El Brazo Derecho

Fecha: 12/06/2011
Autor: Patricio Navia
Fuente: Blog de Patricio Navia

La presión sobre el Presidente Piñera para que reemplace a su ministro del Interior subraya tanto la importancia de esta cartera, como la compleja relación que inevitablemente existe entre el Mandatario y su jefe de gabinete. Porque un cambio de ministro del Interior siempre resulta costoso y más aún cuando involucra a su colaborador más cercano y de mayor confianza, Piñera parece decidido a defender a su titular de Interior. Ya que no existe un solo perfil exitoso de ministro del Interior, la confirmación de Hinzpeter refleja que Piñera cree que el riesgo y los costos de intentar un nuevo modelo de jefe de gabinete superan ampliamente los considerables costos que pagará el Presidente con el principal partido de su coalición al mantener en el gobierno a su más fiel aliado.

No todos los cambios de gabinete pesan igual. Además del número de carteras involucradas y de la cantidad de nombres y enroques, un ajuste es trascendental sólo si incluye al jefe de gabinete. Desde el retorno de la democracia, Hacienda ha sido el único ministerio inamovible (aunque Aninat renunció hacia el fin del periodo de Frei). En cambio, Interior está entre los ministerios más inestables. Fue ocupado por nueve personas en cuatro gobiernos de la Concertación. Si bajo Aylwin, Krauss se mantuvo por todo el cuatrienio, con Bachelet hubo tres ministros en cuatro años. Los casi cinco años de Insulza como jefe de gabinete durante el gobierno de Lagos -después de haber ejercido la jefatura de gabinete de facto desde el arresto de Pinochet en Londres, en 1998, en las postrimerías del gobierno de Frei- fueron de una excepcional continuidad. Si para Frei y Bachelet los ministros del Interior fueron útiles fusibles, la permanencia de Insulza constituyó un elemento esencial de gobernabilidad en el sexenio de Lagos.

La relación que existe entre el Presidente y el titular de Interior refleja las tensiones de nuestra democracia. Aunque a veces asuma el papel de jefe de gobierno, el ministro del Interior es un primus inter pares en un gabinete donde todos los miembros son de exclusiva confianza. Cuando cuenta con la confianza del Mandatario -como Enrique Krauss con Aylwin o Carlos Figueroa y Raúl Troncoso con Frei- se produce una saludable relación de complicidad. Cuando son incapaces de desarrollar esa confianza, la tensa relación es inconducente a la gobernabilidad, como ocurrió con Andrés Zaldívar y Belisario Velasco en el cuatrienio de Bachelet.

En ocasiones, se construye confianza a partir del desempeño, como lo hizo Insulza con Lagos. Aunque no eran amigos, supieron desarrollar una exitosa relación de trabajo, a partir de personalidades y fortalezas complementarias. Si Lagos era el estratega de largo plazo, Insulza era un táctico excepcional. Mientras Lagos pensaba y construía el futuro, Insulza solucionaba los problemas cotidianos. Compartir una misma hoja de ruta minimizó el efecto negativo de las inevitables suspicacias que sólo una relación de años de trabajo en conjunto pueden eliminar. Siendo tan distintos, Lagos e Insulza conformaron una exitosa dupla de Presidente y jefe de gabinete.

No basta con tener fortalezas complementarias. Si no hay unidad de propósitos, el resultado es deficiente. Cuando nombró a Pérez Yoma, Bachelet buscó un ministro de Interior que supliera sus propias debilidades. Pero primó la desconfianza y no se desarrolló la complicidad. Tal vez el problema lo tuvo Bachelet y no sus tres ministros de interior, pero en su cuatrienio nunca funcionó la dupla clave de la gobernabilidad.

Piñera buscó un ministro del Interior de su total confianza, con experiencia de complicidades y con fortalezas y debilidades similares a las propias. Al hacerlo, potenció sus puntos fuertes, pero dejó demasiados flancos débiles abiertos. La Moneda no buscó línea directa con los partidos. La tecnocracia no dejó espacio a la política. Lo que Piñera ganó en lealtad personal, lo perdió en capacidad de construir puentes.

Por eso, ahora que el gobierno está en problemas, la incitación al “Hinzpetercidio” nace de la propia coalición derechista. Contraproducentemente, mientras más fuertes los clamores por un cambio de gabinete, más se aferrará el Presidente a sus más leales colaboradores. Ceder y nombrar a un político como jefe de gabinete representaría una capitulación que, desde La Moneda, todavía parece evitable.

