Estados Unidos y Europa se hunden juntos

Fecha: 05/07/11
Fuente: The Financial Times
Autor:Gideon Rachman

Tanto la Unión Europea (1) como Estados Unidos han luchado contra crisis económica, aunque cada uno de forma distinta. Según expone Gideon Rachman, se trata de un error garrafal, pues sus problemas son fundamentalmente los mismos.

En Washington debaten sobre un tope de endeudamiento, en Bruselas, observan el abismo de la deuda. Pero el problema básico es el mismo. Las finanzas públicas tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea están descontroladas y ambos sistemas políticos son demasiado deficientes como para resolver el problema. Estados Unidos y Europa están en el mismo barco y éste se está hundiendo.

Los debates sobre la deuda que tienen lugar en Estados Unidos y en la Unión Europea son tan introspectivos y están tan alterados que lo sorprendente es que algunas personas lleguen a establecer la conexión. Pero los vínculos que hacen de esta crisis algo generalizado en el mundo occidental deberían ser obvios.

A ambos lados del Atlántico, ya ha quedado claro que gran parte del crecimiento económico de los años anteriores a la crisis estuvo impulsado por un auge insostenible y peligroso del crédito. En Estados Unidos, los propietarios de viviendas eran los que se encontraban en el centro de la crisis; en Europa, eran países enteros como Grecia e Italia los que se aprovechaban de los bajos tipos de interés para pedir préstamos de un modo insostenible.

Mercado laboral americano o bienestar europeo

La crisis financiera de 2008 y sus secuelas supusieron un duro golpe para las finanzas estatales, a medida que se disparaban las deudas públicas. Tanto en Europa como en Estados Unidos, este impacto excepcional se agrava por las presiones demográficas que aumentan a la vez que las presiones presupuestarias, al empezar a jubilarse los nacidos durante el ‘baby boom‘.

Por último, a ambos lados del Atlántico, la crisis económica divide a los políticos, por lo que resulta mucho más difícil encontrar soluciones racionales al problema de las deudas. Aumentan los movimientos populistas, tanto si se trata del Tea Party en Estados Unidos, como del Partido de la Libertad holandés o los Verdaderos Finlandeses en Europa.

La idea de que Europa y Estados Unidos representan dos caras de la misma crisis ha tardado en captarse porque, durante muchos años, las élites a ambos lados del Atlántico han resaltado las diferencias entre los modelos de Estados Unidos y de Europa. He perdido la cuenta del número de conferencias a las que he asistido en Europa en las que el debate se encontraba entre dos frentes: el que ansiaba adoptar los “mercados laborales flexibles” al estilo estadounidense y el que defendía con pasión el modelo social europeo que se definía en contraposición a Estados Unidos.

La deuda, punto común

El debate político en Europa era parecido. Había un grupo que quería que Bruselas imitara a Washington y se convirtiera en la capital de una auténtica unión federal; y luego estaban aquellos que insistían en que la creación de los Estados Unidos de Europa era imposible. Lo que tenían en común ambas partes era la convicción de que económicamente, políticamente y estratégicamente, Estados Unidos y Europa eran planetas distintos, “como Marte y Venus”, tal y como decía Robert Kagan, un académico estadounidense.

El debate político estadounidense sigue empleando el carácter distinto de “Europa” como punto de referencia. La acusación de que Barack Obama está importando el “socialismo al estilo europeo” se emplea para acusar al presidente de no defender los intereses de Estados Unidos. Algunas personas pertenecientes a la izquierda efectivamente consideran Europa como un lugar que hace las cosas de un modo distinto y mejor en algunos aspectos, como el acceso universal a la sanidad.

Sin embargo, las similitudes entre los dilemas de las dos regiones ahora son más llamativas que las diferencias. Los puntos en común son las deudas crecientes, una economía debilitada, un Estado del bienestar cada vez más costoso e irreformable, miedo al futuro y bloqueo político.

¿Un modelo para Europa?

La lucha en Estados Unidos por controlar el coste de la seguridad social y la asistencia médica les sonarán mucho a los líderes europeos, que también batallan por reducir el coste de las pensiones y la sanidad. Muchos europeos solían pensar que los políticos estadounidenses tenían una gran ventaja porque actuaban en un sistema realmente federal. Algunos aún defienden que la única forma de estabilizar el euro a largo plazo es avanzar hacia un “federalismo fiscal” que siga el modelo de Estados Unidos.

Sin embargo, de momento, la labor de los políticos de Washington es aún más deficiente que la de los que se encuentran en Bruselas. La aparente imposibilidad de mantener un debate serio sobre la deuda y el gasto (por no hablar de resolver realmente el problema) hace que resulte irrisoria la noción de que el sistema político estadounidense sea un modelo para Europa.

Por supuesto que siguen existiendo diferencias marcadas en los debates a ambos lados del Atlántico. El dólar cuenta con un historial sólido de credibilidad. El euro ha estado en circulación durante poco más de una década. La división política que tiene más responsabilidad en la paralización del sistema europeo se produce entre naciones.

Si la enfermedad occidental empeora…

Pero no existe nada que se pueda comparar en el debate de Estados Unidos con la profunda división entre griegos y alemanes. En Europa, la idea de que el aumento de los impuestos podría ser parte de la solución a las elevadas deudas no genera ninguna controversia. En Estados Unidos, la oposición republicana a la mera noción del aumento de impuestos constituye el núcleo de la discusión política.

Enfrascados en sus propios problemas y diferencias, los estadounidenses y los europeos han tardado en ver las conexiones entre sus crisis gemelas. Por eso los analistas del resto del mundo tienen más posibilidades de descubrir la tendencia común. Los líderes e intelectuales chinos últimamente suelen plantear que más les vale a los occidentales dejar de intentar “dar lecciones a China”, dada la profundidad de sus propios problemas políticos y económicos.

Los críticos de Occidente en China ven los dilemas de Europa y Estados Unidos con la cruel claridad que aporta la distancia. Sin embargo, con su orgullo y seguridad corren el riesgo de pasar por alto hasta qué punto el auge de China, India y el resto ha dependido de un Occidente próspero y seguro. Si la enfermedad occidental empeora, surgirá la tentación de probar curas nuevas y más radicales. Entre ellas puede que se incluya un giro hacia el proteccionismo y el control del capital. Si la globalización da marcha atrás, China podría sufrir su propia crisis económica y política.

El Autor,tras quince años trabajando en la revista The Economist, Gideon Rachman ha vuelto a unirse en 2006 al Financial Times, donde publica una crónica semanal. Escribe también un excelente blog sobre política exterior americana, Europa y la Globalización.

Geert Wilders, ese Voltaire moderno

Fuente:Trouw
Fecha: 27/06/11
Autor:Thierry Baudet

La absolución del populista Geert Wilders puede que marque una nueva tendencia en Europa. Ahora que los Gobiernos no defienden ya el multiculturalismo, puede que sea posible criticar el islam, remarca un intelectual holandés.

Con la absolución de Geert Wilders, un juez holandés ha abierto una nueva tendencia en Europa. Tras años en los que no se toleraban las críticas contra el islam, los Países Bajos han hecho honor a su tradición de ofrecerse como refugio en el que perviva el debate. Porque estos últimos años, en todos los países de Europa occidental, los críticos del islam han sido, por el contrario, condenados por expresar su punto de vista.

A principios de mayo en Dinamarca, por ejemplo, Lars Hedegaard, el ideólogo del Partido del Pueblo Danés, fue condenado por haber dicho que “las hijas en las familias musulmanas son violadas por sus tíos, sus primos o su padre”, y que “si un musulmán viola a su esposa, tiene derecho (…). Forma parte de su cultura”.

El 15 de febrero en Viena, Elisabeth Sabaditsch-Wolff, que había criticado el islam, fue condenada por haber calificado de “pedófilo” a Mahoma, fundador del islam. Según el juez austriaco, el matrimonio con Aicha, que tenía entonces 9 años, no podía ser asemejado a la “pedofilia”, puesto que sería “denigrante” para las “doctrinas religiosas” del islam, también porque el matrimonio pervivió incluso después de que Aicha cumpliese los 18.

Incitar al odio, no a la violencia

Otros veredictos equiparables por declaraciones que criticaban el islam también han tenido lugar en Francia, en Bélgica y en Inglaterra. A Jean-Marie Le Pen se le prohibió decir: “El día en que dispongamos de Francia, no serán cinco, sino 25 millones de musulmanes, serán ellos quienes manden. Y los franceses se pegarán a las paredes, dejarán sitio en las aceras bajando los ojos”. Mark Anthony Norwood tuvo que dejar de exhibir en su ventana un póster sobre el que podía leerse: “Islam out of Britain” [Islam fuera de Gran Bretaña].

Y el belga Daniel Féret, al que se le inhabilitó durante diez años, tuvo que participar en trabajos en el ámbito de la integración. Él había apelado a la “repatriación” de los inmigrantes, que en su opinión eran “criminales”, y exigía el disfrute de las prestaciones sociales únicamente a los belgas y a los “europeos”. Con motivo de estos juicios, la Corte Europea de Derechos del Hombre de Estrasburgo consideró que se perseguía un “objetivo legítimo” y que la restricción de la libertad de expresión era en esa situación “necesaria en una sociedad democrática”.

Resulta curioso, puesto en ninguno de estos casos hubo una incitación a la violencia. Las declaraciones excedían la mesura, según los jueces nacionales, puesto que incitaban al “odio” o a la “discriminación” – nociones que pueden fácilmente ser tomadas ampliamente y ser empleadas para excluir opiniones políticas contrarias-.

El fin del multiculturalismo amenaza a las élites

Si durante mucho tiempo ha sido difícil proferir críticas contra el islam, es porque las críticas no son compatibles con el multiculturalismo. Es más, líderes como Cameron, Aznar, Sarkozy y Rutte han suscrito todos ellos la sorprendente conclusión a la que llegó Angela Merkel en 2010, que declaró que “la sociedad multicultural había fracasado totalmente”. Ahora que se ha abandonado el multiculturalismo, las críticas contra el islam vuelven a ser toleradas.

Con la absolución de Geert Wilders el pasado jueves 23 de junio, los Países Bajos son el primer país de Europa occidental en el que el poder judicial ha sacado también conclusiones explícitas del abandono del multiculturalismo. Los Países Bajos rinden honor de esta manera a su reputación de ser un refugio de tolerancia para la libertad de expresión.

En efecto, durante mucho tiempo los escritos de innumerable críticos de la religión, de Spinoza a Voltaire, no podían ser publicados en ningún otro lugar de Europa, pues estaban prohibidos, salvo en este país. La elite represiva de la época quería impedir a través de los tribunales estas críticas, pero únicamente se pudo mantener hasta finales del siglo XVIII. Lo que comenzó como un debate crítico ganó en repercusión y culminó en la Revolución Francesa. Una evolución parecida podría amenazar a las elites europeas de hoy en día.

Solo se debe convencer con argumentos

Que el multiculturalismo sea o no una buena idea, que el islam sea una ideología política o una religión pacífica, y que

    Mahoma

haya sido o no un pedófilo: ninguna de estas idea debe ser ni impuesta ni prohibida. Eso solo conllevaría una radicalización de las opiniones. Únicamente un debate abierto puede permitir decidir sobre estas cuestiones, y los partidos ofendidos o lesionados pueden tratar de convencer mediante argumentos a los críticos del islam de su supuesto error.

Si Wilders hubiese sido condenado el pasado 23 de junio – incluso solo por sus propias declaraciones– el poder judicial en su conjunto se hubiese debilitado una vez más. Dicha decisión hubiese sido el comienzo de años de nuevas disputas jurídicas, lo que hubiese significado una mayor politización de las salas de audiencias.

Por consiguiente, parece que el juez se ha mostrado conciliador justo a tiempo. Tras este veredicto razonable, falta saber qué país será el próximo en seguir este ejemplo.

El Autor,Thierry Baudet (1983) estudió Derecho e Historia y actualmente prepara una tesis sobre la soberanía nacional. Publica con regularidad artículos en la prensa flamenca (neerlandófona), sobre todo con relación a los Derechos Humanos.

Timo Soini: verdadero finlandés, falso amable

Fuente:Focus
Fecha:10/03/11
Autor:Anna-Lena Laurén

A dos meses de las elecciones legislativas, el líder populista, anti-inmigración y anti-UE avanza en las encuestas. Mientras da una imagen de persona simpática, pone en tela de juicio el sistema político de su país.

Al conocer a Timo Soini, es inevitable no quedar cautivado por su encanto. Es un hombre divertido, simpático y con respuestas para todo. No da la impresión de ser una persona escandalosa o estúpida y su profunda piedad sigue siendo discreta. Domina los asuntos de fondo y por lo general responde a las preguntas sin rodeos. Pero es también un populista declarado, un político que triunfa por el descontento reinante y aporta respuestas simplistas a las preguntas complejas.Timo Soini es el jefe del partido Verdaderos Finlandeses. Hace unos años, el partido se desarrollaba al margen de la escena política. En las elecciones legislativas de 2007, obtuvo un modesto 4,1 %.

Ahora, el partido ha subido hasta el 17 % en los últimos sondeos de opinión, una remontada que ha pillado desprevenido al conjunto de las instancias dirigentes del país. De este modo, los Verdaderos Finlandeses se ponen a la altura de los tres principales partidos del país, el Kokoomus [Partido de la Coalición Nacional], el Partido del Centro y el Partido Social-Demócrata. Hoy, a dos meses de las elecciones legislativas, el partido de Timo Soini prácticamente cuenta con el mismo apoyo que los social-demócratas (17,3 %). Es la subida más fuerte de un partido político finlandés desde hace decenios.

Su popularidad nace de la crisis de la democracia finlandesa

La popularidad de Timo Soini es sobre todo consecuencia de la crisis que atraviesa la democracia finlandesa. Durante años, después de cada elección, la formación del Gobierno ha dado lugar a peleas verbales entre los tres partidos principales del país, lo que ha generado un creciente sentimiento de impotencia y de frustración entre los electores. En Finlandia, el índice de participación electoral es más bajo que en los demás países nórdicos: en las legislativas de 2007, se elevaba al 67,9 %, mientras que el índice en las elecciones suecas ascendía al 84,6 %.

Como es natural, el apoyo acreditado a Timo Soini debe considerarse con prudencia. No obstante, todo parece indicar que su partido podría obtener al menos el 10 % de los votos en las legislativas. Entonces se convertiría en el cuarto partido de Finlandia y por lo tanto, dadas estas condiciones, sería difícil mantenerle al margen del Gobierno. Soini ha pregonado con aplomo que su formación conseguiría al menos dos puestos ministeriales y que él mismo se veía bien en el puesto de ministro de Industria.

Ahí es donde reside la gran diferencia entre las políticas sueca y finlandesa. En Suecia, son muy pocos los responsables políticos dispuestos a relacionarse, ni siquiera de lejos, con los Demócratas de Suecia [la extrema derecha]. En cambio, en Finlandia, los Verdaderos Finlandeses se consideran una alternativa perfectamente creíble. Esto se debe sobre todo al hecho de que no tienen un pasado neonazi; este partido es, por así decirlo, una creación exclusiva del mismo Soini, cuyas propias raíces políticas se encuentran en el Partido Rural de Finlandia, un partido populista de los años setenta dirigido por el legendario Veikko Vennamo. Éste último era un orador de gran talento; algunas de sus frases han pasado a los anales de la política finlandesa, sobre todo “kyllä kansa tietää” [el pueblo sí que sabe].

Su caballo de batalla es salir de la Unión Europea

Esta es la tradición que precisamente perpetúa Soini, forjándose una imagen de defensor de los pueblos pequeños contra el poder establecido. Su caballo de batalla es la salida del país de la Unión Europea y el límite a la inmigración. También considera que Finlandia debería retirarse del Protocolo de Kioto y que la iglesia no debería aceptar el matrimonio homosexual. Soini se esmera en especial para distinguirse de los racistas. Con frecuencia hace referencia a su fe católica (se convirtió cuando era estudiante, en los años ochenta) para sostener su convicción según la cual todos los hombres son iguales. Sus detractores destacan que la demagogia a pesar de todo gusta al electorado xenófobo y que hace creer a sus electores que representa sus valores.

En realidad, el éxito de Timo Soini no tiene que ver con la política de inmigración, sino sobre todo con el hecho de que ha llegado a calar en la franja cada vez más grande del electorado que se desvía de la política. Para muchos responsables políticos, este fenómeno se debe a que Soini se ha convertido en el preferido de los medios de comunicación, puesto que los periodistas admiran su ascenso fulgurante, en lugar de ponerlo en duda.

Sin embargo, la credibilidad de Timo Soini se tambaleó un poco tras la presentación de su programa en materia de política climática. Al parecer, este programa era la copia exacta del propuesto por Metalliliitto [sindicato de la metalurgia], con erratas tipográficas incluidas. Reconoció su error y siguió labrándose su camino sin pestañear, como si no hubiera pasado nada. La solución para los “viejos partidos” podría ser dejar que los Verdaderos Finlandeses formaran parte del próximo Gobierno. El poder actual espera que suceda lo mismo que con Veikko Vennamo: que no llegue a cumplir sus promesas electorales y sufra un duro revés en las siguientes elecciones. Pero es tan sólo una hipótesis. Y por eso los grandes partidos actualmente tienen los nervios a flor de piel.

Anna-Lena Laurén, (1976) es una periodista y escritora finlandesa de habla sueca. Desde 2010 colabora con el diario finés en sueco Hufvudstadsbladet. Fue corresponsal en Rusia para este periódico, e igualmente para la radio pública finlandesa YLE, y corresponsal en Finlandia para el diario sueco Svenska Dagbladet. Ha publicado tres libros sobre Rusia y el Cáucaso.

Fecha: 07/08/11
Fuente: Qué Pasa
Autor: Mario Marcel
Artículo: Como un thriller

Más allá de los pormenores de las negociaciones y los riesgos involucrados, ha sido impresionante ver a personas comunes y corrientes asustadas, enojadas y decepcionadas por discusiones sobre materias muy lejanas a su vida cotidiana, pero con el potencial de afectar el bienestar de toda una generación.

La economía ha sido vista por muchos -y con razón- como una disciplina tremendamente aburrida. El propio Keynes la definió como una ciencia sombría, caracterizada por llamados al realismo que ponen en cuestión la racionalidad de grandes proyectos y emprendimientos. Esta visión contrasta con las pasiones vividas desde el colapso de Lehman Brothers, que ha tenido al mundo con el alma en un hilo durante ya casi cuatro años. El último capítulo de este thriller ha sido particularmente dramático, con Europa y Estados Unidos viviendo momentos de verdadera angustia en los estos días.

Me tocó estar en París durante las últimas negociaciones de la Unión Europea sobre la crisis griega, y luego en Washington durante el fin de semana en que se resolvió la modificación del límite de endeudamiento. Más allá de los pormenores de las negociaciones, y los riesgos involucrados -ampliamente reporteados por los medios-, ha sido impresionante ver a personas comunes y corrientes asustadas, enojadas y decepcionadas por estas negociaciones de alto nivel sobre materias muy lejanas a su vida cotidiana, pero con el potencial de afectar el bienestar de toda una generación. En particular, Washington vivió un fin de semana de terror, con todos los canales de televisión transmitiendo continuamente desde el Capitolio y grupos manifestándose a sus puertas, reclamando una solución que, en definitiva, involucró pequeñas variantes respecto de ideas que venían discutiéndose por meses.

Estos dos procesos paralelos han resuelto como un empate transitorio, lo que hasta hace poco se veía como la disputa de dos modelos económicos y sociales. A estas alturas es posible decir que Estados Unidos y Europa lo han hecho más o menos igual de mal, y que las soluciones alcanzadas sólo resuelven temporalmente problemas más profundos. Ambos bloques culminan estos últimos procesos exhaustos y con un marcado estancamiento económico que ha echado por la borda las ilusiones de una rápida recuperación de la crisis financiera de 2007-2009 (1).

Para ser justos, sin embargo, hay que decir que Estados Unidos surge más dañado de este proceso que la vapuleada Europa. Mientras la UE ha tratado de resolver problemas muy complejos de coordinación económica, iniciando la construcción de una institucionalidad que pueda cubrir los enormes vacíos que dejaron los tratados de la Unión Monetaria Europea, Estados Unidos está sufriendo un daño que todos clasifican como autoinfligido. En Estados Unidos no hay gobiernos distintos que deben resolver problemas de disciplina y coordinación, sino un enfrentamiento ideológico enconado entre actores políticos del mismo país. El presidente Obama ha salido de este proceso entregando prácticamente todas sus condiciones a una oposición guiada por un conjunto de parlamentarios fuertemente ideologizados, que no manifiestan intenciones de entrar en las transacciones propias de la política en cualquier parte del mundo.

Esta comparación debería completarse afirmando que es una sobresimplificación leer la crisis europea meramente como una crisis fiscal originada en los excesos del estado de bienestar. La mayor vulnerabilidad económica de España no está en sus finanzas públicas, sino en su sistema financiero y en el mercado del trabajo. Algo similar ocurre en Irlanda. En Europa hay numerosos países con estados de bienestar más generosos que los de Grecia o Portugal, que no han tenido mayores problemas fiscales.

El elemento común de las dramáticas experiencias de Estados Unidos y Europa, sin embargo, es que ellas revelan un deterioro de las formas de gobernabilidad tradicionales en las que se ha basado la política en el mundo occidental. Obama, el liderazgo republicano, Ángela Merkel o los líderes de los países periféricos de Europa, se enfrentan a una misma dificultad: la de tomar decisiones duras e impopulares en un momento de crisis. Esta dificultad, evidentemente, siempre ha existido, pero parece haberse acentuado como resultado de dos fenómenos: la mayor transparencia e información sobre los actos de gobierno que ha generado la era del conocimiento global, y el surgimiento de grupos con estrechas motivaciones políticas o económicas, capaces de captar la atención pública. Decisiones que antes se tomaban a puertas cerradas en nombre del bien general, hoy son cuestionadas abiertamente y -muchas veces- revertidas en función del propio proceso que les da origen. Información que antes se transmitía parcial y gradualmente, hoy se hace al instante.

La respuesta instintiva de muchos líderes a este fenómeno es el populismo, decir lo que (se cree) la gente quiere oír. Pero éste no es muy útil para enfrentar una crisis. También parece ser ya tarde para el autoritarismo o apelaciones patrióticas. Lo que hace falta hoy es una nueva pedagogía política, mediante la cual los líderes sean capaces de explicar sus propuestas, escuchar a los actores económicos y sociales, buscar acuerdos efectivos y sostenibles.

Esto, por cierto, es más fácil cuando se ha conocido la realidad de una crisis y se llega a la convicción sobre la necesidad de evitar la siguiente. Es más fácil convocar a actores diferentes en torno a un enemigo común que construyendo consensos en materia de principios. El mundo desarrollado, de hecho, no se divide en relación a la economía entre Estados Unidos y Europa, sino que entre los países que vivieron crisis recientes y aprendieron de ellas (Suecia, Australia, Corea, Canadá) y los que, no habiéndolas sufrido, creyeron que tenían el futuro asegurado.

Durante los próximos meses veremos si el thriller de julio de 2011 sirvió a este propósito. Europa tendrá que construir una arquitectura capaz de coordinar la política fiscal y las regulaciones financieras, con sanciones efectivas y creíbles para los que no las cumplan. Estados Unidos tendrá que construir un programa fiscal creíble -entregado a una impredecible comisión de 12 congresistas- y ver cómo el electorado sanciona a los actores que protagonizaron la crisis del límite de deuda. El último capítulo de esta novela aún no se ha escrito, pero no hay duda que es apasionante.

Fecha: 08/08/11
Artículo: Combatir el fuego con fuego

“¿Se declarará el mundo en bancarrota?”, titula Der Spiegel ante el endeudamiento de Estados Unidos, la crisis del euro y el caos de las Bolsas. Sin demasiada esperanza, el semanario de Hamburgo explica cómo la política europea y estadounidense corre sin éxito detrás de los mercados financieros, desestabilizándolos cada vez más. Desde hace 3 años, tiempo en el que los Estados se han endeudado para rescatar a sus bancos, nadie ha respondido a la pregunta de quién iba a rescatar a los rescatadores, recuerda Spiegel. Hasta ahora, “el signo distintivo de los rescates europeos es que van siempre por detrás y son insuficientes”.

En cuanto a China, parece improbable que pueda salvar la economía mundial, immersa como está en una economía sobrecalentada que podría hacer explotar la próxima burbuja, apunta la revista. Y concluye: “La lección de esta crisis se resume en tres palabras: finanzas públicas sólidas”, lo que implica planes de austeridad duros y delegaciones dolorosas de soberanía nacional. “Por el bien de Occidente, nada es tan determinante como saber si los Gobiernos conseguirán reflexionar con una visión a largo plazo. Tienen que razonar más allá de las próximas elecciones.”

Artículo:El dolor de cabeza de USD $3,2 billones de China
Fecha: 18/08/11
Autor: Yao Yang

Beijing – Mientras que la rebaja de calificación de la deuda gubernamental de Estados Unidos por parte de Standard & Poor’s conmovió a los mercados financieros mundiales, China tiene más razones para ser el país más preocupado: la mayor parte – es decir, más del 60% – de los USD $3,2 billones que tiene en reservas oficiales de divisas están denominados en dólares estadounidenses, incluyendo USD $1,1 billones en bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Siempre y cuando el gobierno de EE.UU. no ingrese en moratoria, las pérdidas de pudiese sufrir China por la rebaja de calificación serán pequeñas. Sin duda, el valor del dólar caerá, imponiendo una pérdida en el balance del Banco Popular de China (PBC, el banco central). Pero un dólar de menor valor hará que sea más barato para los consumidores y empresas chinas comprar productos estadounidenses. Si los precios se mantienen estables en los EE.UU., como es el caso en la actualidad, las ganancias provenientes de la compra de productos estadounidenses deben compensar exactamente las pérdidas en el balance del PBC.

La rebaja de calificación podría, además, forzar al Tesoro de EE.UU. a aumentar la tasa de interés de los bonos nuevos, lo que en el caso de China, podría a su vez posibilitar mayores ganancias. Pero la rebaja de calificación de S&P fue una mala decisión, tomada en el momento equivocado. Si las deudas de Estados Unidos se hubieran tornado, verdaderamente, en deudas menos confiables, ellas hubieran sido de confiabilidad aún más dudosa antes del acuerdo alcanzado el 2 de agosto por el Congreso y el presidente Barack Obama para elevar el techo de la deuda pública.

Ese acuerdo permitió que el mundo tenga esperanzas de que la economía estadounidense pudiera emprender un camino más predecible a recuperación. El descenso de categoría ha socavado estas esperanzas. Algunas personas incluso predicen una recesión de doble caída. Si esto ocurre, la posibilidad de una verdadera moratoria de EE.UU. sería mucho mayor de lo que es hoy en día.

Estas nuevas preocupaciones están haciendo que emerjan campanas de alarma en China. La diversificación de los activos, alejándose de los activos en dólares estadounidenses, es el consejo favorito del día. Pero esta no es una tarea fácil, sobre todo en el corto plazo. Si el PBC empezara a comprar activos que no están denominados en dólares en grandes cantidades, invariablemente necesitaría convertir algunos de sus actuales activos en dólares en activos en otra moneda, lo que de manera inevitable haría subir el valor de dicha moneda, consecuentemente aumentando los costos del PBC.

Otra idea que se debate en los círculos chinos de formulación de políticas es permitir que el renminbi se aprecie frente al dólar. Se ha acumulado gran parte de las reservas oficiales de divisas de China porque el PBC trata de controlar el tipo de cambio del renminbi, manteniendo su movimiento ascendente dentro de un rango razonable y a un ritmo mesurado. Si se permitiría que el renminbi se aprecie más rápido, el PBC no tendría que comprar grandes cantidades de monedas extranjeras.

Sin embargo, si la apreciación del renminbi funcionará depende de la reducción de la afluencia neta de capitales de China y el superávit de cuenta corriente. La experiencia internacional sugiere que, en el corto plazo, que mayor cantidad de capital fluye hacia un país cuando se aprecia su moneda, y la mayoría de los estudios empíricos han demostrado que una apreciación gradual tiene únicamente un efecto limitado en las posiciones de cuenta corriente de los países.

Si la apreciación no reduce el superávit de cuenta corriente y los flujos entrantes de capital, entonces la tasa de cambio del renminbi está obligada a enfrentar una mayor presión al alza. Esta es la razón por la que algunas personas defienden que China se someta a una apreciación mediante un gran y único golpe – que sea lo suficientemente fuerte para desactivar las expectativas de mayor fortalecimiento y desalentar la afluencia de dinero especulativo “caliente”. Dicha revalorización desalentaría también las exportaciones y alentaría las importaciones, de esta forma se reduciría el superávit comercial crónico de China.

Sin embargo, tal medida sería casi suicida para la economía de China. Entre los años 2001 y 2008, el crecimiento de las exportaciones representó más del 40% del total del crecimiento económico de China. Esto significa que la tasa de crecimiento anual del PIB de China caería cuatro puntos porcentuales si sus exportaciones no crecieron en absoluto. Además, un estudio realizado por el Centro de Investigación Económica de China ha establecido que una apreciación del 20% frente al dólar implicaría una caída del 3% en el empleo – más de 20 millones de empleos.

No existe ninguna cura a corto plazo para el problema de USD $ 3,2 billones de China. El gobierno debe basarse en medidas a más largo plazo para mitigar el problema, incluyendo la internacionalización del renminbi. El uso del renminbi para ajustar las cuentas de comercio internacional ayudaría a que China escape la política de tener que empobrecer al vecino que permite que el valor del dólar caiga drásticamente frente a los rivales comerciales.

Pero el problema de los USD $3,2 billones se convertirá en un problema de 20 billones de renminbi si China no pude reducir su superávit actual en cuenta corriente y mantener fuera los flujos de capital. No existe un escape de la necesidad de ajustes estructurales internos.

Para lograr esto, China debe aumentar la participación del consumo interno en su PIB. Esto ya se ha fue estipulado en el Plan quinquenal número 12 del gobierno. Lamentablemente, dada la alta inflación, el ajuste estructural ha sido pospuesto, por lo que los esfuerzos para controlar la expansión del crédito se convierten en la primera prioridad del gobierno. Esta desaceleración de las inversiones está por si misma aumentando los ahorros netos de China; es decir, el superávit de cuenta corriente, mientras que está contrayendo la expansión del consumo doméstico.

La apreciación real del renminbi es inevitable, siempre y cuando los estándares de vida chinos estén en el proceso de alcanzar a los niveles de EE.UU. De hecho, el gobierno chino no puede contener la inflación mientras se mantiene un valor estable del renminbi. El PBC debe enfocarse en la tasa de cambio del renminbi, en lugar de la tasa de inflación sujeta a un renminbi estable. Y, posteriormente el gobierno necesita concentrarse más su atención en el ajuste estructural –la única cura efectiva para el dolor de cabeza de los USD $3,2 billones de China.

Yao Yang es director del Centro para la Reforma Económica de China en la Universidad de Pekín.

Fecha: 17/09/11
Autor: Mauricio Rodríguez Kogan

EE.UU. y Europa harán en 2012 su menor aporte al PIB global en 30 años tras recesión 2008-2009

Aunque por ahora la economía mundial no ha entrado de nuevo en recesión, la fragilidad de los países desarrollados, y de Estados Unidos y Europa en particular -que constituyen más del 40% del PIB del mundo-, va a derivar este año y el próximo en que harán su menor aporte al crecimiento global en tres décadas, con excepción de la crisis 2008-2009, en que incluso decrecieron, con lo cual le restaron puntos a la expansión mundial.

A días de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) entregue sus nuevas perspectivas económicas para los próximos años, el mercado ya pronostica que el crecimiento del PIB será considerablemente menos optimista que lo planteado por el FMI en abril y junio, al menos en lo que respecta a 2011 y 2012.

De acuerdo al banco de inversiones JP Morgan, el mundo crecería este año un 3,5% y en 2012 un 3,4%, lo cual contrasta con el 4,4% y 4,5% que estimó el FMI en abril, respectivamente (en junio modificó su estimación para 2011 a 4,3%).

A su vez, la Economist Intelligence Unit, de Londres, pronostica una expansión de 3,6% en 2011 y 3,4% el próximo año.

Estas proyecciones están hechas sobre la base de dólares internacionales o paridad de poder de compra (PPC), medida que se utiliza para hacer comparaciones entre países, ajustando sus diferentes niveles de precios.

A tipos de cambio de mercado, las economías desarrolladas anotarán una expansión de 1,3% y 1,4% en 2011 y 2012, respectivamente, según JP Morgan. En junio, el FMI estimó que los desarrollados crecerían 2,2% y 2,6%, este y el próximo año. Por su parte, las economías emergentes registrarían este año un crecimiento de 5,7% y de 5,3% el 2012, proyecta JP Morgan, ambos resultados menos auspiciosos que el escenario que delineó en junio el FMI para esas naciones: una expansión de 6,6% y 6,4% el presente año y el que viene.

Volviendo a la medición según paridad de poder de compra, del 3,5% que crecería el mundo en 2011 y el 3,4% de 2012, las economías desarrolladas, con una expansión de 0,7% y 0,8% respectivamente, contribuirán apenas con un 21% y un 24% del crecimiento global en cada año.

Estas proporciones son preliminares, pues se prepararon en base a las estimaciones de abril del FMI y a las proyecciones de crecimiento de JP Morgan para las economías más grandes del planeta. Se tomó una selección de 52 economías que a PPC representan el 89% del PIB global.

Sobre esta base, Estados Unidos y los 17 países que componen la eurozona -que conforman el 43% del PIB mundial- aportarán al crecimiento global con sólo un 16% (0,52 punto) y un 14% (0,47 punto) del avance total en 2011 y 2012, respectivamente.

Ambos aportes son los más bajos en 30 años, dejando fuera el período 2008-2009. Así, la relevancia de Estados Unidos y Europa en el impulso de la economía mundial sería el menor desde su recesión en 1982, cuando el primer mundo sufrió un shock petrolero y un acentuado desempleo.

El aporte general de los países desarrollados a la expansión global en 2011-2012 contrasta fuertemente con la participación promedio del orden de 50% que registraron entre 1980 y 2007.

Este resultado, además, se da en un contexto sin recesiones de gran impacto de países individuales este año: en Europa sólo Grecia y Portugal, cuyo tamaño es proporcionalmente bajo, incluso dentro de la propia eurozona, y una leve contracción de Japón (-0,3%). Lo mismo aplica para 2012, donde, de momento, no se prevén decrecimientos en naciones relevantes.

Mirada esta moneda desde la otra cara, se aprecia que 2011 será el 11° período en que la contribución de los países de mercados emergentes constituye el principal soporte del avance económico mundial.

La última vez que los países del primer mundo tiraron mayoritariamente el carro de la expansión global fue en 2000, año en que la burbuja de acciones tecnológicas estalló en Estados Unidos.

Este año y el próximo los emergentes aportarán entre un 75% y un 80% del crecimiento previsto para el mundo, es decir, del orden de 2,6 puntos porcentuales en cada período. Lo más decidor es que dicho cálculo considera a 25 economías emergentes, de las 52 de la muestra total, y que constituyen sólo un 41% del PIB global en paridad de poder de compra (o 30% a precios de mercado). El bloque desarrollado, en cambio, representa el 48% del PIB mundial en PPC y 62% a tipos de cambio de mercado.

En ninguna otra parte esta fortaleza es más evidente que en el caso de China, que representando alrededor de un décimo del PIB global, es capaz por sí sola de contribuir al crecimiento con más puntos porcentuales que las 10 otras economías más grandes del mundo.

En perspectiva, el crecimiento que aportará este año China a la economía mundial equivale a lo mismo con que contribuirá Estados Unidos -la economía más grande del globo- en los cinco años transcurridos entre 2006 y 2011.

Beneficiándose de la fortaleza china, la región Asia Pacífico es el nuevo eje de la prosperidad global. Incluso excluyendo a China, esta zona aportará en 2011-2012 tres veces más crecimiento al mundo que América Latina en igual período. Con todo, los seis principales países del Cono Sur y México proveerán más impulso al PIB global que los 17 países de la eurozona.

Según el FMI, esta situación general de aportes a la expansión del mundo se prolongará al menos por los próximos cinco años (2012 a 2016), durante los cuales el eje del crecimiento global seguirá siendo el mundo emergente, con una contribución que como mínimo se mantendrá en tres cuartos del total.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

  1. Pingback: FMI: Si EE.UU. no paga sus deudas pondría en riesgo la economía mundia « El Moderador

  2. Pingback: Obama expresa apoyo a propuesta de senadores para evitar que EEUU caiga en cesación de pagos « El Moderador

  3. Pingback: ¿Por qué es tan grande el déficit de los Estados Unidos? « El Moderador

  4. Pingback: Standard and Poor’s rebaja calificación a Estados Unidos « El Moderador

  5. Pingback: El país de las contradicciones « El Moderador

  6. Pingback: Las clases marginadas se rebelan « El Moderador

  7. Pingback: Las claves de la crispación norteamericana « El Moderador

  8. Pingback: Calles revueltas « El Moderador

  9. Pingback: Pronóstico Roubini « El Moderador

  10. Pingback: Sebastián Edwards: “El problema de Chile no es económico, es político” « El Moderador

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: