Por qué importa el libre comercio

Fecha:23/06/2011
Fuente: Project Syndicate
Autor: Jagdish Bhagwati

Nueva York – Al contrario de lo que a menudo afirman los escépticos, la defensa del libre comercio cuenta con bases sólidas. Se extiende no sólo a la prosperidad general (o “PNB agregado”), sino también a los resultados distributivos, lo que hace que el argumento de libre comercio sea además moralmente atractivo.

El vínculo entre apertura comercial y prosperidad económica es fuerte y sugerente. Por ejemplo, Arvind Panagariya de la Universidad de Columbia dividió los países en desarrollo en dos grupos: países “milagro” con índices de crecimiento per cápita del PIB de 3% o superior, y países “debacle” con tasas de crecimiento negativa o cero. Panagariya encontró que los índices de crecimiento del comercio reproducían esa tendencia en el período 1961-1999.

Por supuesto, se podría argumentar que el crecimiento del PIB hace crecer el comercio, y no al revés… hasta que uno examina los países en profundidad. Tampoco se puede argumentar que el crecimiento del comercio tenga poco que ver con la política comercial: si bien los menores costos del transporte han incrementado los volúmenes de comercio, también lo ha hecho la constante reducción de las barreras comerciales.

Más convincente es el notable repunte de las tasas de crecimiento del PIB en la India y China después de haber desmantelado las barreras comerciales a finales de 1980 y principios de 1990. En ambos países, la decisión de revertir las políticas proteccionistas no fue la única reforma que se llevó a cabo, pero fue un componente importante.

En los países desarrollados, también la liberalización del comercio, que comenzó durante la posguerra, fue acompañada por otras formas de apertura económica (por ejemplo, un retorno a la convertibilidad de la moneda), lo que tuvo como resultado un rápido crecimiento del PIB. La expansión económica se vio interrumpida en los años 1970 y 1980, pero la causa fue la crisis macroeconómica provocada por el éxito del cartel de la OPEP y las políticas deflacionarias subsiguientes que llevó a cabo el entonces presidente de la Reserva Federal Paul Volcker.

Más aún, es erróneo el argumento negativo de que la experiencia histórica pesa a favor del proteccionismo. El historiador económico Douglas Irwin ha cuestionado el argumento de que la política proteccionista (1)del siglo XIX ayudara al crecimiento de las industrias nacientes en los Estados Unidos. También ha demostrado que muchos de los países que tuvieron éxito en el siglo XIX con altas tasas arancelarias (2), como Canadá y Argentina, utilizaron los aranceles como fuente de ingresos, no como una forma de proteger la industria nacional.

Tampoco deben preocuparse los defensores del libre comercio de que la apertura comercial no haya producido crecimiento adicional para algunos países en desarrollo, como sostienen los críticos. El comercio es sólo un factor facilitador. Por ejemplo, si la infraestructura es deficiente o hay vigentes políticas internas que impiden a los inversionistas responder a las oportunidades del mercado (como las sofocantes restricciones de los países del sur de Asia al otorgamiento de licencias ), no habrá resultados. Para que la apertura comercial resulte beneficiosa, es necesario que haya políticas complementarias.

Pero entonces los críticos cambian de argumento y plantean que el crecimiento impulsado por el comercio beneficia sólo las élites y no a los pobres, que no es “incluyente”. Sin embargo, en la India el paso a un crecimiento acelerado después de reformas entre las que se incluía la liberalización del comercio ha sacado de la pobreza a cerca de 200 millones de personas. En China, que creció más rápido, se estima que más de 300 millones de personas han dejado de ser pobres desde el inicio de las reformas.

De hecho, los países desarrollados también se benefician del efecto del comercio en la reducción de la pobreza. Contrariamente a la opinión popular, el comercio con los países pobres no empobrece a los países ricos… más bien al contrario. El cambio técnico no calificado y que ahorra mano de obra es lo que está ejerciendo presión sobre los salarios de los trabajadores, mientras que las importaciones más baratas que hacen alto uso de mano de obra de los países en desarrollo ayudan a los pobres que consumen estos bienes.

Si un comercio más libre reduce la pobreza, resulta presuntuoso por parte de los críticos el mostrarse como poseedores de la verdad. En realidad, los partidarios del libre comercio son quienes tienen más autoridad moral: por lo menos mil millones de personas todavía viven en la pobreza, ¿qué mayor imperativo moral tenemos que reducir ese número? Es embriagador hablar de “justicia social”, pero es difícil hacer realmente algo al respecto. Aquí, el libre comercio tiene una clara ventaja.

Como ha demostrado el historiador Frank Trentmann, en la Gran Bretaña del siglo XIX el libre comercio se defendía en términos morales: se promovía no solo para impulsar la prosperidad económica, sino también la paz. También merece la pena recordar que el Secretario de Estado de EE.UU. Cordell Hull fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1945 por políticas que incluían sus incansables esfuerzos a favor del libre comercio multilateral. Es hora de que el Comité noruego del Nobel dé nuevamente un paso al frente.

El Autor,Jagdish Bhagwati, es profesor de Economía y Derecho en la Universidad de Columbia y miembro senior en Economía Internacional en el Consejo sobre Relaciones Exteriores. En la actualidad co-preside el Panel de Personas Eminentes de la UNCTAD sobre “Globalización centrada en el desarrollo”.

Fecha: 06/07/11
Autor: Joseph E. Stiglitz

La crisis ideológica del capitalismo occidental

New York – Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología – la creencia en los mercados libres y sin restricciones – llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años ochenta hasta el año 2007, el capitalismo desregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.

Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EE.UU. yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda.

Yo estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la necesidad de mayor igualdad, una regulación más fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el gobierno. Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al contrario, un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideología e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial – o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.

En los EE.UU., este resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía, amenaza con obligar a una moratoria de la deuda nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente los beneficios de cada programa de gasto público con los costos de aumentar los impuestos para financiar dichos beneficios, la derecha busca utilizar un pesado martillo – no permitir que la deuda nacional se incremente, lo que fuerza a los gastos a limitarse a los impuestos.

Esto deja abierta la interrogante sobre qué gastos obtienen prioridad – y si los gastos para pagar intereses sobre la deuda nacional no la obtienen, una moratoria es inevitable. Además, recortar los gastos ahora, en medio de una crisis en curso provocada por la ideología de libre mercado, simple e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.

Hace una década, en medio de un auge económico, los EE.UU. enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud – impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego – rápidamente transformaron un enorme superávit en déficits récord en tiempos de paz.

Los remedios para el déficit de EE.UU. surgen inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo de la economía; se debe poner fin a las guerras sin sentido; controlar los costos militares y de drogas; y aumentar impuestos, al menos a los más ricos. Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en su lugar de ello, está presionando para obtener aún más reducciones de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los recortes de gastos en inversiones y protección social que ponen el futuro de la economía de los EE.UU. en peligro y que destruyen lo que queda del contrato social. Mientras tanto, el sector financiero de EE.UU. ha estado presionando fuertemente para liberarse de las regulaciones, de modo que pueda volver a sus anteriores formas desastrosas y despreocupadas de proceder.

Pero las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina en boga consiste simplemente en paquetes de austeridad y privatización desgastados por el tiempo, los cuales meramente dejarán a los países que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta medicina fracasó en el Este de Asia, América Latina, y en otros lugares, y fracasará también en Europa en esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda, Letonia y Grecia.

Hay una alternativa: una estrategia de crecimiento económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional(def). El crecimiento restauraría la confianza de que Grecia podría reembolsar sus deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y dejando más espacio fiscal para más inversiones que propicien el crecimiento. El crecimiento por sí mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la necesidad de gastos sociales, como ser las prestaciones de desempleo. Además, la confianza que esto engendra conduce aún a más crecimiento.

Lamentablemente, los mercados financieros y los economistas de derecha han entendido el problema exactamente al revés: ellos creen que la austeridad produce confianza, y que la confianza produce crecimiento. Pero la austeridad socava el crecimiento, empeorando la situación fiscal del gobierno, o al menos produciendo menos mejoras que las prometidas por los promotores de la austeridad. En ambos casos, se socava la confianza y una espiral descendente se pone en marcha.

¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con ideas que han fracasado repetidamente? No deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en Europa o en Estados Unidos para volver al crecimiento sólido sería malo para la economía mundial. Un fracaso en ambos lugares sería desastroso – incluso si los principales países emergentes hubieran logrado un crecimiento auto-sostenible. Lamentablemente, a menos que prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al cual el mundo se dirige.

El Autor,Joseph E. Stiglitz es profesor de la Universidad de Columbia, Premio Nobel de Economía y autor de Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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