La Concertación busca un nuevo horizonte / El paso al frente de Tohá

Fecha: 15/09/11
Autor: Sebastián Rivas

Esta semana, la presidenta del PPD coronó una de las apuestas más arriesgadas de su vida política. El documento de su partido en que se pedía dar por superada la Concertación causó un sismo interno y despertó recelos en el eje histórico DCPS. Sin embargo, la ex vocera consiguió abrir el debate sobre el futuro de la coalición, en lo que algunos ven como la primera batalla para conseguir ser el motor opositor en una eventual candidatura de Michelle Bachelet.

El sábado pasado, pocos minutos después del mediodía, la presidenta del PPD, Carolina Tohá (46), envió por correo electrónico el documento en que su partido proponía dar por superada la Concertación a un grupo de parlamentarios y dirigentes de la coalición, luego de hacerlo llegar a primera hora de la mañana a los jefes de partido. Entre los nombres había tres destinatarios especiales: Andrés Velasco, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

Cada uno tenía una razón particular. Velasco es la única figura concertacionista -aparte del líder radical José Antonio Gómez– que ha expresado públicamente su interés de competir por la candidatura presidencial de 2013. Lagos tiene un vínculo histórico con Tohá: de hecho, ella llegó a encabezar el PPD apoyada por su sector, y era una de las cartas por las que el ex mandatario apostaba para el “recambio” de la coalición e incluso para llegar a La Moneda. Y Bachelet ha enviado señales que apuntan a que una de las condiciones claves para su regreso sería contar con un conglomerado ordenado y alineado.

Entre otros puntos, el texto planteaba “superar” la Concertación, comenzar rápidamente los contactos con otras colectividades y actores sociales para la creación de un nuevo referente opositor, cambiar el funcionamiento del sistema de vocerías y reuniones de los parlamentarios y suscribir un compromiso en torno a reformas políticas. Pero además, indicaba un punto crucial: Tohá no asumiría como vocera del bloque si no se echaba a andar el proceso.

Con el envío del documento, la presidenta del PPD sellaba una de sus jugadas más arriesgadas en su vida política. El efecto fue inmediato: sus pares de la Concertación decidieron darse hasta el 5 de octubre como plazo para debatir el futuro del bloque y presentar una propuesta de futuro. Pero la apuesta se fraguó a fuego lento, en conversaciones internas que se iniciaron a fines de julio, en un proceso en que Tohá no dejó nada al azar.

Incluso, ya trabaja en el próximo paso: un seminario antes de fines de septiembreal que traería a las principales figuras del Frente Amplio uruguayo, uno de los modelos que son observados con atención para crear un nuevo referente. Todo ello en medio de una polémica abierta con sectores de la DC y del PS, que ven la maniobra como la notificación del inicio de una dura batalla por conseguir la mayor influencia ante Bachelet.

La casa ordenada

Es martes al mediodía, un día después de la reunión de la Concertación. Tohá está en un café del centro de Santiago y pide un cortado. Su jornada ha sido ajetreada: a esa hora ya ha concedido entrevistas a cinco radios y un canal de TV. Después, la tónica sería similar, y cerraría la jornada con una entrevista a CNN Chile.

En medio de ese vértigo, explica el análisis que la llevó a tomar la decisión: “Creo que el problema principal de la Concertación es que cuando no había acuerdo de todos con todos, se tendía a eludir los debates, a meter los temas debajo de la alfombra. Y hacia el futuro hay que tener una coalición que te permita debatir los temas donde hay diferencias”.

Los análisis al interior del conglomerado son unánimes: Tohá fue la gran ganadora de esta semana, porque logró instalar su planteamiento y, además, se posicionó como la impulsora del “recambio” en la coalición.

Pero el golpe de efecto tenía detrás un complejo trabajo interno, que se extendió por más de un mes y que contó con la participación de todos los sectores de su partido.

El 4 de agosto pasado, el ruido de las cacerolas interrumpió la reunión que sostenían los dirigentes más importantes del PPD en la casa de Tohá. Aunque estaban convocados para ver los detalles del consejo general del partido que se realizaría una semana después en Algarrobo, figuras como Guido Girardi, Ricardo Lagos Weber, René Jofré y Marco Antonio Núñez interrumpieron sus tareas y se asomaron al exterior de la casa ubicada en Providencia para percibir la magnitud de la protesta.

