EEUU observa a Humala, si es un Lula o un Chávez

Fecha:12/06/11
Fuente: La Tercera
Autor: Moíses Naím /Pablo Castillo

El reconocido analista, columnista y escritor venezolano Moisés Naím cree que el Presidente electo peruano, Ollanta Humala, tendrá que compatibilizar el radicalismo de toda su trayectoria política con el discurso moderado que instauró en los últimos meses de campaña. En esta conversación con La Tercera, el analista del Carnegie Endowment aborda los efectos para la región del triunfo electoral del líder nacionalista.

Tras la elección de Ollanta Humala, ¿cómo quedan los equilibrios ahora en América Latina? Como dijo el Presidente de Bolivia, Evo Morales, ¿se tiñó de “rojo” la región?

El gran debate en América Latina no es entre izquierda y derecha. El gran debate que existe es entre demócratas que creen en la democracia, en el derecho de la oposición política a existir y quienes tienen propensiones autoritarias que consideran que la oposición política es un enemigo mortal y que debe extinguirse.

¿Y esta última situación se podría dar en Perú tras la elección de Humala?

Hay muchos Humala. Está el Humala que tiene su pasado, que no es una hipótesis, sino una realidad: un Humala autoritario, izquierdista, populista, aislacionista y más bien primitivo. Pero hay otro Humala, ese que leyó las encuestas y que fue asesorado por los consejeros políticos de Lula, que le explicaron que para ganar las elecciones tenía que ser un Humala distinto, que tenía que ser más parecido a Lula. El Humala que ganó las elecciones fue el Humala que se parece a Lula.

¿Cómo ve a este nuevo Humala?

Ese Humala que se parece a Lula es una construcción de los últimos meses. El Humala que tiene una trayectoria, una vida, una conducta, hechos y preferencias está en contradicción con el Humala que ganó la elección.

¿Cuál será, entonces, el Humala que gobierne?

Esa respuesta tiene que ver con instintos, intereses y precios de los commodities. Los instintos son lo que Humala ha sido toda su vida, lo que ha sido su padre, lo que ha sido su hermano, lo que ha sido su familia, lo que ha sido su trayectoria y es lo que naturalmente propende a ser y es lo que nos ha demostrado durante todos estos años. Sus principales instintos van a ir es esa dirección. Pero esos instintos entran en choque con sus intereses, que es gobernar el país. Para gobernar tiene un Congreso que no necesariamente controla (su partido tiene 47 parlamentarios de un total de 130), tiene circunstancias políticas e instituciones que lo limitan y un marco internacional que también le pone ciertas restricciones. Entonces, él para gobernar, y para gobernar con éxito, va a tener que hacer cosas que entran en contradicción con sus instintos. El tercer factor es el precio de los commodities. Si siguen estando altos los precios de los minerales y materias primas que Perú exporta, y que le han permitido ser uno de los países de mayor crecimiento en América Latina, él va a poder darse el lujo de mantener una política económica como la que ha tenido Perú hasta ahora y, al mismo tiempo, hacer todos los experimentos de corte un poco más populista que le apetece. Entonces ahí va a haber un equilibrio donde puede ser un Lula. La frase es así: Humala con precios de commodities altos es Lula, Humala con precio de commodities bajos es Chávez.

¿Habrá que monitorear al gobierno de Humala para ver por dónde se mueve?

Lo que hay que monitorear de cerca son dos cosas: la compra de voluntades en el Congreso, en el sistema judicial y las Fuerzas Armadas. Quién va a llegar con cheques para hacer que diputados, jueces y generales empiecen a aliarse de manera muy cercana con Humala, aunque en estos momentos no estén con él. Eso es una variable a la que hay que prestarle muchísima atención.

¿Tratará Humala de cambiar la Constitución peruana?

Yo escribí un artículo que se llama “La receta”, que es el guión que se usa en América Latina para llegar y retener el poder por mucho tiempo utilizando métodos democráticos. La receta para permanecer en el poder tiene como requisito decir que hay que cambiar la Constitución para ayudar a los pobres, para eliminar injusticias y proteger a los excluidos. Esa retórica sí sirve para abrir un cambio de Constitución que en efecto su único propósito escondido es el de limitar los contrapesos al Poder Ejecutivo, concentrar poder en el Ejecutivo y buscar la forma de que el presidente pueda permanecer en el poder por más tiempo. Eso lo hicieron todos, Chávez fue el primero y ese modelo después fue exportado. Hay que monitorear si eso pasará en Perú.

¿Qué opina de la participación del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en la campaña peruana?

No fue el Partido de los Trabajadores, fue Lula. Para Lula no es malo tener en Perú un presidente que le responda. Sorpresa sería que a Lula no le interesara. ¿Usted no quisiera tener un presidente de un país mediano de América Latina muy cercano, con una deuda importante? La respuesta es clara. Por qué no habría de interesarle.

¿Cómo ve Estados Unidos a Humala?

Estados Unidos ve a Humala como una interrogante y observando si en efecto estamos hablando de un Lula o de un Chávez.

Fecha:26/07/2009
Fuente: El Pais
Autor: Moíses Naím

El propósito de esta receta es ofrecer los ingredientes y la preparación para golpes de Estado que no dependan -al menos inicialmente- del uso de las Fuerzas Armadas. Como se sabe, el mundo ya no digiere tan bien los golpes militares. Esta intolerancia ha puesto de moda una nueva forma de cocinar la toma del poder. La nueva receta se basa más en abogados que en tenientes coroneles, y usa como ingredientes fundamentales reformas constitucionales y referendos en vez de tanques y ataques armados al palacio presidencial.

La receta es diferente, pero el resultado es el mismo: un líder autocrático que, guardando las apariencias democráticas, retiene el poder por tiempo indefinido y hace lo que quiere. Es importante enfatizar que, al igual que todas las recetas que se internacionalizan, ésta también se prepara de manera algo diferente en cada país. Por ejemplo, las elecciones en Zimbabue para dejar a Robert Mugabe en el poder después de 29 años se cocinan de manera distinta de como se practica la gastronomía electoral en Rusia. Allí la receta garantizó que, a pesar de las elecciones, Vladímir Putin siga mandando aunque el presidente es otro. A su vez, en Irán, donde les gusta comer la política muy aderezada con religión, el chef supremo, Alí Jamenei, explicó que la aplastante y sospechosa victoria electoral del presidente Mahmud Ahmadineyad fue “una señal divina”. Quienes salieron a las calles de Teherán a reclamar, convencidos de que les habían robado el voto fueron, apaleados por las milicias civiles del régimen. Estas milicias son otro ingrediente indispensable en esta receta. En su versión latinoamericana, la receta depende más de manipulaciones constitucionales que en otras partes.

A continuación les ofrezco los ingredientes -con sazón latina- y su preparación.

Ingredientes.

1. Millones de pobres. Una abrumadora mayoría de la población a la que siempre se le ha prometido mucho y dado poco.

2. Gran dosis de desigualdad. Pobreza inimaginable que coexiste con fortunas incalculables.

3. Injusticia, exclusión social y discriminación racial.

4. Corrupción en abundantes cantidades.

5. Élites políticas y económicas complacientes y seguras de que “aquí no va a pasar nada”.

6. Partidos políticos muy desprestigiados.

7. Una clase media apática y desilusionada de la democracia, la política y los políticos.

8. Parlamento, poder judicial y Fuerzas Armadas puestas a un largo remojo que les haya “suavizado” la espina dorsal. Es importante asegurar que en estas instituciones reine la ineficiencia, la indolencia y la corrupción. Debe ser fácil comprar a un juez, un senador o un general.

9. Medios de comunicación cuyos propietarios los utilizan principalmente para promover sus propios intereses comerciales o electorales.

10. Una superpotencia extranjera neutralizada o distraída por otras prioridades y congestionada de emergencias.

11. Apatía mundial y una opinión pública internacional con déficit de atención.

12. Un enemigo externo fácil de denunciar como una amenaza a la nación o como la causa de algún problema importante. La CIA es ideal. Un país vecino también sirve. O inmigrantes con otro color de piel. Si no, siempre están los judíos y el Mosad.

13. Brigadas de choque “populares” bien armadas y entrenadas para romper las cabezas -y más- de los miembros de la sociedad civil que osen reaccionar a los avances de “la revolución del pueblo”. No hace falta que estas brigadas sean numerosas; sus miembros deben ser violentos y estar dispuestos a todo “en nombre de la revolución”. Su vínculo con el Estado debe siempre quedar oculto. Las cárceles son buenos centros de reclutamiento para estas “brigadas populares”.

Preparación

1. Sacúdase bien a la población más pobre con la campaña de polarización y conflicto social más intensa y agresiva que sea posible. La armonía social es un obstáculo que debe eliminarse, mientras que el odio entre grupos sociales debe ser llevado a su máximo. Esto es fácil de lograr si se cuenta con los ingredientes descritos arriba.

2. Llegar al poder gracias a una elección democrática. Esto se facilita si los partidos tradicionales están desprestigiados y el contrincante es un empresario neófito o un miembro de las clases políticas que siempre han dominado el poder.

3. Ganar toda nueva elección. Como sea. Hacer lo que haga falta. Pero nunca dejar el poder. Las elecciones no son para eso.

4. Cambiar los altos mandos militares promoviendo a oficiales de probada lealtad al presidente y su “proyecto”. Premiar con promociones y beneficios materiales a los oficiales leales y castigar a los poco entusiastas. Espiar a todos todo el tiempo.

5. Hacer lo mismo con jueces y magistrados.

6. Una vez completado el paso anterior, proponer cambios constitucionales para ser aprobados mediante un referéndum nacional. En ese referéndum estimular la abstención de la oposición.

7. La nueva Constitución debe garantizar todo tipo de derechos a los ciudadanos -muy especialmente a los más pobres-, a la vez que minimiza sus deberes y obligaciones. Prometer que la nueva Constitución aliviará la pobreza y disminuirá la desigualdad. También debe tener normas poco comprensibles que concentren el poder en el presidente y permitan su reelección indefinida.

8. Desprestigiar, minimizar y reprimir a la oposición política.

9. Controlar a los medios de comunicación. Tolerar algunos medios críticos contra el Gobierno que tengan pocos lectores o telespectadores, como ejemplo de que se respeta la libertad de expresión.

10. Repetir el paso número tres. Indefinidamente.

¡Buen provecho!

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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