Las opciones de Cristina Kirchner

¿Cristina intentará ser una Evita del siglo XXI o querrá mostrar la actitud mesurada de una Dilma Rousseff?

Fecha:26/10/11
Autor:Roberto Guareschi

Fortalecida por la estabilidad económica y el aura de su viudez, Cristina Kirchner confirmó con un rotundo triunfo electoral que puede gobernar a la sociedad argentina sin su marido. La incógnita es qué tipo de líder querrá ser en un contexto local e internacional más difícil.

Los Kirchner sacaron a la Argentina de la crisis del 2001 con cifras de crecimiento similares a las de China. Ellos reconstituyeron, en parte, el tejido social y político lastimado por el brutal ajuste en aquella crisis que dejó a más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza. La oposición subestima los logros de los Kirchner diciendo que los ayudó un contexto internacional que disparó el precio de los commodities. Es cierto, pero eso sólo no es garantía de éxito.

Ahora ese viento de cola puede virar, porque los Kirchner no han hecho cambios estructurales en la industria, la matriz energética, la educación, etc., para que el país supere su dependencia de los commodities. Los subsidios (fuentes de corrupción y clientelismo) serán una carga cada vez más pesada para el gasto público si sigue en baja el precio de la soja. Esa medicina de urgencia ya es una política de largo plazo, porque no hay una actividad económica que los pueda suplantar. Según cifras no oficiales, ya representan el cinco por ciento del Producto Bruto y sólo ajustes dolorosos pueden reducirlos. La inflación no es hoy una preocupación para muchos argentinos, beneficiados por un boom del consumo, pero ya superó el 20 por ciento anual y traerá conflictos con los sindicatos peronistas. Argentina es un país en perpetua emergencia. Muchos golpes de Estado, decenas de miles de desaparecidos, una guerra contra Gran Bretaña, crisis de hiperinflación, una brutal crisis económica. Pero también hay algo de impostada intensidad en los argentinos: somos dramáticos como el tango y sombríos como las novelas de Sábato.

¿Cristina explotará esa tendencia? Ese espíritu benefició a su marido a un costo alto para las instituciones. El hizo que el Parlamento le dejara modificar el presupuesto. Más tarde se permitió manipular las estadísticas oficiales para esconder la inflación, y mientras construía un sistema de medios privados y estatales oficialistas, inició una lucha que lo sobrevive contra el periodismo crítico. Frente a los tiempos difíciles que vienen, ¿Cristina intentará ser una Evita del siglo XXI investida con un poder excepcional o querrá mostrar la actitud mesurada de una Dilma Rousseff para combatir la corrupción?

Si elige este modelo, deberá vencer la tentación de la reelección perpetua. Ella y su esposo habían encontrado un esquema: alternarse cada cuatro años. Ahora viuda, queda expuesta al síndrome del “pato cojo”, porque ya no cuenta con la posibilidad de otra reelección. Los mismos caudillos peronistas que hasta ahora la obedecen, pueden abrir una guerra de sucesión si no encuentra un modo para perpetuarse. En la Argentina, como en tantos países de América Latina, los presidentes tienen tanto poder que desdibujan a los otros poderes. Peor será si sienten que no tienen otros límites que la salud y el deseo en medio de una crisis financiera global.

Fecha:30/10/11
Autor:Mauricio Rodríguez K

La crisis externa y presiones sobre el erario público obligarían a la Presidenta a moderar el gasto y aceptar el alza del dólar, creen economistas. Persistirían, sin embargo, el intervencionismo y la inflación de dos dígitos.

Este jueves se cumplió un año del fallecimiento del ex Presidente argentino Néstor Kirchner, pero eso no quiere decir que el modelo económico del país (1) vecino se haya ido con él. De mantenerlo se ha encargado su esposa, Cristina Fernández, quien el domingo ganó holgadamente un segundo período presidencial, al ser electa en las urnas con un 54% de los votos.

Y aunque algunos medios transandinos han esbozado la noción de que en este nuevo mandato la señora K podría alentar un “cambio de modelo” económico, a juicio de economistas lo que viene es un sinceramiento de las políticas de gasto fiscal, dada la actual crisis externa, pero no una mayor alteración del enfoque poco ortodoxo e intervencionista de los años recientes.

La amplia -y anticipada- victoria electoral tiene su principal explicación en el alto crecimiento económico del país, que este año debiera llegar a 8,2% -según el pronóstico oficial-, en los recursos que ello le ha significado a la administración y en la fuerte política de subsidios y apoyos fiscales derivada de tales ingresos.

Aunque genera distorsiones en varias áreas de la economía, ese armado no es algo que la Casa Rosada quisiera variar mayormente, dicen los expertos.

Durante su campaña, la Presidenta Fernández prometió “profundizar el modelo, lo que sugiere una continuidad de las actuales intervenciones y políticas económicas heterodoxas”, manifiesta Alberto Ramos, analista para Argentina del banco Goldman Sachs.

Pero se presume una ralentización del ritmo como se ejecuta el gasto público, a partir de las presiones que las transferencias sociales ya están generando en el presupuesto público, y “también con el objetivo de ahorrar para financiar en buena forma programas que aseguren el favor del electorado para los comicios de 2013 (parlamentarios) y 2015 (presidenciales), dice una hipótesis”, señala el economista asociado del Grupo Security, Aldo Lema.

“Al mirar el calendario electoral, vemos que el próximo año no hay elecciones en Argentina, además, que el escenario externo se anticipa difícil. Por eso, no debiéramos ver políticas económicas muy activas en una primera etapa del segundo período de Cristina”, explica Lema. “El deseo del kirchnerismo de mantenerse en el poder es tan fuerte, que estarían dispuestos a sacrificar poder político en pro de tener municiones guardadas para las elecciones de 2013 y 2015, tal como ocurrió con el gasto tan expansivo que vimos en 2008 y 2009”, agrega. “Pero esto no es un cambio de modelo, sino que una estrategia, un manejo táctico”, advierte Lema.

Sucede que “el peso de los subsidios en el presupuesto ha ido creciendo rápidamente y se espera que llegue a representar un 4% del PIB este año, contra un 3% del PIB en 2009”, dice Ramos. En ese sentido, no descarta que en este segundo período, el gobierno “tome medidas para focalizar la entrega de subsidios y, eventualmente, incrementar precios y tarifas reguladas para aliviar estas presiones”.

El Fisco exhibió en septiembre un superávit primario de US$ 106 millones, frente a US$ 762 millones de hace un año, con un alza del gasto primario del 39,7%, frente al 27,5% de los ingresos.

En opinión de Guillermo Calvo, académico argentino de la U. de Columbia, la solución a la tensión social es condición sine qua non para enfrentar las próximas elecciones. “El ajuste fiscal tendrán que hacerlo si quieren llegar a la campaña exitosamente”, indica.

Como resultado de eso y del contexto internacional, se prevé que en 2012 Argentina tendría un crecimiento bastante menor al reciente, del orden de 4%. El gobierno es un poco más optimista, pero igual predice una ralentización marcada respecto de 2011: el presupuesto 2012 se expandirá 5,1%.

Pero fiel a su estilo, aseguran los economistas, las políticas que no impliquen gasto van a continuar en la línea de hasta ahora. “Si tuviera que adivinar qué van a hacer, diría que seguirán haciendo más de lo mismo, más intervencionismo”, dice Calvo. “Eso ya lo estamos viendo, con las nuevas regulaciones de que los productores de petróleo y minerales tienen que repatriar sus fondos. Seguirán con esta clase de medidas porque les ha funcionado, entre comillas. No tienen una ideología económica clara; el intervencionismo les ha andado”, acota.

El efecto de ello, dice Calvo, es que se genera “la expectativa de que se van a poner más restricciones en el futuro y lo único que eso va a hacer es acelerar la salida de capitales. Con la inflación que ya tienen, una situación fiscal bastante dudosa y ahora, encima, expectativas de salida de capital, el Banco Central va a tener problemas serios para intervenir, para evitar una corrida”, anticipa. Entre las intervenciones se encuentra una serie de regulaciones y tarifas fijadas que distorsionan los precios relativos, como el costo de la energía y de los servicios públicos.

Sin embargo, de todas esas distorsiones, la más notoria es la inflación, que ha sido estimulada por el fuerte gasto del Fisco y que deriva en un IPC de más de 20%, según las estimaciones privadas.

La gran afinidad del ex ministro de Economía y ahora vicepresidente, Amado Boudou, con “la combinación de políticas heterodoxas y populistas”, dice Ramos, no ofrece grandes perspectivas de moderación de precios. “Boudou ha pateado para el lado el desequilibrio clave de Argentina: la arraigada inflación de dos dígitos”, añade.

Así, en el corto plazo, la desaceleración del gasto público pudiera reducir las fuerzas inflacionarias, pero “si el escenario externo se debilita, podríamos ver una disposición a tolerar un alza del tipo de cambio que se había resistido hasta ahora para validar bajas tasas de interés”, sostiene Lema, lo cual, a su vez, estimularía esas presiones.

El tipo de cambio es otro de los factores sobre los que el mercado intenta definir el rumbo. “En el corto plazo debiéramos ver un alza significativa, acompasándose con el movimiento de las otras monedas en la región, como el del peso chileno o el real”, afirma Lema.

“El rápido ritmo de apreciación real del peso argentino, si no se ajusta, podría elevar significativamente los riesgos para la economía en 2012”, argumenta Sebastián Vargas, de Barclays Capital.

Las autoridades han usado el tipo de cambio, hoy en 4,2 pesos por dólar, como el ancla nominal para evitar una mayor escalada de los precios, lo cual ha conducido a esa apreciación. Pero ahora “la depreciación de las monedas de la región, en particular el real, ha exacerbado la pérdida de competitividad de Argentina, con lo cual las autoridades debieran acelerar el ritmo de caída del peso en el curso de 2012”, explica Ramos.

Fecha:27/10/11
Autor:Daniel Link | Escritor y académico argentino
Artículo: La Argentina “K”

Todo indica que Cristina Fernández obtendrá una mayoría abrumadora en las elecciones presidenciales de este domingo. Para muchos, este hito es un punto culminante en un proceso que parece irreversible: el paso de la cultura peronista hacia un nuevo modelo inspirado en la figura del matrimonio Kirchner.

Escribo esto un 17 de octubre, día conocido tradicionalmente en la Argentina como San Perón o como Día de la Lealtad, porque conmemora el 17 de octubre de 1945, cuando una gran movilización obrera y sindical, capitaneada por Eva Duarte (“Evita capitana”) demandó la liberación del coronel Juan Domingo Perón, entonces a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, fundando las bases de ese enigma político, el peronismo. La historia posterior es conocida (incluso demasiado).

Y ésta es la primera vez (en democracia) que el peronismo no se juntará para celebrar el Día de la Lealtad, dado que sus principales representantes son candidatos en las futuras elecciones (como oficialismo o como oposición) y rige ya la veda electoral. Además, son tantas las facciones en que el movimiento se ha dividido, que sería difícil aunar muchedumbres sin estrépito.

La Presidencia de la Nación dio orden a los sectores vinculados con el “kirchnerismo” para que se abstuvieran de participar de cualquier acto conmemorativo. El gobernador de la poderosa provincia de Buenos Aires (candidato a la reelección) suspendió el acto que él mismo había programado. Lo mismo se vieron forzados a hacer los intendentes del cono urbano.

En su columna de hoy en el diario Página/12, Eduardo Aliverti se refiere a “este clima electoral manso, anodino, del que apenas hay registro por unos spots de campaña espantosos”. No se equivoca Aliverti. Yo mismo acabo de volver de un viaje largo de trabajo y, contra toda prevención, me encuentro con una ciudad tranquila y hasta indiferente en relación con esos dos traumas: las elecciones presidenciales (más o menos definidas desde las primarias de agosto) y San Perón. Esta mañana no me despertaron los bombos, y escribo estas líneas en un silencio que podría pensarse como la paz de los cementerios o el silencio que precede a la tormenta. Pienso, más, bien, que se trata del silencio de una agonía y un parto superpuestos: algo no termina de morir y algo no ha nacido todavía.

Analistas políticos de otros diarios suponen que el oficialismo pretende reservar todo su poder de convocatoria para fechas más importantes: el 23 a la noche, cuando se festeje la indudable reelección de Cristina Fernández por mayoría aplastante, y el 27 de octubre, cuando se recordará a Néstor Kirchner, en el primer aniversario de su paso a la inmortalidad.

De modo que si uno tuviera que situar el clima manso y anodino que vive la Argentina en relación con un proceso cultural de vasto alcance, lo que habría que señalar, en primer término, es esa transformación de la cultura política sin precedentes que ha impuesto el “kirchnerismo”, y el “cristinismo”, en última instancia, al conjunto de saberes, expectativas, sueños, terrores, rituales y figuras del imaginario político argentino o, lo que es lo mismo, del imaginario peronista, que dominó la escena política con holgura hasta este mes aciago.

Sabido es que a Cristina Fernández jamás se la ha escuchado cantar la marcha peronista y que muy a regañadientes ha realizado la V de la victoria con sus dedos. Esa repugnancia al folclore peronista parece haber culminado en este 17 de octubre mudo, donde queda claro que el peronismo (sus actores, su misterio) está dejando paso a una nueva forma de soberanía, de hegemonía cultural y de gestión de lo público.

El nuevo Peronismo

El “kirchnerismo” está lejos de ser un modelo de transparencia o de prolijidad política, y el “cristinismo” es tanto o más personalista que las versiones anteriores de caudillismo peronista. La suspicacia de Cristina Fernández y sus colaboradores respecto del entramado peronista-sindical y la red de gobernadores e intendentes que sostuvieron siempre el poder territorial del peronismo (la imposibilidad entre estética y ética que han manifestado a la hora de tener que negociar con esas fuerzas políticas de mil cabezas) es evidente para seguidores y detractores. Pero no es la relación de fastidio que uno puede sentir ante determinados estilos de la escena pública (“¡no negocian nada!”) lo que cuenta (los “estilos”, en definitiva, son inevaluables), sino la capacidad discursiva para sostenerse a sí mismo del oficialismo (eso que se llama “kirchnerismo” o “cristinismo”) lo que impresiona a propios y ajenos.

