Generación autista

Fecha:19/07/11
Autor:Allen Frances

San Diego – Hasta no hace mucho tiempo, el autismo era uno de los trastornos más raros, afectando a sólo uno de cada 2.000-5.000 niños. Esto cambió radicalmente con la publicación en 1994 del DSM IV (manual de diagnóstico psiquiátrico ampliamente utilizado en todo el mundo). Pronto, los índices llegaron a alrededor de 1 por cada 100. Y un estudio a gran escala en Corea del Sur informó recientemente de un salto a más de 1 por cada 38… un increíble 3% de la población general fue etiquetado como autista. ¿Qué está causando esta epidemia y hacia dónde vamos?

La reacción natural ante cualquier plaga es el pánico. Ahora los padres sienten temor de que cualquier retraso en el habla o la socialización sea presagio de autismo. Parejas sin hijos deciden no tener hijos. Los padres con niños autistas están desolados y desesperados por determinar su causa.

La teoría de la vacuna del físico británico Andrew Wakefield se volvió muy popular entre los padres, muchos de los cuales comenzaron negarse a vacunar a sus hijos (sometiéndolos así, y a otros niños, al riesgo de contraer enfermedades totalmente prevenibles y a veces graves). La vacunación parecía una causa plausible debido a la correlación fortuita entre las inyecciones y la aparición de los síntomas. El trabajo de Wakefield ha sido desacreditado como ciencia incorrecta y deshonesta. Pero el miedo al autismo es tan grande, y las reacciones tan irracionales, que en algunos círculos sigue siendo venerado como un falso profeta.

Tras del fuerte aumento en el diagnóstico debe de haber además otros factores. Antes de DSM IV, el autismo era una de los trastornos más estricta y claramente definidos. Los síntomas tenían que comenzar antes de los tres años de edad y comprendían una combinación clara e inconfundible de graves déficits de lenguaje, incapacidad de establecer relaciones sociales y una preocupación por un conjunto muy limitado de comportamientos estereotipados. En la preparación del DSM-IV, decidimos añadir una nueva categoría que describe una forma de autismo más leve (y por lo tanto mucho más difícil de definir y distinguir), llamada síndrome de Asperger. Esto pareció necesario porque algunos niños (en número todavía escaso) presentaban un desarrollo del lenguaje más o menos normal, pero con graves dificultades sociales y de comportamiento. Sabíamos que era probable que el síndrome de Asperger triplicara la tasa de trastornos del espectro autista a aproximadamente 1 por cada 500-1.000, pero esto no explica el nuevo índice de 1 en 38.

Una segunda explicación posible para la explosión en los índices de autismo es que los casos no detectados anteriormente están siendo diagnosticados con mayor precisión. Probablemente sea un factor, pero uno de menor importancia.

Quizás, entonces, una toxina ambiental está causando una epidemia de autismo. Esta ha sido la teoría más popular, pero también es un factor pequeño en el mejor de los casos. No ha habido cambios ambientales bruscos desde 1994 para dar cuenta de una explosión en los índices. Esto no refuta por completo un vector ambiental, pero hace que las probabilidades sean muy remotas… sobre todo porque existe una explicación mucho más plausible.

La causa más probable de la epidemia del autismo es que se ha vuelto una moda, un diagnóstico popular. Una vez raro e inconfundible, el término hoy se utiliza libremente para describir a personas que en realidad no responden a los estrictos criterios especificados en el DSM IV. El autismo cubre ahora muchos otros fenómenos, abarcando problemas mucho menos serios que antes no eran diagnosticados o eran catalogados de otra manera. El autismo ya no es visto como una condición extremadamente incapacitante, y muchas personas creativas y por lo común algo excéntricas han descubierto su propio autista interno.

Este radical giro de sub a sobrediagnóstico ha sido impulsado por una amplia publicidad, la Internet y los grupos de defensa, y el hecho de que ahora se ofrecen costosos servicios escolares sólo para aquellos que han recibido el diagnóstico. El estudio coreano, por ejemplo, fue financiado por un grupo de defensa del autista, que apenas pudo contener su entusiasmo por los altos índices que arrojó.

El estudio coreano no prestó atención a la tendencia que afecta a todos los estudios epidemiológicos, que siempre sobreestiman las tasas de la patología al incluir como trastorno fenómenos incluso muy leves que no tienen importancia clínica. Es perfectamente plausible que el 3% de la población pueda tener alguna pizca de autismo, pero es muy improbable que tantas personas presenten síntomas lo suficientemente graves para calificar como trastorno autista. Los índices informados deben considerarse como un límite superior, no como un fiel reflejo de la tasa de trastorno mental real.

La naturaleza humana, las enfermedades neurológicas y los trastornos psiquiátricos cambian muy lentamente, si es que lo hacen. Las toxinas ambientales por lo general no surgen de la nada para hacer que un trastorno sea 100 veces más común de lo que era hace menos de 20 años. Un escenario más plausible es que el DSM IV dio pie a la popularización del autismo mediante la introducción de una forma más suave que se encuentra cerca del muy populoso límite de la normalidad. Tras ello, el autismo cobró vuelo gracias a lo difusa que era su definición, el contagio de Internet, los incentivos financieros y la interpretación ingenua de los resultados epidemiológicos.

La “epidemia” de autismo probablemente se propague más aún a partir de mayo de 2013, cuando se publique la próxima revisión del manual de diagnóstico (DSM 5). La definición del DSM 5 de un “espectro autista” ofrecerá una red aún más amplia, lo que dará pie a que se incluya a muchas personas que hoy se consideras normales o tienen otro trastorno. Sus síntomas no habrán cambiado, sino solo la etiqueta.

Allen Frances MD fue Presidente del Grupo de Tareas del DSM IV.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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