En el PPD marcan esa cita como uno de los “puntos de quiebre” que terminaron en el documento elaborado por la ex diputada. A ello le añaden que en el consejo de Algarrobo, originalmente convocado para afinar la estrategia municipal, las exposiciones del escritor Pablo Simonetti, líder de la fundación Iguales; del presidente de la Federación de Estudiantes de la Usach, Camilo Ballesteros, y de Carlos Ominami hicieron girar el eje del debate hacia la visión crítica existente sobre la Concertación.

Hasta ese momento, la gestión de Tohá era blanco de críticas, tanto en el PPD como entre sus aliados. Sobre todo porque tras asumir a mediados de 2010 la testera, las expectativas eran altas: era su primer cargo ejecutivo y estaba entre las figuras mejor evaluadas de la oposición.

Pero el análisis apuntaba a que la ex vocera de Bachelet no había logrado empoderarse al interior del partido, donde cuenta con el contrapeso del bloque que lidera Girardi, y que además había quedado en segundo plano con relación a sus pares Ignacio Walker (DC), Osvaldo Andrade (PS) y José Antonio Gómez (PRSD).

Sin embargo, Tohá apuntó a construir un amplio consenso en su partido en torno a una idea central: la crítica a la estructura de la Concertación, punto que era compartido por Girardi y por figuras como el ex ministro Francisco Vidal. Así, durante el mes pasado realizó más de una decena de reuniones para afinar el diagnóstico y recoger ideas para elaborar el texto.

Incluso, el jueves de la semana pasada, con el borrador listo, convocó a una comisión política extraordinaria para votar la propuesta. Y si bien en la cita hubo voces como Jorge Insunza y René Jofré que plantearon que el texto debía profundizar en temas programáticos, el resultado final fue algo poco habitual en el partido: un respaldo por unanimidad.

El “nuevo clima” tuvo su punto cúlmine el lunes, después del revuelo causado por el documento, cuando los cuatro senadores del PPD invitaron a Tohá a una cena en el restaurante Miraolas, de Vitacura.

La perplejidad de la DC

El domingo pasado, el senador Jorge Pizarro llamó a Ignacio Walker. Aunque ambos han tenido diferencias en cuanto a la conducción de la colectividad, en esta ocasión el diagnóstico fue compartido: el documento de Tohá generaba malestar entre los líderes democratacristianos, sobre todo por el planteamiento que hacía el texto de que, si no se aceptaban los planteamientos, la dirigente no asumiría la vocería de la Concertación.

La molestia era transversal. De hecho, ese mismo fin de semana comenzó un intenso intercambio de correos electrónicos entre parlamentarios y otros dirigentes de la DC, en los que se discutía el documento. La lectura era similar: si bien había coincidencia en el diagnóstico, la forma en que se presentó el texto era vista como un ataque hacia la colectividad, que revivía el temor de quedar aislada en una nueva coalición de partidos de izquierda.

De hecho, ése fue el primer punto que le manifestó Walker a Tohá en la reunión del lunes, aunque posteriormente aceptó que se instalara un proceso de debate coordinado por Andrade. La lectura al interior del partido es que el presidente de la DC buscó “ganar tiempo”.

En el entorno del senador plantean que la presentación del PPD le brindó una oportunidad inesperada de posicionarse en un tema que genera una reacción común en el partido. Prueba de ello fue el almuerzo sostenido el miércoles por todos los diputados y senadores de la colectividad en el Congreso, donde acordaron reforzar la alianza con los socialistas.

Tohá está consciente del impacto que provoca la discusión en la DC, pero tiene su propia tesis sobre el escenario actual. “El panorama es complejo para los partidos de izquierda de la coalición, más que para la DC. Porque lo que termina sucediendo es que la DC tiene el espacio para marcar su identidad, y nosotros tendemos a respetar que tengan diferencias. Pero cada vez que los partidos de izquierda marcamos nuestra identidad, la DC lo siente como una agresión, como algo que la afecta o perjudica. Eso es algo que hay que resolver”, sentencia.

El factor Bachelet

El martes en Valparaíso, Ricardo Lagos Weber y Jaime Quintana se vieron sorprendidos en la tradicional reunión-almuerzo de los senadores opositores. Pese a que esperaban una dura reacción del bloque de la DC a la forma en que se dio a conocer el documento del PPD, los principales cuestionamientos vinieron de tres senadores del PS: Camilo Escalona, Isabel Allende y Fulvio Rossi.

