¿La crisis educacional vuelve a fojas cero?

Fecha:10 de Septiembre 2011
Fuente: La Tercera/ Reportajes
Autor: Ivonne Toro / Fotografía: Agenciauno

La tragedia de Juan Fernández significó un punto de inflexión que cambió el foco de atención, dio un respiro al gobierno y estrechó el margen de acción de los estudiantes. Pero el triunfo de las posturas más radicales al interior del movimiento supuso un punto muerto en las negociaciones que se habían instalado para destrabar el conflicto.

Bastó que el ministro de Defensa, Andrés Allamand, advirtiera que el escenario respecto al accidente aéreo en Juan Fernández era “adverso” para que se encendieran todas las alarmas al interior de la Confech. Corrían las últimas horas del viernes 2 y tanto el presidente de la Federación de Estudiantes de la Usach, Camilo Ballesteros, como su símil de la Universidad de Concepción, Guillermo Petersen, se contactaron a través de llamadas telefónicas y mensajes de texto con el titular de la Feuc, Giorgio Jackson, y la timonel de la Fech, Camila Vallejo, para que vieran la factibilidad de postergar la mesa de diálogo que se instalaría a las 10 horas del día siguiente en La Moneda.

La inminencia de una tragedia de alta connotación pública, argumentaron esa noche Ballesteros y Petersen, podía perjudicar la cobertura mediática del encuentro, al cambiar el foco de atención de la opinión pública, dejando al gobierno en una mejor posición para negociar el fin del conflicto, que se prolonga por más de tres meses. Las gestiones, sin embargo, no prosperaron: mientras los estudiantes secundarios no querían alargar los plazos -apostaban por no perder el año-, el gobierno no dio espacio para suspender el encuentro.

Para los sectores más radicales de la Confech -que no quieren flexibilizar sus posturas e incluso están dispuestos a perder el año- la mesa de diálogo confirmó los temores que se habían manifestado en la víspera. No sólo porque el telón de fondo de la cita fueron las transmisiones ininterrumpidas de canales de TV y emisoras de radio sobre la tragedia aérea. Lo más complejo, a juicio de esos grupos, fue que en la reunión no se consiguieron avances en los principales puntos que se venían reclamando en los últimos meses, como por ejemplo, el fin del lucro y la gratuidad. Una postura que se reafirmó el jueves, cuando la asamblea de la Confederación que se realizó en Talca condicionó el diálogo a la aprobación de un nuevo petitorio de parte del gobierno.

Piñera abrió la cita de ese sábado con una alusión a la conmoción pública que provocó el accidente. Luego, entró en materia: si bien planteó su intención de avanzar hacia la gratuidad en la educación, precisó que “no creemos que con los impuestos de todos los chilenos paguemos la educación de los más afortunados”.

Tras el Mandatario, expusieron cada uno de los dirigentes estudiantiles. Vallejo destacó la oportunidad de hacer cambios históricos en Educación y Jackson pidió sostener debates televisados, mientras que los representantes de regiones profundizaron en las principales demandas del movimiento.

Piñera luego retomó la palabra para responder uno por uno el petitorio de 12 puntos presentado por la Confech. Según el acta divulgada al día siguiente por la dirigencia universitaria, hubo escasos acuerdos. Las diferencias más profundas se plantearon en el debate sobre el fin del lucro, el término al financiamiento compartido y la creación de una red de educación técnica estatal.

Al día siguiente, en Chilevisión, Piñera aseguró que el encuentro se había desarrollado en un clima de cordialidad. Que había consenso en nueve de los 12 puntos planteados por los estudiantes. Incluso, defendió su decisión de invitar a los estudiantes a La Moneda, variando el plan original del ministro de Educación, Felipe Bulnes, de radicar el debate en el Congreso. “Hay que tomar riesgos”, sostuvo.