En sus momentos más críticos (la discusión sobre las retenciones agropecuarias que enfrentó a un país con otro; la derrota electoral de medio término; la crisis del Banco Central), el oficialismo encontró la fuerza y la imaginación para transformar las condiciones políticas de su acción de gobierno y de la práctica política. Recurrió a todas las armas a su alcance, incluidas las menos agradables para sus enemigos (la dimensión y la insistencia muchas veces delirante con la que se definió “el enemigo” será un capítulo de la historia política argentina del siglo XXI). Uno de los programas más comentados (aunque no muy visto) de la Televisión Pública, la pata central del aparato de propaganda oficialista, impuso la idea de una vasta conspiración (ortográfica) entre Cobos (el vicepresidente aliado hasta el conflicto con el campo), Carrió (la líder de la oposición) y Clarín (el diario emblema del grupo multimediático que había sostenido la gestión de Néstor Kirchner, hasta una pelea cuyo núcleo más problemático probablemente se nos esconda para siempre). C-C-C era, como cualquiera puede darse cuenta, lo anti-K.

Llevada a ese límite semiótico, la discusión política se volvió intransitable durante los primeros meses de 2011, hasta que la victoria del oficialismo en las primarias de agosto demostró lo que para cualquier observador con una mediana sensibilidad era evidente desde la prematura muerte de Néstor Kirchner: la potencia de arrastre ahora irrefrenable de su viuda en relación con las intenciones de voto, subrayada mediante un uso habilísimo de las últimas tecnologías (Twitter, Facebook, la blogósfera). Los medios, que interpretaron bien ese desprecio hacia ellos como articuladores de la opinión pública, reaccionaron con una violencia que les fue devuelta moneda por moneda, en una espiral que a alguien pudo parecer significativa, pero que no tuvo demasiadas consecuencias: las audiencias siguen mirando Canal 13 y TN y comprando Clarín y, al mismo tiempo, votando por el oficialismo y, al mismo tiempo, en Buenos Aires, por su rival municipal, Mauricio Macri.

Es muy probable que esa contradicción en sus términos tenga que ver con el carácter liminar de nuestro tiempo (el tránsito del peronismo al “kirchnerismo”-“cristinismo”).

No muchos analistas han interpretado correctamente el juvenilismo discursivo del oficialismo. El nuevo funcionariado ejecutivo y legislativo proviene de esa inclinación fundamental, cuya forma institucional es la agrupación oficialista “La Cámpora“, en homenaje al presidente Héctor Cámpora, quien gobernó el país durante menos de dos meses durante 1973, antes de entregar el poder a Raúl Alberto Lastiri (yerno de José López Rega, el fundador del grupo paramilitar Alianza Anticomunista Argentina, la tristemente célebre Triple A), antes de la tercera presidencia de Perón.

No es tanto que el oficialismo use a los (sedicentes) militantes de “La Cámpora” y sus simpatizantes como coraza sino que, al hacerlo, declara no aceptar (o no considerar suficiente) los vetustos aparatos sindical y municipal en los que el peronismo fundó su poderío. El “kirchnerismo”-“cristinismo” enfrenta al peronismo (su único rival verdadero) mediante un red infinitamente más compleja de cibercomunicaciones.

Entre los sectores ilustrados, gran parte del éxito del oficialismo (que es la simpatía política “por defecto”, una adhesión escasísima que en Argentina no sucedía desde los primeros tiempos de la recuperación democrática y que deja perplejo al analista más curtido) no radica tanto en sus políticas (que han sido legítimamente tomadas de otros programas de gobierno) ni, mucho menos, de una astucia prebendaria (como la oposición intenta sostener), sino en su modernidad inclaudicable.

En Argentina, curiosamente, ser hoy moderno es adherir al “kirchnerismo” en alguna de sus variantes, y aparentemente el electorado lo demostrará el próximo domingo con porcentajes que competirán con los de la fórmula Perón-Perón en 1973. El futuro de esa revancha electoral está todavía por verse y sería prematuro realizar conjeturas. Pero si el clima electoral se volvió, para quienes participan con mayor entusiasmo de esos rituales de la democracia representativa, en manso y anodino, sería deseable que ese mood se prolongara. La intensidad, que tanto necesitamos en el arte, en la política puede ser agobiante, como lo fue durante los últimos dos o tres años.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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