Un cambio forzado

Fecha:19/07/11
Fuente: Blog Ascanio Cavallo

Quizás el principal problema del gobierno no sea ningún fenómeno de coyuntura, sino la diferencia de diagnósticos. Mientras sus partidos y parlamentarios consideran que la debilidad más relevante es política, el Presidente actúa como si su gabinete sólo necesitara ajustes sectoriales. El cambio de gabinete de ayer muestra la persistencia de esa disonancia cognitiva. El Presidente tuvo que ejecutarlo con pocas ganas, forzado por su propia coalición y, de todas las demandas que revoloteaban, atendió sólo a una: la incorporación vigorosa de la UDI al gabinete, con dos figuras fundamentales de ese partido.

Que el único cambio en el equipo político haya sido la salida de la ministra secretaria general de gobierno, Ena von Baer, sugiere que Piñera comparte ese diagnóstico que radica las dificultades de La Moneda en un “problema de comunicación”. Pero al describir las funciones que espera que cumpla su nuevo ministro, el senador Andrés Chadwick, echó sobre él todas las responsabilidades políticas de La Moneda, incluyendo la relación con los partidos, el vínculo con el Congreso y la articulación interna. Un superministerio. De ese modo mantuvo, como quería, a Rodrigo Hinzpeter. Pero nadie podría decir que el ministro del Interior ha quedado fortalecido.

Además de Chadwick, la UDI (def) logró imponer el ingreso del senador Pablo Longueira al gabinete, en el cargo algo raro de ministro de Economía(def) (1) y no en el de Mideplan (def), que posiblemente hubiese preferido. Ese cargo había sido solicitado, antes de comenzar el gobierno, por Joaquín Lavín(def) (1), como la primera de sus prioridades. El Presidente decidió darle la última, que era Educación.

Ahora Lavín llega al ministerio que siempre quiso, aunque sólo como consecuencia de su posición ya insostenible en Educación. Este movimiento es el que gatilla la cadena de carambolas y enroques que afectó a los otros cinco ministerios. Esa cadena sugiere que no hay un juicio crítico sobre la gestión de esos ministros, sino sólo que estaban en la cartera equivocada; al mismo tiempo, aportilla la idea de que se trataba de ministros con calificación “técnica”.

En lo sustantivo, el Presidente no modificó su diseño; sólo incorporó a la UDI. El gabinete sigue dividido entre “políticos” y “no políticos” y el nudo político-estratégico del gobierno, aun reforzado fuertemente por Chadwick, sigue residiendo en un circuito muy reducido. El único rostro realmente nuevo es Teodoro Ribera, el nuevo titular de Justicia, aunque el constitucionalista de RN(def) ya circuló como posible ministro de Relaciones Exteriores al inicio del gobierno.

La rotación de ministros y la incorporación de dos senadores sugiere un severo déficit de personal en la Alianza. El gobierno enfrenta dificultades a la hora de seleccionar figuras capacitadas para estar en los más altos cargos de la administración. Peor aun, antes de cumplir dos años el Presidente ya ha debido echar mano a cuatro de sus senadores más potentes, debilitando sus propias fuerzas en esa cámara estratégica.

Sacar parlamentarios para llevarlos al gobierno es una idea tan mala como sustituir esos cargos de congresistas por personas designadas por los partidos.

Esta práctica fue iniciada por la Concertación, con fuertes reproches de la Alianza; ahora se invierte todo. Es posible que el gobierno no tuviese más alternativa, pero nadie puede ignorar que a medida que el Congreso se puebla nuevamente de senadores designados, la erosión de su prestigio no hará más aumentar.

Fecha:19/07/11
Fuente: Blog de Hector Soto
Artículo: Menos margen, más competencia

Fue un cambio de gabinete  singular. Afectó a ocho carteras, pero entraron solo cuatro rostros nuevos (Chadwick, Longueira, Ribera y Echeverría). El resto fueron enroques y esto habla, más que cualquier otro factor, de la rapidez con que el margen de acción que tenía el Presidente para designar colaboradores se ha estado estrechando. En la lógica del presidencialismo chileno, a los ministros que lo hacen mal no se los cambia de puesto, sino que se los manda derechamente de regreso casa. Esta vez no fue así y el Presidente operó con muchas restricciones. En alguna zona, incluso, el cambio colocó al mismo nivel a ministros perdedores con ganadores. De hecho, el gran perdedor, que en principio era Hinzpeter, porque la crisis era política, se mantuvo y hubo ministros transferidos a otras carteras para no arruinar su carrera pública (caso de Lavín), o para instalarlos en un ministerio en calidad de interlocutores nuevos y confiables (caso de Bulnes) o mejorar sus actuales proyecciones políticas (caso de Golborne).

Qué duda cabe que el Presidente tuvo que ceder. El mismo Mandatario que hace 16 meses designó un cuerpo de colaboradores donde destacaban solo dos figuras de perfil político (Hinzpeter y Lavín) tendrá que entenderse ahora con seis interlocutores formados en este mundo luego de la llegada, en enero pasado, de Andrés Allamand a Defensa y Evelyn Matthei a Trabajo y, ayer, de Andrés Chadwick y Pablo Longueira a la vocería y a Economía, respectivamente. Está claro: los tercios finales del gobierno de Sebastián Piñera van a ser cualitativa y sustancialmente más políticos que el primero.

Al retener al lado suyo a Rodrigo Hinzpeter en Interior, el Presidente, junto con hacer valer su autoridad, porque él necesita ahí a un hombre de su exclusiva confianza y no está dispuesto -como lo estuvo Michelle Bachelet- a que su gobierno sea intervenido por los partidos, aceptó a cambio conferirle a la UDI un peso que este partido jamás había tenido en el actual gobierno. Le dio la vocería a un político experimentado que aparte de estar entre los fundadores de ese partido tiene en mérito de entenderse bien con él. Entregó Economía a quien es tal vez la figura más carismática del gremialismo. Lavín, otro de los prohombres de la colectividad, está lejos de salir humillado de Educación y se va a un puesto expectable en el futuro Ministerio de Desarrollo Social y el presidenciable Laurence Golborne, cuyas posibilidades entusiasman más a la UDI que a RN, podría tener en el MOP una vitrina de exposición superior a la que tenía como biministro.

En su efecto más deliberado, el gabinete de ayer debiera devolverle iniciativa al gobierno, colocado contra las cuerdas ahora último a raíz de sus fragilidades en el frente político. Pero la configuración del nuevo equipo tendrá también el efecto impensado de liberar en el gabinete la carrera por la sucesión presidencial. Descargado ya de la mochila que lo estaba llevando a pique en Educación, Lavín va a seguir calificando como presidenciable.

Longueira, por su parte, seguramente logrará revertir como ministro los índices de rechazo que tenía como político. Las perspectivas de Golborne, por su parte, podrían haber mejorado. Y por el lado de RN -donde los nombres de mayor rating son Andrés Allamand y Rodrigo Hinzpeter- la pista no cambia mucho aunque ambos saben que entró otro contendor al ruedo.

Sí, es cierto: falta mucho. Y falta algo bien importante: que Bachelet finalmente decida si sí o si no.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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