Lavín, Guzmán, Pinochet y la revolución universitaria del 81

Fecha:21/06/2011
Fuente: El Mostrador
Autor:Jaime Retamal

Bastante de violencia han hablado las autoridades de gobierno la última semana, y esto a propósito de las movilizaciones de los estudiantes universitarios.

La retórica equilibrista del Ministro de Educación, Joaquín Lavín, hablando no desde el ministerio de Educación, sino desde el mismísimo Palacio de La Moneda, el centro del poder, mezcló la palabra “energía” con “violencia” para desacreditar a esos miles de jóvenes que caminaron pacíficamente por la Alameda.

¿Es la educación superior chilena un enclave autoritario de la dictadura de Pinochet?; ¿es su lógica, su inspiración, su modelo, su fundamentación, herencia –una más- del totalitarismo pinochetista de los 80?

No es porque el Ministro y La Moneda estén ad portas de nuevas encuestas de opinión, el motivo por el cual calificamos su retórica de equilibrista. Es así, más bien, porque la respuesta a la pregunta de si la educación superior es o no un “enclave autoritario” está llena de un vértigo abismal, para quien pretende ser, como Joaquín Lavín, el nuevo Presidente de Chile, o para quien desea pasar a la historia como un gran Ministro de Educación.

Nadie está más cercano al vacío que Joaquín Lavín. Gran opus-deista chileno; fundador de una universidad privada; ilustrísimo Chicago boy y UDI hasta el tuétano: heredero, hijo putativo predilecto de Jaime Guzmán y Augusto Pinochet Ugarte. Creador -ghost writer- como dice el mito urbano, de la famosa frase “de cada siete chilenos, uno tendrá automóvil; de cada cinco, uno tendrá televisor, y de cada siete, uno dispondrá de teléfono”, dicha por el Capitán General un 11 de Septiembre de 1980. Los ochenta… la década de las más profundas transformaciones en la educación chilena, particularmente, en la educación superior ¡Qué años!

No es una tesis del todo descabellada afirmar que “Marzo del 81” es EL momentum de toda la revolución de la educación superior en Chile, resistida hoy en las calles y en crisis, por cierto, como lo reconocen todos los actores.

Marzo del 81. Chile disputaba la Copa Davis sufriendo contra Colombia; los cines tenían en su cartelera a “Belle de jour” y se estrenaba “El huevo de la Serpiente” de Bergman; Héctor Soto, el cura Valente del cine, ya repetía su ironía (copiada o no) de que Hollywood era una gigantesca fábrica de salchichas; uno de los autos del año, traído directamente desde Francia, era el más ofertado por los diarios, el Renault 5, a toda página; y canal 7 transmitía la serie de 12 capítulos que contaba la vida del “héroe” de la 2ª Guerra Mundial, “Lord Mountbatten”. Todo superficialmente estaba bien y transcurría con normalidad. Pero en el fondo, se estaba gestando la gran transformación de la educación superior que transformaría la lógica universitaria, y también, no está de más decirlo, la lógica del tejido social en Chile.

Fue en Marzo del 81 cuando se dio inicio al llamado “Periodo Constitucional” de Augusto Pinochet. El 11 de Marzo juró ante la nueva Constitución de la República de Chile y el oficialismo declaraba que el país “recuperaba la confianza en sí mismo.”

Con ese tono tan característico que poseía, Augusto Pinochet enfatizaba en su discurso del 11 de Marzo del 81: “No podría dejar de mencionar, entre los progresos sociales que se han materializado en estos años, las recientes reformas a las normas sobre educación superior[…]El Gobierno ha sentado las bases para que su acción educacional, con el aporte primordial de la iniciativa particular de los chilenos, permita una capacitación amplia y de calidad a vastos sectores que hasta ayer se veían privados de ella […] el dictar estas normas legales obedece a nuestra profunda convicción de que la autonomía de cada persona y la igualdad de oportunidades para todos, son bases esenciales de la Gran Nación que aspiramos a construir e integrar.”

