El impacto en la sociedad de Noruega

Fecha:24/07/11
Fuente: BBC
Autor: Liss Goril Anda

Noruega despertó la mañana de ayer con la mayor cantidad de muertes que haya experimentado el país desde la Segunda Guerra Mundial. Existe un omnipresente sentido de irrealidad. Esta clase de tragedia -un tiroteo masivo y una explosión con artefactos caseros- pasa en otros lados, no aquí. Existe una incredulidad de que esto no ha ocurrido, por la decena de muertos y el impacto de que un noruego les ha podido hacer esto a otros noruegos. También hay una profunda pena por la pérdida de tantas vidas, de manera tan sin sentido. Noruega tiene una pequeña cantidad de habitantes, así es que una gran proporción de personas estarán directa o indirectamente involucradas por los eventos. En las calles y en internet, la gente realiza llamados para apoyarse. Esta es una sociedad donde te puedes encontrar con los políticos de más alto rango, paseando por las calles de Oslo, sin medidas de seguridad.

El ataque estaba enfocado completamente hacia lo que los noruegos más valoran. Su apertura, libertad de expresión y el sentimiento de seguridad han sido estremecidos en lo más profundo.

En la isla de Utoya, , los jóvenes políticamente activos se reúnen cada año para jugar fútbol, participar en debates y encontrarse con líderes actuales y retirados del Partido Laborista. Como dijo el primer ministro Jens Stoltenberg, lo que alguna vez fue el paraíso para la gente joven se ha convertido en el infierno.

La apertura de Noruega y la falta de medidas de seguridad son gran parte el resultado de ser una población pequeña y homogénea. Parece paradójico que un extremista que quería de forma fanática proteger a Noruega de intrusos y de los “peligros” del multiculturalismo haría tal daño a la nación. Noruega ahora está forzada a mirar hacia las facetas menos atractivas de su sociedad. Reportes de prensa señalan que Anders Behring Breivik dijo ser simpatizante del Partido del Progreso, una de las colectividades de extrema derecha en el país. En el sitio web Document.no escribió mensajes racistas y antimusulmanes. Todos estos representan, con variados grados de extremismo, a una parte de los noruegos que sienten que las políticas de inmigración en el país son muy relajadas. Ellos sienten que no se los toma en cuenta, pese a los intentos de Noruega de distribuir en forma equitativa su inmensa riqueza petrolera.

Noruega podría estar ahora forzada a lidiar con sus sentimientos de nacionalismo y antiinmigración. Existe un sentimiento de alivio, de que, a pesar de la tragedia, los ataques no fueron aparentemente el trabajo de terroristas internacionales. Lo que les da menos municiones a quienes están tratando de acumular sentimientos antimusulmanes. Pero los noruegos temen que sus libertades puedan verse afectadas como consecuencia.

El Autor,Periodista noruega que escribió para BBC

Fecha: 29/07/11
Artículo:El modelo noruego pierde su inocencia
Autor:Steven Erlanger

Los ataques homicidas que Anders Behring Breivik perpetró el pasado 22 de julio han horrorizado a una nación que se enorgullecía de su modelo colectivista basado en la tolerancia y el igualitarismo, recoge el New York Times.

Prácticamente todos los noruegos de una cierta edad saben dónde estaban cuando a Oddvar Bra se le rompió repentinamente un bastón en el sprint final de los campeonatos de esquí de 1982 y Noruega tuvo que conformarse con un empate con la Unión Soviética. Pero la recurrente pregunta de “¿Dónde estabas cuando a Bra se le rompió el bastón?” ha sido rápidamente sustituida por una más macabra — ¿Dónde estabas cuando Anders Behring Breivik estaba matando a jóvenes noruegos?

El 22 de julio, el día en que Breivik asesinó al menos a 76 personas, temblaron los cimientos de una nación pacífica. Aunque para muchos noruegos también es una muestra imborrable de un país que ha evolucionado desde la etnia única de una cultura igualitaria, para quienes una tragedia era un revés en una competición deportiva nórdica.

Hoy, sobre una población de 4,9 millones, más del 11% ha nacido en otro Estado — Pakistán, Suecia, Polonia, Somalia, Eritrea, Irak. Y el choque cultural de la diversidad, especialmente para incorporar a un número creciente de musulmanes que no son blancos, ya ha provocado que el partido moderado anti-inmigración, el Partido del Progreso, haya aumentado su peso en Noruega hasta ostentar el segundo puesto.

El consenso también promueve la estrechez de miras

Todos los jóvenes que Breivik disparó en el campamento de verano de la isla de Utoya eran noruegos, pero algunos eran hijos de inmigrantes, que quedan inmortalizados en el mayor desastre de la historia reciente del país. “Cuando te enfrentas a la inmigración multicultural, a veces ocurre”, comenta Grete Brochmann, una socióloga de la Universidad de Oslo. “Ése es el quid de la cuestión en estos momentos, y es el gran reto que afronta el modelo noruego”.

Los líderes noruegos, desde la familia real pasando por los rangos inferiores, han hecho un llamamiento a la solidaridad del país, a la democracia, la igualdad y la tolerancia, y todos abogan por que estos valores no cambien. Virtuosos, pacíficos, generosos, por consenso — está es la imagen que los noruegos tienen de sí mismos, con la ayuda de la riqueza del petróleo que sostiene uno de los sistemas de bienestar social más completos del mundo.

Con todas sus virtudes, en este caso, el énfasis sobre el consenso puede también promover la estrechez de miras, la complacencia y la corrección política. Y esto puede ser cierto en los casos en los que los recién llegados tienen diferentes nociones respecto a ciertos valores, incluyendo entre ellos el de igualdad de género y sociedad secular, incluso en un país oficialmente cristiano, a lo que los noruegos dan especial importancia.

Un país muy patriótico

“Somos una sociedad afortunada por muchos motivos, no únicamente por el petróleo”, afirma Brochmann. “Pero muchos de estos aspectos de la sociedad del consenso también tienen otra cara. También es una sociedad de conformismo”, explica ella citando al “Janteloven”, o la ley de Jante, basada en las normas de comportamiento grupal que rigen en localidades pequeñas y promueven el colectivismo y desalientan la iniciativa individual y la ambición, en un mundo en que nadie es anónimo. Además, Noruega es un país muy patriótico, no se independizó de Suecia hasta 1905, y estuvo ocupado por los nazis entre 1940 y 1945. Así que existe un fuerte sentimiento de orgullo y nacionalismo, y el modelo desarrollado a partir de la Segunda Guerra Mundial lo ha defendido férreamente.

En una entrevista, la antigua primera ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland apuntaba que Noruega tuvo un sistema asentado en el consenso y en un programa multilateral durante casi toda la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, antes de regresar a un sistema político más normal. Aún así, insistía, “afirmar que tenemos una democracia de consenso en la que no existen debates importantes o partidos políticos no es cierto”.

Esos debates se han vuelto más intensos en temas de inmigración e integración, admitía Brundtland, especialmente con el aumento de popularidad del Partido del Progreso, ahora un grupo dentro de los partidos mayoritarios que se centra en un enfoque anti-inmigración. El Partido del Progreso, añadió con cierto desagrado, ha estado tentando los límites de lo aceptable. “Lanzar preguntas sin tener respuestas constructivas no siempre resulta útil”, aclara Brundtland.

La islamofobia ha llegado a Noruega

En 2009, el líder del Partido del Progreso, Siv Jensen, consiguió cierta notoriedad al usar en un discurso la expresión “islamización sigilosa”. Ese mismo año, el partido se convirtió en el segundo con mayor peso en el Parlamento. En mayo, Christian Tybring-Gjedde, el líder del partido en Oslo, despertó una oleada de críticas cuando sugirió que los musulmanes eran por naturaleza más agresivos que los noruegos.

El partido plantea el reto de la inmigración respecto a la uniformidad religiosa y cultural. Algunos inmigrantes musulmanes con escasa formación restringen las actividades de las mujeres, tratan de concertar matrimonios, puede que apoyen la mutilación genital y tienen un cierto grado de homofobia, y todo ello se lo atribuyen a su confesión religiosa o a los valores culturales. No obstante, dichos valores representan un claro desafío para la cultura del consenso general. En este aspecto, la islamofobia ha llegado a Noruega, junto con un resentimiento más universal hacia los inmigrantes criminales y hacia los “parásitos” de todas las religiones y colores.

Thomas Hylland Eriksen, un antropólogo cultural de la Universidad de Oslo, ha escrito ampliamente sobre el desafío que plantea la inmigración ante la cultura dominante, caracterizada por un nacionalismo silencioso. “Pero quedan por analizar otros aspectos negativos del nacionalismo noruego relacionados con el nacionalismo étnico, un sentimiento de distinción, un elemento de racismo”, manifiesta Eriksen. “A los noruegos que étnica y visualmente no lo son todavía se les considera fuera de lugar”.

Las minorías creen que “si aprenden noruego, llevan a sus hijos al colegio y paran en los semáforos son 100% noruegos”, explica. Aunque, en su opinión, esto no es totalmente cierto. Para explicarlo cita a una perfecta noruega, Dilek Ayhan, nacida allí de padres turcos, quien a pesar de dominar perfectamente la lengua a menudo le preguntan: “Verdaderamente, ¿de dónde es usted?”.

Petróleo

400.000 millones para el futuro

Creado en 1990, el ‘Statens pensjonsfond utland‘ (SPU, Fondo del Estado) es el fondo de riqueza soberana que administra los ingresos que Noruega recibe del petróleo. Con más de 400.000 milones de euros en activos, el SPU controla el 1% de las acciones que se venden en los parqués globales y funciona como un “gigantesco seguro social” destinado a todos los noruegos, explica El País.

Citando al antropólogo Thomas Eriksen, el diario español señala que, aunque el SPU contribuye a aplacar los miedos sobre los vaivenes económicos y las injusticias del mercado laboral, “la opulencia pública y la sensatez con la que el Estado invierte y gasta su dinero” no han sido suficientes para prevenir la irrupción “de una amenaza cultural” en el modelo nórdico.

Fecha: 01/08/11
Artículo: El horror es humano
Autor: Claudio Magris

Más allá de los delirios políticos que impulsaron a Anders Breivik a asesinar a más de 70 personas, en palabras del escritor Claudio Magris, el 22 de julio fuimos testigos del mal en su forma más estúpida.

Mientras no surjan las pruebas irrefutables, de momento muy improbables, de una conspiración terrorista, la increíble masacre noruega debe considerarse como un suceso de proporciones espantosas, pero un suceso en cualquier caso. Es cierto que por todo el mundo existen numerosas y antitéticas asociaciones terroristas capaces de cometer cualquier atrocidad, pero también existe un crimen, aún más misterioso e inquietante precisamente porque a menudo se produce sin motivos, que se genera, se organiza y se ejecuta en la mente de un solo individuo, al margen de cualquier proyecto político, por delirante que sea.

Tal y como lo escribió Pierluigi Battista en el Corriere, buscar el complot (de forma racional, incluso en su perversidad), su explicación política y sociológica, un proyecto colectivo preciso, es un modo inconsciente de tranquilizarse, de identificar el acto con un orden, por despreciable que sea; una forma de abandonarse a divagaciones sobre las tramas enigmáticas, fundamentalmente aterradoras, pero también involuntariamente gratificantes, como resulta gratificante detenerse ante las vagas imágenes de la pesadilla, del horror y del miedo.

Interpretar o intentar interpretar siempre aporta consuelo, incluso una satisfacción altiva. Ante tantos delitos aún sin resolver, las opiniones sobre sus intenciones más o menos ocultas parecen más importantes (y ocupan más páginas en los diarios) que las investigaciones que sin embargo son la primera y quizás la única cosa que cuente.

Es cierto, tal y como proclamaba un eslogan atronador del 68, tan repetido a diestro y siniestro pero no exento de razón, que “todo es política”. Ningún individuo viene de la luna. Tanto si se trata de un misántropo solitario como del más sociable de los hombres, cada persona es un hilo del tejido del mundo en el que vive; vive en el mundo, lo absorbe al menos en parte y añade a su propio ADN lo que penetra en él de la realidad exterior, conscientemente o no.

El mal, siempre al acecho

No se trata de pasión, costumbre, deseo, temor, un comportamiento que nos pertenece a nosotros solos; es cierto que, como decían los filósofos escolásticos, el individuo es inefable o al menos en cada uno hay algo de inefable, pero esta sombra imperceptible y móvil de nuestro corazón también está tejida con sociabilidad.

Dicho esto, existe una gran diferencia entre el gesto individual de una persona y el proyecto colectivo de una organización, aunque lo realice un solo individuo. El asesino noruego puede compararse, con bastante probabilidad, con Landru o Jack el Destripador, también hijos de su tiempo, más que con los asesinos del Italicus [el tren en el que estalló una bomba que causó 12 muertos en julio de 1974] o con los de la Piazza Fontana [con 17 muertos en Milán en 1969].

Sería infame utilizar su nombre para cubrir de lodo uno u otro movimiento político. Su gesto atroz demuestra el poder constantemente latente del mal, su capacidad de desencadenarse en cualquier momento; revela nuestra coexistencia diaria, codo con codo, con el mal, siempre al acecho y listo para pasar a la acción.

Esta masacre de seres humanos demuestra también la infinita banalidad e imbecilidad del mal y de la violencia, que tan a menudo se presentan con un envoltorio seductor, como expresiones de no sabemos qué verdades infernales pero profundas.

El cuchillo de Jack el Destripador parece haber fascinado a tanta gente que han visto en él la espada de un ángel diabólico, más que los vientres abiertos en canal y el sufrimiento de las mujeres que asesinó, únicas y auténticas protagonistas de esta historia trágica en la que él tan sólo era un figurante, aunque maldito. Es una lástima, aunque inevitable, que el nombre que permanezca en las memorias sea el del asesino, no el de sus víctimas.

Un delito horrible, sí, pero también banal

Los disparos mecánicos y repetidos del asesino para matar a sus víctimas se pueden comparar con una monstruosa cadena de montaje. Como es natural, también es un hombre cuya humanidad no se agota en sus crímenes, un hombre al que se debe enjuiciar pero también protegerse según el principio de igualdad ante la ley para todos, incluidos los asesinos más crueles; un hombre probablemente presa de sus obsesiones, sus sufrimientos y sus miedos.

Podemos y debemos tener respeto por un hombre así, más allá de la calificación jurídica de sus actos y de la pena que impliquen, pero no según la banal retórica del mal, porque es un asesino, o más bien a pesar del hecho de que sea un asesino. Su delito no es sólo la cosa más horrible, sino también la más estúpida, la más mecánica, la más obtusa de su vida.

El asesino de más de setenta personas parece definirse como un “fundamentalista cristiano”, un término que no tiene sentido alguno. A menudo identificamos erróneamente el fundamentalismo con el integrismo, en especial el religioso de una fe o de otra, hoy sobre todo del islam, y en general con cualquier forma especialmente intolerante de tradicionalismo religioso.

El fundamentalismo tiene poco o nada que ver con la tradición, sobre todo con la que se considera como la celosa guardiana del cumplimiento y de la inmovilidad de un dogma.

El fundamentalismo no es tradicional

El fundamentalismo no es un fenómeno tradicional, arraigado en el pasado, sino un fenómeno puramente moderno, característico de las sociedades de masa y la globalización, de igual modo que, por ejemplo, el fascismo es un fenómeno totalitario moderno radicalmente diferente a los autoritarismos del pasado.

Ese dedo asesino que apretaba mecánicamente el gatillo no debería generar reflexiones sobre las sociedades prósperas y tranquilas como la sociedad noruega ni disertaciones de este tipo. Otras formas del mal, en este caso políticas, sociales, colectivas, proceden tanto de sociedades atrasadas y bárbaras, como de sociedades abiertas y civiles, consideradas como modelos de democracia como Países Bajos, o de algunos países escandinavos en los que avanzan movimientos xenófobos agresivos y en claro contraste con las tradiciones de estos países.

Si la xenofobia es más fuerte en Países Bajos que en España, quizás se deba al hecho de que la cultura de este último país, como la de otros países, ha conservado un sentido más profundo de la sacralidad de la vida, que hace una distinción clara entre los múltiples valores que se ponen constantemente en tela de juicio y esos dos o tres valores esenciales, como la igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su orientación sexual, etnia, religión u otros, que debemos considerar absolutos, incuestionables y no negociables.

Muchos valores, casi todos, deben ser opcionales, pero no todos. Cuando “todo es posible”, como escribía horrorizado Dostoievski, el mundo se vuelve horrible. Pero no se puede echar la culpa al asesino noruego, que no es ni fundamentalista ni cristiano. Acusarlo de la muerte de setenta y siete personas es más que suficiente.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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