El mito de la disciplina germánica

Fecha: 21/11/11
Autor: Stefan Kaiser

Berlín presume de ser un remanso de estabilidad en medio de la crisis y así lo creen también los mercados financieros. Sin embargo, el país no respeta todos los criterios de rigor presupuestario. Se trata de una actitud arrogante y peligrosa, apunta el Spiegel Online.

Los inversores de los mercados financieros y los dirigentes políticos alemanes en realidad tienen pocas cosas en común: por lo general, los primeros no entienden por qué lo segundos necesitan tanto tiempo para adoptar las decisiones tomadas en las cumbres de la crisis. Y al contrario, los primeros son los chivos expiatorios por excelencia de los segundos cuando se trata de atribuir a alguien la paternidad de la crisis.

Lo sorprendente es que ambas partes están de acuerdo en un aspecto: su opinión sobre la política presupuestaria alemana. Al considerarse como una política sólida, se ha erigido como ejemplo para todos los países endeudados del sur de Europa. Aunque los hechos demuestren lo contrario, realmente nadie quiere cuestionar esta verdad generalizada.

Por ello, Volker Kauder, jefe del grupo CDU-CSU [en el Bundestag], en un congreso de partido se vanagloriaba de que en Europa, “se habla alemán”. Este chovinismo orgulloso resume bastante bien la política de su canciller. Desde el estallido de la crisis del euro en la primavera de 2010, el leitmotiv de Angela Merkel se puede resumir del siguiente modo: si todo el mundo fuera tan fuerte como los alemanes para ahorrar, no habría ningún problema.

No es tan ejemplar, pero resulta convincente

A Angela Merkel hay que reconocerle una cosa: es indiscutiblemente convincente. Al menos los inversores de los mercados financieros han creído a la canciller. Mientras imponen una subida de los tipos de interés a casi la totalidad de los demás países de la eurozona para las adquisiciones de las obligaciones del Estado, dan su dinero prácticamente por nada al ministro de Finanzas alemán.

Es difícil comprender cómo hemos llegado a esta situación con argumentos racionales. Como es natural, si se analiza la situación más de cerca, se constata que a países como España o Italia no le van tan mal las cosas como da a entender la subida de sus tipos de interés. Y que, más en concreto, Alemania no es el modelo de rigor que pretende ser.

En sus últimos pronósticos, la Comisión Europea cuenta con un porcentaje de endeudamiento del 81,7% del producto interior bruto (PIB) para Alemania en 2011. Claramente es superior al límite del 60% impuesto por el Pacto de estabilidad europeo, el mismo pacto por el que el Gobierno federal da tanto la lata a los países del sur de Europa y que le gustaría reforzar. Al Gobierno, que quiere imponer un endurecimiento de las normas, más le valdría conformarse con las ya aplicadas.

Un paternalismo que podrían ejercer otros Estados

Jean-Claude Juncker, el jefe de Gobierno luxemburgués, tiene toda la razón al enojarse por el paternalismo alemán. A pesar de la crisis que atraviesa, España, por ejemplo, está mucho más cerca de respetar el Pacto de estabilidad que Alemania, pues el porcentaje de endeudamiento español es del 69,6%. Es también el caso de los neerlandeses (64,2%) o de los finlandeses (49,1%), en mejor posición que los alemanes para erigirse como guardianes europeos de la disciplina presupuestaria.

El único aspecto que hace confiar actualmente en las finanzas públicas alemanas es la proporción de déficit relativamente débil del país, es decir, el endeudamiento complementario con respecto al rendimiento económico. El hecho de que sea tan inferior al de los países en crisis del sur de Europa tiene múltiples motivos, aunque ninguno de ellos esté relacionado con la imagen de modelo de rigor del que presume el Gobierno.

Todo lo contrario: Alemania no ahorra. Los gastos del presupuesto federal incluso han aumentado recientemente y deberían ascender a alrededor de 300.000 millones de euros en los próximos años, según el presupuesto provisional. El programa de austeridad adoptado en la efervescencia del pasado otoño ha evolucionado tan poco como la regla de oro que los alemanes divulgan por toda Europa.

