¿Por qué es tan grande el déficit de los Estados Unidos?

Fecha:29/07/11
Autor:Martin Feldstein

Cambridge – El enorme déficit presupuestario de los Estados Unidos, medido como porcentaje de la renta nacional, es hoy el tercero entre los de los principales países del mundo, apenas superado por los de Grecia y Egipto. Por supuesto que el déficit actual, equivalente al 9,1% del PIB(def), se debe en parte a los efectos automáticos de la recesión. Pero según las proyecciones oficiales de la Oficina de Presupuesto del Congreso de los Estados Unidos (CBO, por sus siglas en inglés), incluso tras una recuperación de la economía al nivel de pleno empleo, el déficit seguirá siendo tan grande que la relación entre la deuda pública del país y el PIB no dejará de crecer durante lo que resta de la década y después.

Para saber cómo lograr una consolidación fiscal de los Estados Unidos, primero hay que comprender por qué se prevé un déficit presupuestario tan alto. Antes de examinar las proyecciones, veamos lo que sucedió en los primeros dos años de la administración del presidente Barack Obama y por qué motivo el déficit pasó de 3,2% del PIB en 2008 a 8,9% del PIB en 2010 (lo que a su vez empujó hacia arriba la relación deuda pública/PIB, de 40% a 62%).

El aumento del déficit presupuestario, equivalente al 5,7% del PIB, se compone de una caída igual al 2,6% del PIB en la recaudación impositiva (de 17,5% a 14,9% del PIB) y un aumento igual al 3,1% del PIB en el gasto público (de 20,7% a 23,8% del PIB). Según la CBO, menos de la mitad de esta suba del 5,7% se debió a la recesión económica, ya que la contribución de los estabilizadores automáticos al incremento del déficit entre 2008 y 2010 fue del 2,5% del PIB.

El análisis de la CBO denomina “estabilizadores automáticos” a las variaciones del déficit presupuestario inducidas por las condiciones cíclicas, según la teoría de que la recesión económica produce una disminución de los ingresos fiscales y un aumento del gasto público (principalmente, en la forma de prestaciones de desempleo y otras transferencias) que en conjunto contribuyen a la demanda agregada y de ese modo ayudan a estabilizar la economía.

Dicho de otro modo, incluso si no se tienen en cuenta los estabilizadores automáticos (es decir, si entre 2008 y 2010 la economía hubiera estado en el nivel de pleno empleo), el aumento del déficit presupuestario de los EE. UU. hubiera sido del 3,2% del PIB. Este incremento del déficit “en condiciones de pleno empleo” se reparte en mitades aproximadamente iguales entre la caída de los ingresos fiscales y el aumento del gasto público.

En cuanto a las proyecciones, la CBO prevé que si se aprueba el presupuesto presentado por la administración Obama en febrero, la deuda pública del país crecerá otros 3,8 billones de dólares entre 2010 y 2020, con lo que la relación deuda/PIB se disparará del 62% al 90%. Ese aumento de 3,8 billones de dólares en la deuda neta se corresponde con un incremento del déficit del orden de 5 billones de dólares, motivado por una suba del gasto y una caída de los ingresos fiscales en los tramos impositivos medio y bajo, que se compensan en parte por un incremento de la recaudación impositiva (sobre todo en los tramos de mayores ingresos) igual a 1,3 billones de dólares.

Pero esta previsión de un aumento enorme del déficit y la deuda subestima el daño fiscal que produciría el presupuesto de la administración Obama en caso de aprobarse. La propuesta presupuestaria se basa en suponer que el aumento total del gasto “discrecional” no relacionado con defensa (que depende de la aprobación del Congreso, a diferencia del gasto “obligatorio”, por ejemplo las pensiones de la seguridad social, que sigue creciendo a menos que el Congreso modifique el sistema de prestaciones) no supere el 5% durante la década que va de 2010 a 2020; esto implica una disminución en términos reales y no deja lugar para la creación de programas nuevos. Según las proyecciones, a partir de 2012 el nivel anual de gastos de defensa debería disminuir unos 50.000 millones de dólares cada año (lo que constituye una visión muy optimista de las necesidades militares de los EE. UU. en la década que tenemos por delante).

Para achicar el déficit presupuestario de los Estados Unidos y prevenir un mayor incremento de la relación deuda/PIB a partir del nivel actual, será necesario reducir el gasto público y aumentar los ingresos fiscales. El último objetivo se puede lograr sin elevar los tipos impositivos marginales; para ello, habría que limitar el monto de las reducciones impositivas que los contribuyentes, tanto individuales como corporativos, pueden obtener mediante las diversas formas de “gasto tributario” que son parte importante del código fiscal de los EE. UU. (esto sería tema para otro artículo).

Pero por el lado del gasto, la perspectiva de que la deuda pública pueda duplicarse durante la próxima década no es más que una parte del problema fiscal que enfrentan los EE. UU. en la actualidad. Lo que más se destaca en el panorama presupuestario de las décadas siguientes son los costos cada vez mayores de las prestaciones de la seguridad social y de Medicare, que según las previsiones, llevarán la relación deuda/PIB de 90% en 2020 a 190% en 2035. De modo que el mayor desafío para las finanzas públicas de los Estados Unidos (y por consiguiente, para la salud de la economía estadounidense en el largo plazo) es una reforma radical de estos programas.

El autor,Martin Feldstein, profesor de Economía en la Universidad de Harvard, fue presidente del Consejo de Asesores Económicos durante el gobierno de Ronald Reagan y presidente de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER).

Fecha: 01/08/11
Artículo: Republicanos y demócratas discutirán plan para elevar techo de deuda durante la mañana

Legisladores republicanos y demócratas votarán hoy un acuerdo apoyado por la Casa Blanca. El Senado, con mayoría demócrata, aprobaría el pacto que eleva el techo de deuda, mientras que la mayor oposición estaría en la Cámara de Representantes.

Tras meses de áspera discordia, legisladores republicanos y demócratas votarán esta mañana un acuerdo apoyado por la Casa Blanca para elevar el techo de endeudamiento de Estados Unidos, que de ser aprobado permitiría evitar una moratoria sin precedente.

David Plouffe, un alto asesor de Obama, dijo el lunes que el acuerdo merece ser reafirmado por la Cámara de Representantes y el Senado, aún cuando nadie logró todo lo que quería y a pesar de la batalla política prolongada que obligó a una nación nerviosa a soportar el “circo” en Washington.

El Senado, dominado por los demócratas, aceptaría el pacto que aumenta el techo de deuda y recorta unos US$2,4 billones del déficit en los próximos 10 años. Pero el acuerdo podría enfrentar una oposición más dura en la Cámara de Representantes, donde tanto los partidarios del movimiento conservador Tea Party y legisladores liberales han expresado su descontento con el acuerdo.

Aunque el pacto llega justo a tiempo para evitar una catastrófica moratoria, Washington y los inversionistas vigilarán de cerca para ver si convence a las agencias crediticias respecto a que EEUU mantenga su codiciada máxima calificación crediticia “AAA”.

Standard & Poor’s (def)asumió la posición más dura entre las agencias con sus advertencias de posibles rebajas si Estados Unidos no logra alcanzar un programa de reducción de déficit viable a largo plazo.

Todas las miradas se concentrarán en la agencia esta semana cuando revise el acuerdo y decida qué hacer.

Fecha: 31/07/11
Fuente: La Tercera. Negocios.
Autor: Mauricio Rodríguez

Enfrentado a su hora decisiva, se prevé que en el escenario central EEUU lograría un acuerdo, no tendría default y comprometería un recorte de gasto que aleje la posibilidad de un futuro colpaso fiscal. No obstante, en el intertanto seguiría primando la volatilidad.

Fracaso de los programas destinados a ayudar a la economía real en vez de Wall Street”; “continua distorsión de los mercados”; “daño a la credibilidad del gobierno”…

Pasaron cuatro años de gasto fiscal al alza entre 2007 y 2010 en EEUU y esa es la opinión del Panel Fiscalizador del Congreso y de la autoridad que rige el programa TARP de rescate al sistema financiero, sobre la real utilidad del enorme esfuerzo fiscal con que el gobierno intentó frenar la crisis.

En ese período, el gasto fiscal pasó de 17% a 24% del PIB, una diferencia ascendente a US$ 1,3 billón.

Pero no hay plazo que no se cumpla y cuenta que no se pague, y para la Casa Blanca ese momento es ahora.

La dureza de sus negociaciones con el Congreso para ampliar el límite de su endeudamiento es señal de que finalmente demócratas (oficialistas) y republicanos coinciden en que el mayor gasto no sólo no impulsó la recuperación, sino que los egresos son insostenibles.

El PIB americano del segundo trimestre creció un pobre 1,3%, mientras el consenso esperaba un 1,8%.

La tendencia es que “la economía no consigue encauzarse y generar suficientes fuentes de trabajo”, dice Carlos Vegh, académico de la Universidad de Maryland.

Para John Taylor, de la Universidad de Stanford (y creador de la Regla de Taylor) el problema es la crisis fiscal que atraviesa el país, con una deuda pública que casi llega al 100% del PIB y un déficit de 10,2% del PIB en 2010.

