Barriles, arrobas y bonos

Fecha:17/10/11
Autor: Jeffrey Frankel

Cambridge – Los precios de hidrocarburos, minerales y productos agrícolas básicos han experimentado constantes altibajos. Si bien los precios de los productos básicos son siempre más variables que los de los bienes manufacturados y los servicios, a lo largo de los cincos últimos años los mercados de los productos básicos han tenido una inestabilidad extraordinaria, casi sin precedentes.

Los países especializados en la exportación de petróleo, cobre, hierro, trigo, café y otros productos básicos han tenido un auge, pero son muy vulnerables. Los precios de los productos básicos en dólares podrían desplomarse en cualquier momento, a consecuencia de una nueva recesión, un aumento de los tipos de interés reales en los Estados Unidos, fluctuaciones en el clima o factores azarosos propios de cada sector.

Los países que tienen pasivos circulantes en dólares u otras divisas extranjeras son particularmente vulnerables. Si sus ingresos por exportación se desplomaran en relación con sus obligaciones del servicio de la deuda, el resultado podría ser crisis parecidas a la de América Latina en 1982 u otras crisis de las divisas asiáticas o la rusa del período 1997-1998.

Muchos países en desarrollo han logrado avances desde el decenio de 1990 en el paso de la deuda denominada en dólares a la inversión extranjera directa y otros tipos de entradas de capitales o al saldar totalmente sus deudas, pero algunos exportadores de productos básicos siguen buscando formas de endeudarse que no los expongan a un riesgo excesivo.

Los bonos sobre productos básicos pueden ofrecer una forma idónea de eludir dichos riesgos. Los exportadores de cualquier producto básico determinado deberían emitir deuda denominada en el precio de dicho producto básico y no en dólares o cualquier otra divisa. Jamaica, por ejemplo, emitiría bonos sobre el aluminio, Nigeria emitiría bonos sobre el petróleo, Sierra Leona emitiría bonos sobre el mineral de hierro y Mongolia emitiría obligaciones sobre el cobre. Los inversores podrían comprar bonos sobre el café de Guatemala, sobre el cacao de Costa de Marfil, sobre el caucho de Liberia, sobre el algodón de Malí y sobre el oro de Ghana.

La ventaja de dichos bonos estriba en que, en caso de un descenso del precio mundial del producto básico subyacente, la relación entre la deuda y las exportaciones no tiene por qué aumentar. El costo del servicio de la deuda se ajusta automáticamente, sin el grave trastorno resultante de la pérdida de confianza, la crisis, la reestructuración de la deuda y demás.

La idea no es nueva. Así, pues, ¿por qué no se ha probado a aplicarla antes? Cuando se pregunta a los ministros de Hacienda de los países deudores y exportadores de productos básicos, responden con frecuencia que temen una demanda insuficiente de los bonos sobre los productos básicos.

Se trata de una afirmación sorprendente, dado que los bonos sobre productos básicos tienen un evidente mercado latente, enraizado en los fundamentos económicos reales. Al fin y al cabo, las compañías metalúrgicas tienen una necesidad inherente de protegerse contra las fluctuaciones del precio del mineral de hierro, del mismo modo que las compañías aéreas y las de servicios públicos tienen una necesidad inherente de protegerse contra las fluctuaciones del precio del petróleo.

Cada uno de esos productos básicos es un insumo importante para las grandes empresas. No cabe duda de que existe al menos tanta demanda natural para los bonos sobre productos básicos como para las permutas de cobertura por impagos y algunos de los derivados exageradamente complicados con los que se comercia actualmente.

Para hacer que un mercado tenga éxito, hace falta liquidez y puede ser difícil lograr que comience hasta que logre cierta masa crítica. El problema puede estribar en que no haya muchos inversores que quieran tomar una posición a largo plazo relativa al petróleo y simultáneamente un riesgo crediticio nigeriano.

Un organismo multilateral como el Banco Mundial podría desempeñar un papel decisivo en el lanzamiento de un mercado de bonos sobre productos básicos. Resultaría particularmente idóneo en los países en los que el Banco ya presta dinero.

Funcionaría del modo siguiente. En lugar de denominar un préstamo a Nigeria en dólares, el Banco lo denominaría en el precio del petróleo y se aseguraría contra el riesgo que entraña el precio mundial del petróleo emitiendo determinada cantidad de bonos denominados en petróleo. Si el Banco prestara a múltiples países exportadores de petróleo, el mercado de bonos sobre el petróleo que crease sería tanto más amplio y líquido. Esa función aunadora sería particularmente importante en casos en los que haya diferentes grados o variedades del producto (como en los del petróleo y el café) y en los que los precios puedan diverger lo suficiente para representar una importante diferencia para los exportadores.

Una opción substitutiva para algunos exportadores de productos básicos es la de protegerse contra el riesgo vendiendo en el mercado de futuros, pero una desventaja importante de los derivados es su vencimiento a corto plazo. Un país del África occidental con reservas de petróleo recién descubiertas tiene que financiar la exploración, la perforación y la construcción de oleoductos, por lo que debe protegerse en un horizonte temporal de entre diez y veinte años, no de noventa días.

Otra desventaja de los derivados estriba en que requieren un alto grado de complejidad tanto técnica como política. En caso de aumento del precio de un producto básico, un ministro de Hacienda que haya hecho un excelente trabajo de protección contra el riesgo por exportación en el mercado de futuros se verá de repente acusado de haber jugado con el patrimonio nacional y haber perdido. Ese problema del agente principal queda muy reducido en el caso de los bonos sobre productos básicos.

Si los genios de las finanzas internacionales fueran capaces de reunirse y poner en práctica esta idea ahora, los exportadores de productos básicos podrían evitar el desastre la próxima vez en que el precio de su producto se desplome. El Banco Mundial debería hacer suya esa causa.

Jeffrey Frankel es profesor de Formación de Capital y Crecimiento en la Universidad de Harvard.

Anuncios

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: