“Es irrealista aspirar a una educación superior gratuita para todos los alumnos” opina el ex rector de la U. de Berkeley

Fecha:01/10/11
Autor:Elizabeth Simonsen

Robert Berdahl, fue entrevistado por la situación actual que remece la Eduación en Chile y considera que el sistema de educación superior chileno debe ser reformulado.

Cuando a Robert Berdahl, ex rector de la U. de Berkeley y presidente saliente de la Asociación Americana de Universidades, le hablaron de la posibilidad de viajar a Chile, el conflicto estudiantil estaba comenzando. Entonces, el viaje, según confiesa, se transformó en un “momento interesante”. La invitación era para ser el orador principal de un seminario, organizado por la U. de Chile, de uno de los temas que más le apasionan: la educación pública.

No fue la única coincidencia: durante la jornada de trabajo que realizó en el Centro de Investigación Avanzada en Educación (Ciae) aprovechó de visitar la Fech, que queda en el recinto vecino, y de entrevistarse con Camila Vallejo. Justamente, en el Ciae recibió a La Tercera.

Usted señala que los temas estudiantiles en Chile y EE.UU. son similares. ¿A qué se refiere?

En ambos países hay aumento desmedido en los aranceles, demanda por más acceso a la educación y una disminución del aporte estatal a la educación. Pero nosotros no tenemos el nivel de respuesta de los estudiantes chilenos. Hubo demostraciones en California, pero fueron modestas. En Chile, la duración del movimiento es una demostración de cómo la gente se siente con la educación. Los aranceles son, en relación al ingreso, extremadamente altos. Eso le da más fuerza al movimiento.

¿Qué lecciones pueden sacar las universidades y el gobierno de esto?

El sistema educacional superior chileno debe ser, tal vez, completamente reformulado. La apertura del nuevo mercado de universidades, sin un control en calidad y, al mismo tiempo, una creciente demanda por acceso, genera una crisis que hace que el gobierno deba mirar todo el sistema.

Los estudiantes aspiran a una educación superior gratuita. ¿Es posible?

Es irrealista aspirar a educación superior gratuita para todos los alumnos. Garantizar aquello, manteniendo altos niveles de calidad, es algo muy difícil de abordar, incluso para los países más ricos. La educación debe ser un derecho al cual aspirar. Los estudiantes deben poner el foco en alcanzarlo y por eso no puede ser simplemente un bien gratuito. Debe haber un incentivo. En los países donde la educación es gratuita existen los mayores tiempos de graduación. Pero tampoco puede ser prohibitiva.

Cuando los aranceles crecen sin control, ¿de quién es la responsabilidad?

La primera responsabilidad es de las universidades, que deben proveer acceso a un amplio sector de la población con alta calidad. También hay responsabilidades de los gobiernos: tienen que permitir que las universidades públicas florezcan con excelencia y acceso. Que aparezcan universidades, sin que su calidad sea monitoreada, sugiere que el gobierno ha abandonado sus responsabilidades.

 

Fecha: 27/07/11
Autor: Fernando Atria

El articulista sostiene que la idea de que los ricos se paguen su educación mientras el Estado se encarga de la educación de los pobres, beneficia únicamente a los privilegiados, pues les permite comprar la mejor educación disponible en el sistema mientras que deja a los pobres en la marginalidad. “Lo notable es que ese razonamiento, que se presenta como una defensa de la equidad”, dice Atria.

FALSO. Este es uno de los lugares comunes más usados y seguramente los lectores lo han oído en alguna sobremesa cuando se conversa sobre la posibilidad de establecer en Chile un sistema de educación financiada por el Estado para todos los estudiantes. El argumento se suele expresar así: “Sería una frescura que el Estado (o sea, todos los chilenos) financiara la educación de los más ricos. Lo que se debe hacer es que los que pueden pagar lo hagan y que el Estado se encargue de los más pobres”.

Lo notable es que ese razonamiento, que se presenta como una defensa de la equidad e incluso como una crítica al intento por favorecer a los ricos, en realidad lo que hace es consagrar un sistema altamente desigual. ¿Cómo ocurre esto? Veamos.

Se dice que una política es “regresiva” cuando redistribuye el ingreso hacia los más ricos, es decir, cuando en virtud de esa política la brecha entre ricos y pobres aumenta. Su opuesto es una política “progresiva”, que logra disminuir esa brecha.

Para saber si una política es progresiva o regresiva, en consecuencia, es necesario mirar no sólo cómo se gastan los recursos fiscales, sino también la forma en que se recaudan. El modo normal de financiamiento del gasto público son los impuestos. La lógica nos indica que si los impuestos los pagan desproporcionadamente los ricos, por ejemplo si el rico paga 100 y el pobre paga 10, será progresiva una política que dé 55 a cada uno, pues ha acortado la brecha entre ambos.

El lugar común que estamos analizando descansa, absurdamente, en la idea de que sólo mirando el gasto es posible saber si una política es o no regresiva. Es decir, nos hace creer que todo estará bien mientras ni un peso del Fisco vaya a la educación de los más privilegiados.

Pero lo que ocurre no está bien. Pues cuando se afirma que es regresivo que el Fisco pague la educación de los ricos, lo que en realidad se está diciendo es que la educación se distribuirá de dos maneras: a los ricos el Estado les negará cualquier financiamiento, ya que pueden pagar la educación de su propio bolsillo; y el resto de la población recibirá financiamiento (en los establecimientos particulares subvencionados) o una educación gratuita, en el sistema municipalizado. Y lo que ocurre es que los más pobres solo reciben la subvención del Estado, o sea, el mínimo. Y a medida que se sube en la escala de ingresos, las familias van haciendo el aporte que pueden, sumándole recursos a la subvención, hasta llegar a los que no necesitan esa subvención porque pueden desembolsar mucho dinero propio. De ese modo, sobre el piso constituido por la subvención, el que puede pagar un adicional de 10 se educará en un establecimiento con otros que pueden pagar un adicional de 10 y el que puede pagar 1.000 adicionales se educará con otros que pueden pagar 1.000. En otras palabras, el sistema tenderá a segregarse de modo riguroso por ingreso. Y, como vimos en la introducción, cuando llegue el momento de competir en el mercado, el que recibió educación de 1.000 probablemente ganará y el que recibió educación de 10, probablemente perderá. Y cuando el que quedó abajo en la repartición de puestos en el mercado se pregunte por qué el otro quedó arriba, la respuesta será que eso era necesario para no tener un sistema de educación “regresivo”.

Este es el caso más obvio de inversión grosera: lo que es el beneficio principal del rico (un sistema que le permite sin límites usar toda su riqueza para dar ventajas a su hijo) ¡se presenta como si fuera una carga del rico y un beneficio para el pobre!

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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