El naufragio de Berlusconi

Fecha:15/07/11
Fuente:La Reppublica
Autor:Massimo Giannini

El repentino debilitamiento de Italia en los mercados financieros ha desacreditado a Silvio Berlusconi, seguro de que hasta ahora el país iba bien. Hoy ‘Il Cavaliere’ es invisible y su Gobierno se ve abocado a votar un catastrófico plan de rigor cuya eficacia no es tan evidente.

Alguien tendrá que explicar ahora a los italianos cómo hemos podido pasar de un día para otro del “Todo va bien, señora marquesa”, versión Silvio Berlusconi, a “Titanic”, versión Giulio Tremonti. Alguien tendrá que explicar a la opinión pública desorientada cómo se ha podido pasar en cuestión de horas de la mentira berlusconiana sobre la Italia “que ya ha salido de la crisis y la ha superado mucho mejor que los demás” a las tremendas declaraciones de Giulio Tremonti sobre un país cuya deuda pública “corre el riesgo de devorar nuestro futuro y el de nuestros hijos”.

Tras este abismo de contradicciones políticas y de falsificaciones mediáticas se oculta el fiasco de un Gobierno culpable de haber negado la evidencia durante tres años y al que hoy le superan los acontecimientos. Nadie ha dado explicaciones ni las dará a los ciudadanos atónitos por el golpe que recibirán con esta caída estrepitosa y dolorosa. Y si hay alguien que se cuidará de no hacerlo será especialmente el único artífice de este engaño colosal: el presidente del consejo. Este ‘Cavaliere inesistente’, que parece salido de la novela de Italo Calvino. En esta semana, ni se le ha visto ni se le ha oído.

El país se encuentra en el punto de mira de los especuladores, a los que ofrece todos los motivos para atacar: un presidente del consejo que transmite una imagen de “corruptor”, una mayoría destrozada por las guerras internas, ministros salpicados por procesos relacionados con la mafia o por escándalos financieros y vendettas en la misma maquinaria del Estado. Italia, en estas condiciones lamentables, se convierte en la segunda “i” del acrónimo que designa a los inadaptados de la Eurozona: somos parte de los “PIIGS“, junto a Portugal, Irlanda, Grecia y España. Berlusconi se calla. Parece que está ocupado organizando sus próximas vacaciones en Antigua. De héroe de la escena global a animador del pueblo de vacaciones, como ya lo fue durante el tórrido verano de 2006.

Mazazo para las clases medias

Ese silencio ensordecedor se suple con intervenciones explícitas. En el ámbito internacional, Angela Merkel y Ben Bernanke animan a Italia a no renunciar a las medidas de austeridad. En el interior, el presidente de la República y el gobernador del Banco de Italia (def) logran esa parte de “cohesión nacional” necesaria para que al menos tenga éxito esta maniobra de rescate. El ministro de Economía acude al Senado para incluir su nombre en el decreto que ofrece la última oportunidad y que debe aprobarse lo más rápido posible si pretenden evitar el ataque final de los mercados [el 14 de julio, el Senado aprobó un plan de austeridad de 47.000 millones de euros para alcanzar el equilibrio presupuestario en 2014. Por su parte, la Asamblea debería adoptar este presupuesto de rigor como muy tarde el sábado, 16 de julio].

Tremonti pronuncia un discurso grave, habla “del momento de realizar una elección irrevocable”. Evoca la imagen apocalíptica de una Europa que tiene “una cita con el destino” y es consciente de que “la salvación no vendrá de las finanzas, sino de la política” y de que “la política no puede permitirse cometer errores”. Pero ni siquiera él pronunciará una palabra de explicación o de excusa por todos los errores monumentales cometidos por este Gobierno desde su triunfo electoral en 2008. Nada de entonar el mea culpa. Hace un llamamiento desesperado a la unión de fuerzas, porque: “El país nos observa, observa al Gobierno, observa a la mayoría, observa a la oposición”.

Y responden al llamamiento. Nadie quiere que Italia corra la misma suerte que Grecia, que sea arrastrada al abismo con el conjunto de la eurozona. Nadie desea que la caída de Berlusconi se produzca “a cualquier precio”, sobre todo si el precio a pagar es la quiebra nacional. Por lo tanto, es necesario que la maniobra tenga éxito. Aunque tiene un coste social exorbitante, de nuevo en detrimento de los más débiles. Una clase media cada vez más numerosa y desvalida, obligada a tragar con los costes médicos, la congelación de los contratos en el sector público, la reducción de las plazas de profesores, y quizás en breve el mazazo de la supresión de las deducciones fiscales por cónyuges e hijos a cargo. Una deducción que puede equivaler a la pérdida de más de 500 euros por familia.