Y es que la inquietud se extendió también al sector del PS liderado por Andrade y Escalona. Tanto en ese grupo como en el denominado “bacheletismo DC” -en que se incluye a figuras como Pizarro y Aldo Cornejo- la visión es que la apuesta de Tohá es el primer paso público de una soterrada disputa con miras a ocupar el lugar de privilegio en la plataforma política de la ex mandataria para 2013.

Según esta lectura, el efecto práctico que busca la decisión del PPD es remecer el “eje histórico” DC-PS, algo que ya intentaron a comienzos de año, cuando Tohá encabezó conversaciones con Andrade para retomar el bloque progresista. Y recuerdan que la propuesta de ampliar la Concertación es un planteamiento histórico de Girardi, quien también buscaría agrandar su base de apoyo de cara a las próximas senatoriales e incluso una postulación presidencial a largo plazo. Incluso, entre algunos de los parlamentarios circula el análisis de que esto es una “movida” del senador.

En el PPD reconocen que la opinión de Bachelet sobre el proceso es mirada con interés. Por ello, en el partido destacan que el viernes pasado, un día antes de que Tohá enviara el documento, la madre de la ex presidenta, Ángela Jeria, dijo a “La Segunda” que veía “enredada” a la Concertación, y que incluso era partidaria de superar el modelo de coalición. “Crear un frente amplio como en Uruguay es fundamental, pero el problema es que aún no están las condiciones para que se forme”, dijo.

El modelo uruguayo es el que genera mayor interés en el partido. El año pasado, la Fundación Chile 21(sitio oficial) invitó a dirigentes del Frente Amplio. Entre los asistentes, estaban Tohá y Girardi. Y después de la cita, Francisco Vidal envió a la ex vocera los estatutos del conglomerado, que, entre otros puntos, establecen un sistema interno para debatir temas en conflicto entre las colectividades y posibilidades de declararse en libertad de acción en materias específicas. “La mejor seducción para que Bachelet tome la decisión de volver a ser Presidenta es una alianza de la oposición”, dice Vidal.

 

Fecha: 17/09/11
Autor:Daniel Labarca

El senador socialista Camilo Escalona descarta la muerte de la coalición opositora, pero lamenta su “ensimismamiento”. No cree que Michelle Bachelet deba fijar postura sobre la contingencia. Y critica a sectores radicales del movimiento estudiantil.

Los múltiples certificados de defunción de la Concertación que se han cursado en los últimos días no inmutan a Camilo Escalona. El senador socialista es un convencido de que la coalición terminará reformulándose con miras a las elecciones presidenciales del 2013. Por eso, discrepa del ultimátum del 5 de octubre que se autoimpusieron los presidentes de partido para iniciar una nueva etapa del conglomerado.

“No hay plazo para recomponer una coalición. No se puede crear una nueva Concertación por decreto. Es muy peligroso generar expectativas que después no se puedan cumplir, Lo sensato es pensar que de aquí al 5 de octubre se abre un amplio debate respecto al camino que le proponemos al país. Es decir, hay un largo proceso político que no se reemplaza por declaraciones”, señala el senador, sentado en su oficina del noveno piso del Senado en Valparaíso. “Yo estoy seguro de que la Concertación será reemplazada por un nuevo bloque de fuerzas con miras al gran desafío del año 2013, que es derrotar a la derecha que hoy está en el gobierno. Sin embargo, eso no se produce si el objetivo es autoimpuesto”, añade.

¿Los presidentes de partido se apresuraron al tomar esta definición?
Las cosas no se pueden medir por el grado de éxito que se tiene a corto plazo, porque ese éxito no llega de manera mecánica. Entiendo a los que reclaman que la Concertación debe aparecer como lo que era el año 88, pero eso no se consigue simplemente porque se desea.

Hoy lo que marca la agenda es la crisis educacional. ¿Hay sintonía entre lo que propone la Concertación y lo que pasa en las calles?
El tema de los estudiantes nos presenta un desafío inesquivable. Y la mejor manera de responder a eso es lo que pasó esta semana. Yo no me hubiera imaginado que justo al día siguiente en que algunos daban por muerta a la Concertación, esta se anotaba su mayor éxito político a lo largo de esta administración, que es la aprobación con 26 votos a favor del proyecto de ley que pone fin a las sociedades espejo, que es el mecanismo del lucro en la universidad privada. Por eso, no se puede pensar que la reformulación pasa por ensimismarse en la dinámica interna de la coalición. Con ese ensimismamiento, la Concertación no está sintonizando con la sociedad. Pretender resolver en 15 días fenómenos que la coalición ha vivido en los últimos 20 años me parece un encierro. La sociedad no nos está exigiendo una nueva declaración política el 5 de octubre. Ya hicimos ese ejercicio el 2010, cuando se proclamó la refundación de la Concertación. Y eso no ocurrió. Entonces, quienes piden resolver en 15 días procesos que tienen décadas buscan un ajuste de cuentas con una derrota, son viudos de la derrota presidencial.

¿Usted da por muerta a la Concertación?
No, independiente del nombre que tendrá el futuro bloque de izquierda que derrote a la derecha. La Concertación perduró porque obedeció a una realidad profunda de la época, que era concertar a los que antes habían estado separados. No respondió a un eslogan. Por eso, ahora no se trata de contratar a una agencia de publicidad para que nos dé un nombre. La única posibilidad de entregar una alternativa fructífera al país es el acuerdo entre la izquierda y el centro. Y eso es la llave de cualquier alternativa.

Pero es la DC la que remarca la diferencia entre un acuerdo instrumental y uno programático. ¿Se puede superar la tensión entre la DC y el PC?
Esa es una tensión que la tiene el que quiere. Sin los votos de la DC, Guillermo Teillier no sería diputado. Y al revés: sin los votos del PC, Andrés Zaldívar no sería senador. Seamos claros. Ahora, la alternativa programática no es ni para la DC ni para el PC, es para el país, no es para la parcela política. Lamentablemente hay gente que cree que la política son los cuatro metros cuadrados del partido propio y del partido de al lado, y llaman a una reformulación que, en el fondo, lo que quiere es reducir la izquierda a un segmento minoritario de la sociedad.

¿Leyó el documento redactado por Carolina Tohá?
Lo he leído con atención. Yo estoy por una política de mayorías. Y tengo una profunda diferencia con ese documento cuando dice que en nuestra alianza política tenemos que incorporar a las organizaciones sociales. Yo repito lo que dije hace meses: las organizaciones sociales no son para manipularlas, son para respetarlas en su autonomía y en su propia identidad, porque en ellas hay ciudadanos de todas las fuerzas políticas. Además, hay que respetar su identidad, porque hoy hay organizaciones sociales de mucho vigor, como la estudiantil, que no quieren ser manipulados por fuerzas políticas.

¿Vio en el documento un intento por aislar a la DC?
No. Yo leí en ese documento ideas positivas, pero que planteadas como ultimátum se desvirtuaban. La plataforma de acción que se propone al final del documento es perfectamente posible de suscribir por todos los partidos, pero situado esto como un mensaje ‘lo toma o lo deja’, puso a la coalición en un pie forzado.

¿Le gustó el nombre Convergencia Opositora?
El debate sobre el nombre es un ejercicio absurdo. Cuando surja una nueva fuerza, el nombre va a llegar por sí solo. Este no es un concurso de publicistas para encontrar el mejor eslogan, eso no es creíble.

¿Hay que defender la marca Concertación, como planteó Ignacio Walker?

La Concertación como patrimonio del país es invaluable. Incluso, en un tiempo, el propio Presidente Piñera intentó levantar un mensaje concertacionista, usando una gráfica que en los colores era de la Concertación. En el subconsciente colectivo de la población hay una valoración positiva de la Concertación. ¿Por qué entonces nosotros vamos a perder la marca?

Tanto en la Concertación como en la Alianza se ha planteado que Michelle Bachelet debe pronunciarse sobre el conflicto educacional. ¿Coincide con eso?
No. Eso no tiene nada que ver. ¿Sobre qué se va a pronunciar? Por su mentalidad y su estilo, no creo que quiera colocarse en ese rol mesiánico de dar recetas, por encima del bien y el mal. No está situada en el contexto del país y sería mal recibido.
Hay quienes creen que puede convertirse en un puente y destrabar el conflicto.
No. Creo que los estudiantes rechazan esa mirada de las cosas, rechazan los puentes de oro, de plata o del metal que sean.

Usted es bacheletista. ¿Le acomoda este diseño en que ella permanece alejada de la contingencia?
No creo que sea un diseño, creo que es una realidad. Si la ex presidenta estuviera en el país, obvio que tendría que opinar. Pero como no lo está, ¿de qué va a opinar si no está en la contingencia, si no ha tomado contacto con los actores?

Si no es Bachelet ¿quien debe asumir el liderazgo de la Concertación?
Ahí no tengo candidatos. Yo tengo una persona que es mi candidata, pero acepto el derecho de todos a competir.
En algún momento planteó el nombre de Andrés Velasco.
No. Lo que yo plantee fue su derecho a competir.

¿Es Bachelet la única razón que mantiene unida a la Concertación?
No. Veinte años son muy fuertes. Además que todos tenemos conciencia de que para tener un sentido constructivo de acción política, y que esta no se convierta en una práctica inconducente, se necesitan bloques que aspiren a ser mayorías. Por muy importante que sean las figuras individuales ¿qué pueden hacer aisladas? Por muchos que sean los arrestos de algunos que se sienten pletóricos de energía, ¿qué hacen solos? La Concertación sigue siendo una realidad, por encima de los deseos de cada cual.
Pero lo que muchos plantean es que esa unidad no basta.
Porque estamos en la oposición, no estamos gobernando, eso es lo que la gente no se convence. Si la gente resolvió que estuviéramos en la oposición. Yo les pido a mis colegas y amigos que asumamos la realidad.

A cuatro meses de iniciado el conflicto estudiantil, ¿ve alguna salida?
La salida es que el gobierno se flexibilice. Está muy duro y hace una lectura equivocada de la correlación de fuerzas de la sociedad. Cree que tiene más fuerza de la que en realidad tiene. Entonces piensa que el movimiento estudiantil se va a caer y el gobierno va a ganar, y esa lectura se ha mostrado equivocada en los meses anteriores.

¿Advierte un desgaste en los estudiantes?
Pero ellos no son como los mayores. Se desgastan, pero se reponen. Lo mejor es asumir la realidad y negociar en serio.

Esa premisa ¿es válida para los dos lados?
Para los dos lados, claro. En el movimiento estudiantil hay personas equivocadas, algunos radicales que piensan que el Estado se va a caer. Y no es así, el Estado no se va a caer. Creo que ambas partes tienen que asumir que no pueden hacer todo lo que quieren hacer.

¿Por ejemplo, usted respalda que los estudiantes pidan reformas a la Constitución, cambios al binominal, etc.?
No veo problemas en eso. El punto es si esas reformas constitucionales son una condición para el acuerdo.
Pero el lucro, por ejemplo, no se va a terminar de un día para otro.
No se trata de estatizar la educación, tiene que haber un sistema mixto. Tienen que necesariamente respetarse los proyectos individuales y autónomos de enseñanza, pero mantener el esquema actual como está es insostenible. Pero insisto, ambas partes tienen que asumir que no van a poder imponer todo. Ambas partes tienen limitaciones. Ninguna de las dos se va a caer, ni el movimiento estudiantil ni el Estado.

En marzo del próximo año usted deberá asumir la presidencia del Senado. ¿Qué planes tiene para su gestión?
No soy de los que se hace los “cachirulos” antes de tiempo. No entraré en ese tema.
En el gobierno hay quienes creen que usted puede ser el Longueira de la oposición, gestionando grandes acuerdos.
No, por una razón muy simple… He escuchado varias veces este tema. Esto tiene una malicia. Primero, inflar artificialmente el rol que tuvo Longueira en la crisis del 2003, pero bueno, dejemos ahí eso. El problema es que en este gobierno no hay un Insulza. Aquella vez, en un momento de dificultades, el ex Presidente Lagos le entregó un mandato total y pleno a Insulza. Yo formé parte de esa negociación, era presidente del PS, a mí nadie me cuenta el cuento. E Insulza era un negociador total y completamente autorizado. Esa no es la situación actual. Lamentablemente, el Presidente no ha sido capaz de hacer lo que anunció en una entrevista una semana después de ser elegido, cuando dijo “mis ministros estarán empoderados”. Y eso no es así.

Pero si llegado el momento se empoderara a un ministro. ¿Usted estaría dispuesto?

No me voy a poner en ese escenario, porque no me otorgo facultades que no me han sido conferidas. Un negociador tiene que tener facultades, y a mí nadie me las ha dado. Tengo 40 años de política así que no me voy a perder en esto. No me voy a vestir con ropas que no me han sido entregadas.

¿El accidente de Juan Fernández cambió el clima político?
Ha influido, fue una tragedia muy amarga.

¿En qué se manifiesta?
En que los estudiantes no hicieran una marcha tal como la habían anunciado. Creo que excepto los vándalos en la noche del 11 de septiembre, ese día las organizaciones de derechos humanos tuvieron un rol mucho más prudente de lo que es habitual.

¿Y también cree que cambió la percepción de la ciudadanía ante el gobierno?
Eso no lo sé. Sí creo en una encuesta que se dio a conocer esta semana (Imaginacción) que dice que la mayoría de la gente tiene una mirada positiva sobre cómo actuó el gobierno en la tragedia. De eso no tengo duda. Pero respecto a un balance general del gobierno, no creo que sea conveniente instrumentalizar un sentimiento de la opinión pública comprensible.

Y usted, ¿va a ir a la reelección en 2013?
Yo tengo una decisión en mi cabeza, pero me la reservo para el 2013.

Fecha: 17/09/11
Fuente: Ascanio Cavallo Blog
Artículo: Los cinco problemas de la Concertación

El bloque ha perdido la noción de lo que fue. La idea de que hizo “muchas cosas en 20 años” se ve cada vez más vacía de contenidos. Hay divergencias de cuándo eclosionó y según las encuestas ha perdido el valor que tuvo y no parece que un cambio de nombre ataque el problema. En el intertanto, ya se prepara para las municipales de 2012 sin un modelo estratégico.

1. Ausencia de diagnóstico
Hay quienes creen que la crisis de la Concertación eclosionó cuando perdió por primera vez unas elecciones presidenciales, las de enero de 2010. Otros piensan que viene de antes, del gobierno de Michelle Bachelet, el único de los cuatro períodos que sufrió deserciones significativas de parlamentarios en tres de sus partidos. Y aun otros creen que los problemas se remontan mucho más atrás, a la polémica de las “dos almas” -complacientes y flagelantes- de fines de los 90.

La divergencia principal, sin embargo, es la interpretación de la derrota del 2010, que quizás sea también la que reúne a todas las anteriores. Hay un sector importante de la Concertación que opina que ese fracaso se debe a la desconexión con los movimientos sociales, al alejamiento de los grupos “progresistas” y a la distancia general con la izquierda. Otro mira los números y concluye lo contrario: la elección se perdió por la fuga de votos del centro y por la dificultad de la DC para retener electores que quisieron darle una oportunidad a Sebastián Piñera.

El anexo de esta discrepancia es que allí donde unos piensan que urge reorientar el proyecto político hacia los estratos pobres, los otros dicen que el foco debe ponerse en las clases medias, que son las que han liderado los recientes movimientos de protesta.
La ausencia de un diagnóstico común no sería tan grave si no fuese porque produce porosidad en el debate opositor, un tipo de apertura por la cual se infiltra toda clase de interpretaciones ajenas, interesadas o casuales. En cualquier caso, una conclusión es segura: un bloque político sin interpretación es un rebaño vulnerable a la dispersión.

2. Crisis de identidad
La Concertación ha perdido la noción de lo que fue. No todos sus dirigentes, por supuesto. Pero la idea mecánica de que hizo “muchas cosas” en 20 años de gobierno se ve cada vez más vacía de contenidos. Muchos de sus prohombres cambiaron el orgullo de hace algún tiempo por una conducta defensiva y autoexplicativa, cuya expresión terminal es “no pudimos” o “no nos dejaron”. Esta idea envuelve una cierta renuncia a la propia política -el arte de lo que “pudimos”- y abre el espacio para que la crítica más dura venga desde adentro. Esto es lo que les está pasando a los presidentes de los cuatro partidos.

