Andres Oppenheimer: El tropiezo del modelo chileno / Chile se apuró demasiado

Artículo: El tropiezo del modelo chileno
Autor:Andres Oppenheimer
Fecha: 27/08/11

Santiago- Los críticos del modelo chileno se han dado un banquete con las imágenes de las masivas protestas estudiantiles y la huelga general de dos días que sacudió a este país la semana pasada, y que ocupó grandes titulares en todo el mundo. Pero su júbilo probablemente sea prematuro, y no durará mucho.

Chile no es Libia, ni Egipto, ni Grecia. A juzgar por lo que vi durante los últimos días en este país, y por lo que escuché en entrevistas con personas muy diferentes, desde la líder estudiantil del Partido Comunista Camilla Vallejo, hasta el presidente de centro-derecha Sebastián Piñera, Chile sigue siendo una de las historias más exitosas de Latinoamérica, y probablemente lo siga siendo.

Es cierto que el sistema politico chileno ha sufrido una de las mayores sacudidas de los ultimos tiempos, y tambien es cierto que Chile debe reducir urgentemente sus niveles de desigualdad y enfrentar las legítimas preocupaciones de los estudiantes universitarios sobre los costos de sus estudios.

Pero, en general, los logros de este país durante los últimos veinte años de democracia son impresionantes.
Consideremos:

• Desde 1990, Chile ha reducido la pobreza del 45 al 15 por ciento de la población, bajo la mayoria de las mediciones más que cualquier otro país latinoamericano.

• Chile está en camino a convertirse en el primer país latinoamericano que formara parte de las economías más avanzadas del mundo—las que tienen un ingreso per cápita de más de 25,000 dólares anuales— para fines de esta década.

• Pese a haber sufrido un devastador terremoto a principios del 2010, la economía chilena creció un 5.2 por ciento el año pasado, y un asombroso 8.2 por ciento durante los primeros seis meses de este año.

• La inflación es de alrededor del 3 por ciento. Las agencias calificadoras de crédito otorgan a Chile una A+, y la mayoría de los rankings de estabilidad política, respeto a la ley, y control de la corrupción sitúan a Chile muy por delante de otras naciones latinoamericanas.

• Chile ocupa el primer puesto en Latinoamérica en el test internacional PISA para estudiantes de 15 años en matemática, ciencia y comprensión de textos.

La mayor asignatura pendiente de Chile es reducir la brecha entre ricos y pobres: el 54 por ciento del ingreso del país está en manos del 20 por ciento más rico de la población. Eso convierte a Chile en el quinto país con mayor desigualdad en Latinoamérica, detrás de Ecuador, Brasil, Bolivia y Haití, según cifras de las Naciones Unidas (def).

Tal como pude verlo durante mi visita, las peticiones de los estudiantes gozan de gran respaldo popular. Mientras caminaba por la calle con Camila Vallejo —la carismática lider estudiantil, del Partido Comunista, de 23 años- la gente la paraba como si fuera una estrella de rock.

Pero aunque la mayoría de los chilenos simpatizan con las demandas estudiantiles referidas al costo de la educacion, no comparten sus exigencias de “cambiar el modelo económico”. El Partido Comunista apenas llega al 5 por ciento de los votos en las elecciones nacionales.

En una entrevista en el palacio presidencial, Piñera me aseguro que “lejos de reflejar un agotamiento del modelo, lo que reflejan las protestas es todo lo contrario: que dado los buenos resultados de la economia chilena, la gente esta pidiendo cosas que son propias de paises desarrollados’’.

Piñera senalo que heredó el problema de los altos costos de las universidades de los gobiernos de centro-izquierda que lo antecedieron.

¿Por qué cree que su índice de popularidad ha caído desde más del 50 por ciento hace dos años al 26 por ciento actual?, le pregunté.

Piñera dijo que hay una nueva ciudadanía que es “mucho más severa en la forma en que juzga a las autoridades. El gobierno ha tenido una caída en popularidad, pero la oposición ha tenido un derrumbe en la popularidad: cayó al 20 por ciento’’.

El viernes, dos días después de la entrevista, Piñera convocó a un “diálogo de buena fe’’ con los estudiantes, y ofreció nuevas medidas para “lograr que ningún joven chileno se quede fuera de la educación superior por falta de recursos’’.

Mi opinión: El pueblo chileno está apoyando -con razón- las demandas específicas de los estudiantes para una educación superior más asequible, pero no respalda “el cambio del modelo económico” que, gracias a la izquierda responsable que ha gobernado a este país en años recientes, ha permitido que la gente viva mejor que antes.

Los chilenos quieren un ajuste del modelo para que una porción mayor de la prosperidad de este país llegue a los más necesitados, pero no van a apoyar que se mate a la gallina de los huevos de oro, y destruir una democracia estable que ha producido crecimiento continuo durante las ultimas dos décadas.

Artículo: Chile se apuró demasiado
Autor:Andres Oppenheimer
Fecha: 25/08/11

Santiago de Chile — Las protestas estudiantiles que paralizaron a Chile esta semana han sido vistas en gran parte del mundo como un síntoma del fracaso del sistema universitario abierto a la iniciativa privada que rige en el país. Sin embargo, son en parte el resultado del éxito del sistema, y en parte consecuencia de sus excesos.

Antes de examinar que cosas se hicieron mal en Chile, recordemos que este país tiene uno de los mejores sistemas educativos de América Latina.

En el último test internacional PISA de estudiantes de 15 años, en las disciplinas de matemática, ciencia y comprensión de textos, Chile obtuvo el primer lugar en Latinoamérica, muy por delante de México, Brasil y Argentina.

Con respecto a la educación superior, Chile ha ampliado su cobertura educativa más que la mayoría de sus vecinos: el número de estudiantes universitarios en Chile ha aumentado desde 200,000 hace dos décadas a casi un millón en la actualidad. Casi el 50 por ciento de los estudiantes chilenos en edad universitaria están en la universidad, un porcentaje mayor al de la mayoría de los países de la región.

Y más importante aún, el 70 por ciento de los estudiantes universitarios chilenos de hoy son hijos de personas que nunca asistieron a la universidad.

Pero la conclusión que saqué tras entrevistar a los líderes del movimiento estudiantil, académicos y funcionarios del gobierno en días recientes, la fenomenal expansión del sistema universitario chileno se realizó demasiado rápido, con escasa planificación y sin suficiente regulación.

Chile permitió que las universidades privadas compitieran libremente con las universidades estatales, pero no implementó la condición de que todas las universidades privadas se adhirieran a altos estándares académicos, y eso condujo a la creación tanto de universidades privadas de primer nivel como de universidades mediocres.

Como la mayoría de los estudiantes de clase trabajadora que accedieron a las universidades no podían afrontar el pago de sus cursos, Chile adoptó un sistema usado en Australia, que permite que los estudiantes empiecen a pagar por su educación una vez que se gradúen y consigan un empleo.

Teóricamente, todo sonaba espléndido, pero los planificadores no tomaron en cuenta que, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o en China, donde las familias tienen el hábito de ahorrar para la educación universitaria de sus hijos desde que estos son pequeños, en Chile nunca existió una cultura familiar de ahorro para la educación.

Con la explosión de estudiantes de los últimos años, los nuevos graduados se encontraron con deudas de hasta $40,000 e incapaces de pagar sus préstamos estudiantiles. Y como sus padres habían funcionado como garantes de sus préstamos, toda la familia se encontró con deudas enormes, lo que ayuda a explicar el amplio respaldo de muchos adultos al movimiento estudiantil.

Lo que es peor, a diferencia de lo que ocurre en Australia, donde a los graduados se les exige pagar un cierto porcentaje de sus salarios cuando consiguen un empleo, en Chile tienen que pagar una suma fija, independientemente de sus ingresos.

Los estudiantes universitarios de hoy —muchos de los cuales participaron en las protestas de los estudiantes de secundaria del 2006— se dieron cuenta que estarían estrangulados financieramente en cuanto se graduaran. Así que decidieron salir a la calle — esta vez con el apoyo de los profesores y los sindicatos — para exigir una educación universitaria gratuita.

“Por supuesto que tienen razón cuando exigen una educación más asequible”, me dijo el ministro de Educación Felipe Bulnes en una entrevista, agregando que el estado no podría pagar una educación totalmente gratuita, especialmente para los sectores más ricos. “La clave es determinar qué es posible y qué es imposible, y la velocidad con la que podemos avanzar”.

Hasta ahora el gobierno del presidente conservador Sebastián Piñera ha ofrecido inyectar más fondos gubernamentales a la educación superior, bajar las tasas de interés de los préstamos estudiantiles y ofrecer becas a los estudiantes más pobres. Pero los líderes estudiantiles, alentados por el apoyo popular, exigen más.

Camila Vallejo, la dirigente estudiantil de 23 años que ha fascinado a este país con su belleza y su carisma, me dijo en otra entrevista que la federación estudiantil también está exigiendo que el gobierno prohíba la existencia de universidades con fines de lucro. Vallejo, que es militante del partido comunista, agrego que su movimiento quiere “cambios estructurales” que acaben con “el modelo educativo neoliberal”.

Mi opinión: en el apuro por unirse al Primer Mundo y copiar los sistemas universitarios de Estados Unidos, Gran Bretana, China e India, — los países con las mejores universidades del mundo— Chile se apresuró demasiado. Un poco de gradualismo hubiera sido mejor.

Los estudiantes tienen razón al exigir que el gobierno haga algo para resolver la situación financiera de los graduados, y que haya mayor regulación del sector. Sin embargo, estos excesos pueden corregirse sin copiar los desastrosos sistemas universitarios estatistas de varios países de la región.

Si los excesos del libre mercado educativo se resuelven, Chile saldrá de este trauma convertido en un país mejor.

Fecha: 02/09/11
Fuente: Rolf Lüders

No se puede evitar que el dinero juegue un rol en la asignación de recursos para la educación, pero ello no implica la mercantilización de la misma.

El fallido paro organizado por la CUT (def) tuvo la virtud de acotar en gran medida la actual crisis social al problema de la educación. Existe un amplio acuerdo para mejorar la calidad de esta última e igualar el acceso a ella. No obstante, no hay consenso alguno sobre los medios que deben utilizarse para lograrlo. Algunos rechazan correctamente la educación gratuita ofrecida por el Estado, por su probada ineficiencia e inequidad. Para otros, el actual esquema de oferta y financiamiento mixto de la educación representa una mercantilización inaceptable.

Nadie podrá negar -y menos en estos días- que la educación es un bien demandado por las personas. Sabemos que se demanda como una forma de poder lograr mayores ingresos en el mercado laboral (bien de inversión), pero también como una manera de perfeccionamiento intelectual y espiritualmente (bien de consumo). Además, la educación produce importantes externalidades, facilitando la vida en sociedad (bien público) y aumentando la productividad de terceros.

La educación es, entonces, un bien complejo. ¿Pero significa esto que no se deba aprovechar el mercado para lograr el tipo y la calidad de educación deseada? ¿Al recurrir al mercado, complementado por la regulación adecuada y los subsidios necesarios, se impide acaso que las personas satisfagan sus preferencias valóricas, los métodos de enseñanza preferidos, los contenidos deseados, etc.? Por el contrario, se generan espacios de libertad inimaginables en un sistema estatizado, permitiendo satisfacer en la mejor forma posible la demanda por los diferentes tipos de bienes que constituyen la educación. Además, para una cantidad dada de recursos, es innegable que la competencia entre proveedores tenderá a generar una mejor calidad de educación.

Es cierto, hay que introducirle importantes correcciones al sistema. Destaco entre ellos un aumento progresivo y sustancial del subsidio para los estudiantes de educación primaria y media (que son bienes públicos cuya oferta debiera tender a la gratuidad) y la implementación de un sistema que erradique las escuelas públicas o privadas de mala calidad; el perfeccionamiento del esquema de acreditación y el rediseño del sistema de créditos para la educación superior que, entre otras cosas, evite que se endeuden los estudiantes para financiar carreras que no les permitan servir los créditos, y finalmente la creación de esquemas de financiamiento oficiales no discriminatorios y competitivos para la oferta de bienes como la investigación, extensión y otros, que tienen un carácter público.

No se puede evitar que los “cochinos pesos” jueguen un importante rol en la asignación de los recursos para la educación, pero ello no implica la mercantilización de la misma. Tal asignación la puede hacer la burocracia estatal, inevitable y relativamente ineficiente y arbitraria, o la puede hacer el mercado descentralizado y competitivo, guiado por normas consensuadas y apoyado en cuanto se trate de bienes públicos y/o existan otras externalidades con recursos estatales. Salvo por motivos puramente ideológicos, no hay por dónde perderse en esta elección.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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