Crónica de una caída anunciada

Fecha: 17/05/2011
Fuente:Mediapart
Autor:François Bonnet

La caída brutal del ex patrón del FMI suscita dos grandes cuestiones en Francia: la reacción de una izquierda que había apostado todo por él para batir a Nicolas Sarkozy en 2012, y la razón por la que los medios de comunicación han silenciado su comportamiento con el sexo femenino. Extractos.

El asunto de DSK no afecta únicamente a la vida privada de Dominique Strauss-Kahn. No podría ser únicamente un suceso sórdido: una personalidad acusada de agresión sexual, intento de violación y de secuestro; un hombre de 62 años acusado de haber forzado a una joven de 32 años en la suite de un hotel de lujo y que hoy tendrá que responder de sus actos ante el tribunal penal de Nueva York.

La estupefacción que parece haberse apoderado del país ante las imágenes de un Dominique Strauss-Kahn compareciendo ante el tribunal de Nueva York, entre delincuentes comunes y traficantes de droga también debe servirnos como brutal recordatorio de la realidad.

Sí, uno de los hombres más influyentes, más poderosos y más conocidos del planeta debe responder por su conducta como un ciudadano normal. Es una buena noticia, aunque nuestro país se haya acostumbrado a considerar, por puro cansancio y a veces sin razón, que la impunidad era un privilegio reservado a los poderosos.

Puede considerarse “una pesadilla” (Pierre Moscovici), “una crueldad” (Elisabeth Guigou), “una tragedia griega con tintes de serie estadounidense” (François Bayrou). Pero la violencia simbólica de esas imágenes de un DSK esposado y decaído no es sino el eco de la violencia psíquica tan real que constituye un intento de violación. Y la denuncia de la acusación, en su texto brutal, deja entrever lo que podría haber sido esta violencia. Sí, nadie duda de la presunción de inocencia del acusado. Pero también hay una mujer que es supuestamente víctima y nadie puede olvidarlo.

Seductor o predador sexual

El partido socialista, cuyos dirigentes se reúnen este martes en una junta extraordinaria, ya ha cometido dos graves errores de apreciación en cuanto al alcance y las consecuencias de este escándalo.

1.- El primer error procede del entorno más cercano de Dominique Strauss-Kahn. Consiste en una defensa ciega y sin distancias del inculpado, con el riesgo de agravar el mal. Relativizar la acusación, fomentar las teorías de complot, negar en bloque o afirmar sin meditar que hay “numerosas contradicciones en el caso”, dando a entender que se caerá a pedazos no es precisamente la mejor estrategia para mostrar su apoyo a Dominique Strauss-Kahn.

Porque esta negación brutal, también alimentada por una imagen extraña que describe una vez más a un Dominique Strauss-Kahn como “seductor”, ” libertino”, “amante de las mujeres”, corre el riesgo de plantear preguntas terribles sobre los años pasados. Al jefe del FMI se le acusa hoy, según el vocabulario del crimen, de ser un “depredador sexual”. Las personas más próximas le calificaban hasta ahora de “seductor”. ¿Se trataba en este caso de un eufemismo para ocultar una realidad totalmente distinta? La pregunta es devastadora pero por desgracia no dejará de plantearse.

Ya es una realidad y más desde el domingo por la tarde, cuando la madre de Tristane Banon (que además es candidata socialista y amiga de la familia Strauss-Kahn) explicó haber disuadido a su hija, una periodista convertida en escritora, de denunciar a Dominique Strauss-Kahn por un intento de violación que se habría producido en 2002. Esta madre, Anne Mansouret, consejera general y regional socialista, afirma hoy arrepentirse de su actitud y añade a propósito de DSK: “Existe un auténtico problema: una adicción al sexo, al igual que otras personas tienen problemas con el alcohol, la droga o el juego”. Algunos se indignan por el resurgir repentino de esta historia (Bernard-Henri Lévy, por ejemplo) pero olvidan que si la duración de la prescripción se ha fijado en diez años para estos hechos, es precisamente para dejar constancia de la dificultad de las víctimas para solicitar una reparación en estos asuntos.