A esas alturas, en el gobierno se había asentado la idea de que la tragedia aérea había cambiado definitivamente el escenario donde seguiría desarrollándose el conflicto. Ese fue el análisis que hicieron el jefe de gabinete, Rodrigo Hinzpeter, y el vocero Andrés Chadwick en el tradicional comité político de cada lunes en La Moneda. Pese a que las encuestas seguían marcando un alto respaldo a las demandas estudiantiles -76%, según el sondeo Adimark de agosto publicado ese mismo día- en el gobierno pronostican que una ciudadanía sensibilizada por el accidente podía castigar las posturas radicalizadas que pudiera adoptar el movimiento. Y que en ese contexto, el gobierno tiene margen para retomar el control de la agenda y defender sus posturas en el diálogo con los estudiantes.

Un reflejo de ese nuevo aire que adoptó el gobierno se concretó ese mismo lunes, en la reunión que Bulnes sostuvo con un grupo de dirigentes universitarios para entregarles el cronograma de trabajo impulsado por el Ejecutivo. “Llegó la hora de que entiendan que esto no es un cogobierno. No vamos a sostener un debate televisado”, señaló ese día el titular de Educación, en respuesta a Giorgio Jackson, quien reiteró la solicitud que había planteado el sábado.

No fue la única vez que Bulnes usó un tono duro esa mañana. Minutos después, dijo que las movilizaciones estudiantiles debían concluir el 7 de octubre. De otro modo, se rescindiría el otorgamiento de becas y créditos para el segundo semestre, y la posibilidad de postular a estos beneficios para 2012. Se trataba, en la práctica, de una advertencia de quiebra para las universidades tradicionales, un mensaje que ya se había socializado entre los rectores de esos centros de estudios. Y que los propios regentes de las universidades remarcaron a los dirigentes estudiantiles en una reunión sostenida en la tarde del miércoles.

En el movimiento estudiantil, los grupos más proclives al diálogo, representados por los dirigentes cercanos al PC, como Vallejo y Ballesteros, y la Concertación, como Jackson, tendían a compartir el análisis de que la tragedia obligaba a rebarajar la cartas. En esa lógica, tras la cita con Bulnes, la presidenta de la Fech puso en duda la realización de las movilizaciones programadas para el día jueves. “(La tragedia aérea) nos imposibilita convocar a grandes manifestaciones”, sostuvo ese día.

Sus dichos despertaron la ira de los representantes de regiones, reflotando un conflicto vivido en meses anteriores al interior de la Confech, cuando dirigentes más radicales impulsaron la remoción de Vallejo y Jackson de la mesa del movimiento, acusándolos de tomar decisiones inconsultas. “Este conflicto comunicacional en donde en Santiago se dice una cosa y en regiones otra, no es primera vez que pasa (…). Vallejo no es vocera de la Confech”, acusó el miércoles el presidente de la federación de estudiantes de la U. de Valparaíso, Sebastián Farfán. Sólo horas después, la presidenta de la Fech retrocedió en su postura inicial y se sumó al llamado a movilizarse el día jueves.

La polémica, sin embargo, traslucía un quiebre de fondo en la Confech, que es monitoreado con atención desde el gobierno. Por una parte está el grupo liderado por Vallejo, Ballesteros y Jackson, que son conscientes del desgaste del movimiento y apuestan por llegar a acuerdos con el gobierno en algunas materias. Por otra parte, están los líderes más radicales, como Farfán, que estiman que luego de meses de movilizaciones se debe aspirar a ganar todas las demandas.

Esta última postura fue la que imperó en la asamblea del jueves en Talca. Tras un debate de más de 10 horas, se impuso la tesis de no validar el cronograma de trabajo propuesto por el gobierno.

Para evitar hablar de un nuevo rechazo al gobierno, ese día se concordó una línea discursiva en la que se destacó la presentación de una “contrapropuesta” al Ejecutivo, que será entregada, a través de una carta, el lunes y que junto con reiterar peticiones antiguas -como la postergación del envío de proyectos al Parlamento- plantea nuevas condiciones. Una de ellas es anular el plazo del 7 de octubre que planteó el gobierno como fecha tope para deponer las movilizaciones. Otra es que en la primera instancia de diálogo que se concuerde se ponga en tabla la discusión sobre el fin del lucro y la gratuidad de la educación.

En el gobierno y en el oficialismo asumen que el conflicto está volviendo a fojas cero, aunque también entienden que las últimas señales -como las poco masivas manifestaciones del jueves- dan cuenta de un desgaste del movimiento. Por lo mismo, la apuesta del Ejecutivo es mantener abiertos los caminos de diálogo. En paralelo, sin embargo, pretenden reactivar la agenda legislativa vinculada a Educación, para intentar llegar a acuerdos con la Concertación en el Congreso.

Fecha: 17/09/11
Autor: Ivonne Toro y Esteban González
Artículo: La cuenta regresiva

La opción de reanudar el diálogo entre los estudiantes y el gobierno quedó en entredicho tras la tensa reunión de la Confech del jueves pasado. Ahora, ambas partes se juegan sus últimas cartas antes del 7 de octubre, plazo final para cerrar el semestre.

El domingo 4 de septiembre -al día siguiente de que Sebastián Piñera recibiera a los líderes del movimiento estudiantil en La Moneda-, el presidente de la Feuc, Giorgio Jackson, y el senador UDI Hernán Larraín se reunieron en CNN para debatir sobre la crisis educacional. Al finalizar el programa, el parlamentario se ofreció a trasladar en su auto al vocero de la Confech, ocasión en la que ambos consideraron fórmulas para acercar posiciones entre el Ejecutivo y los estudiantes.

En ese momento, la expectativa de ambos era que el ala moderada de la organización estudiantil -representada en los dirigentes de universidades de Santiago- pudiera imponerse sobre los grupos “ultras”, para luego buscar un acuerdo con el gobierno. Once días después, sin embargo, ese escenario se había debilitado considerablemente, dejando a los actores del conflicto estudiantil en una cuenta regresiva, cuyo plazo fatal puede ser el 7 de octubre. Ese día, si no se deponen las movilizaciones, se decretará el fin del semestre académico en las universidades, cancelando, además, la asignación de becas y créditos.

El jueves, en Valparaíso, Jackson enfrentó una de las asambleas más duras del movimiento universitario. Tanto él como la presidenta de la Fech, Camila Vallejo, fueron recibidos con gritos y pancartas en su contra de parte de los sectores más radicales. Fue un preámbulo de lo que sucedería horas después. Esa noche, la Confech -en una vocería en la que no participaron Jackson ni Vallejo- convocó a un paro nacional para el próximo jueves, en reacción a la respuesta entregada horas antes por el ministro Felipe Bulnes al petitorio de condiciones planteado por el movimiento para iniciar un diálogo con el gobierno.

En los últimos días, las divisiones al interior de la Confech habían sido monitoreadas con atención desde La Moneda. En Palacio eran conscientes de que la proximidad de las elecciones internas en varias federaciones -que deben renovarse entre octubre y noviembre- podía complicar a algunos referentes del movimiento. Pero, además, otro elemento había irrumpido en la escena: la tragedia aérea de Juan Fernández.

Según revelan en Palacio, el accidente cambió el clima político, ofreciéndole mayor margen de acción a un gobierno que había cedido terreno en el control de la agenda ante un movimiento que tenía una alta aprobación en la opinión pública.

Por eso, el ministro Bulnes apostó en los últimos días a dar señales de autoridad. Primero, confirmando que 85 mil escolares habían repetido de curso, al no acogerse al programa diseñado por el Ejecutivo para recuperar clases y dar exámenes libres. Y, después, rechazando la mayor parte del último petitorio de los estudiantes, que entre otras cosas planteaba eliminar el plazo del 7 de octubre, televisar futuras instancias de diálogo y paralizar la tramitación de proyectos en el Congreso. Esta línea de acción ya había sido enunciada por Bulnes y Piñera en el comité político del lunes, cuando coincidieron en que el gobierno no podía aceptar ese tipo de exigencias sin perder autoridad.

La clave de la estrategia del gobierno es manejar con habilidad la ecuación que implica mantener el principio de autoridad y al mismo tiempo mostrarse dispuesto al diálogo y presentando propuestas para solucionar el conflicto. En esa línea, la idea de La Moneda es poner el énfasis en proyectos para aumentar la fiscalización a la calidad de la educación, y reforzar las medidas que permitirán reducir el endeudamiento de los estudiantes universitarios.

En la última semana, en el gobierno percibieron nuevas señales que apuntan hacia un desgaste del movimiento. Tras plegarse al paro de dos días de la Confusam, los estudiantes convocaron a una marcha para la segunda jornada de movilizaciones. La Intendencia Metropolitana optó por conceder los permisos sin hacer mayor cuestión. La estrategia de bajar el perfil de la protesta resultó: a la actividad sólo llegaron seis mil personas, lo que fue visto como un éxito desde La Moneda.

En este contexto, en Palacio aseguran que desde el PC -partido al que pertenece Vallejo- comenzaron a enviar señales de que estaban dispuestos a bajar las movilizaciones. Estos contactos, sin embargo, quedaron en entredicho tras la cita de la Confech del jueves.

Según dirigentes universitarios, desde que se inició el encuentro, los sectores más radicales desplegaron fuertes críticas contra Jackson y Vallejo. Incluso, se analizó la posibilidad de que salieran de la mesa ejecutiva. La opción finalmente fue desechada, en consideración a la alta valoración pública de ambos personeros. Lo que los sectores dispuestos al diálogo no pudieron controlar fue la negativa de la mayoría de las federaciones a seguir conversando con el gobierno. De hecho, se convocó a una marcha familiar para el jueves 22 y otras movilizaciones para los días 29 y para el 7 de octubre. La próxima asamblea de la Confech, en tanto, será el sábado 24 en Coquimbo.

Ni Jackson ni los dirigentes comunistas estuvieron en la vocería realizada al concluir la asamblea del jueves. Tanto Camila Vallejo como el presidente de la Feusach, Camilo Ballesteros (PC), se retiraron antes. En estos días tenían previstas reuniones para analizar sus próximos pasos. Según uno de ellos, existe preocupación por la inminente pérdida del año académico y la posibilidad de que por intransigencia cosechen logros menores de los que podrían tras más de cuatro meses de movilizaciones.

“Hay que actuar con responsabilidad con nuestras bases. El diálogo con el gobierno es lo único donde podríamos tener voz y voto. La opción del Congreso no es positiva para nosotros”, plantea el dirigente.

Hasta el cierre de esta edición, la apuesta de los dirigentes metropolitanos no era descolgarse de la Confech, sino generar presión hacia el interior de la organización y forzar un acuerdo con los grupos más radicalizados. Los tres planteles que representan están entre los que tienen mayor número de estudiantes (UC, 24 mil; U. de Chile, 26 mil, y la Usach, 19 mil) y en conjunto explican el 25% del total de alumnos de la Confech.

La ausencia de un acercamiento y la cuenta regresiva del 7 de octubre es uno de los puntos más complejos, ya que las 25 universidades que conforman el Consejo de Rectores (Cruch) dejarían de recibir en total $ 104 mil millones de pesos por el concepto de becas de aranceles y fondo solidario si el 7 de octubre no se han retomado las actividades. En paralelo, las universidades han visto disminuidos sus ingresos en unos $ 25 mil millones de arancel directo por efecto de las paralizaciones. “Nos han dicho que la situación en algunos casos es insostenible”, comenta un dirigente estudiantil de los grupos menos moderados.

Para el gobierno, en tanto, el escenario también ofrece complejidades. Hay conciencia de que se debe evitar tensionar al máximo la relación con los estudiantes. Si finalmente se llega al 7 de octubre sin un acuerdo, para La Moneda lo más importante es que la opinión pública atribuya ese resultado a la falta de disposición al díalogo de los estudiantes y no a las autoridades.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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