A punto de explotar

Fuente: Der Spiegel
Fecha: 26/09/2011

Es la cuarta vez en 2011 que el semanario alemán Der Spiegel abre su portada con la muerte inminente del euro. En esta ocasión, la moneda única se identifica con una carga explosiva. “La bomba monetaria – cómo una gran idea se ha transformado en un peligro para Europa”, se puede leer en portada. A lo largo de veinte páginas, la revista de Hamburgo explica en cuatro actos el nacimiento, la vida, la crisis y el incierto futuro del euro, “la moneda más peligrosa del mundo, erigida sobre deudas y mentiras, sin fundamento ni liderazgo”.

Fecha: 26/09/11
Autor: Paul Krugman
Fuente: The New York Times

Durante las conversaciones con el FMI, los países de la eurozona se han comprometido a hacer “todo lo necesario” para evitar su hundimiento. Sin embargo, tal y como destaca el premio Nobel de economía Paul Krugman, hasta ahora parecen estar haciendo todo lo posible para que la moneda única se vaya a pique.

¿Es posible estar a la vez aterrados y aburridos? Es lo que observo en las negociaciones actuales sobre cómo responder a la crisis económica de Europa y sospecho que otros analistas comparten este mismo sentimiento.

Por un lado, la situación de Europa es realmente aterradora: con el ataque especulativo que sufren los países que representan un tercio de la economía de la eurozona, está en peligro la misma existencia de la moneda única y el hundimiento del euro podría ocasionar graves daños en todo el mundo.

Por otro lado, los legisladores europeos parecen estar dispuestos a ofrecer más de lo mismo. Probablemente encontrarán una forma de aportar más crédito a los países con problemas, lo que puede que evite o no un desastre inminente. Pero parece que no están dispuestos a reconocer un hecho crucial: que sin políticas monetarias y fiscales más expansionistas en las economías más fuertes de Europa, fracasarán todos sus intentos de rescate. […]

¿Funcionará la estrategia?

¿Y ahora qué? La respuesta europea [a la crisis económica y fiscal y al desplome de la confianza de los inversores en los bonos de las naciones periféricas] ha sido exigir a los deudores con problemas una severa austeridad fiscal, en especial con fuertes recortes en el gasto público y al mismo tiempo ofrecer financiación provisional hasta que se recupere la confianza de los inversores privados. ¿Podrá funcionar esta estrategia? […] leer el resto del artículo en el New York Times.

Visto desde los países bajos
La crisis del euro soluciona la papeleta de los bancos

Ahora que se vuelve a cuestionar seriamente la existencia del euro, hay quienes tienden a sugerirnos “escenarios catastróficos” que, al final, “sólo sirven a los intereses de los bancos”, considera Ewald Engelen, en el NRC Handelsblad. Según este profesor de geografía financiera de la Universidad de Ámsterdam, las “guerras civiles”, los “efectos bola de nieve” y otros dramas mencionados por “los famosos think-tank [laboratorios de ideas], los economistas con renombre, los bancos que se consideran más o menos estables” no son hipótesis “realistas”. Una “salida de Grecia de la zona euro parece tan dolorosa que algunos afirman que es poco probable que otros países sigan su ejemplo”, apunta Engelen. “En efecto, si Grecia quebrase y reintrodujese el dracma, los acreedores poco escrupulosos (BNP Paribas, Dexia, Commerzbank) caerían”. En cualquier caso, esos bancos “ya dependen de sus bancos centrales. En el ambiente bancario, se los conoce como ‘dead men walking’ [apelativo que se emplea con los condenados a muerte camino del cadalso]. No es seguro que una quiebra griega cambiase en algo la situación. Por tanto, ¿por qué se plantean escenarios apocalípticos? Sólo veo que exista una razón verosímil: a través de las amenazas y el chantaje, los bancos intentan, una vez más, que los contribuyentes paguen las consecuencias financieras de su propia incompetencia”.

El Autor, nacido en 1953, es un economista americano. Desde 1999, ha sido colaborador habitual de las editoriales del New York Times. En 2008, obtuvo elPremio Nobel de las Ciencias Económicas por su trabajo en los patrones comerciales y la localización de la actividad económica. Profesor de Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad de Princeton, también es autor de 25 libros sobre comercio y finanzas internacionales, así como un largo número de artículos publicados en revistas como Foreign AffairsHarvard Business Review y Scientific American.

Triple amenaza para Europa

Fecha:22/09/11
Autor: Michael Boskin

Palo Alto.– Europa sufre simultáneamente una crisis de deuda soberana, bancaria y monetaria. Los graves problemas económicos y la presión política están castigando las relaciones entre los ciudadanos, los estados soberanos y las instituciones supranacionales, como el Banco Central Europeo. Arrecian los llamados a renunciar a la soberanía fiscal; lograr una dramática recapitalización del sistema bancario financieramente vulnerable; y para que Grecia y posiblemente otros miembros en problemas de la zona del euro renuncien a esa moneda (o para establecer una unión monetaria provisoria de dos niveles).

En este entorno combustible, los responsables de políticas están recurriendo desesperadamente a diversos vehículos –incluidos el BCE, el Fondo Monetario Internacional, y el Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera– en un intento por contener el pánico financiero, los contagios y el riesgo de recesión. Pero, ¿están actuando los funcionarios en forma adecuada?

Las crisis de deuda soberana, bancaria y del euro están íntimamente vinculadas. Dadas sus importantes y maltrechas tenencias de deuda soberana de los países periféricos de la eurozona, muchos de los bancos europeos débilmente capitalizados resultarían insolventes si sus activos se valuaran a precios de mercado. Este desapalancamiento inhibe la recuperación económica. Y los grandes ajustes fiscales necesarios en Grecia, Irlanda y Portugal, que podrían incluso extenderse a Italia y España, serán económica y socialmente perjudiciales. La cesación de pagos probablemente iría acompañada por una grave contracción económica –el PBI argentino cayó el 15% luego del default en 2002.

A pesar de las pruebas de solvencia, los fondos de rescate y las continuas reuniones, hasta ahora los responsables europeos de las políticas no han encontrado una solución permanente y factible. El fracaso erigirá un enorme obstáculo al crecimiento europeo durante los años venideros y puede incluso amenazar la propia supervivencia del euro. El desacuerdo entre líderes gubernamentales, y entre ellos y el BCE por las compras del Banco de deuda soberana en problemas, no ha hecho más que alimentar la incertidumbre.

Una razonable recuperación económica paneuropea, y una exitosa consolidación fiscal gradual, permitirían que los bonos soberanos en problemas recuperasen valor con el tiempo. Hasta ese momento, continuarán las disputas sobre quién asumirá las pérdidas, cuándo y cómo. ¿Lo harán los ciudadanos griegos? ¿Los contribuyentes alemanes, franceses y holandeses? ¿Los tenedores de bonos? ¿Los accionistas de las instituciones financieras? Y el problema fundamental es que el desenlace de la batalla tendrá efectos sobre el monto de las pérdidas.

Los precios de las acciones bancarias y del diferencial Euribor-OIS (un indicador de estrés financiero) marcan una profunda falta de confianza en la deuda soberana de los países en dificultades, con rendimientos sobre los bonos griegos a diez años que recientemente alcanzaron el 25%. La crisis también afecta a los no europeos; por ejemplo, las preocupaciones sobre la exposición de los bancos estadounidenses y los fondos de los mercados de dinero a los bancos europeos en problemas está dañando los mercados financieros de los EE. UU.

Existen tres enfoques básicos para solucionar la crisis bancaria (que implican solucionar simultáneamente el ajuste fiscal, la deuda soberana y los problemas del euro). El primer enfoque depende del tiempo, la rentabilidad y una eventual reestructuración. Una estimación sugiere que una reducción del 50% en el valor de la deuda soberana de los países periféricos (razonable para Grecia, pero alta para el resto) causaría aproximadamente $3 billones en deudas, aplastando el capital de los bancos europeos. Pero los bancos son empresas aún rentables en el actual entorno con bajas tasas de interés, porque habitualmente participan en la toma de créditos de corto plazo y la colocación en el largo plazo a tasas más altas, con apalancamiento. Ganar tiempo puede permitirles una recapitalización gradual a través de la retención de sus utilidades o la atracción de capital externo.

Una recuperación fuerte y duradera permitiría ese tipo de enfoque. La mayoría de los funcionarios europeos espera que, junto con aportes sustanciales de dinero público para apoyar la deuda soberana en dificultades, funcionará.

La administración Obama adoptó esta opción, implementando el impopular Programa de Asistencia para Activos en Problemas [Troubled Asset Relief Program], que inyectó cientos de miles de millones de dólares del gobierno en el sistema bancario (ya repagados en su mayor parte). Pero algunos bancos estadounidenses, incluidos el Bank of America y el Citi, aún son vulnerables, con una considerable cantidad de activos tóxicos (en su mayor parte vinculados a hipotecas) en sus balances.

El segundo enfoque es el de una solución rápida. Pero permitir que los bancos en situación dudosa se recapitalicen y solucionar luego el problema de la deuda –tal vez con bonos Brady europeos (bonos de cupón cero que en la década de 1990 permitieron a los bancos estadounidenses y latinoamericanos consensuar quitas parciales)– no funcionará si las pérdidas son demasiado grandes o la recuperación demasiado frágil. Una resolución más rápida puede ser necesaria para evitar que los bancos zombi infecten al sistema financiero.

La Corporación Fiduciaria de Resolución [Resolution Trust Corporation] estadounidense cerró rápidamente 1000 bancos y cajas de ahorro insolventes entre 1989 y 1995, para que no dañasen a instituciones sanas. Llevado a la escala de la economía actual, se vendieron activos por $1,25 billones, y se recuperó el 80% del valor. El sistema financiero recuperó rápidamente su salud. Este enfoque requiere criterio y determinación para separar las instituciones insolventes de las solventes.

Finalmente, existe la vía del capital público. Si la recapitalización impulsada por el mercado es demasiado lenta, y cerrar las instituciones fracasadas resulta imposible, una alternativa más extrema es la de inyectar capital público directamente en los bancos (en vez de indirectamente, como se hace ahora, alzando el valor de la deuda soberana que mantienen). Este enfoque evita las corridas bancarias, porque los bancos con más capital son más seguros. Pero, ¿cuánto capital público debe usarse y bajo qué condiciones? El capital privado, por supuesto, es preferible. Pero dado el riesgo de que sea eliminado debido a las futuras intervenciones públicas, los inversores recelarán. Mientras tanto, los reguladores aumentan los coeficientes de capital para los bancos.

Los europeos, tanto deudores como acreedores, deben ocuparse abiertamente del problema bancario, simultáneamente con las dificultades del euro, la deuda soberana y los ajustes fiscales. Pretender que los bancos que superaron pruebas de solvencia limitadas puedan continuar operando indefinidamente con daños colaterales mínimos es ilusionarse, además de ser peligroso.

El Autor es profesor de Economía de la Universidad de Stanford e investigador superior en el Instituto Hoover, fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente George H. W. Bush entre 1989 y 1993.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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