Comprensiblemente, el Presidente le ha pedido a Hinzpeter que fortalezca la relación con los partidos. Pero si Piñera no ha sido capaz de hacerlo, difícilmente lo logrará el ministro que más se le parece. Aunque haya hecho un llamado a corregir el rumbo y dotar de más habilidades políticas al gobierno, da la impresión que Piñera quiere ganar tiempo para que la nueva forma de gobernar y el relato de eficiencia empiecen a rendir frutos. La apuesta es arriesgada, pero la ratificación de Hinzpeter en Interior parece indicar que el Presidente se ha decidido por esa estrategia.

El Autor,Patricio Navia, es profesor asistente adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos de New York University y profesor de ciencia política del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Sus áreas de investigación son las leyes electorales, partidos políticos y elecciones en América Latina. Ha escrito artículos relacionados con el diseño institucional y la consolidación democrática. Ha publicado artículos en Comparative Political Studies, Journal of Democracy, Democratization y Social Science Quarterly. También tiene diversos capítulos en libros editados sobre política de Chile y América Latina. En español, ha publicado artículos en Estudios Públicos, Revista de Ciencia Política, Perspectivas, Política y Gobierno (México), y Anuario FLACSO. Es autor del libro Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet (2004). Además, Es columnista en el diario La Tercera y la revista Capital en Chile.En la Universidad Diego Portales, enseña cursos sobre política de América Latina, sistemas electorales y sistemas de partidos y modelos formales de la ciencia política.

Fecha:21/07/11
Artículo:A prueba de golpes
Autor:Bernardita del Solar V.

La coautora de Historia de un ascenso, biografía de Sebastián Piñera, cuenta cómo se forjó la inquebrantable relación entre el presidente y Rodrigo Hinzpeter, el criticado ministro que fue reafirmado en su cargo.

Muy pocas veces las lealtades en política son verdaderas, y menos permanentes. Los compromisos cambian con los vaivenes del poder. Quienes han experimentado alguna vez ese sabor amargo de esas veleidades, saben que en política prima el pragmatismo por sobre los afectos. Pero el estrecho lazo que une a Sebastián Piñera con Rodrigo Hinzpeter parece escapar a la regla. Así quedó en evidencia en el reciente cambio de gabinete. Cuando a fines de la semana pasada muchos apostaban por la salida del ministro del Interior, no sabían que el presidente consultaba con él lo que sería su segundo ajuste ministerial.

A lo largo de la historia de Renovación Nacional(def) existen muchos episodios que unieron cada vez más a los dos personajes. El factor común de todos ellos es que Hinzpeter, a diferencia de otros importantes miembros del partido, siempre ha estado en la trinchera de Piñera. Ello, a pesar de que sus inicios en política fueron de la mano de Andrés Allamand y Alberto Espina.

Por esos años (fines de los 80) el actual jefe del gabinete era un joven abogado litigante que daba sus primeros pasos en política. Fue en 1991 cuando Piñera fue el único de los 17 senadores de la derecha que apoyó la decisión del presidente Patricio Alywin de cancelar la personalidad jurídica de Colonia Dignidad. Hinzpeter movilizó a toda la juventud del partido -a lo largo del país- para respaldar la decisión del entonces senador, mientras toda la vieja guardia liderada por Sergio Onofre Jarpa la rechazaba.

Durante el Piñeragate en 1992, a pesar de haber sido tres años antes el generalísimo de la campaña a diputada de Evelyn Matthei cuando derrotó a Joaquín Lavín, Hinzpeter proporcionó información clave al entonces presidente del partido, Andrés Allamand, para que se investigara el caso. En una reunión de trabajo en la que estaba presente Hinzpeter, uno de los asistentes comentó que el hijo de Francisco Ignacio Ossa les había advertido que sintonizaran el programa esa noche porque iban a ver algo increíble. El dato Hinzpeter lo entregó el día siguiente de que Ricardo Claro pusiera al aire la grabación que destapó el escándalo de escuchas telefónicas que terminó con la intención de Matthei y Piñera de convertirse en candidatos presidenciales.

Pero el lazo definitivo con el actual ministro del Interior se empezó a tejer el 2000, cuando Allamand y Piñera lo convencieron de que regresara de Nueva York. En ese momento, la UDI se había transformado en el partido más fuerte y RN buscaba contrarrestar esa fortaleza. La estrategia fue que Piñera se convirtiera en presidente del partido con Hinzpeter en la secretaría general. Ahí se empezó a consolidar una férrea relación de confianza.

Desde entonces no se han separado. “Voy a su oficina tres ó cuatro veces al día, reuniones de 7 minutos, de una hora”, contaba el ministro en una reciente entrevista.

Se complementan bien. Hinzpeter es trabajólico como el presidente y éste le tiene respeto intelectual. Son amigos, pero su cercanía no llega al plano social, pues el ministro es un hombre mucho menos gregario que Piñera, a quien le gusta veranear en grupo y festejar en choclones. Hinzpeter no sale fuera del horario de trabajo con quienes no están dentro de su esfera familiar y más íntima.

El abogado es frío y nada emocional para tomar decisiones. Por ello, el mandatario le tiene confianza y es a quien consulta cuando tiene dudas, pues es uno de los pocos que le dice las cosas que otros no se atreven a decirle.

En las parlamentarias de 2001, cuando la UDI bajó a Piñera de la candidatura senatorial de la Quinta Costa para poner en su lugar al entonces almirante Jorge Arancibia, Hinzpeter fue quien lo acompañó a la notaría a firmar su retiro de la papeleta. También estuvo con él en 2005, cuando en el Consejo de Renovación Nacional, Sergio Diez, Andrés Allamand y Alberto Espina se habían jugado para proclamar como candidato presidencial del sector a Joaquín Lavín. En esa ocasión, el hoy ministro fue uno de los promotores de que RN tuviese candidato propio y, junto al grupo integrado por Roberto Ossandón, Carmen Ibáñez, Daniel Platowsky e Ignacio Rivadeneira desarrollaron una rápida operación para instalar a Piñera como el candidato de la colectividad, abortando la proclamación de Lavín.

El grado de compenetración entre ambos lo refleja una frase que Piñera solía repetir a todos en el comando: “Cuando habla Hinzpeter, es igual a que hable yo”. Frontal y directo, tal como su jefe, no tiene pelos en la lengua y no le importa hacerse de enemigos. Pero como político veterano, las peleas son sin rencores. En la última campaña, las relaciones con Allamand se resintieron, al punto de que ya siendo ministro del Interior llegó a decir, a propósito del libro que escribió junto a Marcela Cubillos, que “nadie puede escribir de aquello que no formó parte”. Y es que en todas las disputas al interior del comando, el apoyo del candidato siempre se cargó para el lado de Hinzpeter.

El ministro nunca probó suerte en política de manera independiente. Su gran y único proyecto fue llegar a La Moneda con Piñera, a quien, aseguran, conoce mejor que nadie.

Es un escudero a toda prueba que asume culpas que no siempre son suyas. Uno de esos casos se produjo en el acto de proclamación en el Arena de Santiago, cuando se prohibió el ingreso del diario La Nación al recinto, responsabilidad que asumió Hinzpeter.

A la hora de elegir quién sería el jefe de su gabinete, nadie dudó sobre quién sería el favorecido. Pero el olfato que mostró la dupla en la campaña no ha sido tan eficaz ya instalados en Palacio.

Todos los dardos por las debilidades en la conducción política han sido atribuidos, con justicia o sin ella, a Interior. A Hinzpeter le ha resultado complicado asumir el liderazgo del gabinete, sobre todo por el estilo de Piñera. Tampoco le ha sido fácil vincularse con los dirigentes de la UDI y está claro que la relación con el ministro Pablo Longueira no será fácil.

Si bien se comparó a la dupla Montt-Varas para graficar su cercanía con el presidente, tal como en el caso del Manuel Montt y su ministro del Interior, lo cierto es que a él no le gustaría seguir el mismo destino que el poderoso secretario de Estado del siglo XIX. En 1861, las disputas políticas en su sector le impidieron a Montt levantar como candidato a su ministro más preciado y debió conformarse con un abanderado de consenso. Pese a que ha reiterado en repetidas ocasiones que no pretende ser candidato, precisando que “sería incompatible” con ser un buen ministro del Interior, cuesta mucho creer que no le guste ser considerado en la lista. Eso se vio reflejado con las declaraciones que hizo el año pasado sobre el proyecto de una nueva derecha que a él le gustaría encarnar.

Las presiones de la UDI para sacarlo de La Moneda quedaron en evidencia con la carta que firmó casi la totalidad de los diputados de la UDI en que establecían su posición respecto al Acuerdo de Vida en Común. Era un mi-sil directo contra el ministro, pues defendía la “aspiración” del partido a “tener su proyecto propio” y su derecho a “tener la mayor participación posible en las decisiones del gobierno”.

Un mensaje similar al que había dado Jovino Novoa en febrero, al poco tiempo de que se incorporaran Matthei y Allamand al gabinete.

Dada la relación que han construido a lo largo de 20 años, Piñera iba a defender a su ministro a toda costa, aun cuando el epílogo de la crisis que llevó al segundo ajuste de ministros haya significado un triunfo para la UDI y su hombre de confianza haya salido debilitado. La tarea ahora es entrar a corregir los errores que el presidente reconoció haber cometido.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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