Las dos cosas que primero hizo Pinochet, tras jurar, fue anunciar un nuevo presupuesto para las universidades (lógica presupuestaria que se mantiene hasta hoy más menos) y declarar al país en “Estado de Peligro de Perturbación de Paz Interior”, recurriendo a las facultades que le confería la disposición 24ª transitoria de la nueva Carta Fundamental.

¿Alguien en su sano juicio, dada las condiciones, iba a alzar la voz como correspondiese ante tamañas transformaciones revolucionarias en la universidad?

Pues sí; Jaime Guzmán tomó partido. Entregó uno de los apoyos más fundamentales a esa transformación revolucionaria a la educación superior llevada adelante por el Capitán General Augusto Pinochet y el aparato totalitario de instalación de políticas públicas de cada sector gubernamental.

Un documento verdaderamente histórico de 14 páginas –“histórico” dada la revolución y dada la actual crisis universitaria- resulta ser la fundamentación que Jaime Guzmán hiciera en la Revista Realidad de Marzo del año 1981. Se trata de un escrito formidable, por su densidad ideológica y filosófica, que muestra no sólo la genialidad del fundador del gremialismo y la UDI, sino también, la profundidad social que una revolución universitaria puede crear.

Este documento fue escrito en co-autoría con Hernán Larraín, actual senador UDI, y se titula “Debate sobre nueva legislación universitaria”.

Como se sabe (ver los textos de Renato Cristi o Verónica Valdivia) Jaime Guzmán mutó de una concepción “gremial-corporativa” a una “neoliberal”. Y fue en los 80 donde defendió esta nueva concepción. Su principal “brazo armado” teórico fue la Revista Realidad, fundada por él mismo el año 1979. Nada de mitos –dice su escrito fundacional- ni de utopías destructoras, la verdadera fe debe estar puesta en aceptar con realismo la verdadera naturaleza del hombre y las cosas, debemos ajustarnos a la realidad, afirma.

Pues bien, en Marzo del año 1981, en una especie de debate imaginario se afirma que “la sola publicación de los primeros cuatro DFL sobre la nueva institucionalidad universitaria, ha desatado una variada crítica de ciertos sectores muy determinados, cuyas principales objeciones hemos creído conveniente recoger y refutar en este artículo.” Entrega este “artículo” 15 refutaciones a 15 objeciones críticas.

Señala que la pretendida Reforma Universitaria de los años 1967-1973 estaba completamente equivocada en su orientación. Tenía fundamentalmente “una visión académica irreal […] una masificación artificial de la educación superior, que iba mucho más lejos de la exigida por la natural evolución social antes mencionada, y que por el contrario se fundaba en una inspiración demagógica , cuyo extremo fue el lema marxista de “universidad para todos”, una desviación de su origen universitario hacia un claro predominio político, que pretendió instrumentalizar las Universidades al servicio de dos sucesivos experimentos ideológicos (democratacristiano primero y marxista después), y en fin, una pérdida de las jerarquías universitarias, ejemplificada en el cogobierno estudiantil y del personal administrativo […] la frustración actual de miles de académicos y estudiantes universitarios, representa la mejor demostración de que el sistema universitario chileno se había deteriorado hasta languidecer en la mediocridad, cuando no a descender a niveles vergonzosos e indignos del nombre de universitario”.

Respecto al eje competitividad, que será crucial en todo el sistema hasta el día de hoy, señala que a la sazón ninguna de las 8 Universidades existentes se encuentra sujetas a desafíos competitivos entre ellas, al tener su financiamiento asegurado por el presupuesto estatal. En este sentido “la nueva legislación universitaria busca una suerte de control indirecto de la calidad académica, que se obtiene básicamente estimulando la competencia entre las universidades. Eso se procura a través de cuatro instrumentos principales, a los que luego haremos sucesiva referencia: la facilidad para crear nuevas Universidades, el surgimiento de institutos de educación superior no universitarios, el cambio en el sistema de financiamiento estatal a ala educación superior, y la racionalización de las actuales Universidades”. Ahí están los ejes del desarrollo universitario que marcarán el futuro del sistema.

En efecto, “la competencia constituye un poderoso estímulo de superación personal en el ser humano […] la llamada solidaridad, al margen de estímulos competitivos, siempre ha redundado en mediocridad y fracaso […] para superar la baja calidad de muchas escuelas o sedes universitarias actuales, se hace por tanto indispensable someterlas a un desafío competitivo que las obligue a elevar sus niveles docentes si desean salir airosas. Y nada mejor para ello que entregarle la decisión al usuario, en este caso al postulante universitario, el cual sólo podrá ser atraído por medio de la calidad académica.” En este sentido, no se puede tildar a esta reforma de economicista, pues representa “un simple slogan para intentar el descrédito de un camino eficaz de mejoramiento académico de nuestras Universidades, sin que exista de parte de los detractores ninguna sugerencia alternativa que pudiera considerarse preferible e igualmente idónea para el fin perseguido.”

Cuando se hace referencia a la gratuidad, el texto de Guzmán es muy clarificador, pues señala que “la llamada “educación universitaria gratuita” que prevaleció tradicionalmente en Chile, no pasaba de constituir un eufemismo para ocultar la verdadera realidad, ya que todos saben que ningún servicio social –ni mucho menos el de brindar educación superior- puede ser realmente gratuito. Su costo lo paga alguien, y ese alguien es el Estado.” Es decir, lo pagaban los millones de chilenos a través del pago de impuestos y contribuciones. El punto es que “implicó que muchos chilenos de menores recursos financiaban la formación profesional de personas de ingresos más elevados, que en numerosos casos estaban en condiciones de pagar sus estudios. La injusticia se agudizaba por el hecho de que el título profesional así obtenido facultaba a su poseedor para percibir ingresos periódicos superiores al promedio de los contribuyentes chilenos. La decisión de terminar con esta injusticia social, y que cada persona pague el valor de su educación superior, alcanza la mayor importancia ética dentro del camino hacia una sociedad más justa”.

Como se advierte en la Editorial de este número de la Revista Realidad de Marzo de 1981, titulada ¿Qué hacer ahora en las Universidades?, “la ley es categórica: las actuales Universidades estarán abiertas a la competencia por la captación de alumnos, frente a nuevas Universidades o a otros institutos de educación superior no universitarios que se puedan formar […] la racionalidad económica impuesta, junto con evidenciar la principalísima importancia del profesor, hace exigible su calidad diseñando mecanismos para su eficaz logro”.

Y para el estudiante universitario, la Editorial afirma que “lo que antes recibía gratuitamente (o casi) por su sola aptitud, ahora le significará una mayor responsabilidad debido a las consecuencias económicas que puede tener –para él o su familia- su eventual negligencia. Esto se traduce en un mayor compromiso del alumno con sus estudios y, al mismo tiempo, lo hace un elemento que demanda y urge más y mejor servicio docente”.

No obstante, cabe recordar, como lo hace Verónica Valdivia en sus “Lecciones de una Revolución: Jaime Guzmán y los gremialistas, 1973-1980” que “a Guzmán nunca le interesó de manera especial el área económica o de políticas sociales, sino lo social y político en tanto dominación, pues creía en una sociedad constituida por seres desiguales y naturalmente jerárquica. Su supuesta “neoliberalización” no afectaba ese núcleo central, sino lo reforzaba al debilitar celularmente a los partidos con la hegemonía del mercado.” En este sentido, Guzmán no es un pensador político simple; su complejidad y aguda visión de la historia de la derecha chilena, sumado a su inconfundible pragmatismo portaliano, lo hacen extremadamente difícil de aprehender conceptualmente.

En todo caso, la revolución universitaria del año 81 de Augusto Pinochet, que encuentra a Jaime Guzmán como uno de sus defensores más radicales, no hace sino retrotraernos a un momento difícil de nuestra historia nacional y a un momento donde se produjeron profundos cambios que terminaron por configurar otra sociedad y otra cultura. Para ello, la Universidad fue central.

Durante las últimas semanas dirigentes estudiantiles, rectores, académicos, líderes de opinión y hasta políticos, han insistido y recordado que la actual crisis de la educación superior tiene un determinado año de inicio con un contexto y actores políticos aún vigentes.

Sin embargo, otros no ven en ninguna parte una crisis. Y no está demás decirlo. Como se sabe, el mercado de la educación superior mueve al año más de 3.300 millones de dólares. Así, nadie duda que el mercado se proyecta, en el corto plazo, extremadamente sustancioso. Más de 1 millón de clientes en la educación superior (universitaria y técnica) nos habla de un muy atractivo negocio si lo multiplicamos por los 3 mil dólares que es el mínimo de nuestro arancel, uno de los más altos del mundo en relación al PIB, según el FMI.

Sólo un realismo cínico en política, a la Maquiavelo, haría decir que la revolución universitaria de Marzo del 81 ha sido exitosa, dada su eficacia y dado su actual dinamismo de mercado.

Ya nadie puede seguir siendo Maquiavelo. Menos el ministro Joaquín Lavín. En todo caso, ¿qué hacía el ministro de educación en Marzo del 81?

Revista Realidad marzo 1981

Fecha: 09/07/11
Fuente: La Tercera
Autor: Gloria Faúndez
Artículo: “No es momento de sumarse a los coros de alarmistas” / Entrevista a Senador y vicepresidente UDI:Jovino Novoa

El senador señala que la baja en los sondeos es reflejo de “un momento” y que en una elección Piñera superaría el 30%.

El momento de Lavín

¿Llamó a Lavín por su inédita baja en las encuestas?

No lo llamé por la baja, lo llamé antes. Para decirle que él tenía hoy una gran oportunidad de demostrar que es un servidor público notable. Lavín es una persona que ha estado con altos y bajos en niveles de popularidad, pero nunca ha dejado de poner el interés del país por encima y delante de cualquier otra consideración. Yo creo que eso es muy valioso. Y al final la gente valiosa es reconocida.

Lavín era la principal carta presidencial de este partido… (interrumpe)

Lo sigue siendo. Que nadie cante victoria, en un año más, o quizás en menos tiempo, cuando se vea el impulso que Joaquín le está dando a la educación en general, y que ha tenido capacidad de enfrentar adversidades y las ha superado, no me extrañaría que no sólo recupere su popularidad, sino que se acreciente más su imagen de persona capaz de sacar adelante las cosas.

¿Y qué resguardo ha tomado el partido para proteger el capital político de Lavín?

El resguardo es que haga las cosas bien como ministro de Educación.

Algunos en la UDI resienten que el gobierno lo haya dejado solo enfrentando este conflicto...

No. No. Puede ser que nosotros como Alianza tengamos todavía un déficit alianza-gobierno de hacer valer o pesar nuestra forma de ver las cosas. Entonces, claro, cuando todo el mundo habla y demoniza el lucro, y nadie dice, mire señor, momentito, paremos esta fiesta, veamos de qué estamos hablando, claro ahí aparecemos solos, o aparece el ministro solo. Ese es un problema generalizado nuestro, que es la critica que yo hago al gobierno.

Fecha: 09/07/11
Fuente: Reportajes
Autor:Juan Cristóbal Villalobos
Artículo: La clase política está ciega y sorda” /entrevistado: Roberto Méndez

El presidente de Adimark cuestiona el diseño político del gobierno, el desempeño del gabinete y critica a los dirigentes de la Alianza y la Concertación, que en su opinión están divorciados de la realidad del país.

Pueden acceder al artículo completo desde el link que lo menciona en el encabezado. Acá sólo plasmaremos algunas preguntas y respuestas de esa entrevista.

¿Cómo se entiende que pese al buen estado de la economía el rechazo al gobierno llegue al 60%?

El grupo que más critica son los más pobres, y a ellos les irrita el exitismo del gobierno. Esos sectores no están pensando en La Polar ni en los conflictos del gobierno con la UDI, sino que en la subida del precio del pan y de la micro. Los pobres no sienten que el gobierno comprenda y empatice con su situación; ellos no sólo no sienten el progreso, sino que ven una regresión en su situación económica. Las encuestas muestran que hay dos mundos que se han ido separando a medida que aumenta la desigualdad. En el Chile de hoy, la gran demanda es la igualdad y eso es transversal en las manifestaciones de los estudiantes, de las minorías sexuales y de los medioambientalistas. Creo que irán surgiendo exigencias por igualdad desde las regiones, de los grupos étnicos, de los que exigen mejor acceso de la salud. La gran pregunta es cómo enfrentamos esas demandas transversales.

¿Cómo se está administrando ese escenario que usted describe?

Ni el gobierno ni la oposición han entendido este nuevo escenario y se han quedado como simple espectadores. Por eso es que el rechazo ciudadano a ambos sectores es parejo. La clase política está sorda y ciega; no quiere ver qué está pasando ni menos incorporar estas demandas ciudadanas. No se está produciendo un diálogo con la gente. Al contrario, hay un desencuentro que, si no se enfrenta seriamente, irá creciendo. Este es el momento para tratar de entender lo que están diciendo las miles de personas que salen a la calle.

¿Qué riesgos ve si no se enfrenta en forma adecuada está situación?

Se pueden producir niveles de violencia y estallidos sociales que hoy son impensados. También puede provocar que surjan opciones políticas muy radicales y disruptivas. Por eso es que el resultado de la próxima presidencial es impredecible, y considerando el estado de la opinión pública, el Presidente puede ser de continuidad, un concertacionista o cualquier otra alternativa. Existe el peligro de que la política chilena dé una “vuelta copernicana” inimaginada. Por eso es que hay que repensarlo todo, incluidas las alianzas políticas tradicionales. Esto tiene una parte positiva, puesto que se produce una renovación, pero, por otro lado, genera mucha inestabilidad. Las democracias sólidas tienen bloques estables y si eso se rompe se entra a un mundo desconocido y riesgoso.

¿Por qué surgen ahora estas reivindicaciones ciudadanas?

Esto se enmarca en un malestar más generalizado que tiene que ver con la etapa de desarrollo en la que está Chile y que le podría haber tocado a cualquier Presidente. Estamos llegando a los 15 mil dólares de ingreso per cápita y empiezan a surgir demandas inéditas; ya nadie protesta por el salario mínimo ni por el precio del pan. Las exigencias de los chilenos son propias de países desarrollados. Más que crecimiento, hoy la gente espera igualdad de oportunidades. Los sociólogos hablan de la “trampa del ingreso medio”, es decir, que cuando los países llegan a estos niveles de ingresos, aparecen temáticas nuevas que tensionan a la sociedad. Y lo más significativo es que ni el tema estudiantil ni el ambiental ni las demandas de las minorías sexuales surgen de los partidos políticos, sino que de los movimientos ciudadanos y de las redes sociales.(…)

(…)¿Es necesario un cambio de gabinete?

Se requieren acciones enérgicas y no seguir “chuteando” los temas. La situación es suficientemente grave y los diagnósticos están claros; el Presidente debe actuar con fuerza y tomar las acciones necesarias para solucionar este difícil momento. Si esto implica un cambio de gabinete, tendrá que hacerlo. El esquema de gobierno que se ha implementado hasta ahora no funciona bien y eso se ha traducido en un distanciamiento de la gente.

¿Qué estrategia se debería seguir?

Se deben escoger dos o tres temas por los cuales este gobierno quiere ser recordado y pasar a la historia. Estos podrían ser la reforma educacional, la modernización del Estado y la integración de más mujeres y jóvenes al mercado laboral. Hay que enfocarse en impulsar los proyectos escogidos y no enredarse con demasiadas iniciativas. Pero no se puede caer en la tentación de definir estos temas por las encuestas. Eso sería ser reactivo y dejarse llevar por una opinión pública muy cambiante.

¿Qué opina del manejo del gabinete político?

Hay un déficit tanto en el diseño como en el manejo político. El ministro del Interior no ha cumplido con su rol de articulador y jefe de gabinete. Hay una falencia en la relación con el Congreso y con la oposición. La comunicación del relato gubernamental a la opinión pública está en deuda también. En estos tres frentes está muy claro que las cosas no están funcionando fluidamente y esto es responsabilidad de estos ministros que son los que llevan la relación con los parlamentarios, con la oposición y con la opinión pública. Es urgente una mejor articulación política y eso es muy importante, especialmente en momentos de crisis como éste. Los gobiernos salen adelante cuando hacen una reorganización política de sus gabinetes. En su momento más difícil, Bachelet hizo cambios en Interior y en la Secretaría General de la Presidencia y revirtió su momento más complicado. Se requiere de gente con capacidad para implementar técnicamente las iniciativas gubernamentales, pero con un “punch” político muy fuerte para llevar estos proyectos adelante y convencer a la oposición. Ese es el equilibrio que hay que conseguir.

¿Es el momento de hacer una reingeniería en La Moneda?

Tiene que replantearse el diseño político. Yo creo que eso es más importante que las caras; porque si sólo se cambia a las personas seguiremos en lo mismo. Tengo gran admiración por los miembros del gabinete, pero creo que su estilo de hacer política no es la adecuada. Se necesita mayor sensibilidad y una estrategia que logre aunar los talentos de los distintos ministros.

¿Es responsabilidad de Piñera este escenario?

No necesariamente. La política del gobierno es justamente el resultado de la interrelación entre el Presidente y sus ministros. El tema aquí es el funcionamiento del gabinete en su conjunto y cómo se relacionan entre ellos y con la oposición. Sin embargo, únicamente el Presidente es quien puede hacer los cambios. Este replanteamiento es responsabilidad suya, y por eso es que cuando en la encuesta la gente dice que confía en su capacidad para hacerlo, lo que se le está pidiendo al Presidente es que actúe y que cambie lo que no funciona.(…)

(…)¿Uno de ellos sería el ministro Lavín?

Posiblemente. El ha sido quien ha pagado el mayor costo de este descontento con una baja del 24%, mientras que el Presidente disminuyó sólo un 5%. Esto es bastante impresionante, lo mismo que el hecho de que la educación, que en un momento fue una de las áreas bien evaluadas del gobierno, hoy es calificada peor que el Transantiago.

¿Fue un error que Piñera hiciera personalmente el anuncio sobre las medidas sobre Educación?

Claramente, está tomando muchos riesgos; en ese tema podría haber dejado que el ministro Lavín hiciera los anuncios. Fue una movida de alto riesgo, porque si esta reforma tiene éxito, será pura ganancia para él, pero si no, será visto como una gran derrota. Sin duda que fue una movida audaz. Habían alternativas que hubieran evitado que el Presidente se involucrara directamente en este anuncio; lo podría haber hecho otro ministro, por ejemplo.

¿Por qué cree que no se incluyó el tema del lucro en el anuncio presidencial?

Me gusta que Piñera en algunas ocasiones se atreva a ir en contra de la opinión pública, de lo que dicen las encuestas y de lo que le trae popularidad, si es que eso corresponde a sus convicciones. En ese sentido, el fin al lucro es un tema tremendamente populista, ya que es simplemente una frase y no está claro qué es lo que significa realmente. Las universidades tradicionales realizan actividades lucrativas y lo mismo hacen los principales centros de estudio del mundo. Entonces, caer en una especie de obsecuencia a estas peticiones desmedidas no es serio ni significa la solución a los problemas. El Presidente tiene que “echarle para adelante” con sus propuestas en educación.(…)

(…)¿Cómo se explican las históricas diferencias entre Piñera y la UDI?

Tienen diferentes visiones del país y distintos objetivos en el mediano plazo. Generalmente, las agendas de los gobiernos y los partidos no coinciden. Además, influyen los egos, personalidades y antiguos conflictos, todos elementos que pesan mucho en la política. El desafío entonces es avanzar, pese a esos conflictos.

Entre los socialistas y DC existen más diferencias ideológicas que entre RN y la UDI. ¿Por qué la Concertación logró sortear sus divergencias y a la Alianza todavía le cuesta?

Para que una coalición funcione tienen que existir suficientes elementos que la cohesionen. A la Concertación primero esa unión se la dio la lucha por la democracia y después sus esfuerzos por mantener el poder. La Alianza, en cambio, nunca ha tenido un elemento aglutinador similar. Quizás sea una trampa para el oficialismo tener una oposición tan a mal traer, ya que ni siquiera existe el miedo a perder el poder. Con esta Concertación no sé si Michelle Bachelet le pueda ganar a Golborne o a otro representante del oficialismos. La Alianza no se siente amenazada y por eso cada cual anda por la libre y empezarán a aparecer los díscolos.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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