Algo se tenía que perder

Fecha:08/07/11
Fuente:BBC
Autor: Nick Robinson

Estaba claro que algo setenía que perder, pero yo había asumido que ese algo sería la directora ejecutiva de News International (def), Rebekah Brooks.

Rupert Murdoch, en cambio, sacrificó al periódico News of the World o, al menos, su nombre. Asumo que producirá otro dominical. Quizás como fue sugerido en el blog de Robert Peston, creará The Sunday Sun.

El equipo de Murdoch debe haberse dado cuenta que el nombre News of the World (def)será relacionado una y otra vez en los próximos meses con la supuesta intervención del teléfono de una niña que fue asesinado, sus afligidos padres y las viudas de los soldados británicos.

La pregunta es si esto complicará o no al gobierno con relación a la compra de BSkyB (empresa de televisión satelital) por parte del conglomerado de Murdoch. Mi apuesta es que Murdoch ha sacrificado el News of the World con el fin de rescatar sus ambiciones televisivas.

Ellos quieren expandirse hacia Alemania, Italia e India y, por supuesto, en Reino Unido también. Según me han dicho, los diarios ahora representan sólo un 13% de las ganancias de News Corporation(def) en todo el mundo. Así que los ministros pueden retrasar la decisión final sobre si aprobar la compra o
no, al otorgarles mucho tiempo a los funcionarios en el departamento de cultura y en Ofcom (oficina independiente que regula la industria de los medios de comunicación en el país) para que examinen los informes, pero, al final, tendrán que enfrentar el tema. Los enemigos de Murdoch querrán que esto sea el comienzo de su fin.

Seguro que él lo ve como un nuevo comienzo. La pesadilla que viven David Cameron y su gobierno es que él se verá manchado por su pasado, debido a la contratación de Andy Coulson (ex director del News of the World) y por ser responsable del futuro. El destino del primer ministro y del más poderoso magnate de los medios están entrelazados.

Fecha: 09/07/11
Fuente: El País
Autor:David Fred Mathieson

“Publíquelo y váyase al diablo”, fue la contundente respuesta del primer ministro Henry Palmerston cuando un periódico amenazó con publicar los detalles de una de sus muchas aventuras amorosas. En gran medida, ese comentario hostil del gran estadista del siglo XIX ha marcado desde entonces el tono de la relación entre la clase política británica y la prensa. La polémica con el magnate de News International, Rupert Murdoch, es el último episodio de una guerra de larga duración.

Como en muchos países, en la relación entre los políticos y la prensa de Reino Unido hay más odio que amor. Muchos en Westminster desprecian lo que consideran una trivialización de la agenda política en una tendencia que ha sido dirigida por los tabloides sensacionalistas, encabezados por The Sun y News of the World, de News International. Los políticos se quejan de que muchos reportajes sobre su trabajo están escritos como si se tratara de una telenovela en la que el cotilleo y el escándalo hacen casi imposible un debate serio.

La relación entre los políticos y la prensa de Reino Unido se hundió a su nivel más bajo el año pasado cuando los detalles de los gastos de los diputados del Parlamento se filtraron a los medios de comunicación de manera ilegal. Las revelaciones fueron objeto de bromas continuas. En el mejor de los casos, los parlamentarios quedaron en ridículo. En el peor, aparecieron como delincuentes. Inocentes y culpables fueron tratados de la misma forma, y la reputación del Parlamento cayó por los suelos.

La figura central de este deterioro de las relaciones ha sido Rupert Murdoch, quien posee el 40% de los diarios nacionales de Reino Unido y controla una importante participación del canal de televisión vía satélite BSkyB. Los políticos de todos los partidos se han visto obligados hasta ahora a rendir pleitesía al magnate australiano, que dirige uno de los mayores imperios mediáticos del mundo desde Nueva York. No hacerlo así habría implicado sin duda correr el riesgo de un suicidio político.

