El presidente de EE.UU considera que es una respuesta popular a la peor crisis que vive el país desde la Gran Depresión.

Fecha:07/10/11

Barack Obama dijo, en su primera alusión a las protestas organizadas bajo el emblema de Ocupa Wall Street, que ese movimiento “refleja la frustración” del pueblo norteamericano por la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Con esta declaración, el fenómeno que empezó como una expresión marginal y que nunca ha generado movilizaciones significativas, entra en el centro del debate político en Estados Unidos en un momento histórico en que la confusión ideológica y la decepción con el sistema prenden aquí como lo han hecho en otras partes del mundo.

Las personas que respaldan Ocupa Wall Street “dan voz a una frustración de más amplio espectro sobre el funcionamiento de nuestro sistema financiero”, dijo el presidente en una conferencia de prensa. Obama no profundizó más sobre el alcance político o las consecuencias de ese movimiento, pero el vicepresidente, Joe Biden, en una entrevista concedida también el jueves anterior, precisó que las protestas iniciadas en las calles de Nueva York “tienen mucho en común con el Tea Party“.

Ambos movimientos nacen de las quejas populares por los orígenes y los efectos de la crisis económica, y aunque uno está apoyado por la izquierda y otro por la derecha, los dos dicen hablar por los ciudadanos sencillos que no se sienten adecuadamente representados en las actuales instituciones democráticas. Ocupa Wall Street pide atención para “el 99% de los norteamericanos a los que no escucha”; el Tea Party reclama “devolver el poder al pueblo”.

Ocupa Wall Street denuncia la codicia e inmoralidad de los banqueros. El Tea Party, como recordó ayer Biden, nació en 2009 como protesta por el plan de rescate del sistema bancario, que costó más de 700.000 millones de dólares. La persistencia de la crisis que empezó en 2008 y sigue provocando hoy una raquítico crecimiento económico y un desempleo del 9% es una razón muy justificada para cualquier aventura política. El Tea Party lo fue en sus inicios: una cándida protesta de jubilados y amas de casa que creían necesario defender valores perdidos -en ese caso valores religiosos y tradicionales- en el afán pecaminoso por el dinero. Pero pronto se convirtió en un excelente instrumento de movilizar el voto de derechas contra Barack Obama, a lo que ayudó la extensa cobertura de la cadena Fox News.

Ocupa Wall Street era también hasta el miércoles una manifestación espontánea de queja, igualmente interesada en la defensa de valores perdidos -en ese caso viejas aspiraciones hippies de solidaridad y humanidad- y que en su propia marginalidad encerraba su pureza.

El miércoles se le unieron los sindicatos y gracias a eso consiguieron, por primera vez, reunir unos pocos miles de personas. Pero ese apoyo es un arma de doble filo. Pocas organizaciones en Estados Unidos hay más institucionalizadas y corruptas que los sindicatos. Son, sin duda, un gran aliado en la agitación y la movilización del voto para los demócratas, pero su pureza reivindicativa se perdió décadas atrás. Son, exclusivamente, una parte del aparato político de la izquierda.

Eso no le resta legitimidad al movimiento Ocupa Wall Street, algunos de cuyos portavoces han asegurado que no se dejarán gobernar ni intimidar por los sindicatos.

Pero sí condiciona su desarrollo. Por sí solo, el movimiento, aunque extendido, tenía muy difícil futuro. El miércoles, la manifestación de apoyo en Washington reunió a “entre 50 y 70 personas”, según los organizadores. Ayer esa cifra ascendió a unos centenares, dentro de dos convocatorias separadas cuyos promotores no sabían aún si unirse. Sin embargo, como parte de una misión para devolverle la moral a la izquierda y favorecer su asistencia a las urnas, sí puede cumplir un papel de cierta importancia.

Es decir, como un instrumento de contrapeso de izquierdas al Tea Party, Ocupa Wall Street puede ser útil; como el romántico movimiento revolucionario inspirado en la primavera árabe, que es como lo presentan algunos de sus defensores, su horizonte es bastante limitado.

En la causa de la movilización del voto progresista está el propio Obama, y de ahí sus palabras comprensivas hacia los que protestan contra el sistema. El presidente advirtió que Estados Unidos se enfrenta a una seria amenaza si no se actúa urgentemente para combatir el paro. “Podemos acabar con problemas significativamente mayores de los que tenemos ahora”, dijo.

Después de dos años de cortejar a los republicanos en busca de proyectos consensuados, el presidente ha decidido, ante la proximidad de la campaña electoral y su mala posición en las encuestas, recuperar su apoyo entre los demócratas, de los que el jueves reconoció que estaban “frustrados”, y movilizar el voto progresista.

Obama expresó sus simpatías por una propuesta presentada por los demócratas en el Congreso para cargar un suplemento del 5% en los impuestos que pagan las personas que ingresan por encima de un millón de dólares anuales. Se la trata de la concreción de la tasa Buffet que la Casa Blanca había anunciado para aumentar la presión fiscal sobre los ricos. El presidente dijo que ese impuesto “no es resucitar la lucha de clases”, sino la única forma de poder ayudar a las clases medias. El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, dijo que esta conferencia de prensa era “la prueba de que Obama ha decidido dejar de gobernar para hacer campaña”.

Fecha: 04/10/11
Artículo:‘Indignados’ en EE.UU. Movimiento ‘Ocupa Wall Street’ toma fuerza en Nueva York

Han recibido donaciones y de a poco surge una organización, a pesar del rechazo a cualquier tipo de liderazgo.

Cuando empezaron hace más de dos semanas, los manifestantes que querían “ocupar” Wall Street no sabían muy bien qué pasaría, aunque desde entonces han recibido donaciones por 35.000 dólares y de a poco surge una organización, a pesar del rechazo a cualquier tipo de liderazgo.

La convocatoria para acampar frente a la Bolsa de Nueva York fue lanzada a través de internet por la organización anticonsumista Adbusters -fundada en 1989 en Vancouver (oeste de Canadá) y que publica la revista del mismo nombre- y grupos de izquierda.

Sin embargo, el colectivo denominado “Occupy Wall Street” asegura tener vida autónoma y rechaza hoy en día toda filiación, jerarquía o liderazgo; en tanto convocó una nueva movilización para el miércoles a las 20H30 GMT, desde la Alcaldía de Nueva York a Liberty Plaza, con el apoyo de algunos sindicatos.

“No estamos afiliados con Adbusters, Anónimos (otro grupo anarquista) ni ninguna otra organización”, proclama el sitio www.occupywallst.org, la vidriera en la web de la protesta contra el corporativismo y la codicia del sector financiero estadounidense en Nueva York.

En Liberty Plaza, el lugar donde los manifestantes acampan desde el pasado 17 de septiembre a 300 metros de Wall Street, la pregunta sobre quiénes están a cargo de la protesta encuentra siempre la misma respuesta. “No hay jefe. Cada puesto se organiza por sí mismo”, dice por ejemplo Brendan de pie junto al improvisado “Media Center” donde unos chicos trabajan con sus ordenadores cargando material en el sitio web. Victoria Sobel, de 21 años y estudiante de arte en The Cooper Union -institución situada en Manhattan- integra desde hace unos días el comité financiero de “Occupy Wall Street”.

“Somos cinco, seis personas, más dos auditores que van a sumarse”, explica a la AFP esta enérgica chica, que aparenta más de su edad, al referirse al grupo de personas ocupado de manejar las cuentas de los manifestantes, mucho de ellos de tendencia anarquista. “Al principio teníamos una cuenta individual, de la persona que se ocupaba de la comida, porque no sabíamos cuán grande iba a ser. Pero la gente es muy generosa y si bien las donaciones eran solo para comida, llegamos a 10.000 dólares y nos dimos cuenta que no podíamos seguir así”, cuenta.

El flujo de donaciones y la necesidad de utilizarlas no sólo para comida sino para otros insumos (frazadas, gas para los generadores), así como el hecho de requerir una contabilidad transparente, forzó a los manifestantes a tener que abrir una cuenta bancaria como organización sin fines de lucro.

Pero dado la falta de estructura con la que comenzaron, eso no fue tan sencillo y recién se logró en los últimos días gracias a la ayuda de quienes preparan la “ocupación” de Washington, más experimentados, y otra organización sin fines de lucro, relata Victoria sentada junto a una caja registradora y unos cuadernos y carpetas donde anota los ingresos y gastos.

Al día de hoy, “Occupy Wall Street” ha recibido donaciones por 35.000 dólares, de los cuales han gastado unos 8.000 USD. “Las donaciones que han llegado a nosotros a través de los fondos generales son de probablemente unos 35.000 dólares. Tenemos cerca de 27.000. No hemos usado mucho”, señala.

Según el sistema aplicado por los manifestantes hasta ahora, los diferentes grupos (cocina, seguridad, limpieza, medios, etc) puede utilizar hasta 100 dólares sin tener que pasar el filtro de la asamblea general. Todo gasto superior necesita la aprobación de esa instancia.

En el puesto donde se reparte la comida, Claire Lebowitz, una actriz de 28 años de Brooklyn (sudeste) explica que “la major parte de los alimentos la trae la gente” y sólo se compra “leche, azúcar” y algún otro insumo de primera necesidad. En efecto, las improvisadas mesas aparecen repletas de ensaladas, tortas, arroz: “la gente compra cosas, viene y las dona. Toda la comida es donada”, cuenta esta chica que se sumó a la protesta a mediados de la semana pasada.

Como Bredan, Claire reitera casi en forma mecánica el leitmotiv que “nadie está a cargo”. De su lado, y al ser consultada sobre la participación de Adbusters, Victoria presenta su versión: “Tenemos su solidaridad, pero no están aquí”, dice.

Acceso livestream channel
Más información audiovisual

Fecha:09/10/11
Autor:José Manuel Simián

Cientos de norteamericanos llevan tres semanas protestando contra el sistema financiero. Ocupan calles, puentes y parques en Nueva York. Seguimos a uno de ellos, TimPool, para entender qué piensan, cómo se mueven y qué sienten estos furiosos ciudadanos.

Para protegerse de la lluvia de Wall Street, Tim Pool no tiene una carpa. Tiene un paraguas. “La lluvia es horrible”, dice este joven de 25 años. Está a un costado de Zuccotti Park, la plaza situada a pocos metros de la Bolsa de Valores y que desde el 17 de septiembre se ha convertido en símbolo del descontento con el sistema financiero. “Antes tenía una esterilla para mi saco de dormir, pero alguien se la llevó”.

Mientras Pool habla con voz calmada, a pocos pasos de donde se construye el nuevo World Trade Center, a su alrededor pasan turistas, policías y algunos de los cientos de manifestantes que participan en Occupy Wall Street. Mientras ellos marchan con tambores, disfraces y pancartas, Tim no parece tener apuro. Su historia es distinta a la de sus compañeros de armas, pero esa parece ser una de las constantes del movimiento: todos tienen razones distintas para haber llegado aquí. En su caso, fue un video que vio hace dos semanas, cuando la protesta iba en su cuarto día.

“Vi un video en que la policía arrastraba a un hombre por los pies, y cuando lo dieron vuelta, sus manos estaban sangrando. Eso me enfureció”, dice. Pero las motivaciones de Pool para sumarse a la ocupación también pueden conectarse con su historia familiar. Creció en Chicago en una familia de cuatro hermanos, que en los últimos años pasó “de la clase media a la media baja”. Su padre era bombero y su madre vendía autos. Pero la madre perdió el empleo y el dinero comenzó a faltar.

“Teníamos una casa, dos autos y comíamos como una familia estadounidense promedio: carne y puré de papas. Pero cuando las cosas comenzaron a ir mal, mis padres dejaron de pagar la hipoteca. Y luego no teníamos ni siquiera para comprar comida, el refrigerador estaba siempre vacío”.

A pesar de que ese panorama de decadencia económica es una historia común en el Estados Unidos del siglo XXI, la de Pool tiene un rasgo más inusual. A los 14 años sus padres lo autorizaron a dejar la escuela. Junto a su hermano, se autoeducaron con libros que recibían por correspondencia. “Tener un sistema educacional que te dice que tienes que aprender algo en un plazo específico es absurdo. A gente como yo le puede tomar un día, pero a otros, dos semanas, y luego los castigamos por eso, por ser diferentes”.

Pool no fue a la universidad, pero asegura tener una serie de habilidades -músico, skateboarder, videísta, capaz de montar sus propios computadores-. Está desempleado y viviendo de sus ahorros junto a su hermano en Newport, Virginia. Su último trabajo, recaudando fondos para una ONG, le reportaba US$ 33.000 (un salario modesto). Por eso, cuando vio el video, decidió que su tiempo iba a estar mejor empleado en Wall Street. “¿Que por qué estoy aquí? Porque algo está pasando en este lugar, aunque no sepamos bien qué es”, dice. “Mucha gente está hastiada de vivir en un sistema injusto”.

Pool confiesa que su vida en Newport era, a pesar del desempleo, bastante cómoda. “Vivo en un tráiler muy bonito con mi hermano, y con eso ahorramos en arriendo. Tengo una buena cama, una televisión pantalla plana conectada al cable y un XBox. Es difícil pasar de eso a dormir en el parque. Pero mucho más importante que las comodidades o divertirse es ser parte de la historia y ayudar a otros. Alguien dijo hace poco que aquí estamos haciendo ‘cosas de Jesús'”.

De las 12 noches que lleva siendo parte de Occupy Wall Street, la mitad las ha pasado durmiendo a la intemperie en el parque, y la otra mitad en casas de simpatizantes del movimiento. La noche del lunes fue una de esas noches: una amiga que hizo en la manifestación lo invitó a su departamento en Brooklyn. Había sido el final de un día largo para Pool, pero no distinto a cualquiera de los que ha pasado en Zuccotti Park. Por la mañana se despertó en la plaza y desayunó en la cocina común que los manifestantes han instalado. Luego estuvo “en discusiones políticas” y por la tarde filmó un video donde un manifestante hablaba sobre la protesta. El resto de la tarde, ambos la pasaron en un bar frente de la plaza (“tomamos agua, no cerveza, y comí papas fritas”), lidiando con un problema en su software de edición de videos. Cerca de las 6 volvieron a la plaza a comer, “seguir discutiendo de política” y participar de la asamblea general que se realiza todos los días a las 7. Después de eso partió a Brooklyn, donde se duchó y lavó ropa.

Pool no tiene una ideología política demasiado definida -y en eso coincide con la mayoría de los manifestantes-, pero sí ideas bastante claras sobre economía y política. Para comenzar, no cree que la culpa de la crisis económica sea del gobierno de Barack Obama (por quien no votó en 2008: lo hizo por el republicano libertario Ron Paul). “No culpo a Obama, para nada. Siempre trato de imaginarme qué haría yo si tuviera que manejar a un grupo de gente donde la mitad quiere una cosa, y la otra mitad otra. No creo que una sola persona tenga el poder para controlar este sistema gigantesco, esta economía global”.

Para Pool, gran parte del problema radica en que el sistema político estadounidense ha sido capturado por las grandes compañías. “No podemos permitir que estas gigantescas compañías sigan inyectándole plata a nuestro sistema político”, declama, subiendo la voz. “La política es para beneficiar a la gente. El gobierno es de la gente. Y cuando tienes a una empresa que sólo defiende sus propios intereses, permites que millones de dólares ahoguen las voluntades del pueblo. El lucro sólo beneficia a un grupo pequeño. Eso tiene que cambiar”.

“No creo que esto vaya a durar para siempre”, dice sobre el futuro de la ocupación, especialmente ahora que comienza el frío invierno neoyorquino. “Soy escéptico por naturaleza. El mejor resultado sería que salieran cambios legales, que elimináramos ciertas leyes y creáramos nuevas”.

Antes de despedirnos, le pregunto qué titular le gustaría ver en la portada del New York Times. Después de todo, una de las grandes quejas de los manifestantes es que los medios no le han dado a la toma la cobertura que merece.

¿Cualquier titular?– dice, abriendo los ojos, como un niño-. Esa es una pregunta muy difícil.

Y tras pensarlo un poco, responde:

-Que los humanos se han unido para encontrar un mañana mejor y van a comenzar a trabajar en ello lo antes posible.

Fecha:06/10/2011
Autor:Axel Christensen | Director ejecutivo de BlackRock Sudamérica
Artículo:Mundo: Indignators

El movimiento Occupy Wall Street lleva tres semanas de manifestaciones en Nueva York, y en sus peticiones hay señales de un creciente malestar con algunos elementos que están en la misma esencia de EE.UU., como es la iniciativa privada

Van ya tres semanas en que el autodenominado movimiento Occupy Wall Street (OWA) hace manifestaciones en Nueva York, en un patrón similar a los “Indignados” españoles. Si bien aún sólo son centenares de manifestantes, ya esta semana alcanzaron notoriedad por ocupar el emblemático puente de Brooklyn.

Calificados como el equivalente en la izquierda política del ultraconservador Tea Party, el OWA ha recibido recientemente el apoyo de varias organizaciones sindicales. Pero una revisión de su Manifiesto hace difícil encasillarlos dentro de los típicos movimientos antisistemas que se hicieron conocidos por sus protestas en reuniones de jefes de estado del fenecido grupo de países desarrollados G7, reemplazado ahora por los G20, que influyen a emergentes como China y Brasil.

¿Que es lo que pide este nuevo movimiento social, constituido en el mismísimo centro mundial del capitalismo, que se une a la ola que han ido apareciendo en Europa, los países árabes y América Latina?

Aunque más que una lista de demandas el Manifiesto de los OWA parece un libro de quejas, es interesante ver en las peticiones señales que llevan a entender un creciente malestar de la sociedad norteamericana con algunos elementos que están en la misma esencia de ese país, como la iniciativa privada. En particular, los reclamos contra el sector corporativo, visto como una amenaza contra las personas y el medioambiente, y las pancartas con el eslogan “People, not Profits” son demostraciones de que algo parece estar cambiando.

Para ser justos, algunas quejas no dejan de tener fundamentos y son compartidas por una amplia mayoría (incluso por el polo opuesto, el Tea Party): el rescate que el contribuyente debió hacer a un irresponsable sector financiero el 2008, para volver a ver cómo sus ejecutivos cobraban bonos multimillonarios el año siguiente.

A diferencia de los europeos, a los estadounidenses no les parecía molestar demasiado algún grado de inequidad, en la medida en que las oportunidades estaban disponibles para todos, ya sea hijo de un millonario o de un inmigrante. Abundan los ejemplos de personas que crearon fortunas a partir de su esfuerzo personal o que llegaron a altas cargos públicos a pesar de orígenes humildes.

La economía norteamericana, si bien mostró crecimiento después de la recesión generada el 2009 por la crisis financiera, nunca vio una recuperación en la capacidad de generar nuevas plazas de trabajo. El desempleo se ha mantenido obstinadamente alto, afectando en particular a la gente joven, donde supera el 20%. Por primera vez en su historia, los norteamericanos ya no creen que sus hijos tendrán una mejor calidad de vida que sus padres. Mucho de ese descontento juvenil es el que se está expresando estos días en Wall Street.

Sin embargo, no deja de ser paradójico ver cómo los miembros del movimiento OWA, que utilizan intensivamente redes sociales como Facebook y Twitter para difundir sus proclamas contra las empresas y sus fines de lucro, no reparen que son precisamente estas mismas empresas las que han permitido que existan innovaciones como los celulares o computadores tablets. Y son precisamente los bancos a los cuales critican en sus puertas los que han permitido el financiamiento para que esas empresas existan.

Parece que el OWA, como otros movimientos sociales actuales, tiene la virtud de captar y articular variados niveles de descontento, pero no parecen necesariamente entender cómo sería el mundo sin los actores contra los cuales protestan.

Artículo: Slavoj Zizek en Wall Street: “Estamos viendo como el sistema se destruye a sí mismo”
Fecha:09/10/11

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, considerado uno de los pensadores contemporáneos más prominentes sumó su apoyo y simpatía con los participantes en la ocupación de la plaza de Wall Street. Autor de innumerables libros y sujeto de varios documentales, Zizek se presentó en la plaza el pasado domingo 9 de octubre para ofrecer esta intervención:

Somos todos perdedores, pero los verdaderos perdedores están allí en Wall Street: ellos gozaron de una fianza con millones de millones de nuestro dinero. Nos llaman socialistas, pero aquí siempre hay socialismo para los ricos. Dicen que no respetamos la propiedad privada, pero en la crisis de 2008 se destruyeron más propiedades duramente obtenidas que si todos nosotros estuvieramos destruyéndolas durante semanas. Nos dicen que somos soñadores, pero los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como están hoy. No somos soñadores; nos estamos despertando de un sueño que se ha convertido en pesadilla.

No estamos destruyendo, estamos presenciando cómo el sistema se destruye a sí mismo. Conocemos la escena clásica de los dibujos animados: el gato llega a un precipicio pero sigue caminando en el aire hasta que mira para abajo, se da cuenta y cae. Es lo mismo que ocurre ahora; le estamos diciendo a los de Wall Street. “¡oye, mira p’abajo!

A mediados de abril de este año el Gobierno chino prohibió en televisión, cine y literatura cualquier tema relacionado con realidades alternas o viajes en el tiempo. Es una buena señal sobre China: los chinos son gente que todavía sueña con alternativas, asi que deben prohibírselo. Aquí no hace falta, no necesitamos prohibiciones, porque el sistema imperante ha jodido hasta la capacidad de soñar. Miren las películas que vemos todo el tiempo: es fácil imaginar el fin del mundo, o un asteroide destruyendo la vida, pero no podemos imaginar el fin del capitalismo.

“…Nos están dando tinta roja”

Entonces, ¿qué hacemos aquí? Déjenme contarles un maravilloso chiste de los tiempos del comunismo. Un tipo es enviado de Alemania Oriental a trabajar en Siberia. Él sabía que los censores iban a revisar sus cartas, asi que les dijo a sus amigos: “Hagamos un código. Si escribo una carta con tinta azul, todo es verdad. Si la tinta es roja, es todo falso”. Un mes después los amigos recibieron la primera carta, en tinta azul. Decía: “Todo es maravilloso aquí. Las tiendas están llenas de buena comida. Los cines exhiben buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. Lo único que no se puede conseguir es tinta roja”. Así vivimos; tenemos todas las libertades que queremos, pero no tenemos tinta roja: el lenguaje para articular nuestra no-libertad. La forma en que nos enseñan a hablar acerca de la libertad -la guerra contra el terrorismo, por ejemplo- falsifica la libertad. Y esto es lo que ustedes están haciendo aquí: nos están dando tinta roja.

Pero hay un peligro. No se enamoren de ustedes mismos; lo estamos pasando bien, pero recuerden que los carnavales salen baratos. Lo que cuenta es el día después, cuando todos tenemos que volver a nuestras rutinas ¿Habrá cambios entonces? No quisiera que en el futuro ustedes recordaran estas jornadas asi como “éramos jóvenes y todo era hermoso”. Recuerden que nuestro mensaje básico es: “Estamos autorizados para pensar en alternativas”. Hay un largo camino por delante, lleno de dificultades. Sabemos lo que no queremos, pero ¿qué es lo que queremos? ¿Qué organización social puede reemplazar al capitalismo? ¿Qué tipo de líderes necesitamos?

Recuerden: el problema no es la corrupción ni la codicia. El problema es el sistema, que te obliga a corromperte. Hay que estar atentos no sólo de los enemigos, sino de los falsos amigos que están trabajando ya para diluir este proceso. Del mismo modo que uno obtiene café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helado sin grasas, ellos van a intentar hacer de esto una protesta moral, inofensiva. Un proceso descafeinado. Pero la razón por la que estamos aquí es que ya tenemos suficiente de un mundo en que al reciclar una lata de Coca-Cola, o donar un par de dólares a una institución o comprar un capuccino de Starbucks para que un 1% vaya a los niños hambrientos del tercer mundo, basta para sentirnos tranquilos. Hemos visto que se tercerizan el trabajo y la tortura, las agencias de matrimonios tercerizan nuestra vida sentimental, y ahora vemos que desde hace mucho tiempo nuestros compromisos políticos también se tercerizan. Queremos recuperarlos.

“Se terminó el matrimonio entre Democracia y Capitalismo”

No somos comunistas, si comunismo significa el sistema que colapsó en 1990. Recuerden que esos comunistas son hoy los más eficientes, despiadados capitalistas. En la China de hoy vemos un capitalismo aun más dinámico que el capitalismo estadounidense, pero no necesita democracia. Lo que señala que cuando se critica al capitalismo, no debemos dejarnos chantajear con que estamos contra la democracia. Se terminó el matrimonio entre democracia y capitalismo. El cambio es posible.

¿Qué percibimos como posible? Hay que prestar atención a los medios. Por un lado, en tecnología y sexualidad, todo parece posible. Se puede viajar a la Luna, se puede ser inmortal con la biogenética, se puede tener sexo con animales, todo es posible, menos en el terreno de la sociedad y la economía: allí casi todo es considerado imposible. Si se quiere subir un poquito los impuestos a los ricos, te dicen que es imposible: perdemos competitividad. Si se piden más recursos para la salud, te dicen: “imposible, esto implicaría un estado totalitario”. Algo falla en un mundo donde te prometen la inmortalidad, pero no se puede gastar un poco más en el sistema de salud. Tal vez deberíamos fijar nuestras prioridades aquí: no queremos un estándar de vida más elevado, queremos un mejor estándar de vida. El único sentido en que somos comunistas es que nos preocupamos por los bienes comunes: los de la naturaleza; los privatizados por la propiedad intelectual; los de la genética. Por esto, y solo por esto debiéramos luchar.

El comunismo falló en todo, pero los problemas de los bienes comunes están aquí. Nos dicen que no somos estadounidenses. Pero a esos fundamentalistas conservadores que se reivindican como los genuinos estadounidenses se les debe recordar algo: ¿Qué es el cristianismo? Es el espíritu santo ¿Y qué es el espíritu santo? Es una comunidad igualitaria de creyentes ligados por el amor mutuo, y que sólo tienen su propia libertad y responsabilidad para hacerlo. En este sentido, el espíritu santo está aquí hoy con nosotros. Y allá en Wall Street están los paganos que veneran ídolos blasfemos. Asi que todo lo que necesitamos es paciencia. Lo único que me asusta es que algún día vayamos a casa, nos veamos una vez al año, tomemos cerveza y recordemos con nostalgia “qué bien lo pasamos aquella vez”. Prométanse que esto no ocurrirá. Sabemos que a menudo la gente desea algo, pero realmente no lo quiere. No tengan miedo de querer lo que desean. Muchas gracias. (Fuente)

Artículo:Desempleo real en EEUU: uno de cada cinco trabajadores está parado
Fecha: 23/10/11
Autor:Ernesto Carmona

Para mantener “alta la moral” de sus gobernados, la Casa Blanca de Obama adultera los índices de desempleo con la complicidad propagandística de los grandes medios corporativos. Ésta es la 10ª noticia más censurada del anuario Censored 2012, sacada a la luz pública por Information Clearing House, el 7 de febrero 2011.

Los medios corporativos secundan al gobierno en el afán porque EEUU se sienta seguro en una época de crisis del empleo, pero la gente merece saber qué sucede realmente más allá de las mentiras estadísticas, desenmascaradas por Information Clearing House. El último índice de desempleo lanzado en 2010 por la Oficina de Estadísticas del Trabajo (BLS, por su sigla en inglés) registra un descenso al 9,4% en diciembre 2010 y en enero de 2011 una baja todavía mayor, al 9%, creando la ilusión de que la economía está recuperándose. Esta disminución falsa del desempleo se explica en parte por un “ajuste estacional”, en que mucha gente encuentra trabajos temporales durante los días de fiesta de fin de año, por lo tanto, se reduce el nivel de cesantía, pero sin seguridad en el empleo.

Por otra parte, una vez que una persona cumple un año desempleada, el gobierno la excluye de las estadísticas, aunque siga parada. Según Shadowstats.com, la tasa real de desempleo asciende a 22,2%, más del doble de lo que proclaman los medios corporativos. Pareciera que el gobierno de Obama mantiene a la gente en la oscuridad sobre el índice real de desempleo para hacerle creer que la economía está mejorando y así conseguir elogios por su éxito en la reducción de la cesantía.

Mentiras estadísticas, mentiras periodísticas

Information Clearing House, bajo el título “Índice de desempleo de 9% es una mentira estadística”, reprodujo el 7 de febrero de 2011 un artículo de Greg Hunter, de “USA Watchdog” (observatorio crítico de los grandes medios) en que citó como ejemplo mentiroso la información de Associated Press sobre “el aumento del empleo y el fin de la crisis”: “El índice de desempleo se está hundiendo repentinamente en la caída más rápida en medio siglo, bajando al 9% a partir del 9,8% en apenas dos meses, el mayor signo alentador para el mercado de trabajo puesto que la recesión terminó. Más de medio millón de personas ha encontrado trabajo en enero”, etc.

“Más de medio millón de personas encontró trabajo en enero”, citó Hunter. “¿Cómo? La BLS divulgó sólo un aumento minúsculo de 36.000 trabajadores en las nóminas de pago, e incluso ese número es una mentira estadística, según el economista John Williams de Shadowstats.com. En el último informe suyo (el pasado viernes, 4 de febrero), Williams dijo: ‘Increíblemente, a pesar de la exageración regular de nóminas de pago de la BLS, en su última interpretación aparece subiendo no bajando’”. Williams dijo que el anunciado aumento de 36.000 en la nómina de pago de enero de 2011 más bien fue una disminución de 52.000.

“Mientras tanto, a propósito de la realidad, después de un año, los parados se cuentan menos en las estadísticas del gobierno”, comentó Hunter. “Si el desempleo fuera computado de la manera como lo hizo la BLS lo hizo antes de 1994, el verdadero índice de desempleo (según Shadowstats.com) sería 22,2%. Me pregunto ¿por qué los grandes medios se sienten obligados a difundir sólo las historias que apoyan las estadísticas del gobierno? Un análisis auténtico puede mostrar que el gobierno acomoda los números para entregar una mirada de las cosas mejor que la realidad”.

Fuentes:

● “9% Unemployment Rate is a Statistical Lie,” Greg Hunter, Information Clearing House, February 7, 2011.http://www.informationclearinghouse.info/article27435.htm

● Proyecto Censurado:
http://www.mediafreedominternational.org/2011/03/04/real-unemployment-one-out-of-five-in-us/

Student Researcher: Ashley Wood, Sonoma State University
Faculty Evaluator: Peter Phillips, Sonoma State University

El Autor es periodista y escritor chileno

La crisis del capitalismo?

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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