¿Orden y patria?

Fecha:25/10/2011
Autor:Ricardo Candia

En un extraordinario ataque de sensibilidad, tres carabineros se querellan contra tres diputados por maltrato de obra. Se trata de un penoso intento por limpiar la imagen del cuerpo represivo que ha llegado a ser la policía uniformada, para lo que ha hecho singulares esfuerzos, bajo las órdenes del Ministro del Interior.

Pocos podrían creer que funcionarios fogueados en el combate callejero contra todo lo que huela a desordenado, trabajador, mapuche, joven o estudiante; que se han especializado en usar garrotes de última generación, que son inmunes a los gases que a personas normales asfixian en segundos; tropas de elite que reciben cursos en Israel y USA; soldados universales capaces de aguantar lluvias de piedras y de bombas molotov, puedan afectarse por dos puteadas y un par de empujones. Nunca tan sensibles

El cuerpo de Carabineros tiene a su haber un listado importante de gente matada por sus balas en la Historia_de_Chile. El último se llamó Manuel Gutiérrez. Cada vez que los poderosos han querido tomar venganza o dejar en claro quienes son los que mandan, han sido las tropas de Carabineros los que han dado una clase magistral de historia.

Carabineros de Chile tiene la vergüenza de haber tenido un Director general que fue llamado por el presidente Allende como traidor y rastrero. En venganza, este general mandó a degollar a tres personas, tiempo después.

No hay que ir muy lejos para darse cuenta el rol que los mandamases obligan a cumplir a la tropa, finalmente la carne de cañón, cuando la chusma pelea por sus derechos. Históricamente la tropa de carabineros ha estado formada por personas que no han podido acceder a una educación que les permita un estándar de vida aceptable. Y sus mandos, por gentes ligadas a la burguesía dueña de todo.

Muchos jóvenes provincianos llegan para buscar en la tropa verde una posibilidad de horizonte de vida. Sin embargo el costo es envilecerse mediante la inhuma e inexplicable función de castigar a hombres, mujeres y niños, sin que, aparentemente, se manifieste el efecto de la culpa ante actos tan repudiables.

Da la impresión que la formación de los Carabinero contempla alguna técnica que les interrumpe el normal recelo ante la injusticia, a la acción repudiable, a la golpiza aleve. Parece que es gente que no siente. La conducta que durante la dictadura era comprensible, expuestos en la primera línea en el combate contra la gente que finalmente la derrotó, hoy no tiene explicación alguna.

Particionadas sus almas en una esquizofrenia terrible, Carabineros es, en el mismo tiempo, el servidor público insustituible, que ayuda en las catástrofes, los accidentes o en eventos en que las personas requieren de protección, que salva vidas y controla al maleante, y asiste a parturientas. Pero la otra parte, the dark side, nos lo presentan como un ogro irreflexivo, brutal y desaforado, que no trepida en azotar a una estudiante de catorce años, apalear a un universitario, disparar al mapuche, o asfixiar al que se le ponga por delante, sin capacidad alguna para discriminar mediante algún parámetro moral.

No puede ser sano para un país que haya personas que se mueven entre esos dos extremos irreconciliables y que estén llamados por las leyes a jugar el importante rol que las policías cumplen en los países civilizados. Quizás el grado y salud de las democracias estén directamente relacionados con el tipo de policía que goza o sufre.

Hay razones fundadas para pensar que el Cuerpo de Carabineros no ha aceptado ni internalizado los cambios que experimentó el país tras la caída de la dictadura. La cobardía de la Concertación no permitió corregir aquellas estructura y esa filosofía que llevó a los Carabineros a ser el cuerpo represivo por excelencia durante los tenebrosos años de la dictadura.

Durante esos años era comprensible la imposibilidad del control ciudadano de las instituciones por la interdicción a la que se sometió al pueblo, cuestión que hoy no se justifica. Se explica, si. Vivimos en un sucedáneo democrático que permite que el sistema arroje contra la gente desarmada la más feroz represión, que no le va en saga a la que fue posible ver en los tiempos del dictador.

Por eso resulta tan extraño que tres pobres carabineros sean impulsados para llevar adelante una querella contra tres diputados. Como se puede ver, la tropa es usada, abusada, no sólo para golpear, gasear, o lanzar agua pestilente. Se abre otro flanco para los estrategas del gobierno y los mandos policiales coludidos: el judicial, en el que no puede estar ajena la opinión del gobierno por la vía del Ministro del Interior.