Esta semana Carolina Tohá se anotó un éxito significativo al condicionar su asunción como vocera a la ampliación del conglomerado, una idea sugerente, aunque sin mucho más horizonte que el PC y el PRO (el PRI no parece estar considerado, dada la cooptación de facto de que ha sido objeto por parte del gobierno). La propuesta de incorporar a los movimientos sociales parece muerta antes de nacer: esos movimientos son los que han creado gran parte de la crítica a la Concertación. Tiene un vago parecido con la “Unidad del Pueblo” de Radomiro Tomic en 1970, que al final no tuvo ni unidad ni pueblo.

En forma inesperada, el documento de Tohá fue acogido por los presidentes de la DC, el PS y el PRSD, aunque en privado todos desconfían de las motivaciones de los otros. El PPD cree que el PS quiere mantener el statu quo, la DC cree que el PPD la intenta arrinconar, el PS sospecha que el PRSD desea coquetear con el PRO, y así, ad nauseam. Aburrido, soporífero.

El defecto final -y más simbólico- de la propuesta PPD es el de fijar un plazo: el 5 de octubre. Unas tres semanas para hacer lo que no han logrado en un año y medio.

3. Déficit de liderazgo
Es frecuente que un déficit de liderazgo sea el reflejo de un déficit de convicción, lo que quiere decir que lo segundo conduce a lo primero y no al revés. El gobierno de Piñera entró en un loop de deterioro con un movimiento estudiantil que no esperaba y que probablemente creció debido a la propia impericia de sus respuestas. Con un desconcierto paralelo (pero igual) al de La Moneda, los dirigentes de la Concertación se sintieron empujados a optar entre mantenerse al margen o subirse en el vagón de cola. Eligieron por lo segundo, pero hasta hoy no hay evidencia de que esa fuese una decisión correcta (esto se da por hecho, sin discusión, y cuando alguien lo pregunta parece que dijese una locura) o, por lo menos, de que mejorase su reputación. El clímax de esa irreflexión se produjo con el apoyo a un paro nacional que fracasó.

En breve, la Concertación no está hoy al frente de la oposición social, sino detrás de ella. Y cohibida, apocada, sin saber para dónde va.
En la DC es continuamente cuestionado (no por los votos, sí por los parlamentarios) el liderazgo de Ignacio Walker. En el PPD, Tohá sufre la presión continua del “girardismo”. El PS tiene menos rosca interna, pero luce autosecuestrado por la referencia a Bachelet. Todo esto difiere en forma sustantiva de lo que vivió la coalición en el momento en que se fundó.

4. Gestión de marca
En un giro casi alucinante, algunos dirigentes opositores se han pasado al lado de los que creen más en el marketing que en el producto. Se dividen en dos grupos: los que quieren decretar la muerte de la Concertación y los que le buscan un nuevo nombre. De momento, el más trágico es el de Convergencia Opositora: una especie de condena al ostracismo.

Los que se niegan a esas piruetas -Walker, Andrade, Escalona- están siendo acusados de a) conservadores, b) nostálgicos y c) obstáculos para las nuevas alianzas. La centroderecha tuvo tres o cuatro nombres distintos en 20 años, sin que ello mejorase sus perspectivas electorales; por el contrario, tales cambios no hacían más que subrayar su incapacidad de construir la mayoría necesaria.
De acuerdo con las encuestas, ser de la Concertación ha perdido el valor que tuvo en el pasado. Pero lo mismo le pasa al bloque adversario. No parece que un cambio de nombre ataque el problema principal.

5. Falta de horizonte estratégico
La Concertación no tiene un acuerdo claro acerca de lo que puede ofrecerle al país, ni menos acerca de cómo lograrlo. El gobierno de Piñera le ha quitado algunas de sus banderas y aún no encuentra cómo reemplazarlas. Esto no es nuevo; ocurrió ya el 2006 (el “gobierno ciudadano” ), pero entonces se pudo amparar bajo una candidatura instalada.

La autopromoción de Andrés Velasco -la única vigente al día de hoy- parece menos un esfuerzo por llenar el vacío que una maniobra pensada para acelerar la decisión de Bachelet. En el intertanto, la Concertación ya se prepara para llegar al momento en que mejor podría someter a prueba al gobierno de Piñera, las municipales de 2012, sin un modelo estratégico, sino sólo con un conjunto de pactos de omisión para repartirse los cargos que ya tiene. Otro síntoma de que atraviesa por el peor momento de su historia.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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