La voz de los ciudadanos

Fecha: 18/10/11
Fuente: AFP

Los movimientos de indignados que proliferan en todo el mundo representan una nueva vía de participación política. Esta forma no organizada exige a las instituciones como los partidos políticos o los sindicatos un diálogo permanente que pone en entredicho su autoridad.

A primera vista, se trataba de una manifestación como cualquier otra, una marcha de protesta clásica en la vía pública. El sábado 15 octubre, en todo el mundo, la gente respondió  a la llamada de los “indignados”, que invitaban a la población a tomar las calles. En Fráncfort, varios miles de ciudadanos se reunieron y caminaron hacia el barrio financiero, hasta el edificio del Banco Central Europeo (BCE). La marcha comenzó y acabó con las declaraciones habituales. Pero el interés de esta jornada era otro.

Lo que se gestaba en Internet se manifestó en la calle. Se vieron muchas parejas, en particular gente de cierta edad. Si los partidos políticos estaban poco representados, los sindicatos estaban directamente ausentes. Eran pocos los grupos de más de cinco personas. Esta manifestación agrupaba a personas que habían optado por salir de una sociedad anónima para acceder a una comunidad integrada por desconocidos.

Sus motivaciones parecían diversas. Un persona de edad avanzada comentaba su temor a la guerra. Un grupo de jóvenes se negaba rotundamente a quitarse las máscaras inspiradas en el personaje de V de Vendetta. En las filas de manifestantes, se encontraba tanto gente de broma como ciudadanos que cumplían seriamente una misión. Resulta difícil determinar el perfil y las reivindicaciones de los indignados. Pero esta pregunta quizás no es la que más importe. Hay otras dos que sin duda tienen más peso: ¿cómo ha surgido esta forma de protesta? ¿Y cómo puede aprovechar la sociedad su potencial?

En este movimiento, la protesta en la vía pública ya no es un medio para apoyar la lucha de un sindicato o de un partido político. Son los ciudadanos mismos los que se representan.La protesta se dirige contra las instituciones, pero ellos tienen buen cuidado para no institucionalizarse.Cada uno toma la iniciativa individual de manifestarse y, con este acto de protesta, entra en una comunidad.

El presidente estadounidense Barack Obama, que siempre reaccionó a las reivindicaciones políticas de los ciudadanos planteando la misma pregunta, “Where is the movement?” [¿Dónde está el movimiento?], se enfrenta hoy a una corriente que no reúne reivindicaciones comunes. El proceso tradicional de protesta se ha invertido.Este diagnóstico,realizado hace quince días por el catedrático de periodismo estadounidense Jeff Jarvis a propósito del movimiento neoyorquino, también se puede aplicar a Alemania: en este caso nos encontramos ante una “revolución mediante hashtag”. La expresión es una hipérbole, porque el movimiento no es una revolución. Aunque muestre una mutación estructural interesante.

El hashtag [palabra o frase que comienza por “#”], utilizado en las redes sociales para clasificar por temas las noticias y los comentarios, se ha convertido en un eficaz modo de coordinar la comunicación y debilita otra lógica centralizadora hasta ahora en vigor: la autoridad del autor. Se discuten cuestiones de fondo, o mejor aún: se asocia cada vez con más frecuencia al ciudadano, allí donde aparece el hashtag correspondiente, sin depender de los medios de comunicación dominantes.

De momento, la función del hashtag en el debate público parece aún limitado. Pero la innovación suscita interés en Alemania, sobre todo entre los partidos oficiales. Los programas políticos, desprovistos desde hace tiempo de sentido, actualizados en función de los plazos electorales e ideados para que sean válidos a medio plazo, deberían perder la poca credibilidad que les queda. En su lugar surgen nuevas formas de comunicación entre la política y la opinión, basadas en el debate continuo.

Llevando el análisis un poco más lejos, podría decirse que el movimiento de los indignados no es una revuelta como las que suelen verse, sino el rostro de una nueva forma de implicación política. Si bien esta participación ciudadana se orienta aún hacia formas de acción conocidas, se basa en mecanismos totalmente nuevos. Representa ya un potencial de movilización considerable. Y se distingue sobre todo por un aspecto: triunfa ante el desencanto que se siente con respecto a la política.

Fecha:16/10/11

Miles de personas alrededor del mundo manifestaron ayer su “indignación”, principalmente contra el sistema financiero internacional y las instituciones políticas. El diario español El País cifraba en 951 ciudades, de 82 países, las que participaron en la jornada de protesta.

La manifestación global había sido convocada por diversas organizaciones y a través de las redes sociales la semana pasada, inspirada principalmente en los “indignados” españoles del llamado 15-M y en los norteamericanos del movimiento “Ocupen Wall Street“. De hecho, varias de las protestas de ayer se hicieron eco de este eslogan con llamados como “Ocupen la Bolsa de Londres” u “Ocupen Seúl”, entre otros.

Pese a que las críticas al orden económico mundial y al sistema político fueron temas comunes, lo cierto es que éstas se organizaron en torno a una agenda variopinta, en función de las realidades de cada país.

Así, por ejemplo, en Madrid los temas dominantes fueron el alto desempleo (más de 20% de la fuerza laboral activa) y los recortes del gasto público; los “indignados” norteamericanos y alemanes centraron su enojo en la banca privada; en Israel la queja principal fue contra el costo de la vivienda y de la vida en general; los japoneses, contra la energía nuclear; los australianos reclamaron por los derechos aborígenes, y en otros lugares hubo críticas a la privatización del agua, el sistema de pensiones y las ganancias de las multinacionales.

Con excepción de Roma y Madrid, donde las protestas congregaron a decenas de miles de personas, en otras ciudades los manifestantes sumaron varios miles, y en la mayor parte algunos centenares. “La jornada mostró protestas coordinadas alrededor del mundo, la mayoría pequeñas”, resumió la BBC.

Indignación mundial

Los violentos incidentes en Roma fueron la excepción en una jornada casi universalmente pacífica. Según medios italianos, pequeños grupos de jóvenes encapuchados fueron los que desataron los choques con la policía, luego de atacar una sede bancaria y quemar un autopatrulla, con un saldo de al menos 70 heridos.

El presidente del Banco de Italia, Mario Dragui, tuvo palabras de simpatía hacia los manifestantes. “Los jóvenes tienen derecho a estar indignados. Están enojados con el mundo de las finanzas, yo los entiendo”, dijo Dragui a la prensa local.

En Londres, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, apareció de improviso en una marcha cubriendo su rostro con una máscara, que la policía le exigió quitarse. Assange, quien está detenido en la capital británica mientras se tramita su eventual extradición a Suecia, se dirigió brevemente a los manifestantes: “Les pido que exijan que las cuentas bancarias en el extranjero sean abiertas y transparentes, de igual forma que a mí me han obligado a ser transparente”.

En varias ciudades de América Latina hubo protestas de “indignados”, aunque la mayoría no llegó al centenar de participantes. En Sao Paulo se congregaron unos 200 manifestantes y en Río de Janeiro fueron cerca de 150, bajo consignas contra la “falsa democracia”, las “elites financieras” y los partidos políticos. En Lima, medio millar de jóvenes declamaban que “la tierra y el agua son de las personas, no de las empresas”. En ciudades como Managua, Montevideo, San José, Asunción y otras, las manifestaciones convocaron a unas pocas decenas de participantes. La protesta en Santiago fue la más concurrida del día en la región.

En el mundo árabe, en tanto, el movimiento indignado global tuvo escasa repercusión y sólo algunas decenas de personas salieron a apoyarlo en las capitales de Egipto y Jordania. “Unidos por un cambio global” y “Estamos con el socialismo económico y contra la dominación del capitalismo estadounidense“, rezaban dos carteles en Ammán, según reportes de la agencia Efe.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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