Un plan sin garantias

Incluso el centro-izquierda se ve obligado a cerrar los ojos y a dejar que se apruebe este plan de rigor, a pesar de todas sus injusticias, que no sólo afectan a los presupuestos de los contribuyentes, sino también a la opinión de los mercados. Este plan de 40.000, 49.000 o más bien de 65.000 millones corre el riesgo de no bastar para detener la oleada especulativa que crece en la actualidad.

La calma aparente de los dos últimos días llega a su fin. La bolsa vuelve a desplomarse, los títulos bancarios caen rodando una vez más, la diferencia entre los títulos italianos y los alemanes supera la barrera de los 300 puntos y la “prima de riesgo” exigida para invertir en los títulos del Estado alcanzan máximos jamás vistos desde la introducción del euro. Esto es síntoma de que el “remedio” no basta, porque ni las políticas de rigor ni las de crecimiento parecen creíbles. No basta con postrarse ante el tótem del “equilibrio presupuestario”: es necesario que a las palabras les sigan resultados concretos. El plan actual no presenta suficientes garantías.

Esta es la cuenta que el Cavaliere inexistente deja sobre la mesa. Sin inmutarse y sin ofrecer garantías. Los italianos se acordarán de esto cuando hagan colas con la cartera abierta para acudir a una visita médica, o cuando paguen el derecho de timbre sobre los bonos del tesoro (BOT). Sobre todo, se acodarán en las cabinas de voto, el día que sean llamados a las urnas. Lo único que nos queda esperar es que este momento llegue lo más rápido posible. Entonces puede que aún tengamos tiempo de escapar de este Titanic.

Análisis

La tempestad que no amaina

“No nos engañemos”, advierte Il Corriere della Sera. “Los mercados todavía no se han calmads”, a pesar del plan de urgencia aprobado el 14 de julio, del quebradero de cabeza político y del coste que tendrán que pagar los ciudadanos italianos. Los senadores han aprobado un plan de austeridad de 47.000 millones de euros para alcanzar el equilibrio presupuestario en 2014. Viculadas a una medida fiscal que será debatida en las próximas semanas, el ahorro económico podría superar los 60.000 millones de euros.El plan prevé, fundamentalmente, un paquete de privatizaciones la introducción de una tarifa en las consultas médicas, la congelación de salarios y el freno a la contratación de funcionarios. Las pensiones no se han librado: el plan prevé a partir de 2013 una reforma que retrasa la edad de jubilación.

Las medidas se aplicarán hasta 2014, “cuando haya expirado el mandato del Gobierno actual”, destaca el diario, que cree que las privatizaciones adoptadas para animar el crecimiento parecen fruto de la improvisación antes que de la reflexión. “La experiencia de otras crisis financieras demuestra que a mediados de agosto es el momento que eligen los mercados para los ataques especulativos. El Gobierno tiene poco tiempo para impedirlo, y la única solución es anunciar reformas creíbles”, sentencia, preocupado, Il Corriere della Sera.

El autor,Massimo Giannini, es un periodista italiano nacido en 1962. Es redactor jefe adjunto de La Repubblica, diario en el que dirige el suplemento “Negocios y Finanzas”. Titulado en derecho, ha trabajado también para La Stampa y Il Sole 24 Ore. Es autor de Lo Statista (“El hombre de Estado”, 2008), una reconstrucción de la carrera política de Silvio Berlusconi.

Fecha:18/07/11
Artículo: ¿La musa italiana de Europa?
Autor: Emma Bonino and Marco De Andreis

Roma – El contagio del euro desatado por la crisis de deuda soberana de Grecia ahora ha infectado a Italia. El gobierno de Silvio Berlusconi, junto con una oposición consciente en términos fiscales, logró asegurar -en apenas unos días- la aprobación parlamentaria de un paquete de medidas por un valor superior a 50.000 millones de euros, para restaurar la confianza del mercado en la solidez de los fundamentos económicos de Italia.

A falta de un compromiso sólido y creíble en toda la UE destinado a frenar el contagio, otros países de la eurozona afectados por la crisis de deuda soberana han seguido un guión similar. Pero el financista George Soros tiene razón: Europa necesita un “Plan B”. La gigantesca crisis que hoy afecta a la eurozona y a la Unión Europea no debe desperdiciarse. Se la debe utilizar para hacer que Europa avance más en el camino de la integración, para impedir que la Unión empiece a revertir el curso.

Cuando se creó el euro, sus arquitectos eran bien conscientes de que ninguna unión monetaria en la historia había tenido éxito sin el respaldo de una unión política. Las esperanzas, de todos modos, estaban cifradas en la existencia de un mercado grande a nivel europeo y el compromiso de los estados miembro de la eurozona de mantener bajo control los déficits fiscales, la deuda pública y la inflación. Pero varios miembros de la eurozona no cumplieron con su palabra y la crisis que afecta su deuda soberana hoy hace peligrar la supervivencia de la eurozona en su totalidad.

Dado que la coordinación entre los estados soberanos simplemente no funcionó, sólo quedan dos posibilidades. Una opción es que los miembros de la eurozona sigan siendo soberanos y quieran recuperar sus poderes monetarios, lo cual implica no sólo la muerte del euro, sino también una amenaza para el mercado interno y para la existencia misma de la UE. La otra opción es ceder más soberanía a la UE, lo que implica no sólo la supervivencia del euro, sino también, y tal vez más importante, el nacimiento de la unión política de Europa.

Esta opción cada vez resulta más clara. Tanto Jean Claude Trichet, el presidente del BCE, como Jacques Attali, el presidente fundador del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, han reclamado abiertamente la creación de un Ministerio Europeo de Finanzas. El Fondo Monetario Internacional, gélidamente tecnocrático y apolítico, en su último informe sobre la eurozona llega al punto de mencionar “una unión política y una distribución del riesgo fiscal ex ante” como condiciones para que funcione cualquier unión monetaria.

Sin embargo, son pocos los que consideraron cómo podría ser una Europa políticamente unida. La mayoría, de hecho, supone implícitamente una transferencia masiva de casi todas las funciones de gobierno de los estados miembro al centro federal, y en consecuencia la creación de un “superestado europeo”.

Nosotros creemos, en cambio, que una “Federación Ligera”, con un presupuesto limitado a aproximadamente el 5% del PBI de Europa (comparado con casi la mitad del PBI en la mayoría de los países miembro de la UE), permitiría una unión política realista. Estos recursos, 600.000-700.000 millones de euros, remplazarían y no agrandarían los presupuestos nacionales, ya que acompañarían la transferencia de algunas funciones de gobierno. En algunos casos, esto también permitiría que las economías mejoren.

Por cierto, consideremos la defensa. Un único ejército permanente de la UE en lugar de las fuerzas armadas nacionales ampliamente irrelevantes e ineficientes de Europa, con un presupuesto de aproximadamente el 1% del PBI de la UE -unos 130.000 millones de euros- instantáneamente se convertiría en la segunda fuerza militar más importante del mundo, después de Estados Unidos, en términos de recursos y, es de esperarse, de capacidades. Suponiendo una tasa fija de aportes nacionales al presupuesto federal, Grecia, por ejemplo, se desharía de 2-3 puntos porcentuales preciosos de su déficit público.

Además de la defensa y la seguridad, tendría sentido llevar otras competencias al nivel federal. Los principales candidatos son la diplomacia y la política exterior (inclusive la ayuda humanitaria y para el desarrollo), la inmigración, el control fronterizo, algunos proyectos infraestructurales con efectos de red a nivel de toda Europa, una investigación de gran escala y proyectos de desarrollo, y una redistribución regional.

Estas funciones de gobierno, y un presupuesto federal de esta magnitud, obviamente requerirían el equivalente de un ministro de Finanzas. Bien valdría la pena: una masa crítica de 600.000-700.000 millones de euros haría posible la estabilización macroeconómica y la redistribución cuando fuera necesario, sin el establecimiento de mecanismos ad hoc o, peor aún, la publicidad y la atención en torno de cubre tras cumbre a la que se convoca para decidir el próximo paquete de ayuda para los países que atraviesan dificultades financieras.

El término “unión de transferencia” hoy se utiliza, especialmente en Alemania, como un sinónimo peyorativo de federación. Coincidimos en que trasladar recursos de un lugar a otro no puede ser la razón de ser de una entidad política. Esa razón de ser sólo pueden ser funciones gubernamentales específicas. Pero cuando algunas de estas funciones están asignadas a un nivel federal de gobierno, existe la herramienta adicional de poder transferir recursos para pagar esas tareas. Cuando esto es necesario, los estados que experimentan un auge deberían ser gravados más que aquellos que experimentan una crisis.

Esta redistribución es pura rutina en cualquier federación, empezando por Estados Unidos, y el público le presta poca atención, o ninguna. El gobierno y el pueblo de Nueva York no protestan porque Mississippi recibe una porción mucho mayor del presupuesto federal, en relación a lo que aporta, que los neoyorquinos.

A pesar de los problemas de hoy, la eurozona no sólo es más rica, sino también económicamente más sólida, que la mayoría del resto de los países y regiones. La principal amenaza para el euro es precisamente la falta de un módico de unidad política de la eurozona -una Federación Ligera que haga posible, y hasta automática, la solidaridad cuando sea necesaria.

En este sentido, la perspectiva amenazadora de una crisis de deuda italiana con todas las letras podría resultar beneficial al concentrar las mentes europeas. No es necesario incluir las palabras e pluribus unum en los billetes y las monedas del euro para reconocer que el principio que representan -la unificación política de Europa, no menos que la de Estados Unidos- es indispensable para la supervivencia del euro.

Emma Bonino es vicepresidenta del Senado de Italia y fue Comisionada Europea. Marco De Andreis es director de Investigación Económica de la agencia de aduana de Italia y fue funcionario de la UE.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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