Como tiranos arrogantes

Si la proporción de déficit desciende, se debe únicamente a la coyuntura favorable de los últimos dieciocho meses. Esto ha permitido a Alemania acumular ingresos fiscales más elevados de lo previsto, con lo que además se infla el PIB. Como se calcula sobre la base del endeudamiento complementario, desciende la proporción de déficit-PIB. Pero esto no tiene mucho que ver con las medidas de austeridad.

El buen estado económico del país hasta ahora no es resultado de la austeridad, o en todo caso, no de la austeridad del Estado. Si el “made in Germany” es tan preciado en el extranjero es sobre todo gracias a los empleados alemanes, que fabrican productos de calidad a costes relativamente bajos.

El Gobierno actual causa muchos estragos en Europa al elogiar con arrogancia la disciplina del Estado alemán. En Grecia, en España o en Italia, si antes se admiraba a los alemanes por sus virtudes, ahora se les considera unos tiranos arrogantes que pretenden enseñar al resto del continente cómo deben vivir y trabajar. Y esto no puede continuar así indefinidamente.

El Autor (1976) fue periodista económico en el Tagesspiegel y posteriormente columnista para el Financial Times Deutschland. Desde junio de 2011 trabaja como periodista en la sección económica del Spiegel-Online.

Artículo:  Europa habla alemán ahora
Fecha:22/11/11
Autor:Holger Schmale

“En Europa se está hablando en alemán”, pregonó a los cuatro vientos Volker Kauder, parlamentario de la CDU. Pero, como advierte el diario Berliner Zeitung, no debemos exagerar, porque esto no se parece mucho a una asociación de democracias libres.

Tal y como Gerhard Polt reflejó en su genial película de 1988 Man spricht deutsh (“Se habla alemán”), hubo un tiempo en el que podíamos reírnos de su caricatura de los turistas bávaros en Italia. Dos años antes de la unificación alemana, este ignorante chovinismo alemán se podía observar claramente en los campings y en las ‘Stammtische’ de los pubs (mesas dispuestas aparte para los clientes habituales), pero también estaba claro que la clase política de Alemania Occidental pensaba y actuaba con un espíritu profundamente europeo, sin ningún atisbo de ambiciones hegemónicas.

Ahora, el escritor británico Timothy Garton Ash ha recomendado que empleemos un nuevo verbo: ‘kaudear’, un juego de palabras relacionado con el término alemán ‘Kauderwelsch’ equivalente a ‘decir sandeces’. Significaría entonces ‘aplicar el lenguaje de las conversaciones de los pubs a la escena política europea’. Con esto, Ash también se estaba refiriendo al discurso pronunciado en la convención de la CDU por Volker Kauder, presidente del grupo parlamentario CDU/CSU. En él, el confidente de la canciller Merkel declaró con brío: “¡De repente, en Europa se está hablando alemán!”

La caricatura se ha hecho realidad

Kauder no se refería al proyecto impulsado por el partido, tan insistente como infructuoso, de que el alemán se convierta en el idioma europeo común en Bruselas. Se refería al dictado alemán de una política europea de estabilidad y ahorro, o dicho de otro modo, de la política de austeridad. Ni siquiera han transcurrido 25 años y la caricatura se ha hecho realidad.

Europa teme la superioridad alemana y los alemanes no ven nada malo en ello. Los dirigentes alemanes lo celebran como un éxito. La convicción que expresaban los turistas de la película de Polt, es decir, que Italia sería un país precioso si no existieran los italianos, no es muy distinta a lo que se escucha hoy por el distrito gubernamental de Berlín.

Tras las catástrofes que se produjeron con el empuje de la hegemonía alemana por parte de Bismarck, Guillermo II y Hitler, que acabaron con el hundimiento político y moral del Estado-nación alemán, la integración de la República Federal en la Comunidad Europea (occidental) siempre se impuso dos objetivos: el regreso a la comunidad internacional y la garantía de que Alemania jamás volvería a aspirar a desempeñar un gran poder.

Es un logro histórico de Konrad Adenauer, Willy Brandt y Helmut Kohl el hecho de que siguieran esta política durante décadas, con credibilidad y éxito. Pero cuando en 1990 se empezó a prever que en medio de Europa surgiría una Alemania reunificada y mucho más fuerte, fruto de los dos Estados alemanes antes divididos, en los países vecinos y en ciertos círculos alemanes ya no existía esa seguridad sobre el statu quo.

Queremos una Alemanía Europea

Helmut Kohl y sus seguidores respondieron con una cita de Thomas Mann: “No queremos una Europa alemana, sino una Alemania europea”. Como garantía, incluso renunciaron al marco alemán, el amado y preciado símbolo del milagro alemán de la posguerra.

Pero con ello comenzó un cambio en la mentalidad, primero sutil y después tangible con el fallo del Tribunal Constitucional alemán de 2009 sobre el Tratado de Lisboa (1), un fallo que recalca la soberanía del Estado-nación alemán (def) y que apunta a una Europa alemana. De hecho, con la crisis del euro, esta opinión jurídica teórica se convirtió en una práctica política, de un carácter mucho más rígido de lo que podían haber pensado los jueces de Karlsruhe.

En cierto modo, tiene mérito que Volker Kauder, con su declaración arrogante y con aires de superioridad, haya pasado por alto toda la benévola verborrea diplomática. ¿Dónde queda la Europa democrática y diversa en la que todos somos iguales ante la ley cuando, bajo el liderazgo alemán, las medidas de austeridad ideadas en Berlín se imponen en los países del sur de la eurozona como una necesidad inherente y sin alternativa y son aplicadas por los llamados Gobiernos de expertos? ¿Y cómo se supone que concuerda la presión política de Berlín sobre el Banco Central Europeo con su independencia tan proclamada?

Un núcleo sellado con inspiración alemána

Hay que reconocer que Angela Merkel no tenía la intención de desempeñar esta función. Pero el poder económico de Alemania, obtenido gracias al éxito del euro y a la política de austeridad Alemana de los últimos años, le obliga ahora a velar por su propio interés. Y por ello respondieron con amenazas al deseo del referéndum en Grecia e incluso Francia se puso de parte de Alemania; y así, al final se llegará a un núcleo europeo sellado con inspiración alemana que estará integrado únicamente por los países de la eurozona y quizás en breve sólo por los más fuertes.

La pasión de Angela Merkel por Europa, descubierta hace poco, es algo positivo. Pero es una Europa muy distinta a la unión de democracias libres e iguales con la que soñaron sus predecesores.

El Autor (1953) trabajó para la agencia de prensa DPA hasta 2001 y desde entonces escribe para el grupo editorial DuMont Redaktionsgemeinschaft GmbH, trabajando para las publicaciones Berliner Zeitung y Frankfurter Rundschau.

Fecha:23/11/11
Autor:Georg Diez

Nadie sabía exactamente las implicaciones del predominio alemán en Europa, y menos los alemanes. Un ensayista de Spiegel busca la respuesta en dos obras, una que expone que el país ha perdido su alma y la otra que afirma que posee un gran genio.

La semana pasada, Alemania ganó la Segunda Guerra Mundial. Perdón. ¿He dicho algo inadecuado? Claro que no ha sido con armas y que los alemanes de ayer tampoco tienen nada que ver con ello. Somos nosotros, los “buenos” y nuevos alemanes, los que la hemos ganado, a base de miles de millones.

La vieja Unión Europea ya no existe. Esa de la que nos hablaban en el colegio y en las editoriales. La que prometía un capuccino para todos y una vida tranquila en el Mediterráneo para los jubilados alemanes. La que debía integrar a Alemania, o domarla, o lo que fuera, en todo caso por una razón así Helmut Kohl y François Mitterrand se dedicaban todo el tiempo el uno al otro, mientras los demás observaban.

El alemán de hoy es el alemán bueno. En cualquier caso, es lo que me dicen los suizos con los que he podido conversar. Quieren saber qué siente el buen alemán, qué piensa, qué quiere, ese alemán que se encarga de los impagos de los Estados, el griego, el portugués, quizás en breve el italiano. Aunque primero iría Francia, según un artículo de Le Monde. En tales circunstancias, ¿quién se atrevería a hablar del tándem Merkel-Sarkozy?

Europa se ha vuelto dependiente

Alemania ha llegado donde jamás debería haber llegado y los alemanes ni siquiera se han dado cuenta de ello. Es un poco como la guerra de Afganistán: mientras no se ha podido pronunciar la palabra guerra, nadie se imaginaba que lo era. Si todo el mundo habla hoy de cifras, de mecanismos de estabilidad, etc., es simplemente por no mencionar lo que ocurre en realidad: que Europa se ha vuelto dependiente de Alemania y sólo de Alemania.

Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas, concedió una entrevista a la edición británica del Financial Times en la que presenta su proyecto de convergencia fiscal, naturalmente según los criterios alemanes.

Por lo tanto, tenemos a Angela Merkel sola al mando, y una Europa alemana de la que no se sabe nada, sólo que los italianos ya no deben ser italianos. Nadie sabe exactamente qué implica este predominio y mucho menos los alemanes, que no saben quiénes son ni cómo es su alma, ni si tienen una o quieren tenerla. Y por ello, para ayudarnos a encontrar el sentido de la crisis, se acaba de publicar un libro el que se puede leer en letras doradas: “Die deutsche Seele” (El alma alemana). Su objetivo es que aprendamos, de A a la Z, qué es lo que nos convierte en alemanes, desde Abendbrot [cena], Abgrund [abismo] y Arbeitswut [frenesí por el trabajo] hasta Winnetou [personaje de un indio creado por el novelista Karl May], Wurst [salchicha] y Zerrissenheit [discordia].

El Mundo es Alemán

En cerca de 600 páginas, los autores presentan una obra de reflexión en versión de “libro de salón”. La primera impresión es que se trata de un libro complicado y de difícil digestión. Abordan los tópicos conocidos, a veces de mal humor y otros con esmero. Thea Dorn y Richard Wagner, los autores, se quedan anclados en el romanticismo y en raras ocasiones aluden al presente, como si el alma alemana se hubiera perdido en algún lugar de los bosques del siglo XIX. Thea Dorn y Richard Wagner pretenden sentir hoy una “creciente nostalgia por Alemania”, tanto entre las víctimas de la ley Hartz IV como entre los alemanes de 68 años convertidos en pequeños burgueses. Según dicen, Alemania se ha “extraviado”.

Desde el extranjero, las cosas se ven de un modo muy distinto. “The German Genius” (El genio alemán) es una obra bastante notable y mucho más fácil de digerir, a pesar de sus 1.000 páginas, en la que el autor, el británico Peter Walson, plantea sin mucho esfuerzo su admiración profunda por la cultura alemana. Explica con inteligencia y desenvoltura cómo se ha forjado la época actual sobre el modelo alemán. De repente. La revolución, la desmitificación, el cosmos, el alma, el presente en estado puro: en una palabra, el mundo en el que vivimos es alemán.

¿Constituyen estas obras lo que necesitamos para calmar nuestro triunfalismo cultural en Europa? ¿En el interior, un alma a la que temer y en el exterior, el genio absoluto? Por supuesto que está bien que dejemos de ser un pueblo inquietante, simplón, ingenuo. Pero por otro lado, ¿quiénes somos? Somos tecnócratas que nos paseamos con Goethe bajo el brazo.

El Autor,es un periodista y ensayista alemán. Es crítico de teatro para el Süddeutsche Zeitung y el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung y ha escrito monografías sobre los Beatles y los Rolling Stones. Desde 2011 escribe la crónica S.P.O.N. – Der Kritiker en Spiegel Online.

Fecha:24/11/11
Artículo: El ‘no’ de Merkel está hundiendo a la UE
Autor:Eric Bonse

Sola contra todos, Angela Merkel rechaza tanto reforzar el papel del BCE como los eurobonos. Pero incluso en la propia Alemania, cada vez más expertos advierten de que su obsesión por la disciplina podría sumir a Europa en el caos.

La zanahoria y el palo, he ahí como resumir en dos palabras la propuesta de la Comisión Europea para solucionar la crisis de la deuda. La zanahoria son los bonos comunitarios con la misma tasa de interés para todos los países de la zona euro, los conocidos como “eurobonos”, que crean una especie de responsabilidad solidaria. El palo es el refuerzo de los controles y de las sanciones contra quienes infrinjan los criterios que se impongan sobre la deuda. Con un programa así, se podría creer que el presidente de la Comisión, Jose Manuel Durao Barroso, podría haber ganado puntos incluso ante la propia Angela Merkel.

Pues no ha sido así. Aunque los eurobonos se han rebautizado como “bonos de estabilidad” con este motivo, y teniendo en cuenta que las zanahorias sólo se entregará una vez que se trague la amarga píldora de un plan de austeridad, Berlín todavía se empecina férreamente en su ‘no’. Angela Merkel considera “inapropiado” el debate sobre los eurobonos, por eso encargó un estudio de viabilidad sobre el asunto. Lo que viene muy oportunamente a colación ahora que los mercados no se ciernen solamente alrededor de los Estados sobreendeudados, sino también sobre países como Austria o los Países Bajos. Alemania tiene mucho interés en proteger a sus socios más importantes.

A Alemania se le achacará la culpa

Y, sin embargo, para Merkel lo único que cuenta es la obediencia y la disciplina. La canciller de hierro hace oídos sordos a los argumentos de un número cada vez mayor de economistas que consideran que la salida de la crisis pasa por estos dos elementos: los eurobonos y el respaldo de la deuda por parte del BCE.

Así las cosas, Angela Merkel no se expone únicamente a nuevos y airados debates frente a Barroso, que lamenta desde hace tiempo la indecisión de Alemania ante la crisis. Alemania también se arriesga a quedarse cada vez más aislada. Merkel ya puede contar con una sola mano los apoyos que le quedan en París, La Haya y Helsinki. El presidente francés ya ha tomado una cierta distancia acerca del asunto del BCE.

Incluso Alemania parece ya vulnerable: su presupuesto para 2012 no corresponde ni de lejos con la severa política que la canciller predica. Por primera vez, el miércoles pasado los mercados comenzaron a manifestar sus dudas acerca de la calificación crediticia de Alemania y no se apresuraron a comprar esos bonos que normalmente están tan solicitados.

Además, numerosas señales indican que la crisis de la deuda no hace sino agravarse. Si la zona euro acaba vacilando y Angela Merkel bloquea todas las tentativas de rescate, muchos dirán que Berlín es la culpable, y tendrán razón.

Mercados financieros

Berlín recibe su primer varapalo

“Alemania recoge sus bonos”, titula Die Welt el día siguiente a la decepcionante subasta de títulos alemanes en los mercados financieros. El diario recoge que el país se enfrenta a un problema que sus socios europeos desconocen: la tasa de interés de los bonos alemanes no llega al 2% (está en 1,98%), un rendimiento muy bajo para atraer inversores. Como consecuencia, Alemania únicamente ha logrado colocar un tercio de sus bonos al precio ofertado. “Un completo desastre”, reconocen algunos analistas. Para otros, para quienes no dudan de la habilidad de Berlín para refinanciarse en los mercados, se trata simplemente de un episodio pasajero.

Eric Bonse es el corresponsal del Tageszeitung en Bruselas.

Fecha:25/11/11
Autor: Jan Ross

Padres severos, ovejas negras y amores reñidos: así es la familia de Europa. Y en opinión del periodista de Die Zeit que esboza este retrato, debe defender su modelo histórico de solidaridad. Extractos.

En la Europa actual, todo parece posible: hundimiento, ruptura, decadencia o renacimiento. Cuando unos hablan de desaparición del euro, otros hacen alusión a un refuerzo de la integración. Entonces, ¿estamos asistiendo al fin de la solidaridad o a todo lo contrario, es decir, a la profundización sin igual de los vínculos europeos mediante eurobonos y la intervención del BCE?

Nunca hemos estado tan cerca de una política interior europea. Los nuevos dirigentes de España, Italia y Grecia desempeñarán una función mucho más importante para Alemania que la nueva Gran Coalición en Berlín. Esta proximidad repentina no está exenta de riesgos, como atestiguan la torpe y chovinista palabrería de Volker Kaudersobre el predominio de Alemania o la agresividad de las reacciones de Londres. Todo el mundo siente que Europa se encuentra en un momento decisivo. Es el momento de preguntarse cuál es su sentido.

