chile hablemos de reformas laborales y desigualdad: encerrar a los sindicatos y a la negociación colectiva en la empresa es un instrumento que el pensamiento neoliberal utiliza para favorecer a un pequeño sector social e impedir un redistribución justa e igualitaria de las riquezas y del poder. Para poner en marcha mecanismos de solidaridad y redistribución más eficaces, al contrario, lo que necesitamos son sindicatos que negocien por sobre de la empresa y un efectivo derecho a huelga.

Fecha: 03/03/11

Actualmente asistimos a una situación donde la política se ha vaciado de contenido y se vive más bien como espectáculo. Junto con esto, el empresario se alza como un modelo a seguir por la sociedad. En este contexto, Berlusconi y Piñera, ambos con su estilo y sus propias licencias, se han convertido en referentes, ante la presencia de una tibia izquierda que no ha sabido posicionar sus luchas. Son muchos los paralelismos que existen entre ambos casos, aunque lo relevante es preguntarse qué hacer para revertir esta situación.

En estos días Sebastián Piñera se encuentra de visita oficial en Italia. Entrevistado por el diario italiano más importante, “Il Corriere della Sera”, afirmó tener muchas diferencias en temas valóricos respecto a su homólogo italiano, Silvio Berlusconi. Si bien esto puede ser cierto, al mismo tiempo hay un lazo más profundo que une a ambos mandatarios, y que tiene que ver con el vaciamiento de la política que han provocado y provocan sus estilos de gobernar.

No es fácil hoy en día ser un italiano en el exterior. Para nadie sería grato tener su propio primer ministro o Presidente de la Republica (aún no habiéndolo votado) procesado con juicio inmediato por abuso de poder y prostitución de menores de edad.

Sin embargo, los presentes acontecimientos que interesan a él y los festines sexuales con menores de edad en sus varias casas, son sólo el último acontecimiento, vergonzoso, de algo que empuja a reflexiones más generales. Para decirlo en pocas palabras: Berlusconi es expresión del decaimiento y crisis de la política, que se manifiesta actualmente en Italia y en el mundo. Vamos a ver en qué sentido.

Berlusconi es un fenómeno que viene desde lejos, y empieza a ocupar el escenario público al comenzar los años ’70.

Es el empresario que se hizo rico a través de la especulación edilicia y que, con el muy probable aporte de la mafia siciliana, construyó Milano 2 y Milano 3, grandes “barrios independientes” y alejados de la bulla ciudadana para los nuevos ricos de Milán.

Es el empresario que fundó el primer canal nacional privado de televisión, hasta devenir dueño de la principal cadena de televisiones privadas en el país: con ella importó miles de teleseries gringas y brasileñas, dio vida y fomento a la farándula, con sus frivolidades, escándalos y programas en los que se puede ganar plata fácil.

Es el empresario que compró diarios, seguros, editoriales y que al final de los años ’80 compró al Milán, equipo de fútbol muy popular y lo llevó hasta las cumbres del balompié internacional (¿recuerdan a Gullit, Rijkaard, Van Basten, Arrigo Sacchi y su “fútbol total?).

Berlusconi no es un “loco” solitario: es un modelo. El empresario que se construye solo, a pesar de las leyes y restricciones colocadas por el Estado; el empresario que con la plata lo puede todo y que considera todo una mercancía a disposición para ser vendida o comprada: mujeres, trabajadores, medioambiente, etc.; el empresario exitoso, eternamente joven y circundado por bellas mujeres; el empresario que sabe comunicar y llegar directamente a la gente a través de sus propios medios de comunicación; el empresario hiperactivo, que cumple y hace las cosas bien. ¿Les recuerda algo o alguien?

El sociólogo inglés Colin Crouch utiliza el concepto de “posdemocracia” para describir el estado actual de nuestras sociedades políticas occidentales: la democracia estaría garantizada en la forma pero siempre menos en su sustancia, aplastada por la invasión de los intereses económicos privados en el espacio público y por la falta de participación de las masas.

En este marco la política se reduciría a un espacio vacío, dominado por fenómenos de personalización y mediatización. Los partidos, reducidos a una persona que se comunica a través del video con los ciudadanos; los ciudadanos, considerados meros “espectadores” televisivos y, en la mejor de las hipótesis, objeto de sondeos de opinión. Toda hipótesis de “control social” sobre las decisiones que tienen que ver con el conjunto de la sociedad, esencia de cualquier sana democracia, se marginalizaría en tanto superflua e inútil.

Berlusconi ha significado todo eso para Italia. ¿Estamos seguros de que sea un fenómeno lejano y limitado a ese país?

El elemento interesante del relato es que los actores tradicionales del cuadro político italiano que no lo apoyaron, tampoco supieron hacer nada para contrarrestar esa tendencia. En particular, gran responsabilidad la tuvo la izquierda.

El relato irreal y conciliatorio de Francis Fukuyama con su “fin de la historia” entusiasmó a la gran mayoría de los dirigentes de los partidos de izquierda italianos (1): el lento declinamiento y derrumbe de la URSS demostraba claramente que no había más necesidad de plantear una alternativa, que el mercado había definitivamente ganado y que había que adaptarse y cabalgar sus altos y bajos, a lo mejor poniendo un parche a sus efectos más indeseados.

La izquierda política italiana ha creído, entonces, que hablar de trabajo, de su calidad y de sus derechos como eje de una estrategia alternativa de desarrollo, fuera una cosa del pasado, ligada al siglo XX y fuera de moda: la empresa y sus exigencias eran ahora la nueva frontera de un discurso moderno y responsable.

En esos trastornos políticos y culturales se ha alejado de su base social y ha dejado de encontrar en ella las razones y los argumentos para un proyecto político alternativo: los trabajadores italianos votan ahora para Berlusconi y la derecha, mientras esperan “el chorreo”, que ojalá le reserven la suerte y los juegos televisivos (¿Quién quiere ser millonario?).

Eso es lo que ha pasado a 15 mil kms. de aquí: ¿estamos seguros de que esté tan lejano?

Necesitamos volver a empoderarnos de la política, darle nueva sustancia y sentido. Necesitamos que nuevamente pueda volver a ser el instrumento a utilizar para mejorar nuestras condiciones de trabajo y de vida, el espacio esencial en el cual pensar y construir una sociedad justa en la cual “el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos”.

¿Cómo? El debate está abierto, pero, por favor, ¡apurémonos!

Esta columna fue publicada el 2 de Marzo en El Mostrador

El Autor es historiador e investigador de Fundación SOL

Descargar artículos en formato PDF
Comentarios

Anuncios

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: