Nada de choro

Fecha:19/05/11
Fuente: Capital
Autor:Fernando Vega

En Galicia, tierra ibérica, llevaban años intuyendo que detras de los precios llamativamente bajos de algunas marcas de mejillón habia gato encerrado. Un a investigacion iniciada en octubre del año pasado en España, y que culminó en febrero confirmó las sospechas: se estaba etiquetando como gallegos a los choritos chilenos. Hubo una demanda en contra de una compañía y se indaga a otras

Los indicios de que algunas latas de mejillón no eran lo que se decía en la etiqueta existían desde hace años. Y la sospecha de que contenían primordialmente choritos chilenos en vez de gallegos fue confirmada por un estudio genético.

El fraude se descubrió en el municipio de Boiro, la zona mejillonera más importante de España. A mediados de octubre el Consello Regulador del Mexillón, una entidad que vela por la legitimidad y calidad de los choritos de esa zona de España, decidió develar lo que era un secreto a voces en la industria gallega: que las conserveras estaban vendiendo como local un producto importado.

Y ardió Galicia. Las organizaciones reclamaron más controles en el etiquetado para evitar el engaño, las empresas conserveras pidieron cautela para no satanizar a todo el sector y hasta los políticos locales se manifestaron de manera contundente.

En la comunidad autónoma, la industria del mejillón produce 260 mil toneladas anuales y factura 460 millones de euros. Es una actividad fundamental para la economía de la región, pues genera 13.000 empleos y, además, es el origen de varias tradiciones y fiestas religiosas locales, ya que se cultiva allí desde hace más de medio siglo.

En febrero pasado, el Consello del Mexillón demandó ante un juzgado de La Coruña a Conservera de Rianxo S.A. por dos supuestos delitos contra el derecho a la propiedad industrial y el de los consumidores. La acusaba de cometer fraude porque, a través de su marca Cortizo, hacía pasar por mejillones gallegos a los choritos chilenos. La firma precisaba incluso en las etiquetas de sus latas que los moluscos provenían de la cosecha 2008 de las mundialmente famosas Rías Baixas.

Pero a fines de marzo, el Consello decidió retirar la querella criminal tras llegar a un acuerdo con la empresa para que sea este organismo el que de ahora en adelante certifique el origen del mejillón. La firma reconoció que había envasado producto importado como local, pero lo atribuyó a un error, pidió perdón y anunció la retirada inmediata del mercado de todos los envases con problemas.

Sin embargo, el presidente del Consello, Francisco Alcalde, aseguró que hay “indicios” de que otras conserveras están pasando gato por liebre, por lo que se presume que la querella contra Conservera del Rianxo sólo fue la primera de una cadena. Alcalde aseguró que el organismo ya cuenta con “pruebas”.

Alguien se avivó en Galicia

Los productores chilenos han reaccionado con tranquilidad ante el caso. El propio Patricio Leiva, presidente de la Asociación Gremial de Mitilicultores de Chile (AmiChile) aseguró que “como industria no tenemos disputa alguna entre el mejillón chileno y el gallego”.

España es el principal mercado de las exportaciones nacionales de chorito, que se han duplicado en los últimos cinco años. “Y todo indica que seguirá siendo el mayor consumidor”, indican en el sector. Los otros mayores compradores son Francia, Italia, Estados Unidos y el Reino Unido. Según cifras del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), en 2010 la cosecha del molusco alcanzó a 214.000 toneladas, situado al país entre las cuatro potencias mundiales del negocio después de China, Tailandia y la misma España.

No por casualidad, grandes empresas pesqueras chilenas como Camanchaca, San José y El Golfo han entrado al negocio, que dejó de ser una actividad artesanal para tornarse en una actividad 100% industrial, concentrada principalmente en la isla de Chiloé.

Desde el sur de Chile, que tiene condiciones geográficas similares a las de Galicia, se envían a España choritos frescos y congelados claramente identificados como producto chileno y hasta con certificados sanitarios que indican la calidad del agua en que fueron cultivados. Por eso, según los productores nacionales, difícilmente la investigación que se sigue en Galicia podría generar diligencias o ramificaciones en Chile.

La propia investigación contra Conservera de Rianxo que se tramitó en la Coruña establece que el engaño se estaría cometiendo allá, y menciona la existencia de grandes poderes compradores europeos de choro chileno, que lo revenderían a los conserveros hispanos, quienes a su vez los envasarían en conjunto con el mejillón gallego, en distintas proporciones.

Inicialmente las sospechas apuntaban hacia los fabricantes de marcas propias de conservas de mariscos para los supermercados de Europa. En el viejo continente existe la suspicacia de que, con el fin de llegar a bajos precios al consumidor, se incurre en la práctica del fraude; e incluso en mercados como Francia y Holanda –que también cultivan el molusco– los productores locales ya han deslizado conjeturas de que allí también estarían envasando mejillón foráneo como local. Y se ha hablado otra vez del bivalvo chileno.

Algunos exportadores chilenos sostienen que el único objetivo de todo ello es poner en duda la calidad de los productos importados y que, por eso, es necesario desarrollar una estrategia basada en la realización y divulgación de estudios sobre la calidad del chorito de Chiloé.

En todo caso, apuntan a que el uso de materias primas chilenas para plagiar productos conocidos ya se ha convertido una práctica habitual, como sucede en el caso viñatero, en que cada año varios litros de vino a granel terminan mezclados con uvas de diversas partes del mundo y etiquetados como producidos en cualquier sitio.

Genética para identificar

Aunque en fresco el mejillón chileno se distingue del gallego porque tiene un tono más blanquecino, en la lata son casi iguales. Por ello, fue necesaria una investigación biológica para determinar si los moluscos contenidos en las conservas Cortizo provenían de aguas del Atlántico o del Pacífico.

La Universidad de la Coruña analizó la genética de cada uno de los mejillones y la comparación de los ADN dio como resultado que nada menos que el 80% de los moluscos analizados no correspondía a la especie gallega mytilus galloprovincialis, sino que al mytilus chilensis, que se cultiva en Chiloé.

A esa isla los productores gallegos de mejillón llegaron a finales de los 90 en búsqueda de mejores condiciones financieras y regulatorias para sus cultivos. Aquí no había grandes limitaciones para producir, ni grandes costos, como en Europa. De hecho, en la industria miticultora chilena se reconoce en su origen y expansión como de procedencia gallega, lo que se verifica en que casi un tercio del sector es dominado por capitales españoles. Los pioneros fueron los Leiro, una familia de Portonovo que fundó la empresa Toralla.

El desafío chileno

Según los industriales nacionales, independiente de todas las sospechas, el gran problema del chorito chileno es su casi nula imagen internacional. Hasta ahora el producto sólo es considerado como un muy buen sustituto del mejillón gallego por su sabor, color y textura, pero nada más. “Es necesario crear mercados, educar al consumidor y generar una imagen de prestigio y calidad, como sucedió con el vino. Este es un producto que tiene una muy buena relación calidad nutricional/ precio y que es seguro porque viene de cultivos en aguas certificadas y monitoreadas permanentemente”, sostiene la consultora Lidia Vidal, cuya empresa ha elaborado varios estudios de prospección de mercados para el bivalvo.

A España, el chorito chileno entra aproximadamente un 20% ó 30% más barato que su competidor local y cada vez gana más mercado, ya que además llega sin aranceles, debido al acuerdo de asociación entre Chile y la Unión Europea.

Ello llevó a que a mediados de 2008 varias asociaciones de productores de mejillón hicieran un paro indefinido para protestar contra el producto chileno, acusándolo de generar un daño irreparable a las familias gallegas. Por si fuera poco, los mismos industriales españoles reconocieron el año pasado que aproximadamente un 60% de los mejillones que se estaban vendiendo en ese país provenía de cultivos extranjeros.

Este comportamiento del mercado y, sobre todo, sus perspectivas de crecimiento futuro son las que –según algunos industriales– podrían dar lugar a diferentes estrategias encaminadas a frenar la ofensiva exportadora chilena, como la Denominación de Origen Protegida para el mejillón gallego.

Ese certificado de calidad que otorgó la Unión Europea a Galicia implica un enorme activo comercial, ya que asegura que el producto ha sido cultivado, transformado y envasado en una zona geográfica determinada y bajo estándares muy rigurosos.

Por ello es que los productores chilenos, con el apoyo de Corfo, ya empezaron a ejecutar diversas estrategias para aumentar el valor del molusco local. La idea es identificarlo a nivel internacional como una marca propia, similar a una denominación de origen. Para que nadie más lo vuelva a mezclar con otros para hacerlo pasar por mejillón de otra parte.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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