También se ha señalado a la prensa por sus posibles incumplimientos del deber de informar, por sus silencios o, de nuevo, por sus eufemismos en la descripción de un hombre público. Es evidente que debe defenderse el respeto a la vida privada; también se trata de la libertad de todos. Pero el respeto acaba donde empieza la infracción de la ley: el tabú legítimo de la vida privada no podrá ocultar crímenes o delitos. Pero desde hace años, muchos periodistas han descrito con elipsis prudentes la vida de Dominique Strauss-Kahn: ¿han incumplido una de sus misiones: el deber de alertar?

Un riesgo político inaudito

El periodista Christophe Deloire, autor del libro Sexus Politicus, piensa así y lo explica aquí en un artículo titulado “El extraño silencio impuesto de los medios de comunicación sobre el caso de DSK“. En 2008, haciéndose eco de la alerta de Jean Quatremer de Libération, Mediapart planteó la pregunta política central, en la convergencia de las pasiones privadas y las virtudes públicas: ¿no era correr un riesgo político inaudito en un mundo de cultura anglosajona promocionar a un responsable conocido por esta “adicción al sexo” descrita por la madre de Tristane Banon?

2.- El segundo error es directamente político y procede de la dirección del partido socialista. “El partido ni se ha debilitado, ni se ha decapitado”, resumió contra toda evidencia su número dos, Harlem Désir. Es comprensible que un partido paralizado se aferre a algunos automatismos de pensamiento cuando se abre un inmenso abismo bajo sus pies. Pero de nuevo, la estrategia de negación ante la irrupción de una nueva realidad es garantía total de fracaso.

Esta línea podría sostenerse si el primer impacto político del asunto Strauss Kahn no fuera la destrucción de las ‘ciudades Potemkin’ cuidadosamente edificadas por la dirección del PS desde el congreso de Reims. Desde hace tres años, se ha hecho todo teniendo en cuenta una burbuja en los sondeos y el entusiasmo de editorialistas afiliados al jefe del FMI y que presentaban como indispensable la candidatura de Dominique Strauss-Kahn. Martine Aubry se puede enorgullecer del trabajo logrado desde hace tres años: un partido en orden, un partido calmado, un programa y un procedimiento para elegir al candidato. Pero nos encontramos en una ilusión óptica hábilmente construida como se programa una película y que debía llevar a DSK al Elíseo.

El asunto Strauss-Kahn constituye la última alerta para un PS que hasta ahora no ha sabido afrontar el desafío del sarkozismo. Si no lo entienden, sus dirigentes cargarán con la pesada responsabilidad del fracaso de la izquierda y de la decadencia de Francia.

El Autor,François Bonnet (1959) es un periodista francés. Periodista en VSD, Libération (1986-1994) y finalmente en Le Monde (1995-2006), donde es redactor jefe de la sección internacional. Director adjunto de la redacción de la revista Marianne en 2007, fue uno de los fundadores del sitio web de actualidad Mediapart en 2008.

Fecha: 19/05/11
Fuente: Qué Pasa
Autor:Daniel Mansuy Huerta, desde Francia

El tratamiento a Dominique Strauss-Kahn en Estados Unidos es vivido en francia como una humillación. pocas veces puede apreciarse de manera tan nítida la diferencia cultural de dos grandes naciones.

La escena que, presuntamente, tuvo lugar el sábado 14 de mayo en una de las suites presidenciales del hotel Sofitel en Nueva York es mucho más literaria que política. Esto porque el momento tiene algo de profundamente kunderiano, en cuanto permite, no sin vértigo, asir de cerca la fragilidad y la ambigüedad inherentes a la condición humana. Dominique Strauss-Kahn era, hasta hace pocos días, uno de los hombres más poderosos del mundo: director general del Fondo Monetario Internacional, casado con una millonaria estrella de la televisión francesa y candidato favorito para la próxima elección presidencial, su gran problema parecía ser el de elegir el mejor momento para abandonar el FMI y lanzarse en la lucha por el Elíseo. ¿Cómo puede un destino de ese tipo romperse así, en un instante?

Cuesta compatibilizar, aunque sea mentalmente, al tipo suficiente y seguro de sí mismo con el acusado de manos esposadas al que le fue denegada la libertad provisional incluso cuando su defensa sugirió la instalación de un brazalete electrónico. DSK, como le llaman los franceses, siempre fue un hombre brillante sin ningún temor a parecer pedante.

Así, hasta hace pocos días, Strauss-Kahn podía decir, en respuesta a la crítica por su lejanía de Francia, que había pasado menos tiempo en Washington que De Gaulle en Londres: la comparación es salvaje, pero refleja bien el concepto que el hombre tenía de sí mismo.

Socialista sin culpas y gozador de la vida, DSK nunca escondió su alto aprecio por las mujeres ni su condición de seductor, y eso no le trajo problemas serios mientras estuvo en Francia. Cuando partió al FMI, muchos, y entre ellos Nicolás Sarkozy, le advirtieron que en Estados Unidos los códigos de comportamiento sexual no serían los mismos. Pero DSK no hizo mucho caso del consejo: ya el 2008 era objeto de un sumario interno por una relación con una economista del organismo internacional. Aquella vez fue absuelto (aunque amonestado), su mujer lo perdonó, y zafó del peligro. Ahora, desde luego, la cuestión es bien distinta porque un intento de violación tiene poco que ver con una relación consentida, e incluso con el acoso sexual. No obstante, hay testimonios que complican la posición de DSK. Una diputada socialista dijo haber sido objeto de un intento de conquista “muy cargado” por parte de Strauss-Kahn y afirmó que, de allí en adelante, se las arregló para nunca más encontrarse a solas con él. Una periodista afirma haber sido víctima de un intento de violación, durante una entrevista realizada, a pedido de él, en un departamento vacío.

Con todo, DSK había salido ileso de las polémicas. Hasta que la policía lo fue a buscar a bordo de su vuelo Air France, pocos minutos antes del despegue. De allí en adelante, todo es perplejidad. Al menos de parte de los franceses, y supongo que también de él mismo. Por de pronto, el tratamiento infligido al acusado es vivido acá como una humillación: los franceses están viendo la pesadilla de quien era, hasta hace muy poco, uno de los orgullos nacionales. Pocas veces puede apreciarse tan nítidamente la diferencia cultural de dos grandes naciones: mientras en Estados Unidos la moral puritana condena cualquier comportamiento inapropiado, en Francia la conducta privada es objeto de un respeto casi religioso. Por eso cunden acá las teorías del complot o la convicción de que Strauss-Kahn está pagando el caso Polanski. Además, ni DSK ni sus cercanos ni sus abogados ni nadie ha entregado una simple versión de los hechos. Si un francés quisiera creerle hoy día al director del FMI, no tiene qué creer. Algo llamativo, considerando que él vivía rodeado de asesores comunicacionales.

En cualquier caso, esta historia está recién comenzando, y las preguntas que se abren son múltiples. Los europeos van a intentar retener la cabeza del FMI en un momento difícil para el euro. Los socialistas galos tendrán que buscar un candidato fuerte sin desangrarse en luchas intestinas. Los franceses tendrán que preguntarse si acaso su distinción entre lo público y lo privado, sana en principio pero aplicada con una rigurosidad delirante, no trae más problemas de los que intenta resolver. Y Strauss-Kahn deberá enfrentar un proceso largo y complejo que puede terminar con una condena de varias décadas de cárcel. Maquiavelo decía que los franceses son tan humildes en la derrota como insolentes en la victoria, y la frase se me viene a la mente cuando observo su rostro, un rostro hasta ayer sin fisuras, pero que ahora parece el de alguien devastado, humillado y acabado. El rostro de alguien cuya vida cambió, para siempre, en un instante.

Fuente: El País
Fecha: 22/05/11
Autor: Moíses Naím

Las recientes noticias relacionadas con el FMI traen un mal tufillo colonialista. No me refiero al hecho de que un francés rico y poderoso que era el jefe del FMI está acusado de haber intentado violar en su lujoso hotel a una joven camarera africana. Lo que allí sucedió no lo sabemos y hay que esperar antes de declarar culpable a Dominique Strauss-Kahn. Pero lo que no se ha hecho esperar son los feos reflujos coloniales que tratan de imponer a un europeo como su sucesor. Según esta visión solo un europeo puede estar al mando del FMI, una institución propiedad de 187 naciones. Esta propuesta “solo” discrimina al restante 93% de la humanidad.

Es insólito que una organización que obliga a los Gobiernos que le piden prestado a adoptar principios de transparencia, eficiencia y meritocracia seleccione a su líder mediante un proceso que viola las normas que pregona. Esto sucede debido a que, en 1944, EE UU y Europa acordaron que el jefe del FMI siempre sería un europeo y el del Banco Mundial un estadounidense.

Este pacto es hoy es tan obsoleto como inaceptable. Incluso los líderes del G-20, cuyos países representan más del 80% de la economía mundial y dos tercios de la población del planeta, prometieron en 2009 que los jefes de estas instituciones serían escogidos a través de un proceso “abierto, transparente y basado en el mérito”. El hecho de que estos no hayan sido siempre los criterios, y que aun hoy no lo sean, es indignante. Pero lo es más aún ver los intentos de continuar asegurando el cargo para un europeo.

Didier Reynders, ministro belga de Finanzas, afirmó que “sería preferible que nosotros continuásemos ocupando estos puestos en el futuro”. Angela Merkel acepta que alguien de los países emergentes podría ser jefe del FMI… “a medio plazo”. Por ahora quiere a un europeo allí. No es casualidad que Christine Lagarde ya aparezca como la favorita. Además de competente, es francesa. Sería bueno que Lagarde se midiera en un proceso abierto con candidatos de otras partes. Pero quienes defienden la necesidad de un europeo en el FMI no quieren que su candidato compita en un proceso abierto; quieren que sea coronado por el resto del mundo.

Influyentes columnistas europeos sostienen que el crítico papel del FMI en el rescate financiero de Europa obliga a que su jefe conozca bien el continente y tenga profundos vínculos con su clase política. Es curioso que este criterio nunca fuese mencionado cuando Asia o América Latina tuvieron sus respectivas crisis económicas y el FMI estaba a cargo de un francés o un alemán. En el Financial Times, Wolfgang Munchau se pregunta “si, por más competente que sea, el presidente del Banco Central mexicano, por ejemplo, podría cumplir esta función eficazmente… El trabajo va a estar muy centrado en los problemas europeos, lo cual lo obligará a golpear cabezas en las reuniones de ministros de Finanzas y persuadir a obstinados jefes de Gobierno”. Munchau supone que los políticos europeos serán más reticentes que los latinoamericanos o asiáticos a imponer las impopulares medidas económicas que inevitablemente acompañan los rescates del FMI. Esto no es cierto.

El argumento puede ser volteado para demostrar que quien mejor puede ayudar a Europa en sus actuales circunstancias es un competente economista brasileño, turco o tailandés que ya tuvo la experiencia de gestionar con éxito una crisis parecida en su país. También es verdad que si bien los problemas ahora están en Europa, los que vienen seguramente se originarán en alguno de los grandes países emergentes. Finalmente, está el pequeño detalle de que mientras el peso de Europa en la economía mundial decae, el de los países emergentes como China, India o Brasil está en franco ascenso. ¿Cómo justificar que las nuevas potencias emergentes, cuya influencia en la salud económica del mundo ya es determinante, no puedan acceder a las más altas posiciones del gobierno financiero internacional?

No sé qué me sorprende más, lo obvio que resulta que la nacionalidad no debe definir quién puede dirigir el FMI o que este errado criterio tenga tantos defensores. Es obvio que la posición debe estar abierta a todos los candidatos cualificados de cualquier parte del mundo, y que el proceso de selección tiene que ser transparente y solo centrado en los méritos de los candidatos. Y no sería malo pedirles a los candidatos que, de ser elegidos, prometan quedarse en el cargo durante todo su periodo. Los últimos tres jefes del FMI, todos europeos, naturalmente, renunciaron antes de tiempo.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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