Razones de sobra para ser optimista

Fecha:08/10/11
Autor: Ricardo Acevedo Z.

Estudios demuestran que los optimistas viven más, se enferman menos y son más exitosos en la vida. Pero no se desanime si no es uno de ellos. La genética influye en esta capacidad, pero también existen estrategias para adquirirla.

En el año 1932, 180 monjas de una orden religiosa de Kentucky, EE.UU., tuvieron que escribir biografías sobre sí mismas. Era un ejercicio más bien espiritual, un ensayo diseñado para probar sus habilidades de redacción que no debía exceder las 300 palabras. Durante décadas este material permaneció archivado en la biblioteca. Hasta que a fines de los 90, dos estudiantes de Sicología de la Universidad de Kentucky los encontraron. Algunos años más tarde, en 2001, presentaron lo que se considera una de las primeras pruebas de los efectos del optimismo en la salud de las personas.

El llamado Estudio de las Monjas demostró que el contenido emocional de las cartas estaba estrechamente relacionado con la cantidad de años que habían vivido las religiosas en cuestión: aquellas que expresaban emociones positivas, como alegría o esperanza, vivían un promedio de siete años más que aquellas menos optimistas. Todavía más, la relación se incrementaba a 9,5 años para las más positivas y 10,5 años para las que usaban gran variedad de palabras animosas en sus cartas.

Durante la última década, diversos estudios han alcanzado conclusiones similares: La actitud positiva rinde óptimos beneficios para la salud de las personas. No es un efecto mágico, simplemente ocurre porque los optimistas se cuidan más, son más extravertidos y tienen una vida social más intensa, todo lo cual incide positivamente en la salud. ¿Efectos concretos? Menos estrés, menos enfermedades respiratorias, mejor sistema inmune e incluso menos probabilidad de resfriarse si lo ataca un virus.

Y si bien los estudios indican que hay un componente genético en el optimismo, no se desanime, ya que se estima que al menos un 40% de nuestra “capacidad para sonreír” se consigue con un simple cambio de actitud. Efectivamente, el optimismo se puede adquirir y hasta se contagia. Escuchar música o rodearse de gente alegre, son estrategias simples que han probado ser exitosas.

Mejores decisiones

Y el primer punto a favor del optimismo está dado por nuestra propia biología. Todos tenemos la capacidad natural para mirar el futuro de manera positiva, una habilidad que los científicos llaman “sesgo optimista”. Se trata de una adaptación evolutiva que nos permite imaginar un futuro positivo en lugar de quedarnos “pegados” en experiencias negativas del pasado. El cerebro, a través de la corteza cingulada anterior rostral, bloquea la acción de los centros encargados del miedo (la amígdala), lo que nos permite centrarnos en la cara amable de la vida, en lugar de ver sólo el lado negativo.

Uno de los primeros estudios en analizar el funcionamiento de este “sesgo” fue realizado por la sicóloga del University College de Londres, Tali Sharot, quien analizó los recuerdos de personas afectadas por el atentado a las Torres Gemelas en 2001: la mayoría de quienes vivieron esta experiencia no era capaz de recordar con detalle lo ocurrido. Haga el ejercicio usted mismo. ¿Recuerda cada detalle de lo que sucedió durante el terremoto de 2011? Lo más probable es que encuentre muchas lagunas en su memoria.

En el libro Tu Cerebro y los Negocios, el autor estadounidense Srinivasan Pillay(2) señala que esta misma capacidad explica por qué el optimismo es un rasgo común en los líderes. Las personas optimistas tienen mayor control sobre sus emociones y eso las vuelve más capaces para controlar el miedo al enfrentar imprevistos. Es así que toman mejores decisiones. Las investigaciones indican, además, que el estado de ánimo positivo intensifica la actividad en la zona responsable de calcular el peligro durante actividades como la planificación. ¿Resultado? Mejor atención y habilidad para resolver problemas, mayores posibilidades de alcanzar el éxito en cualquier tarea.

Más vida y salud

No es todo. Además del estudio de las monjas, científicos de la U. de Duke, que siguieron durante 40 años a más de 7 mil personas, concluyeron que los pesimistas tenían un 42% mayor probabilidad de morir por alguna enfermedad potencialmente fatal que las personas optimistas. Un estudio de la Clínica Mayo, por ejemplo, explica que estos efectos se deben a que el optimismo disminuye el estrés. En una investigación, comprobaron que las personas con actitud positiva duermen mejor y tienen menos cefaleas y dolores de cabeza.

Similar conclusión alcanzó otra investigación del University College de Londres, que señala que el efecto “sanador” del optimismo se debe a que reduce los niveles de cortisol en el organismo, la llamada hormona del estrés. El sistema inmune también se fortalece: un estudio de la U. de Kentucky, EE.UU., demostró, por ejemplo, que las personas optimistas tienen una respuesta más rápida a las vacunas que las personas pesimistas. Otros estudios han comprobado que las personas optimistas también se resfrían menos por circunstancias similares. Otras investigaciones agregan: mejor salud cardiovascular, menos probabilidad de hipertensión y enfermedades como úlcera, asma o artritis. Las fobias y miedos también registran menor incidencia en los optimistas.

Inocule su optimismo

Lo cierto es que existe una variable genética que hace que unas personas sean más optimistas que otras. Una investigación dada a conocer en 2009 por la U. de Essex, Inglaterra, demostró que las personas que resaltan lo positivo tienen una variante más larga de un gen relacionado con el transporte de la serotonina, sustancia que está involucrada en la regulación del ánimo. Sin embargo, el mismo estudio advierte que el entorno y la autorregulación de las emociones también ayuda a desarrollar una mirada positiva de la vida.

¿Se puede inocular el optimismo? Un estudio de la Universidad de Harvard plantea que sí. Demostró que al igual que ocurre con la felicidad, el optimismo también es contagioso. Según este estudio, cuando uno está en compañía de gente alegre y optimista, tiene un 25% más de probabilidad de experimentar un estado de ánimo parecido. Y si usted es un optimista incorregible, puede contagiar también a sus cercanos, agrega la investigación. En contraste, tener más dinero difícilmente lo hará más feliz, según otra investigación de la misma Universidad, que cuantificó en 2% el aumento de optimismo en personas que ganaban premios de Lotería. Hay más recetas. La música también ha probado ser un antídoto contra el pesimismo. Una investigación de la Universidad canadiense de McGill, Montreal, señala las canciones con acordes mayores ayudan a mejorar el estado de ánimo, ya que al escuchar música el cerebro libera dopamina, la hormona del bienestar y el pacer. Algo similar ocurre con las películas: filmes como Amélie, Mejor Imposible y Cantando Bajo la Lluvia han sido usados en experimentos demostrando mejorar el ánimo de los espectadores. ¿Se siente triste? Pruebe con música alegre, escoja una buena película o visite a ese amigo que siempre se la pasa riendo.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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