El Banco Central Europeo en un mar de dudas

 

Fecha: 16/08/11
Autor:Mohamed A. El-Erian

Newport Beach – Los puristas de los bancos centrales están confundidos. ¿Cómo es posible que el Banco Central Europeo (def), una institución germánica, se dedique ahora a comprar los bonos del estado emitidos por cinco de sus diecisiete miembros? ¿A qué se debe que esta autoridad monetaria actúe como una agencia fiscal? Supuestamente, ¿no es el BCE una institución políticamente independiente y operativamente autónoma comprometida con la lucha contra la inflación y la protección de la moneda?

Sí y no. Y esa respuesta refleja las alarmantes realidades de los bancos centrales actuales (o, para ser más exactos, de los bancos centrales luego de la burbuja, en un mundo de excesos de endeudamiento y preocupaciones sobre la deuda soberana). También ilumina el final que se perfila para una eurozona confundida e inquieta.

Una analogía marítima simplifica parte de la complejidad. Imagine que llaman a un agilísimo navío de la Guardia Costera rescatar un barco en apuros. Mientras el rescate tiene lugar, el navío descubre que debe salvar además a otras dos embarcaciones de mayor calado. Lo hace, pero no antes de que su capitán reciba garantías de que otro barco con más capacidad está en camino para ayudar.

A medida que la tripulación del cargado navío de rescate espera la ayuda, tiene que lidiar con los inquietos pasajeros. El océano se encrespa cada vez más y el navío, que alguna vez fue ágil, está tan sobrecargado que algunos oficiales comienzan a cuestionar al capitán, quien vuelve a solicitar ayuda al barco más grande. Desafortunadamente, ese barco parece estar aprisionado en una confusión sobre el sentido de su misión y evidencia una clara falta de urgencia.

La abrumadora esperanza es que el barco más grande vendrá al rescate y evitará la catástrofe. Pero también existe el temor a que tal vez no lo haga. Y la pregunta ahora es si la tripulación del navío de rescate en problemas decidirá que solo puede estabilizar la situación a través de lo que alguna vez fue inconcebible: arrojar a alguien por la borda para aligerar el navío y salvar a los demás.

En pocas palabras, esa es la situación actual del BCE. El resultado es tanto incierto como trascendental, por supuesto para Europa, pero también para una economía global que se encuentra en medio de una desaceleración sincronizada y cuyo anclaje se ha visto debilitado gracias a la reciente debacle del tope a la deuda estadounidense y la humillante pérdida de la clasificación AAA de su deuda soberana.

El BCE ya ha comprado casi 100 millardos de euros en bonos de los gobiernos periféricos, y se ha comprometido a comprar mucho más. Menos visiblemente, ha adquirido varias veces el volumen actual en las así llamadas «operaciones repo» (con acuerdo de recompra), mediante las cuales proporciona euros a los bancos en problemas con un intercambio «temporal y reversible» de los bonos del gobierno en sus estados financieros.

Claramente, allá por 2009, el BCE no emitió la polémica declaración de que Grecia era insolvente y no ilíquida. Mi propia interpretación es que estaba en condiciones, pero no dispuesto a hacerlo, debido a su temor a los daños colaterales para el resto de la zona del euro. Eligió demorar la noticia con la esperanza de que los miembros más vulnerables de la eurozona reforzasen sus defensas contra el contagio griego.

En ese sentido, la confianza del BCE puede haber resultado excesiva. Creyó que las economías periféricas implementarían una severa austeridad fiscal, sin importar sus magras perspectivas de crecimiento y falta general de competitividad. También creyó que los países centrales aliviarían al BCE de los costos de rescate que se iban acumulando.

Pero, incluso si la paciencia del BCE es ilimitada, la del resto del mundo no comparte esa característica. Los mercados entienden que el BCE no puede sustituir indefinidamente a las otras agencias gubernamentales, y reiteradamente cuestionan su estrategia de construcción de puentes. Sin la ayuda de esas otras agencias, las acciones sin precedentes del BCE se convertirán en un puente a ninguna parte.

No importa como se lo mire, el BCE –y con él, Europa– se está viendo empujado hacia un final con tres resultados que alguna vez fueron improbables. Ese desenlace se verá en semanas y meses, no en trimestres y años.

La primera alternativa es una ruptura desordenada de la zona del euro. Solo los amantes del caos desean ese resultado, pero es una posibilidad si los gobiernos centrales continúan dudando de ocuparse de sus resultados financieros; si los gobiernos periféricos abandonan sus esfuerzos de reforma fiscal; o si las sociedades ya no pueden tolerar el estancamiento económico, un desempleo elevado y creciente, y la austeridad presupuestaria.

El segundo es el preferido por los politólogos y visionarios europeos: una mayor unión fiscal entre los diecisiete miembros de la zona del euro, o, hablando sin rodeos, la decisión alemana de repetir para la eurozona lo que ya hizo por Alemania del este –es decir, entregar grandes sumas de dinero durante años. Como contrapartida, Alemania insistiría en reformas económicas y de gobernanza que obligarían a otros miembros de la zona del euro a renunciar a algunas de sus prerrogativas fiscales nacionales.

La tercera alternativa es la preferida por varios economistas. Se trata de crear una zona del euro más pequeña y económicamente coherente, compuesta por los países centrales y cuasi-centrales, que generaría una unión fiscal más fuerte y defensas más creíbles contra el contagio. En el proceso, dos o tres economías periféricas se tomarían un año sabático del euro, oponiendo a una incertidumbre económica inmediata el acceso a una variedad mucho mayor de instrumentos para ocuparse de sus excesos de deuda y falta de competitividad.

Si bien el final se acerca, es imposible predecir qué alternativa prevalecerá. Eso dependerá de las decisiones que tomen políticos con bajos índices de aprobación, oposiciones vehementes y una coordinación inadecuada. Además, la implementación probablemente diste de ser automática, lo que pondrá a prueba la determinación de los gobiernos y las instituciones.

Mi percepción es que los políticos elegirán una variante débil de mayor unidad fiscal, pero, en última instancia, no lograrán imponerla en la zona del euro tal como la conocemos hoy. Luego de cierta volatilidad considerable, emergerá una unión monetaria más pequeña y sólida. Lo que es más importante, Europa evitará la desaparición del euro y un quiebre total de la eurozona.

No importa como se lo mire, el resultado no será ni simple ni ordenado. Si el BCE hubiese sabido esto al inicio de la crisis de la deuda europea, es posible que hubiese luchado por evitar tantos riesgos para su situación financiera y su reputación. Por otro lado, probablemente no hubiese actuado en forma diferente –al igual que para nuestro alguna vez ágil navío de rescate, quedarse a seguro en el puerto nunca constituyó realmente una opción.

Mohamed A. El-Erian es director ejecutivo y codirector de inversiones de PIMCO, y autor de Cuando los Mercados Chocan.

Fecha:02/11/11
Autor:Daniel Gros

Bruselas– Un banco central siempre tiene que desempeñar un papel crucial en una crisis financiera. Pero el rol del Banco Central Europeo dentro de la zona del euro hoy en día es aún más “central” que el de la Reserva Federal o el del Banco de Inglaterra.

Una diferencia fundamental entre la eurozona y Estados Unidos es que aún se sigue percibiendo que el crédito entre dos bancos situados en dos países miembro distintos conlleva riesgos completamente diferentes que el préstamo “doméstico” (entre dos bancos en el mismo país). Este no es el caso en Estados Unidos, porque tiene un sistema financiero integrado, y el respaldo a los bancos (el seguro de depósitos o los rescates directos) se administra a nivel federal.

En consecuencia, el hecho de que California pudiera estar más cerca de la quiebra que algunos países de la eurozona no tiene ninguna incidencia en la calificación crediticia(definición) de los bancos con sede allí, o en su capacidad para obtener fondos en el mercado interbancario. En Europa, en cambio, el destino de todos los bancos depende de los gobiernos en sus respectivos países.

Durante el auge del crédito antes de 2007, se acumuló una cantidad enorme de solicitudes interbancarias transfronterizas, porque los bancos se tenían confianza entre sí. Luego, en 2008, el mercado interbancario repentinamente se congeló conforme esa confianza se disipó. Este fue un fenómeno generalizado, no centrado en determinados países, porque en ese momento todavía se suponía que todos los gobiernos de la eurozona podrían rescatar a sus propios bancos.

Ahora que la solvencia de los gobiernos “del sur” de la eurozona ya no parece estar garantizada, aumentó la desconfianza a nivel nacional. Los bancos alemanes siguen prestándose mutuamente (y prestándole a otros bancos en el norte de Europa), pero ya no están dispuestos a prestarles a los bancos italianos, españoles u otros en el sur de Europa.

Un repentino retiro de la financiación interbancaria tiene las mismas consecuencias que una corrida bancaria. Un banco que de pronto tiene que saldar su deuda interbancaria debe recortar el crédito a sus propios clientes o desprenderse de otros activos, lo que conduce a enormes pérdidas. Esto es precisamente lo que sucedió cuando el mercado interbancario se congeló después del colapso de Lehman Brothers en 2008.

Cuando el mercado interbancario transfronterizo dejó de operar este verano, se evitó un colapso económico similar sólo porque el BCE, sin demasiada fanfarria, se convirtió en la cámara de compensación central de la eurozona. Los bancos alemanes y otros bancos del norte de Europa que ya no confían en sus contrapartes del sur depositaron su dinero en el fondo de depósitos del BCE, mientras que los bancos del sur de Europa utilizaron la capacidad de préstamo del BCE para compensar la pérdida de financiamiento interbancario privado.

Obviamente, también pueden surgir desequilibrios regionales en la financiación interbancaria en el Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos. Pero normalmente las instituciones financieras nacionales ejercen como intermediarios en estas situaciones. Por ejemplo, firmas de alta tecnología de California podrían depositar excedentes de efectivo en las filiales locales de un banco importante que opera en todo Estados Unidos, y este banco luego podría optar por prestarles dinero a compañías petroleas en Texas.

El ajuste luego de una sacudida también es independiente de la ubicación en Estados Unidos. Si el precio del petróleo cae, las compañías petroleras se vuelven menos solventes y reciben menos crédito -no porque estén en Texas, sino porque son compañías petroleras.

En la eurozona, en cambio, las operaciones bancarias siguen estando predominantemente concentradas a nivel nacional. Un excedente de depósitos en Alemania se recicla a España principalmente a través de préstamos interbancarios (bancos alemanes a bancos españoles). Es más, si bien se supone que la UE tiene un mercado bancario integrado, los escasos grupos bancarios transfronterizos que existen ni siquiera están autorizados a operar como bancos internacionales integrados, porque los reguladores y supervisores nacionales están “poniendo restricciones” a la liquidez y a los activos de las subsidiarias locales de los bancos extranjeros. Por ejemplo, los supervisores le impidieron recientemente a un grupo bancario internacional con sede en Italia utilizar el excedente de efectivo de su filial en el norte de Europa para financiar las operaciones del grupo en otra parte.

Eso habría resultado imposible en Estados Unidos, dado que los supervisores son federales. Es más, la organización regional del Sistema de la Reserva Federal está basada en nueve distritos, cada uno de los cuales engloba a varios estados. Los desequilibrios de pago entre los distritos de la Reserva Federal, en consecuencia, no pueden representar desequilibrios entre estados.

Otra diferencia adicional entre la eurozona y Estados Unidos es que la Reserva Federal normalmente presta sólo contra deuda pública, y acepta sólo deuda federal (letras del Tesoro) como colateral. Los bancos, por ende, no pueden utilizar ningún activo de California o deuda del estado de Texas para obtener fondos del banco central. El BCE, por su parte, acepta activos privados y, a falta de deuda federal, deuda nacional como colateral.

Esto coloca al BCE en una posición muy diferente de la de la Fed, porque la calidad de su colateral está determinada a nivel nacional. Por ejemplo, los bancos griegos recibieron más de 100.000 millones de euros de financiamiento del BCE, monto que está asegurado mediante una combinación de activos griegos privados y de deuda del gobierno de Grecia. Si el pueblo griego decide en un referendo no pagar la deuda, el BCE incurrirá en enormes pérdidas, ya que gran parte de su colateral perdería todo valor y el sistema bancario griego colapsaría.

La integración imperfecta de los mercados financieros y la estructura de control de Europa, en consecuencia, corre el riesgo de sobrecargar al BCE, que ha debido convertirse en la contraparte central para el préstamo transfronterizo. Pero en esta función acumuló grandes riesgos, concentrados a nivel de los países, generando así conflictos entre los estados miembro.

Una moneda común y una política monetaria común no pueden funcionar correctamente con un sistema bancario que está segmentado a nivel de los países. La medida más urgente para estabilizar el euro no es seguir la quimera de un “gobierno económico europeo”, sino crear los sustentamientos de un mercado bancario verdaderamente integrado con un supervisor común, una forma de seguro de depósito “federal” y un “fondo de rescate bancario europeo” para las grandes instituciones transfronterizas.

El Autor,es director del Centro para Estudios de Políticas Europeas.

Anuncios

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: