Presidente Hu: PCCh ha obtenido tres grandes logros en sus 90 años de historia

Beijing, 1 jul (Xinhua)- El Partido Comunista de China (PCCh), escogido por la historia y el pueblo, ha obtenido tres grandes logros desde que se fundó hace 90 años, dijo hoy viernes el presidente chino y secretario general del Comité Central del Partido, Hu Jintao.

Con el apoyo del pueblo, el PCCh ha completado la revolución de la nueva democracia, logrando la independencia nacional y la liberación del pueblo, afirmó Hu durante una gran reunión conmemorativa celebrada en el Gran Palacio del Pueblo, en el centro de Beijing.

Además, el Partido ha llevado a cabo la revolución socialista y ha establecido el socialismo como sistema básico.

Por último, el PCCh ha implementado la nueva gran revolución de la reforma y apertura, creando, defendiendo y desarrollando el socialismo con peculiaridades chinas, subrayó Hu.

“Estos tres grandes asuntos han cambiado de raíz el porvenir y el destino del pueblo chino y la nación china”, dijo el secretario general.

Fecha: 04/07/11
Autor: Joseph S. Nye

¿Debemos “contener” a China?

Cambridge – Este mes se cumplen 40 años del viaje secreto de Henry Kissinger a Pekín, que inició el proceso de reparación de una ruptura de 20 años en las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y China. Ese viaje y la posterior visita del presidente Richard Nixon representaron un importante realineamiento durante la Guerra Fría. Los EE. UU. y China dejaron de lado su intensa hostilidad en un exitoso esfuerzo conjunto para contener a una Unión Soviética expansionista.

Hoy, la Unión Soviética se ha esfumado, y el poder chino crece. Algunos estadunidenses postulan que el ascenso chino no puede ser pacífico y que, por lo tanto, la política de los EE. UU. debe contener a la República Popular. De hecho, muchos funcionarios chinos perciben la estrategia actual estadounidense de esa manera. Están equivocados.

Después de todo, la contención de la URSS durante la Guerra Fría significó virtualmente la ausencia del comercio y poco contacto social. Hoy, por el contrario, los EE. UU. no solo mantienen un comercio masivo con China, sino también un amplio contacto social, que incluye la asistencia de 125.000 estudiantes chinos a universidades estadounidenses.

Con el fin de la Guerra Fría, la contención de la Unión Soviética preludiada por la visita de Kissinger, no puede ya servir como el fundamento para las relaciones entre los EE. UU. y China. Más aún, las relaciones con China se enfriaron luego de la masacre de Tian’anmen en 1989, y el gobierno de Clinton tuvo que diseñar un nuevo enfoque.

En 1994, cuando estaba supervisando la Revisión de la Estrategia de Asia Oriental (East Asia Strategy Review/Actualizada-2011*) del Pentágono, rechazamos la idea de la contención de China por dos motivos. Si tratábamos a China como un enemigo, nos estábamos garantizando un enemigo en el futuro. Si tratábamos a China como un amigo no podíamos garantizar la amistad, pero al menos podíamos mantener la posibilidad abierta a resultados más benignos.

Además, hubiera sido difícil persuadir a otros países a unirse en una coalición para contener a China, a menos que China recurriese a tácticas intimidatorias, como los soviéticos luego de la Segunda Guerra Mundial. Solo China, a través de su comportamiento, era capaz de organizar la contención de China por terceros.

En vez de contención, la estrategia diseñada por el gobierno de Clinton se podría haber llamado “integrar, pero proteger”, algo así como el enfoque de “confiar, pero verificar” adoptado por Ronald Reagan para los acuerdos estratégicos con los soviéticos. Por un lado, los EE.UU. apoyaron la membresía de China en la Organización Internacional del Comercio (def), y aceptaron los productos y visitantes chinos. Por otro lado, la declaración Clinton-Hashimoto, de abril de 1996, afirmó que el tratado de seguridad entre los EE. UU. y el Japón, en vez de constituir una reliquia de la Guerra Fría, proporcionaría las bases para un Asia Oriental estable y próspera.

Clinton comenzó también a mejorar las relaciones con la India, una estrategia que ha recibido apoyo bipartidario en los EE. UU. El gobierno de Bush continuó mejorando las relaciones bilaterales, al tiempo que profundizaba y formalizaba el diálogo económico con China. Robert Zoellick, por entonces subsecretario de estado, dejó en claro que los EE. UU. aceptarían el ascenso de China siempre que se comportarse como “participante responsable”. Esa política continúa rigiendo en el gobierno de Obama, que ha ampliado las consultas económicas anuales con China para incluir cuestiones de seguridad.

Como propongo en mi nuevo libro, The Future of Power (El futuro del poder), uno de los principales desplazamientos de poder del siglo XXI es el resurgimiento asiático. En 1800, Asia representaba la mitad de la población y la economía mundial. Hacia 1900, la revolución industrial en Europa y América del Norte había hecho descender la participación asiática al 20% del producto mundial. A mediados de este siglo, Asia debería significar nuevamente la mitad de la población y el PBI mundial.

Esta es una evolución natural y bienvenida, ya que permite que cientos de millones de personas escapen de la pobreza. Simultáneamente, sin embargo, ha dado lugar a temores de que China se convierta en una amenaza para los EE. UU.

Esos temores parecen exagerados, especialmente cuando se considera que Asia no es una entidad única. Tiene su propio equilibrio interno de poder. Japón, India, Vietnam y otros países no desean ser dominados por China, y por lo tanto reciben con agrado una presencia estadounidense en la región. A menos que China desarrolle su “poder de atracción”, el crecimiento de su capacidad militar y económica probablemente asuste a sus vecinos y los lleve a buscar coaliciones para equilibrar su ascenso. Es como si México y Canadá buscaran una alianza con China para equilibrar el poder estadounidense en Norteamérica.

Luego de la crisis financiera de 2008-2009, cuando China mostrara una rápida recuperación y retomara su crecimiento económico anual al 10%, algunos funcionarios y comentaristas chinos instaron a seguir una política exterior más firme, para reflejar el nuevo poderío chino. Muchos creyeron equivocadamente que los EE. UU. estaban decayendo, y que la crisis presentaba nuevas oportunidades estratégicas para China.

Por ejemplo, China comenzó a presionar con reclamos territoriales en el Mar de la China Meridional, y a intensificar una antigua disputa fronteriza con la India. El resultado en términos netos es que, durante los últimos dos años, China ha empeorado sus relaciones con el Japón, la India, Corea del Sur, Vietnam y otros países. Un desempeño extraordinario, que confirma la premisa estratégica de los EE. UU.: “solo China puede contener a China”.

Pero sería un error centrarse solamente en la parte de la estrategia estadounidense centrada en la protección. Los EE. UU. y China (así como otros países) tiene mucho que ganar de su colaboración en temas transnacionales. Sin ese tipo de cooperación no se pueden diseñar e implementar soluciones para la estabilidad financiera mundial, el cambio climático, el terrorismo electrónico ni las pandemias.

Si el poder es la capacidad para obtener los resultados que uno desea, es importante recordar que a veces nuestro poder es mayor cuando actuamos con otros que cuando simplemente lo hacemos sobre otros. Esta importante dimensión de una estrategia de “poder inteligente” para el siglo XXI queda fuera del concepto de contención. Cuando Kissinger aterrizó en Pekín hace cuatro décadas, no solo inició una transformación de la Guerra Fría, sino también una nueva era para las relaciones entre los EE. UU. y China.

El Autor,Joseph S. Nye, Jr., Subsecretario de Defensa durante el gobierno de Clinton y actualmente profesor en la Universidad de Harvard, es autor de The Future of Power (El futuro del poder).

Fecha: 10/07/11
Autor: Bernhard Zand
Fuente: Der Spiegel

Para el ex jefe de la diplomacia de EE.UU., el Partido Comunista chino, que acaba de cumplir 90 años, va camino de convertirse en una versión asiática del PRI mexicano.

El ex secretario de Estado Henry Kissinger, de 88 años, ha sido por décadas un agudo observador de China. Fue clave en el histórico viaje del Presidente de EEUU Richard Nixon a ese país en 1972 y acaba de lanzar el libro On China. En entrevista con Der Spiegel habló de sus encuentros con Mao Tse Tung, del futuro del Partido Comunista Chino -que acaba de cumplir 90 años- y de la creciente rivalidad entre Estados Unidos y la potencia asiática.

¿Todavía es correcto llamar al PCC comunista? ¿Es China, el tema de su reciente libro, aún comunista?

No es un país comunista tal como se lo definió históricamente: con el Estado manejando la economía, determinando la distribución del ingreso y un total monopolio sobre cada aspecto de la vida intelectual. Las reformas de Jiang Zemin, al inicio de los años 2000, buscaban ampliar la base del Partido Comunista a través de la doctrina de los tres representantes. Pero China aún es un país comunista en el sentido de que el Partido Comunista tiene el monopolio del poder político.

¿Recuerda cuándo percibió por primera vez al PCC como un movimiento histórico, quizás incluso como una amenaza histórica?

En los 60 habría considerado a China como un país ideológicamente más dinámico que la Unión Soviética. Pero, en cuanto a estrategia, la URSS era más amenazante.

Y, aun así, ni el Presidente Nixon ni usted evitaron reanudar relaciones diplomáticas con la China comunista en 1973.

Reino Unido y Francia habían establecido relaciones diplomáticas años atrás. Nuestro diálogo con Beijing nos servía en un claro propósito: pensábamos que una China y una Unión Soviética que se balancearan una a la otra eran parte del interés estratégico de Occidente. Creíamos que era muy importante mostrar a los estadounidenses -en ese tiempo divididos por la guerra de Vietnam- una nueva noción de paz internacional.

Cuando se reencontró con los chinos, ¿se dio cuenta del enorme costo en vidas humanas que estos líderes le estaban ocasionando a su propio pueblo (la Revolución Cultural, el Gran Salto Adelante)?

Esos acontecimientos fueron una catástrofe. El sufrimiento y el hambre eran conocidos, pero no en su total dimensión. En cualquier caso, negociamos con China como un Estado; no aprobamos su dirección moral. Todos nuestros aliados europeos y Japón aplaudieron este camino.

¿Es una decisión que tomó porque sus consideraciones de política exterior se impusieron sobre la moral?

No. Pensábamos que la promoción de la paz era también una virtud moral, y que la seguridad era un objetivo importante. La conclusión alternativa era no tener ningún contacto con China.

¿Cree que el partido seguirá influyendo en los 90 años que vienen?

El partido tendrá que ampliar su base. Hay muchas fuerzas nuevas en China, y los líderes del partido actual proclaman que debe haber cambios. La pregunta de fondo es si con el tiempo los chinos permitirán la existencia de partidos alternativos.

¿Tiene aún el PCC un núcleo ideológico, o es sólo un vehículo de poder para las élites chinas?

El partido evolucionará haciendo ajustes pragmáticos en la dirección del PRI (Partido Revolucionario Institucional), que gobernó México por siete décadas. Puede que quede un núcleo ideológico. Pero no jugará el rol global que tuvo en el período de Mao.

Podría argumentarse que usted inició un proceso que ha hecho a EE.UU. más débil y a China más fuerte. El actual déficit comercial de EE.UU. con China es gigantesco y Beijing tiene casi US$ 900 mil millones en bonos estadounidenses.

Sólo puedes decir eso si no viviste entonces como un participante consciente en el debate. Cuando se inició la relación, la idea de que China se convirtiera en un competidor económico de Estados Unidos era inimaginable. ¿Cuál era la alternativa? Si un país de mil millones de personas se organiza, seguro que se convierte en un gran competidor. El déficit fiscal no se debe a la apertura de las relaciones, sino a la política imprudente de Estados Unidos.

La secretaria de Estado Hillary Clinton reconoció una vez su frustración con China diciendo: “¿Cómo puedes ser fuerte para negociar con tu banquero?”

Cuando debes suficiente dinero al banquero, cualquier arreglo es un suicidio mutuo. Si los chinos tratan de usar su posición de banquero, pueden sólo hacerlo corriendo el riesgo de perder las exportaciones que lo han convertido en el banquero número uno. Sin embargo, no es viable para EE.UU. seguir con estos grandes déficits sin poner en peligro su solvencia, independiente de lo que hagan los chinos con la deuda.

Clinton también fue crítica de la reacción de China ante las revueltas árabes. Dijo que los chinos están “temerosos” y que están tratando de frenar la historia.

No es prudente -ni táctica ni sicológicamente- decirle a otro país con cuatro mil años de historia ininterrumpida que entendemos su historia mejor que ellos.

¿Qué pasaría si las protestas sociales estallaran en China y se repitiera la masacre de la plaza de Tiananmen?

La posición formal de Estados Unidos ha sido oponerse a la violencia de los gobiernos contra su pueblo. Ese principio no debería abandonarse. En temas de derechos humanos que consideramos de fundamental importancia tenemos que levantarnos, pero debemos comprender que se paga un precio en la política exterior por esa actitud.

Pero cuando China se enoja con otro país, ellos lo dicen, fuerte y claro. ¿Por qué Occidente no debería criticar a Beijing en público? Eso es un doble estándar.

No critico a la gente que toma una posición pública en temas de derechos humanos. Pero algunas personas pueden influir más sin una confrontación en público.

Cuando Obama asumió, intentó acercarse a China. Pero el debate chino-estadounidense se ha centrado en controversias.

A Obama le gustaría mejorar la relación con China. Beijing también desea mejorar la relación con EE.UU. Lo que está fallando es hallar una gramática para el diálogo, y parte de esto es un problema cultural. Los estadounidenses ven la política exterior como una serie de asuntos pragmáticos, en parte porque cada problema reconocido como tal en Estados Unidos ha sido soluble.

¿Y es diferente para los chinos?

Los chinos ven la política exterior como serie de eventos interrelacionados. En el caso del debate sobre la tasa de cambio china: nosotros nos referimos a un tema específico, que es que la moneda china debe subir. Los chinos lo ven en términos de la relación económica global con Estados Unidos.

¿Así que los chinos están pensando más estratégicamente en términos de política exterior?

No, sólo más globalmente.

¿Sienten los chinos que están retornando a glorias pasadas?

China es descrita a menudo como una “potencia en alza”. Pero ellos no se ven así, porque por 18 de los últimos 20 siglos han tenido el producto interno bruto más alto del mundo.

Usted se reunió varias veces con el dictador Mao Tse Tung en los 70. ¿Qué pensaría él de la China moderna?

Mao estaba más interesado en su noción de purificación ideológica más que en la recuperación económica de China. En nuestros diálogos no mostró casi ningún interés en la cooperación económica con Occidente. Por lo que consideraría muy materialista a la China actual. Probablemente no le gustarían los “yuppies” modernos en Beijing o Shanghai. La definición de pureza de Mao se basaba en premisas diferentes que las de Occidente. El provocó sufrimientos monstruosos al pueblo chino. Pero apunto a que la actitud china es más compleja. Ellos aprecian que Mao haya unido a los chinos.

Las empresas de EE.UU. que invierten en China reclaman sobre la violación de los derechos de autor. ¿Cómo asume usted estos temas?

En temas que afectan directamente el interés nacional, tú debes ir a la defensa. Mi visión es que en la relación con China, nuestros intereses están mejor servidos creando un sentido de co-evolución, más que de confrontación constante.

Cuando China se involucra en otros países, parece sólo interesarle los intereses empresariales o los recursos naturales.

Los estadounidenses creen que puedes cambiar a la gente convirtiéndolos, y que todos en el mundo son estadounidenses en potencia. Los chinos también creen que sus valores son universales, pero no piensan que puedas convertirte en un chino a menos que hayas nacido como tal.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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