Cuando Chile sea viejo

Fecha: 20/05/11
Fuente: Qué Pasa
Autor: Sebastián Rivas y Natalia Saavedra

En 2025, Chile entrará en una nueva etapa: la población de adultos mayores superará a la de niños. Progresivamente, los viejos del mañana irán cambiando el estilo de vida del país: tendrán más dinero -que habrán ahorrado individualmente desde más jóvenes-, mayor nivel educacional promedio, mayor esperanza de vida y otra relación con la tecnología. Así serán los viejos del Chile viejo. Y así los espera el mercado.

El aviso está lanzado: en 2025, Chile será un país donde las canas serán predominantes. Ese año, según las proyecciones estadísticas, habrá 103 personas mayores de 60 años por cada 100 menores de 15. Es decir, por primera vez habrá más adultos mayores que niños. Y aunque la cifra en sí no dice mucho, la realidad tras ella involucra un cambio rotundo en el esquema de la sociedad.

El censo del próximo año debería confirmar las proyecciones que indican que hay más de dos millones de adultos mayores, el 13% de la población. Para 2025, la cifra subirá a poco menos de cuatro millones, uno de cada cinco chilenos. En 2050, bordearán los seis millones (casi el 30%). Si la estimación se cumple, Chile superará a Uruguay y Argentina y será el país más viejo de Sudamérica.

La situación se dará a nivel mundial. Para 2025, la población mayor alcanzará a 1.250 millones de personas, y en 2050 superará el 20% del total: más de 2.000 millones.

“El fenómeno demográfico del envejecimiento poblacional no tiene ningún parangón en la historia de la humanidad. Lo único que se puede comparar, aunque en sentido inverso, es la peste bubónica”, sentencia el doctor Víctor Hugo Carrasco, jefe de la sección de Geriatría del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. La referencia intimida: en la Europa del siglo XIV, la peste bubónica mató entre un tercio y la mitad de la población del continente, de acuerdo a las estimaciones, e implicó cambios en el modo de vida de las personas que, entre otras cosas, incentivaron la masificación de las ciudades y la creación de nuevos mecanismos tecnológicos para suplir la ausencia de mano de obra.

Los expertos coinciden en que serán años de cambios profundos. Se encamina una generación con amplios conocimientos tecnológicos y que creció en el mercado del consumo. Que tiene mayores niveles de educación, mejores expectativas de salud en su vejez y que vivirá en promedio hasta más allá de los 80 años. Pero también deberá enfrentar un esquema social nuevo, con hijos dedicados al trabajo y con perspectivas de sufrir enfermedades que los obliguen a esquemas de dependencia. En ese escenario, por opción o por necesidad, serán los propios adultos mayores los que tendrán que enfrentar por sí mismos muchos de los desafíos de esta etapa.

Por eso, y pese a que habrá cada vez más personas mayores, el concepto de “tercera edad” quedará obsoleto. A cambio, surgirán nuevos segmentos, al estilo de los grupos infantiles y juveniles, divididos por edad, estado civil y rentas, entre otros factores.

Rosa Kornfeld, directora Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), mira con atención las experiencias de España y Francia con sus adultos mayores. Su objetivo es lograr que se apruebe una política nacional de envejecimiento multidisciplinaria, que involucre no sólo a los adultos mayores, sino también aspectos como el incentivo al cuidado de la salud durante la juventud para no desarrollar patologías, e incluso el fomento de oficios que hoy son escasos, como los cuidadores de ancianos. “Se generará una oportunidad para nuevos profesionales”, resalta sobre el escenario que se abrirá en los próximos años. Aquí, algunas de las perspectivas de la nueva vejez.

Independientes y conectados

Proyectando cifras y los estilos de vida de quienes serán los viejos en dos o tres décadas más, es fácil concluir quesu manejo natural de computadores y teléfonos inteligentes les permitirá valerse de las ventajas de la conectividad virtual.

Hoy, el 7,6% de las personas entre 70 y 79 años usa computador. En sólo 20 años, se espera que esa penetración llegue casi al 100%.

será una generación que habrá crecido no sólo dominando la tecnología, sino también los beneficios ciudadanos de la conectividad, como la organización colectiva a través de las redes.

Así, a medida que disminuya el gasto en productos básicos como la alimentación y se eleve el consumo de artículos propios de la vejez, como los medicamentos (como proyecta el “Estudio prospectivo de consumo de bienes y servicios del adulto mayor” de la consultora Demoscópica, realizado para la Subsecretaría de Previsión Social en 2009), no es difícil imaginar que se evolucione hacia la demanda colectiva. Eusebio Pérez, gerente general de Caja Los Andes y presidente de la Asociación de Cajas de Chile, explica que es un fenómeno actual en países desarrollados, donde los adultos mayores se agrupan para licitar todo tipo de servicios que puedan requerir, desde viviendas hasta prestaciones médicas.

Un ejemplo de ello es Golden Seniors, sitio chileno que nació en 2008 y que actúa como grupo de descuentos (en el modelo de Groupon) para los socios de los cerca de 12.000 clubes de personas mayores que existen en el país.

Esta mayor conectividad estará a la par con un fenómeno inverso: una mayor soledad o independencia (depende de cómo se mire). Ello tomando en cuenta a aquellas personas que optan por no tener hijos, que postergan la paternidad o que simplemente estarán acostumbrados a un estilo de vida más autónomo.

Y ya se están diseñando productos para esa generación más solitaria de adultos mayores. Por ejemplo, en EuroAmerica, como comenta el gerente general de la división de Seguros, Claudio Asecio, ya hay cerca de 500 asegurados con una póliza bautizada como “Cuidados de Dependencia”. Ésta distingue seis actividades en la vejez para ser independiente: levantarse, asearse, alimentarse, desplazarse, comer y ser continente. “Si se pierden cuatro de éstas, estamos bajo dependencia total y ahí el seguro opera otorgando una renta vitalicia de un millón de pesos”, explica Asecio.

El mercado además se prepara para una demanda cada vez más fuerte por una serie de servicios y productos en formatos más pequeños y que son pensados para “uno”

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Vivienda: Mi casa es mi sueldo

En muchas cosas, el Chile de hoy, como en la novela de Cormac McCarthy, no es país para viejos. Pasarelas con más de ochenta escalones, paradas públicas poco amistosas, transporte de difícil acceso y calles llenas de aparentes peligros, son algunos de los “detalles” que un país que envejece se verá en la obligación de mejorar en el corto y mediano plazo.

Los expertos proyectan una mayor demanda por barrios más integrados, pensando en un adulto mayor más solitario, proveniente de familias más segmentadas y pequeñas.

Marcela Pizzi, presidenta de la Comisión de Evaluación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile, quien junto a su equipo investiga sobre las nuevas necesidades de este grupo etario, apunta por ejemplo a la necesidad de integrar a los adultos mayores a tareas que naturalmente van quedando atrás a medida que se envejece, como el cuidado de los niños. “Por eso hay que pensar en barrios donde todos vivamos cerca”, plantea.

El diseño de las viviendas también será fundamental: Por muy tecnologizados que los futuros viejos vayan a ser, la convivencia con los aparatos de última generación integrados a la vivienda siempre será un punto a atender.

dónde vivirán -o querrán vivir- los viejos del mañana es un tema que tiene un impacto directo en el mercado inmobiliario hoy. Por ejemplo, a medida que los compradores sean más exigentes y educados, optarán por financiamientos cada vez más cortos, respondiendo a su mayor nivel de renta. En el pasado, la mayoría de la población conseguía un crédito en el banco estatal, pagadero en 240 cuotas iguales, como recuerda el gerente de Hipotecarios de Santander, Francisco Bedos. “Hoy el pago promedio de un crédito es de ocho años, porque lo repactas, lo refinancias o lo adelantas”, detalla. De acuerdo a estudios del Portal Inmobiliario, el 28% de los usuarios prefieren el crédito más corto al que pueden optar, de entre 10 a 15 años.

Otro cambio interesante es la mayor preponderancia que ha tomado la compra de bienes raíces como inversión, con el objetivo de asegurar a futuro un mejor nivel de renta. En la industria calculan que entre el 10% a 15% de las adquisiciones son, precisamente, para utilizar el bien como un activo fijo que sea rentable mediante su arriendo.

un instrumento que podría hacerse realidad en Chile es la hipoteca revertida, que consiste en que, a cambio de una renta mensual vitalicia, el adulto mayor cede su vivienda al banco tras su fallecimiento. Nicolás Starck, director de la Corporación de Investigación, Estudio y Desarrollo de la Seguridad Social (Ciedess), apuesta por la viabilidad de este sistema en chile: diversos estudios indican que cerca del 80% de los adultos mayores tiene casa propia.

Pensiones: ¿Qué tan abultada será su billetera?

Sin duda en materia de finanzas personales los adultos mayores que se beneficiarán del sistema de pensiones a partir del 2025 podrán respirar más tranquilos. si hoy los jubilados reciben rentas mensuales de $150 mil promedio -cifra empujada a la baja por la gran cantidad de personas que aún mantiene el sistema antiguo de pensiones-, la consultora demoscópica estima que en 15 años más el monto promedio podría llegar a $835.000.

no es de extrañarse: se trata de un grupo de personas que comenzó a imponer en el sistema de afp a temprana edad y que, además, optó por una serie de servicios complementarios de ahorro, como apv, seguros de vida con ahorro, rentas vitalicias y fondos accionarios de largo plazo.

Todo indica que también en este ámbito chile debiera comenzar a seguir los pasos de los países más desarrollados. En esa línea el ahorro previsional voluntario colectivo (apvc) aparece como una de las opciones más interesantes. en palabras simples, el sistema opera como un fondo conjunto entre una empresas y sus trabajadores, donde cada parte se compromete a realizar un determinado aporte monetario durante un tiempo pactado previamente. El mecanismo, además, responde a la lógica de que si “somos más, optamos a mejores condiciones en diferentes mercados”, que predominará en los adultos mayores del futuro.

Con todo, y para que estos buenos augurios se cumplan, es necesario comenzar desde ahora a crear conciencia en la población más joven de la real importancia de pensar en el futuro. empresas como ing han optado por hablar directamente a este grupo a través de plataformas que les sean cercanas. En twitter, por ejemplo, circulan mensajes como “comenzar a ahorrar $50 mil al mes a los 25 años en lugar de a los 35 puede significar $80 millones más en tu fondo al pensionarte” o “por Sólo empezar a ahorrar $50.000 al mes a los 30 y no a los 40, durante 15 años, puedes tener $ 55 millones más en tu fondo al pensionarte”.

Con más plata en el bolsillo, los mayores de 60 años se convertirán un segmento atractivo para el mercado y a su vez para las instituciones financieras que ofrecen créditos de consumo. las cifras actuales hablan por sí solas: a diciembre del año pasado había 1.350.000 jubilados afiliados en cajas de compensación, y 850.000 de ellos tenían un crédito de consumo vigente. Esta tendencia va al alza, sólo en los últimos 4 años el monto total de préstamos a pensionados ha aumentado en un 78%.

En la misma línea, los adultos mayores son cada día más sujetos de crédito. hoy Las cajas les otorgan préstamos de consumo hasta los 85 años y todo hace pensar que los límites serán más flexibles en las próximas décadas.

Trabajo: Los nuevos “golden boys”

La perspectiva es clara: casi con seguridad los adultos mayores del 2025 van a tener que trabajar más y se jubilarán cada vez más tarde. Este fenómeno trae consigo buenas y malas noticias.

Partamos por las buenas. Todo indica que en las próximas décadas el propio adulto mayor será quien decida cuál es el mejor momento para dejar el mundo laboral. Hoy la situación es distinta: apenas un cuarto de los mayores de 60 años tiene empleo. Según el último estudio de Calidad de Vida en la Vejez, hecho en 2010 por la UC, el Senama y la Caja Los Andes, sólo el 28% de los pensionados jubiló cuando quería hacerlo; el 31% debió renunciar a su trabajo por motivos de salud, y el 22% fue obligado a dejarlo.

Sin embargo, el adulto mayor a partir del 2025 tendrá varias ventajas a su favor: por ejemplo, un mejor estado de salud general -al menos hasta los 70 ó 75 años-, mayor dominio de tecnologías y un nivel educacional más alto. Sólo un dato: según la Casen 2009, el promedio de años de estudio entre los 65 y los 74 años es de 7,1. La generación entre 45 y 54 años, que serán adultos mayores en quince años más, tiene 10,2 años de estudio. Una diferencia que los favorecerá en perspectivas de empleo y de remuneraciones.

Otro punto: con el envejecimiento constante de la población, cada vez será más difícil reemplazar a quienes se jubilan. Con una demanda creciente de empleo calificado, los expertos coinciden en que las empresas no podrán darse el lujo de prescindir de un sector que hoy, en promedio, está jubilando entre los 56 y los 57 años.

Arístides Torche, economista de la Universidad Católica, afirma que los futuros adultos mayores tendrán incentivos tanto para continuar trabajando como para jubilarse, dado que serán un mercado más atractivo para las empresas y éstas buscarán ofrecer servicios orientados hacia ellos, como turismo y recreación. “Vamos a tener muchas alternativas. Hay dos factores contrapuestos: habrá ofertas de ambos lados”, sentencia.

Con todo, las perspectivas también apuntan a que para un grupo importante de los futuros adultos mayores posponer su retiro será algo necesario. Con una perspectiva de entre 20 y 25 años de sobrevida tras dejar de trabajar, los ahorros de la jubilación pueden hacerse escasos. Un estudio hecho este año por la Corporación de Investigación, Estudio y Desarrollo de la Seguridad Social (Ciedess) reveló que un pensionado pierde a los cinco años de jubilarse 9,4% de poder adquisitivo en relación con una persona laboralmente activa, y que en 30 años la brecha llega al 45%.

Todos estos cambios también deberían plasmarse en modificaciones legales. Rosa Kornfeld, directora del Servicio Nacional del Adulto Mayor, reconoce que los cambios en la expectativa de vida conducirán a un debate sobre posibilidades de flexibilidad laboral y la eventual extensión de las actuales edades de jubilación fijadas por ley (65 años para hombres y 60 para las mujeres).

Salud: Activos, pero vulnerables

El mayor desafío de Chile en salud, a partir del 2025, será la dependencia de los adultos mayores; es decir, el nivel de autonomía física y mental que tengan para desarrollar su vida. En los próximos años el país se jugará un partido clave: cómo conseguir que los “nuevos viejos” sean cada vez más independienteS y que retrasen lo más posible la aparición de sus enfermedades. La estimación es que entre 2000 y 2025 se duplicará el porcentaje del PIB destinado a temas de salud en ese grupo (de 1% a 2,1%).

Así como hace 40 años las enfermedades infecciosas eran el foco de preocupación de las autoridades sanitarias, en las próximas décadas la mirada se correrá hacia las enfermedades degenerativas, como la demencia, el Parkinson y el Alzheimer. Habrá además más artritis y osteoporosis, deterioro en funciones básicas y problemas cognitivos. Ya hay señales de alerta: entre 2000 y 2007 la tasa de muertes por enfermedades mentales entre los adultos mayores aumentó en 91%, el mayor aumento de todas las patologías. Y el 20,9% de los mayores de 80 años tiene algún tipo de deterioro cognitivo, según la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010.

De acuerdo al doctor Víctor Hugo Carrasco, jefe de Geriatría del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, hoy están dadas las condiciones para que las personas lleguen en perfecto estado hasta los 75 años, “e incluso hasta los 80”. El problema es que, según plantea, no existe una política destinada a cuidados previos y controles, los que podrían disminuir e incluso evitar la aparición de enfermedades en los adultos mayores.

hAy otro factor preocupante: la tendencia a la obesidad y el sedentarismo que atraviesa los diversos grupos etarios en Chile. Eso influirá en un aumento de enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión. Una cifra para tener en cuenta: el promedio de colesterol del grupo entre 45 y 64 años es de 209 puntos, es decir, por encima de los 200 establecidos como estándar máximo. El tabaquismo es otro agravante presente: más del 40% de ese grupo se reconoce como fumador habitual. El resultado: pacientes con más predisposición a desarrollar enfermedades coronarias, pulmonares obstructivas y algunos tipos de cáncer.

Este panorama sanitario irá acompañado de otro cambio social que puede complicar aún más las cosas: desde el 2025 en adelante, las generaciones de adultos mayores tendrán cada vez menos hijos que los cuiden. Si en 1960 el promedio llegó a ser de cinco hijos por mujer en edad fértil, hoy sólo alcanza los dos. Y las mujeres están muchísimo más incorporadas al mundo laboral. Por eso, habrá un mayor número de personas viviendo solas.

El cuadro se cierra con la falta de especialistas. según la Sociedad de Geriatría, hoy sólo hay 43 profesionales de esa especialidad en Chile: uno cada 40 mil ancianos. El estándar internacional es de uno cada cinco mil.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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