La nueva topografía del poder

Fecha:23/07/11
Autor:Ascanio Cavallo

Sería muy prematuro afirmar que las dificultades que ha tenido el gobierno serán superadas por el solo efecto del nuevo gabinete. La sociedad chilena está más compleja y espera respuestas más profundas que un cambio de rostros. Pero este no es el mismo gobierno del 2010. Es otro.

El cambio ministerial del lunes pasado generó un nuevo mapa de fuerzas en el gobierno de Sebastián Piñera. Las siguientes son las principales claves del ajuste ministerial.

Sebastián Piñera no quería cambiar el gabinete, salvo, quizás, en algunos sectores menores. Pero la presión de la UDI lo convenció de que si no recogía la demanda de mayor presencia política del partido principal, podría desgarrar a la Alianza y perder buena parte de su base de sustentación. Con las últimas encuestas, el Presidente ya había perdido el que fue su principal argumento en los primeros días de su gobierno -el respaldo de la mayoría de votantes.

Piñera reaccionó como suele hacer cuando está arrinconado: tratando de salir por arriba, sin ceder a todo y sin renunciar a sus propias ideas. Cuando parecía que el cambio ministerial implicaría a tres o cuatro carteras, decidió modificar ocho. Y empleó toda su astucia para conservar parte de su modelo político, proyectando la idea de que más que un cambio se trata de un refuerzo. Un toque de sutileza que hasta ahora había estado ausente.

El ministro del Interior ganó en alivio lo que perdió en poder. El Presidente le mostró su lealtad manteniéndolo en el cargo cuando los que pedían su salida parecían legión. Cambiando el foco hacia otras zonas del gabinete, lo sacó de la mira, impidió su inmolación y lo dejó con lo que más le gusta, la lucha contra la delincuencia.

Ya está claro que Hinzpeter no es el jefe del gabinete, pero se mantiene en el equipo político. Y con ello conserva -aunque por ahora debilitada- su aspiración presidencial.

Al describir las funciones que espera que cumpla -coordinación política interna, con el Congreso y con los partidos-, Piñera lo ungió como el ministro principal de La Moneda, el encargado de articular las caras pública y privada del gobierno. Esta es una manera de decirlo. La otra: Chadwick será el colchón para frenar el roce de los ministros más fuertes –Allamand, Longueira, Matthei, Lavín- y también de los partidos, que ya empiezan a ensillar la carrera presidencial. Hay cierta familiaridad entre su papel y el que tuvo en la administración Frei el ministro José Joaquín Brunner.

Es inevitable que Chadwick cargue con la expectativa oficialista de mejorar la relación con el Congreso y con la oposición. Uf.

El ministro secretario general de la Presidencia ha estado sometido a fuego amigo tanto como el de Interior, y en el oficialismo se dice que Hinzpeter salvó su cabeza. Hubiese sido impresentable que Hinzpeter continuase en su cargo habiendo salido los otros dos ministros de La Moneda.

Larroulet recibe un refuerzo de gran magnitud con la llegada de Chadwick, cuyas relaciones en el Congreso lo desbordan por 20 años. Pero tendrá que evitar que se convierta en un salvavidas de plomo, si los parlamentarios prefieren elegir por sí mismos al interlocutor.

Es el centro del cambio ministerial, sin duda alguna. El senador hubiese preferido otra cartera, como Mideplan, pero las carambolas de la política lo ponen en un ministerio que tiene suficientes herramientas para demostrar qué es la “UDI popular”, como lo insinuó su ruidoso debut con la demanda contra la tarjeta Presto.

Longueira es la mayor adquisición del gobierno, lo que también quiere decir que puede ser su mayor dolor de cabeza. El hecho de que el Presidente le haya pedido, según dijo él mismo, integrar el comité político, expresa la complejidad que representa su ingreso al gabinete y la relativa soledad en que queda su principal contraparte interna, el ministro de Hacienda Felipe Larraín. Longueira no le teme a subordinar el desempeño económico a la rentabilidad política, lo que algunos llaman populismo y otros llaman estrategia.

Es la víctima principal, aunque no tanto del cambio de gabinete, sino del desconcierto del gobierno frente a las movilizaciones estudiantiles y de su endémica propensión a minusvalorar los conflictos de interés. El ex candidato presidencial deja Educación herido en el ala, pero el Presidente decidió compensarlo enviándolo a la cartera que siempre quiso, Mideplan.

Lavín ya ha dado prueba abrumadora de su resiliencia política, y si su estilo algo efectista se estrelló contra el muro estructuralmente defectuoso de la educación chilena, puede calzar mejor con el ministerio más dadivoso. Claro que la pobreza es tanto o más porfiada que la educación.

Este serio y respetado abogado pasó de un territorio peligroso a otro minado. Los graves problemas de Justicia parecen un juego infantil frente a los de Educación, pero llega a ellos con la ventaja de cambiar la interlocución cuando la anterior se aproximaba a un callejón sin salida dentro de una crisis incesante.

¿Podrá resolverla? Por ahora, sólo se puede decir que Bulnes ha confirmado su lealtad al Presidente asumiendo la cartera que enfrenta la primera prioridad en urgencia, y una de las últimas en posibilidades de lucirse.

La posta de Justicia pasa a una de las figuras más prestigiosas de RN. El ex diputado tendrá que hacerse cargo del fardo del sistema penitenciario, el último y el más erosionado eslabón de la justicia chilena, pero también de los tropiezos de sus nuevos tribunales y de sus servicios auxiliares.

Es muy probable que le toque una tarea adicional e ingrata: advertir al gobierno sobre la constitucionalidad de sus actos, incluyendo sus conflictos de interés y sus incompatibilidades.

¿Por qué está aquí una ministra que no ha cambiado de lugar? Porque su desempeño en Trabajo cambiará cualitativamente al pasar a formar parte de un grupo de ministerios completado con Longueira y Lavín, una especie de triángulo de las Bermudas para las responsabilidades de Hacienda. En particular, la alianza entre Matthei y Longueira, que cubre la mayor parte del universo laboral, puede significar una sacudida general en las reglas del trabajo.

Son los perdedores de la semana, los únicos que no recibieron el beneficio del enroque. Fontaine lo rechazó y Von Baer y Kast aceptaron una salida resignada, entre otras cosas, porque sus cargos serían ocupados por otras figuras de la UDI. Pero si alguien creía que sería fácil traspasarlos al Senado, se equivocaba, como lo está demostrando la guerra de puñales desatada en ese partido.

Completa tres ministerios en 15 meses, tras pasar primero por Minería y luego recibir el agregado de Energía, dos carteras estridentemente incompatibles. Ahora pasa a Obras Públicas, en lo que ha sido interpretado como un “blindaje” a su opción presidencial. ¿Será tan claro esto? Este ministerio siempre ha sido el protagonista de las grandes inauguraciones. Pero su antecesor, Hernán de Solminihac, sólo alcanzó a reparar los destrozos del terremoto y licitar apenas una concesión. Sin proyectos de gran escala, Obras Públicas puede ser puro reclamo.

Parecía tan incompatible que este gran empresario de la construcción fuese intendente de Santiago como que se trasladase al Ministerio de Energía. Pero la participación de su empresa en diversos proyectos energéticos lo inhibió de continuar antes de cumplir cinco días. Es el “efecto Lavín”: el salto del acto privado a la manifestación callejera.

Echeverría sale bien y a tiempo. Pero es el tercer ministro de Energía que ha tenido este gobierno. Un indicio de que esto ha pasado a ser uno de sus problemas mayores.

Las especulaciones sobre este dispositivo están a la orden del día. Sin embargo, los conocedores dicen que el papel de María Luisa Brahm como controladora de gestión estaba mitificado por la presión del Presidente sobre sus ministros. La presencia de Chadwick, creen, reubicará tanto la importancia como la necesidad de esa tarea.

En cuanto al resto del equipo asesor, sub-35 en su mayoría, seguirá teniendo el poder que hasta ahora ha tenido: no mucho.

Este partido consiguió gran parte de lo que buscaba. Tiene a un ministro poderoso en La Moneda y a tres acorazados en los principales ministerios sociales. Ha entrado de lleno al corazón del gobierno, lo que también significa que ha atado su destino a su éxito.

La encarnizada disputa de sus diputados, alcaldes y ex ministros por llenar los cupos senatoriales de Chadwick y Longueira muestra que su nueva posición de poder no le es del todo cómoda, porque ha quebrantado su disciplina en un gobierno en el que se siente más invitado que dueño de casa. Y si la presencia en el gabinete de tres presidenciables -Lavín, Longueira y Matthei- parece una ventaja, también puede anunciar una carnicería.

Es el otro gran perdedor. Cuatro de sus mejores senadores han abandonado la Cámara Alta, con un sistema de reemplazo muy poco elegante. Que nadie se queje si el prestigio parlamentario sigue cayendo.

El partido del Presidente se ha quedado con dos de las carteras más problemáticas, Educación y Justicia. En la tercera, Defensa, está Andrés Allamand. Esto no debería hacer muy feliz a Carlos Larraín, pero sería difícil que RN cumpliese ahora el papel quejoso que antes tuvo la UDI.

Se pensaba que Allamand podría ser el ministro del Interior, pero la protección brindada por Piñera a Hinzpeter y la dificultad de favorecer la opción presidencial del ex senador RN -que la UDI habría rechazado- anularon esa opción. Lo que no han anulado es el hecho de que Allamand es el único ministro RN que tiene un peso similar al de Longueira. ¿Será el destino del ministro de Defensa?

A pesar de la heterodoxia envuelta en la modificación del gabinete, es indudable que la administración inició una fase distinta de la inaugural. Con 16 meses cumplidos, el gobierno se ha visto obligado a dar mayor contundencia política a su gestión. Sería muy prematuro afirmar que las dificultades que ha tenido -algunas inesperadas, otras previsibles, otras autoinferidas- serán superadas por el solo efecto del nuevo gabinete. La sociedad chilena está más compleja y espera respuestas más profundas que un cambio de rostros.

Pero este no es el mismo gobierno del 2010. Es otro.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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