Última misión

Fecha:17/07/11
Fuente: El Semanal
Autor: Hector Soto

El origen fue tal vez espurio, porque no respondió al solo propósito de expandir el conocimiento. Lo que en realidad le dio adrenalina y urgencia a la carrera espacial fue la Guerra Fría, ese prolongado ejercicio de la imaginación apocalíptica, combinada con el rigor ideológico, en que el mundo se enfrascó por medio siglo. Es evidente que hacia 1960 las dos superpotencias tenían demasiados problemas aquí en la Tierra, como para andar dándose el lujo de invertir torrentes de dinero, esfuerzo e inteligencia en un desafío del que sólo se extrajeron vagas ideas de lo que había allá afuera. En términos estrictamente económicos, acaso nunca se gastó tanto para tan poco.

Si fue o no providencial que el programa espacial soviético y el norteamericano no hayan estado a cargo de economistas sino de estrategos y políticos, es un asunto sobre el cual se podrá seguir discutiendo hasta el infinito. Lo que sí es un hecho es que tras la caída del Muro, los programas espaciales pasaron por reevaluaciones que les quitaron presión y les inyectaron la retórica de la paz y los buenos sentimientos.

El transbordador Atlantis, que emprendió esta semana su última misión antes de ser convertido en chatarra y repuestos para otros transbordadores, es un sobreviviente de la era de confrontación. Esta vez fue a reparar el desperfecto de una bomba de refrigeración de la Estación Espacial Internacional y -en un hermoso tributo a la cooperación ruso/norteamericana- llevaba en su interior una cápsula rusa Soyuz para rescate, por si llegaban a presentarse problemas.

El Atlantis voló por primera vez a mediados de los 80 y estuvo en servicio durante 25 años, con períodos de inactividad. Obviamente, fue sometido a renovaciones y en su momento, representó un relativo triunfo de la economía sobre el derroche de lanzar naves y cohetes imposibles de reutilizar más de una vez.

El programa de los transbordadores fue anunciado por el Presidente Nixon a comienzos de 1972 y sus primeros logros fueron el Enterprise en 1976 -para efectos de prueba- y el Columbia, tres años después. Las dos grandes tragedias del programa, por otro lado, ocurrieron en 1986, cuando explotó el Challenger con siete tripulantes a bordo, y en febrero del 2003, cuando el Columbia, de vuelta de una misión exitosa, se desintegró, ante la mirada de las propias autoridades de la NASA (def) al reingresar a la atmósfera.

Cuando el Atlantis regrese a la Tierra a fines de mes -y cuando, Dios mediante, vuelva a cubrirse de gloria- habrá cumplido su misión 33 y recorrido unos 200 millones de kilómetros. Será una nave inerte, pero cargada. Habrá derrotado al tiempo y al espacio. Habrá superado la ley de gravedad y varios códigos de la imaginación. Pero igual irá al cementerio. No hay manera -por lo visto- de eludir la ley de la vida.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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