Es difícil creer que esos carabineros querellantes tengan los medios, de todo tipo, como para sostener una querella contra esos diputados.

En un país llevado a los extremos, no resulta una exageración pensar que la dichosa querella en efecto, sea cursada y los diputados desaforados para enfrentar un juicio. Y quizás sea otro hito para sacar pecho después del salto del caballo Huaso, el triunfo de la bandera chilena como la más bella de todas y del himno nacional que superó a La Marsellesa en un olvidado certamen internacional

El escenario de estos tiempos…

Artículo: Estado policial: una nueva forma de controlar
Autor: Luisa Bustamante B.

Las últimas movilizaciones de las fuerzas sociales han servido para dejar al descubierto el estado dictatorial fuertemente enraizado en los gobiernos de turno ya sean estos de derecha o de centro derecha (partidos renovados). La Ley de Seguridad Interior del Estado cuya tipificación permite aplicarla en diversos casos que quedan sujetos al juicio de las autoridades, tiene por objeto principal no el resguardo de los ciudadanos del país, sino controlar las manifestaciones de descontento popular, frente a la inequidad y abuso de un sistema que tiene como paradigma el lucro, la segregación de clases y la diferencia abismante entre las ganancias de los grandes grupos económicos y los sueldos exiguos de los trabajadores.

Frente a las protestas ciudadanas el gobierno insiste en criminalizar la violencia de algunos sectores de estudiantes y pobladores cuya marginalidad y desesperanza los lleva a manifestarse en la única forma que conocen: la violencia, y de la cual, son víctimas a diario.

El Ministro del Interior habla de la violencia de los encapuchados, vándalos delincuentes que perturban el orden y la paz tan necesaria para el crecimiento económico del país; crecimiento que sólo beneficia a un sector minoritario. Pero olvida hablar de la violencia cotidiana que sufren los chilenos. Empresas de ritail, que lucran al mil% con los sectores más pobres, Isapres con ganancias gigantescas a costa de sus cotizantes, intereses exorbitantes en créditos de consumo donde se llega a pagar casi el doble de lo prestado, servicios de salud pública donde la gente se muere esperando turno para ser atendida.. A esa violencia, a la cual está sometida la mayor parte de la población hay que agregar una fuerza policial que actúa descontroladamente sin rendir, al parecer, cuentas a nadie.

El poder operativo de carabineros, sus protocolos, los cuales se desconocen, ha llegado a sobrepasar el accionar de esta institución durante la dictadura. Un ejemplo claro de esto fue la operación que se llevó a cabo contra los hinchas de Colo Colo, actuando como verdaderos guardianes del confort del sector ABC1. En una actuación inédita, los efectivos subían a los buses y bajaban a los hinchas por el hecho de portar estos una bandera de su equipo. Claro que advertían que no estaban detenidos sino “retenidos”. El caso es que retenidos o no igual terminaron en la comisaría sin un motivo justificado, o mejor dicho el motivo implícito era que pertenecían mayoritariamente a sectores bajos de la población. Es posible deducir que el orden y seguridad en este país consiste en apartar a los sectores pobres o marginales de la población de aquellos que gozan de una situación acomodada, a menudo a costa de la pobreza de los otros.

Esto no se considera violencia. Los encauchados están amenazados con todo el rigor de la ley; nada se ha dicho sobre el carabinero que mató un adolescente de la población Jaime Eyzaguirre, ni menos sobre aquel energúmeno que le metió la Uzi en la parte baja de la espalda a un manifestante o el que le pegó a un camarógrafo. Es claro que hay distintas definiciones de violencia.

Si bien es cierto que siempre las fuerzas especiales han sido represivas, se observa un nivel de descontrol mayor y se perciben algunos cambios significativos que se han producido en el último tiempo.

En primer lugar se puede observar un uso creciente del sistema de infiltraje, que si bien no es algo nuevo se hace cada día más evidente. Personal de civil que toma fotografías, provocadores encapuchados, valoración del soplonaje.

Se está efectuando una Incentivación de la delación a todo nivel. Spots publicitarios que llaman a “informar” sobre cualquier acto sospechoso a ciudadanos vigilantes que son denominados “héroes anónimos”. Este soplonaje se conocía anteriormente sólo a nivel del hampa y en tiempos de dictadura entre enemigos ideológicos con las funestas consecuencias que todo el mundo conoce.

Otro aspecto es la criminalización de las manifestaciones de descontento. De hecho se puede observar que mientras hay una turba destruyendo señaléticas y vitrinas, carabineros está reprimiendo a los estudiantes que están pacíficamente marchando o en algunos casos se observa que no actúan hasta que los destrozos son mayores. Esta política cuenta con el apoyo de los medios de comunicación que entregan gran cobertura a los actos violentos enfatizando la calidad de víctimas de carabineros agredidos arteramente. Estos .reportajes permanecen 2 o 3 días en pantallas a diferencia de las manifestaciones a las que dedican unos pocos minutos.

Lo anteriormente señalado es aprovechado por el gobierno para efectuar una serie de amenazas y anuncios de endurecimiento de las penas y aumento de los castigos. Este régimen se ha caracterizado por la fundamentación del castigo para solucionar todos los problemas que entorpezcan el accionar del mercado. Lo más preocupante es la actitud de intromisión que tiene hacia los otros poderes del estado, verdadera intervención no conocida anteriormente. La velada amenaza a los jueces, realizada recientemente es un ejemplo de esta intervención.

Ahora bien, hay que dilucidar como se produjo este empoderamiento de carabineros, más allá de lo que ejercían comúnmente frente a los “desmanes” de los que protestan.

La razón de estos cambios más otros que son internos de Carabineros es consecuencia de una nueva política del Ministerio del Interior que ha contado con la injerencia de la policía norteamericana, concretamente de los asesores de Rudolph Giuliani y su política de tolerancia cero. El ex jefe de la policía de Nueva York (NYPD) Louis Anemone, estuvo como asesor de carabineros durante los últimos cuatro meses, según reportaje de El Mercurio, edición del domingo 2 de octubre sección D página 15.

Anemone no estuvo solo. Lo acompañó el comisionado de policía William Bratton y Michael Berkow quien fue jefe de policía en Los Angeles y otras ciudades de EUA. Berkow además fue llamado a Londres para trabajar con la policía después de los atentados de julio del 2005.

El comisionado Bratton es el creador de Compstat ( Computer Static o Comparative Statics) un sistema estadístico de control de los delincuentes y que se aplicará en Chile con el nombre de STAD cuyas siglas corresponden a Sistema Táctico de Análisis Delictual.

Esta asesoría nos va aclarando los nuevos protocolos de Carabineros. Si tomamos en cuenta que los delitos han aumentado, que las poblaciones siguen igual de desprotegidas y que los femicidios siguen perpetrándose es dable pensar que el STAD se está enfocando a otros quehaceres, y, su funcionamiento requiere de medidas que se manifiestan en acciones como las señaladas anteriormente.

El sistema de represión se funda en medidas de amedrentamiento y control. Por eso no es casual que las detenciones sean masivas y luego los jueces deban poner en libertad a los detenidos por falta de pruebas. Es evidente que al detener a los manifestantes estos deban entregar su cédula de identidad y algunos datos de residencia, lo cual proporciona una buena fuente de información para engrosar los datos del STAD.

Según El Mercurio, este programa está orientado al trabajo de las distintas unidades de Carabineros para mejorar su funcionamiento, pero no hay que ser genio para pensar que el objetivo principal es el control de los ciudadanos. El hecho que se le pida a cada Jefe de Comisaría, “conocer al dedillo la realidad de su comunidad”[1] hace pensar en las redes que se van a emplear para este conocimiento en profundidad. De allí el interés en una política de delación y soplonaje. De pasada sirve para ir fraccionando la solidaridad poblacional y barrial e ir creando un clima de desconfianza. Ya lo vimos en la dictadura; lo habíamos olvidado. Nadie mejor que este gobierno para recordarnos a Pinochet.

Luisa Bustamante B
Licenciada en Sociología Universidad Arcis
Diplomada en Estudios Griegos y Bizantinos Universidad de Chile
Estudiante de Magister en Filosofía Universidad de Chile

Fecha:23/10/11
Autor:Joaquín García Huidobro

El teniente Durán está preocupado. No se trata simplemente de estar en cama en el Hospital de Carabineros con una pierna quebrada por unos vándalos (3). Sucede que pasar tres meses inmovilizado precisamente en este momento, cuando su comisaría más lo necesita, lo hace sentir incómodo.
Él no ingresó a Carabineros para estar tendido en una cama.
La suya no es la peor entre las lesiones que han sufrido 903 carabineros en los últimos meses, con las llamadas protestas estudiantiles. A él no le han disparado un escopetazo en la cara ni corre peligro de muerte, como otros colegas suyos, incluidas varias carabineras.

El teniente Durán está preocupado porque ve que su gente está agotada. Si la vida habitual de un policía es dura, en los últimos meses ha sido demoledora. A su trabajo normal ha debido sumar el que deriva de la emergencia. No se trata simplemente de estudiantes que reclaman, sino de grupos que parecen tener la perfección de un reloj, que atacan con la coordinación de una guerrilla, donde más pueden molestar. Es como esas torturas donde a la víctima se la priva del sueño, y cada vez que quiere descansar hay alguien que le impide hacerlo.

Mientras tanto, los otros delincuentes, los que roban cajeros automáticos, los que asaltan a la gente en la calle, los que violan, están felices. El gran obstáculo, la presencia disuasiva del carabinero, está distraído por estos nuevos malhechores. Parecen caídos del cielo, o quizá aparecidos de las profundidades de la tierra, de las zonas más oscuras, donde habitan criaturas que tapan sus rostros apenas salen a la luz del día, porque no resisten la presencia benéfica del sol.

El teniente Durán tiene pena por Chile. No se trata simplemente de que la fuerza pública haya bajado un 11,7 % en la aprobación popular en la encuesta ICSO-UDP. Él sabe que el prestigio de los carabineros se basa, entre otras cosas, en que no trabajan para las encuestas ni se preocupan de quedar bien con nadie, como no sea con su deber. Pero esa baja en las encuestas indica que algo grave está pasando, y no precisamente en nuestra policía. Algo anda mal en Chile.

Mientras los carabineros van de un lado para otro, multiplicando sus esfuerzos, teniendo apenas tiempo para comer y dormir, sin poder ver a sus familias, son otros los que hablan. Otros dan su visión de los hechos, y atraen las cámaras con sus caras bonitas y sus palabras seductoras. Son los maestros del relato, los pintores que colorean las cosas del modo que prefieren. Acusan a los carabineros de violencia excesiva: curiosa violencia esa, cuando el que la ejerce termina en el hospital y los agredidos siguen tan campantes.

Los carabineros, mientras tanto, callan. Su silencio no significa que carezcan de algo que decir: simplemente no tienen tiempo ni oficio para ir a los foros televisivos o viajar por el mundo contando cómo unos estudiantes se transformaron en los “invencibles”.

Las encuestas podrán subir o bajar como quieran, caprichosas. Los carabineros tienen que estar en Peñalolén, en los pasos fronterizos, reemplazando a un semáforo que falló, atendiendo un parto, recogiendo a los niños de la calle, o intentando, a altas horas de la madrugada, que la embriaguez de un adolescente no se transforme en un accidente fatal.

Los carabineros son la fuerza que tiene un carácter público, la fuerza legítima. Forman parte, en palabras de Hölderlin, de este muro que protege al jardín. Mientras tanto, nosotros, adentro, jugamos. Es bueno que juguemos, es bueno que leamos, conversemos y nos riamos tranquilos.

Podemos hacerlo porque hay un muro que nos protege, una fuerza pública que, con su uniforme, su placa y su rostro descubierto, nos indica que es el brazo que está puesto por la ley para protegernos. También cuando, de modo excepcional, debe cubrir su cabeza con un casco, porque la ley es más débil de lo que parece.

Es bueno que opinemos y teoricemos, gracias a que hay otros que no pueden hablar ni tienen tiempo para teorías. Todo eso es bueno. Lo que no es bueno es que seamos unos ingratos. No es bueno que nos crucemos con una pareja de carabineros sin que, alguna vez en la vida, les dirijamos un saludo. No es bueno que olvidemos darles las gracias, al menos interiormente. No es bueno que nosotros, los que tenemos tiempo para comentar y discutir, seamos incapaces de advertir que alguien nos está engañando. Porque mientras el teniente Durán y otros como él están mudos, los reyes de la palabra y la imagen nos están contando sobre ellos una historia que no existe.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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