“Una estrategia eraria creíble robustecería la reactivación, removiendo la amenaza de una nueva crisis fiscal, mayores impuestos, inflación más elevada y tasas de interés más altas, todo lo cual es consecuencia del alto déficit y la creciente deuda, que obstaculizan la inversión privada y la creación de empleos”, dijo el mes pasado a un panel parlamentario.

Desde el viernes en la noche los diputados y senadores americanos han negociado y votado planes que permitan al Fisco no interrumpir el servicio de su deuda y el financiamiento de sus programas.

El viernes, tras el cierre de las bolsas, los líderes republicanos se alineraron alrededor de un plan que permitiría un alza rápida del límite de deuda de US$ 900.000 millones a cambio de US$ 917.000 millones en recortes de gasto, el cual sin embargo no fue aprobado en el Senado. La opción competidora pertenece al líder demócrata en el Senado Harry Reid y cuyo plan avala el Presidente Barack Obama.

El problema se suscitó en mayo pasado cuando la emisión de deuda del Fisco tocó su límite de US$ 14,29 billones. El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, entonces proyectó que hacia el martes 2 de agosto el gobierno no tendría liquidez suficiente para cumplir sus obligaciones.

“En agosto, el gobierno necesita gastar US$ 320.000 millones, pero estimamos que recaudará impuestos por US$ 175.000 millones, con un faltante de US$ 145.000 millones”, calcula Ian Shepherdson, de High Frequency Economics.

Si el martes no existe un acuerdo que permita al Fisco emitir deuda y conseguir liquidez, parte de esos pagos pueden diferirse.

Pero la verdadera fecha clave es el 15 de agosto, cuando hay un pago de US$ 25.000 millones en cupones de bonos y US$ 27.000 millones en Treasury notes (con vencimientos de uno a 10 años).

“En el evento de que no se pagaran, más de US$ 1 billón (un 10% de la deuda del Tesoro en el mercado) estaría efectivamente impaga y su calificación de riesgo sería rebajada a B+”, desde AAA, dice un comentario de Fitch, una de las tres principales clasificadoras que evalúan rebajar la clasificación de Estados Unidos.

Pero “es casi inimaginable que no se haya llegado a un acuerdo sobre el límite de deuda para entonces”, opina Shepherdson.

Los políticos a cargo de las negociaciones saben que el costo de permitir un default es muy alto. Esa es la lógica de que el escenario base de la mayoría de los análisis sea el de un acuerdo en torno a la deuda y el descarte de un default.

“Es muy poco probable la opción de default, ya que posiblemente se priorice el pago de los bonos antes que otros gastos”, agrega Samuel Levy, de XTB Chile.

De llegarse a un acuerdo, creen los analistas, el dólar recuperaría las pérdidas sufridas en días recientes, al menos temporalmente.

Pese a eso, “los commodities podrían verse impulsados al igual que las bolsas”, añade Levy, “y el índice bursátil S&P500 podría llegar a fin de año a unos 1.430 puntos”, es decir rentaría alrededor de un 10% en lo que resta del año, desde los 1.298 puntos de cierre el viernes.

Una señal de que finalmente los inversionistas están esperando un entorno estable es una encuesta realizada por Barclays Capital(def) entre administradores de fondos.

Esta reveló que 70% de ellos espera que los flujos de capital sigan entrando a los mercados emergentes (un 40% cree que el ritmo continuará fuerte y, un 30%, que su aceleración será menor), y sólo 20% estima que esos flujos se revertirán.

El escenario de un acuerdo, incluso si éste no se consigue en la presente semana y demora todavía algo más, se considera favorable con la estabilidad económica de EEUU a mediano plazo, dado que implicaría una mejora de la dinámica de deuda que traía hasta ahora y la implementación de una mayor disciplina fiscal. Ello, a su vez, son buenas noticias para el mundo.

Tampoco se estima que el paquete de recortes de gasto genere demasiada austeridad y pueda descarrilar la recuperación económica, pues la reducción propuesta más drástica para el primer año, la demócrata, es de US$ 70.000 millones.

“No es mucho”, opina Shepherdson, para quien un acuerdo podría incluso sorprender con un impulso al crecimiento, pues redundaría en mejores condiciones de crédito y, por ende, mayores niveles de actividad.

Poniéndose en el muy poco probable evento de un default y casi a modo de ejercicio, se prevé que inicialmente éste sería restringido, es decir, que al menos en lo inmediato no implicaría el cese de pago de otras obligaciones.

Pero de todos modos se rompería “una cadena de pagos”, opina Shepherdson. Uno de los afectados sería China, cree el economista, cuyo banco central posee US$ 1,16 billón en bonos del Tesoro, convirtiéndolo en el principal acreedor de EEUU.

Asimismo, “los bancos alrededor del mundo se verían afectados si el país se ve obligado a dejar de gastar o dejar de endeudarse”, estima.

“El dólar caería fuertemente, ya que ante una crisis de confianza perdería su status de refugio y la gente dejaría de comprarlos”, cree Levy.

La Economist Intelligence Unit(def) incluso otorga una probabilidad de entre 11% y 20% de que el dólar sufra una depreciación importante en medio de gran volatilidad respecto de las principales monedas de países desarrollados, aunque prevé que esa chance es igual a la del desmembramiento de la eurozona.

El banco JP Morgan considera que aun un default técnico (retraso en un pago, pero sin que el mercado considere insolvente al emisor) provocaría una caída de la demanda externa de bonos del Tesoro de 20%, lo cual deprimiría su precio, elevando su tasa de interés en medio punto porcentual.

Pago de pensiones y de salud podrían sufrir impagos

“Aún no está claro cómo va a priorizar el gobierno sus pagos después del 2 de agosto” si no se logra un acuerdo sobre el límite de la deuda, dice Shepherdson.

Originalmente, las autoridades habían planeado dictar un orden de prioridades la noche del viernes, pero eso no ocurrió.

Lo lógico, se dice en Washington, es que en caso de no llegarse a un acuerdo para elevar el límite de deuda el gobierno priorice el pago de intereses y cupones, y que se suspenderá el resto de gastos. Como Shepherdson, el Bipartisan Policy Center también estima un faltante para agosto de US$ 130.000-140.000 millones.

Ese hoyo, más un pago de US$ 29.000 millones en intereses, para evitar un default, exigirían la suspensión de, por ejemplo, los beneficios de la Seguridad Social (US$ 49.200 millones); del Medicare (seguro de salud para mayores de 65 años; US$ 28.600 millones); del Medicaid (seguro de salud para personas de bajos ingresos; US$ 21.400 millones); proveedores de Defensa (US$ 31.700 millones); seguro de desempleo (US$ 12.800 millones), y la asignación del Departamento de Educación (US$ 20.200 millones). Otro pago importante es el de salarios federales (US$ 14.200 millones), entre decenas de otros gastos menores por un total de US$ 95.100 millones.

Una lucha entre demócratas, republicanos y el Tea Party

En la Cámara de Diputados de EEUU hay 435 asientos. La mayoría de 242 (56%) la ocupan los republicanos, y la minoría de 193 está en manos de los demócratas (oficialistas). Pero en ese universo hay 60 republicanos “rebeldes” capaces de determinar a su favor las negociaciones sobre la deuda. Son los miembros del movimiento Tea Party, surgido hace dos años.

Su lema es cambiar la (mala) forma en que se conducen las cosas en Washington y, para ellos, una de esas desviaciones es el enorme rojo fiscal.

Esta semana el líder de la cámara, John Boehner, abogaba por un plan que autorizaría al Fisco a aumentar el límite de la deuda en US$ 900.000 millones (desde US$ 14,29 billones hoy) a cambio de US$ 917.000 millones en recortes presupuestarios. Pero los recortes sugeridos no fueron suficientes para los tea partiers. Boehner necesitaba 217 votos para que el proyecto pasara al Senado, pero los tea partiers impedían ese piso.

El viernes, entonces, el plan Boehner que aprobó el partido republicano incorporó recortes adicionales por US$ 1,8 billón, a cambio de lo cual el límite de deuda se elevaría en otro US$ 1,6 billón.

Los demócratas del Senado y algunos republicanos inmediatamente rechazaron la propuesta al llegar esa noche a la Cámara Alta.

Para los analistas económicos, la posibilidad más cierta de acuerdo se encuentra en el Senado, donde el líder demócrata Harry Reid trabaja una iniciativa bipartita, y que considera recortes de gasto más drásticos que el plan Boehner.

El plan Reid busca reducir el gasto en US$ 2,4 billones en 10 años, para lograr un aumento del límite de deuda en US$ 2,4 billones.

En el primer año, el plan Reid lograría una reducción del gasto de US$ 70 mil millones, contra US$ 50 mil millones del plan Boehner. Para evitar la influencia del Tea Party, Shepherdson cree que lo mejor sería que el plan Reid se aprobara en el Senado y que en la Cámara deDiputados congregase el apoyo de suficientes republicanos para lograr un acuerdo.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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