Miedo por el vecino, no ante él

Para ello, conviene tomar una cierta distancia, digamos que de unos miles de kilómetros. La escena tiene lugar en un café de Lahore, en Pakistán. Tras haber escuchado las preguntas de un visitante alemán, el paquistaní empieza a interrogar a su invitado sobre su país de origen. Parece interesarle un tema en concreto. ¿No tienen fama los alemanes de ser unos magníficos ingenieros? Sí. ¿No son entonces capaces de construir armas de rendimiento superior? Sí, quizás. “Entonces, ¿por qué no tiene ustedes la bomba atómica? Los franceses y los británicos la tienen. ¿Cómo pueden aceptar que otros la tengan y ustedes no?”.

Para este paquistaní, el hecho de que Alemania no se preocupe lo más mínimo de dotarse de un arma nuclear es una aberración. Para él, el vecino que posee el arma nuclear es el enemigo hereditario: India. En nuestro caso sería Francia, pero nos da exactamente igual su arsenal nuclear. No nos preocupan las armas de Francia, sino su calificación crediticia y lo que nos angustia no es que suba, sino que descienda. Este razonamiento va en contra de varios siglos de historia. Para el 90% de la humanidad, un entorno político así parece inimaginable.

Mano dura “por su bien”

En la política post-heroica, carente de hormonas, desarrollada por los europeos de los últimos decenios, es más bien la simple consecuencia de un pasado guerrero. Se trata de una nueva forma de vivir juntos, de relacionar los pueblos con los Estados. La crisis precipita hoy este experimento a un nuevo ámbito: el de la economía y las finanzas. Para describir esta forma de vida común, existe una imagen muy acertada, sentimental y “Helmutkohlesca”, pero que se adapta perfectamente: Europa es una familia.

Por familia se entiende la formación de vínculos naturales de solidaridad que no se podrían suprimir a la fuerza, ni siquiera en caso de cometer un error. Dicho de otro modo, ningún error de gestión puede hacer que Grecia sea una extranjera. No obstante, toda familia tiene su propia forma de ejercer presiones morales sobre las ovejas negras o sobre esos primos alcohólicos para obligarles a que se sometan a una desintoxicación. Tampoco resulta agradable depender de los padres, algo que incluso puede ser más desagradable que depender del banco. La combinación tan característica de bondad y de brutalidad con la que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel trataron a los jefes de Estado endeudados durante la cumbre de Cannes se parecía mucho a la forma con la que algunos padres aplican mano dura a sus hijos “por su bien”. Y a ningún hijo le gusta.

Ajustes y accidentes de un proyecto experimental

El modelo familiar añade también otro elemento que se podría denominar como el fin de la diplomacia. Efectivamente, una familia constituye un espacio relativamente informal: no se pierde el tiempo en cortesías. Cabe señalar que los intercambios entre los países europeos cada vez son más directos. Por nefastos que sean, los diferentes comentarios sobre esos holgazanes del sur, esos egoístas británicos o esos megalómanos alemanes son también síntoma de una mayor intimidad.

Desde hace tiempo, los unos se inmiscuyen en los asuntos de los otros, dispuestos a cerrar el grifo del dinero o a pisar el pedal de freno. Esto podría perjudicar gravemente las relaciones entre los miembros. No obstante, no se trata del regreso de los viejos demonios de la guerra mundial o de antes, sino de fricciones, ajustes y accidentes de un proyecto experimental.

El éxito de esta filosofía política no está garantizado de ningún modo. Al contrario: el proyecto europeo debe hacer frente a una oposición más fuerte que nunca. Europa es un objeto político inédito, una excepción histórica. Vista desde Lahore, desde un continente dividido, desbordado por las armas, donde los hombres aún son hombres y las bombas aún son bombas, Europa es una inagotable fuente de asombro. Pero también de envidia.

El Autor es periodista alemán nacido en 1965, es redactor en Die Zeit desde 1998. Es coautor de Die Weltreligionen (« Las religiones mundiales »), donde pone en evidencia  la interdependencia entre religión y política.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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