Las revelaciones actuales muestran que la guerra entre los políticos y la prensa ha entrado en una nueva fase, en la que los primeros perciben ya el olor de la sangre. Las investigaciones de los últimos días reflejan que News International no solo creía que podía funcionar al margen de la ley, sino que tampoco había límites para sus actividades. Sus escuchas telefónicas ilegales no se han limitado a los futbolistas o los famosos y también se han extendido a personas corrientes, que a menudo son noticia por motivos trágicos. Puede ser que el cierre de News of the World sea solo el principio del fin. Y es casi imposible que el intento de Murdoch de hacerse con el control total de BSkyB salga adelante.

A diferencia de lord Palmerston, muchos diputados no aceptan ya la doctrina del “publíquelo y váyase al diablo”. Con el pueblo británico tan indignado, les hace ilusión aprovechar la situación para saldar las cuentas pendientes con la prensa de Murdoch.

El Autor,David Fred Mathieson, fue asesor del exministro de Exteriores británico Robin Cook.

Fecha: 17/07/11
Fuente:The Guardian
Autor:Nick Davies (The Guardian), Londres

¿Cómo nació la investigación de las escuchas ilegales?

Conseguimos dos fuentes distintas que nos dijeron que una de las víctimas de la intervención telefónica ilegal fue la estudiante de Surrey Milly Dowler, de 13 años, que fue secuestrada y asesinada en 2002. Luego descubrimos que en el tiempo en que estuvo perdida, News of the World empleó a un investigador privado para escuchar su buzón de voz. Eso era horroroso por sí solo, porque estamos hablando de un lapso de tiempo en el que familiares y amigos la llamaban a su teléfono celular tremendamente preocupados por ella y le rogaban que regresara a casa, y lloraban por el teléfono. Eso es profundamente personal.

En ese período, News of the World ya estaba escuchando. Parece mal, pero se pone peor cuando el buzón del teléfono de Milly se llena. News of the World estaba ansioso por tener más información, más historias, entonces intervino el buzón y borró los mensajes.

La familia y los amigos que estaban llamando y que habían oído que el buzón de voz estaba lleno vieron de pronto que ya no estaba lleno. Naturalmente, pensaron que era la propia Milly quien había borrado los mensajes y que, por lo tanto, aún estaba viva, pero no lo estaba. La historia de Milly Dowler cambió radicalmente los alcances de toda esta historia. E hizo casi imposible que alguien saliera en defensa del News of the World, incluyendo al primer ministro David Cameron y a los líderes del partido conservador que antes respaldaban a Murdoch.

¿Cuáles son los alcances de la indagación oficial?

David Cameron anunció no una, sino dos indagaciones públicas. Una respecto al vergonzoso y sostenido fracaso de la policía metropolitana, y la segunda, respecto al abuso de News of the World y de los medios en general. Es muy importante que la indagación oficial no sea una forma de esconder el asunto bajo la alfombra y olvidarlo. Primero que todo, tiene que haber un juez a cargo de las indagaciones con poder real, para presentar esto como evidencia y ordenar que se revelen los documentos y los correos electrónicos y lo que sea necesario para llegar a la verdad. Y si tiene esos poderes, debe tener la actitud necesaria. En este momento, cuando la presión política es tan intensa, es la oportunidad de nombrar a alguien que tenga el poder y la actitud adecuada para hacer una indagación rápida. Aquí se trata del poder y de la forma en que la élite del poder se protege. Creo que para cualquiera resulta evidente observar que la corporación de Murdoch, News Corp., tiene demasiado poder. Es evidente la forma en que la policía, la Comisión de Quejas sobre la Prensa y algunos políticos británicos desistieron avanzar en el tema, diciendo: “No les provoquemos más problemas porque pueden hacernos algo”. Pero ellos ya tenían demasiado poder cuando todo esto estaba ocurriendo.

¿Cuál es el papel de la policía de Londres?

La policía está haciendo hoy un increíble y agresivo trabajo para llegar al fondo de esto, después de cuatro años en que se comportaron en forma vergonzosa y deshonesta, y fracasaron totalmente en llegar al fondo -las primeras denuncias son de 2007 y afectaron a figuras del espectáculo-. Parece evidente que su fracaso nació a partir de su temor a no entrar en conflicto con este poderoso imperio noticioso. Entonces colaboraron en poner a un periódico al margen de la ley. Fallaron repetidamente en ser francos en las declaraciones que hicieron al público, a la prensa y al Parlamento respecto a los hechos. Y creo que hay oficiales de la Policía Metropolitana que deben considerar renunciar. No hay nadie que haya estado involucrado con News of the World (NoW) que esté a salvo. La policía tenía los materiales que el investigador privado contratado por NoW guardaba en su casa, tenía los archivos de NoW, todos los correos electrónicos enviados y recibidos. Cada vez que arrestaron a alguien y que sacaron cosas de sus casas y sus escritorios, deben haber encontrado evidencia. Nadie sabe qué es lo que la policía tiene ahora. Nadie en News International está a salvo respecto a lo que esa evidencia puede mostrar. Todos, desde el reportero de más abajo hasta el director ejecutivo de más arriba, deben estar preocupados de que toquen a su puerta, los arresten y los interroguen por cargos de ofensa criminal. No hay límite en realidad respecto a quién puede arrestar la policía.

¿En qué situación están Murdoch y su hijo?

Desde que estalló el escándalo, Rupert Murdoch se vio involucrado y envió correos pidiendo poner las cosas en su lugar. Su hijo James -jefe de la filial británica de News Corp.- está en problemas porque en la primera etapa en que este escándalo salió a la luz, al menos dos personas fueron sobornadas y se les pagó cientos de miles de libras para que guardaran silencio y se alejaran. Pienso en particular en Gordon Taylor, de la Asociación de Fútbol Profesional, y Max Clifford, el relacionador público de las celebridades, cuyos teléfonos fueron intervenidos. James Murdoch está involucrado por haber autorizado esos pagos a cambio de silencio, y eso pone una zona aún más gris en el asunto. Qué haces cubriendo evidencia en tus organizaciones involucradas en crímenes. Puede no ser ilegal, pero huele mal y no es la conducta adecuada.

News International juega sucio cuando tiene que hacerlo. Esta es la forma que usan los Murdoch para controlar los hechos. Pero ahora perdieron el control.

¿Qué efecto puede tener el escándalo en Reino Unido?

La Comisión de Quejas sobre la Prensa -el ente regulador de los medios en Reino Unido, que es autónomo- enfrenta un terrible problema. Manejaron el tema tan mal, que pusieron en peligro el concepto de autorregulación de la prensa. Cuando el primer escándalo salió a la luz pública, en enero del 2007, hicieron un informe que no tenía ningún valor. El equipo responsable de ese trabajo se fue y el equipo que lo reemplazó hizo un segundo informe, después de que nosotros en The Guardian comenzaramos a ver el tema, pero fue incluso peor. Realmente se desacreditaron. La autorregulación de la prensa, en sus condiciones actuales, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir.

Por otra parte, el Parlamento tiene que hacer algo para proteger la privacidad de la gente. No se trata de un familiar desaparecido, de una hija desaparecida, sino de que cualquier persona puede convertirse en historia de un periódico. Para mí, no se trata del comportamiento inadecuado de un periódico, sino de una élite en el poder. Es sobre la organización de noticias más poderosa del mundo. Es sobre el partido político más poderoso del país. Es sobre la Comisión de Quejas sobre la Prensa. Y de cómo ellos están coludidos para protegerse mutuamente y de cómo asumen que la ley no los alcanza.

Fecha:28/07/11
Artículo: La voz del Guardián
Autor: Juan Pablo Garnham O., desde Londres

Fue un diario el que puso en aprietos a otro, y de paso, al imperio al que pertenecía. The Guardian destapó las ilegalidades del News of the World, causó su cierre y llevó al magnate Rupert Murdoch a comparecer frente a un panel de parlamentarios. Martin Kettle, editor asociado de The Guardian, explica cómo el diario desató un caso cuyas últimas consecuencias aún están por conocerse.

Cada mañana, The Guardian realiza una reunión editorial abierta. Todos los periodistas pueden asistir. En una gran sala de reuniones que más bien parece un living, el editor y los interesados comentan la pauta del día. Normalmente, se llena la primera fila de sillones amarillos fosforescentes. En las últimas tres semanas, en cambio, la habitación ha estado abarrotada cada día. “La gente queda parada y apretada hacia el final de la sala. Es como si estuviéramos viendo un partido de fútbol -comenta Martin Kettle, editor asociado y columnista de este medio- las reuniones han sido mucho más largas, ya que hemos discutido y compartido mucho más sobre las implicaciones de estas historias que, por supuesto, van muy lejos y en muy diversas formas”.

La historia que ha tenido al Guardian así de ocupado ha sido, por supuesto, la de las escuchas telefónicas realizadas por el tabloide sensacionalista News of the World para conseguir información. Y las implicaciones de las que habla Kettle son una larga lista, que incluye policías corruptos, editores que pagan por realizar ilegalidades, investigadores privados al servicio de medios y relaciones complicadas entre el gobierno y todos los anteriores. Las consecuencias han sido también muchas. Murdoch decidió cerrar el News of the World y cancelar su negocio más importante: la compra del total de BSkyB. Él mismo tuvo que declarar frente a una comisión de parlamentarios que investiga el caso, junto a su hijo James y a su ejecutiva preferida, Rebekah Brooks. Esta última tuvo que renunciar a su cargo y, como parte de la investigación fue detenida por la policía.

Mientras tanto, el primer ministro David Cameron intenta salvarse de las olas que el caso ha generado. Se le cuestiona haber contratado como asesor comunicacional a Andy Coulson, editor del News of the World durante las escuchas, y su amistad con Brooks. La pregunta que muchos se hacen es si esto se podría transformar en un Watergate británico.

“Todo esto se ha debido a la combinación de varios años de trabajo diligente, hecho por un pequeño número de periodistas y algunos editores”, explica Martin Kettle. El Guardian ha estado a la cabeza de las investigaciones sobre los métodos del News of the World desde 2009, sin embargo el caso sólo explotó después de que el periódico publicara, el pasado 4 de julio, un artículo sobre los “pinchazos” al celular de Milly Dowler, una adolescente desaparecida en 2002. El tabloide de Murdoch habría interceptado los mensajes del buzón de voz de Dowler -quien finalmente apareció muerta- y, cuando el buzón se copó, lo vaciaron, para que la familia pudiera seguir “alimentándolos” con información. Ver que alguien limpiaba el buzón de voz, además, dio falsas esperanzas a los parientes de Dowler, quienes pensaron que ella lo había hecho.

-Ya existía una investigación en curso respecto a las escuchas del News of the World. ¿Qué cambió en el caso el hecho de que ustedes publicaran la historia de Milly Dowler?

-El caso eventualmente habría avanzado, porque ya había un proceso legal que habría generado estas historias tarde o temprano. Sin embargo, la revelación de Milly Dowler cambió la actitud del público completamente. De ser un tema de unos pocos obsesivos, las escuchas del News of the World empezaron a ser un problema de todos. Hubo un salto cuántico, algo que rara vez se ve en un artículo. Por supuesto, todo lo demás siguió de ahí.

-¿Cómo cree que este caso va a cambiar el negocio y la forma de trabajar de los tabloides?

-A corto plazo, creo que los va a dañar a todos y a algunos los va a mantener a raya. Creo que no hay duda de que hay mucho más por venir en relación a las actividades de espionaje de los otros tabloides y diarios. Si miras el reporte de 2006 del Comisionado de Información Pública, hay una lista de casos, y el News of the World está recién quinto ahí. Estamos hablando de un fenómeno que es endémico a todos los tabloides británicos y posiblemente a otros medios de comunicación.

La industria todavía no ha sentido toda la fuerza de este problema. Lo ha desviado todo hacia la organización de Murdoch, pero yo creo que es algo que está en sus fundamentos. Además, hasta ahora sólo se ha hablado de los pinchazos telefónicos y nada sobre las interceptaciones de emails. Creo que esa será una de las principales áreas de investigación ahora, y posiblemente vamos a ver muchos desarrollos por ahí.

El golpe periodístico en tiempos de internet

El 7 de julio, James Murdoch -hijo de Rupert y quien encabeza sus negocios en Gran Bretaña- sorprendió al anunciar el cierre de News of the World. En la redacción del Guardian, así como en el mundo periodístico, los sentimientos eran mixtos. “Nos dejó a todos pasmados. No creo que nadie lo haya visto venir, y creo que la mayor parte de los periodistas tuvieron sentimientos ambivalentes”, explica Martin Kettle. “Parte de ti dice ‘ésta es una organización monstruosa’, pero otra parte dice ‘son periodistas que en la mayor parte de los casos están haciendo una labor razonablemente honesta’. Y es tan típico de Murdoch hacer a otros pagar el precio de su estilo de gobierno corporativo y del rompimiento de leyes”.

Mientras tanto, el Guardian es percibido como uno de los ganadores del caso. La marca ha salido fortalecida, especialmente frente a The Times -perteneciente a Murdoch- y al Telegraph, que, en general, ha llegado segundo a las noticias. Kettle dice que, pese a que todavía no reciben los datos auditados, sí han tenido un aumento en ventas, pero es escéptico: “Lo normal es que la circulación suba para una gran historia, como las elecciones o la boda real, pero después baja”.

-¿Cree que los lectores han aprendido algo de este caso?

-Eso sería bonito, ¿no? -dice con algo de ironía-. En los últimos veinte años hemos visto en el Reino Unido una expansión en los lectores de prensa de calidad, comparado con hace treinta o cuarenta años. Eso refleja un cambio educacional, hay más graduados universitarios. Sin embargo, esto sucede en un mundo donde cada vez hay menos lectores de diarios. Si ves los artículos que atraen más clics, incluso en nuestro mismo diario, y son quién fue a qué fiesta en Los Ángeles o qué va a pasar con el traspaso de Carlos Tévez. O sea, lo que sale en los tabloides.

No podemos elegir a un nuevo público. Tenemos que hablarle al público de forma que sea suficientemente interesante leer lo que escribes, y no hay una respuesta simple para eso.

-¿Cuál sería la lección para los periodistas entonces?

-Si los periodistas simplemente participan en una carrera hacia el fondo, hacia lo peor, entonces no valemos nada. Esto se trata de cómo asegurarse que el negocio sea viable sin caer en un periodismo ilegal o banal, concentrándose en temas serios, escribiéndolos de forma entretenida y contando cosas que la gente quiere escuchar sobre gente que quiere conocer. Eso es periodismo todavía. No creo que tengamos que reinventar la rueda. Simplemente tenemos que tener confianza y no todos seguir por el mismo camino. Diversidad es lo que siempre ha marcado a este diario. Si sólo tenemos convergencia hacia lo mismo, envuelta en pedazos de papel, entonces no servimos al público.

Martin Kettle también cree que los políticos han aprendido su lección, luego de años de respetar al imperio de Murdoch. “Están con la moral más alta. Se han dado cuenta de que pueden dejar de doblegarse, de ser rastreros, y que deben transparentar sus relaciones con la prensa”, explica. El momento clave de esta actitud fue la interrogación a Rupert Murdoch, James Murdoch y Rebekah Brooks, el 19 de julio.

El que para Murdoch fue “el día más humilde”, según dijo al comité de parlamentarios que lo cuestionó, en el Guardian fue una jornada donde todos estuvieron pegados a las pantallas. Ahí veían en vivo y en directo la consecuencia de su trabajo. “Nunca había visto algo así en una sala de redacción”, recuerda Kettle.

Así vieron cómo Murdoch hijo tartamudeaba, cómo el padre golpeaba la mesa y decía que le era imposible saber todo lo que pasaba en sus empresas. Y observaron cómo Rebekah Brooks intentó echar a otros medios al pozo, al decir que prácticas como contratar investigadores privados, como lo hizo ella, era algo común a todos los medios británicos. Al recordar ese momento, Kettle inhala profundo y luego exhala, como aburrido del personaje pelirrojo. “La reputación de veracidad de Brooks está tan baja que nadie se asombra ya de la naturaleza controversial de sus respuestas. Probablemente deberíamos estar más choqueados, pero en este momento muy pocos ejecutivos de Murdoch gozan de credibilidad”, dice Kettle.

Luego de más de cuatro horas de entrevistas, la interrogación terminó y el Guardian volvió a funcionar. “Por varias horas, poco trabajo se hizo ese miércoles”, dice Kettle riéndose, “tuvimos que hacer mucho y muy rápido ese día”.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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