Mundo: Menos sueño y más pragmatismo

Fecha:14/04/2011
Fuente: Qué Pasa
Autor:Edmundo Paz Soldán | Escritor boliviano

Barack Obama, el candidato de la inspiración de 2008, tendrá que ser uno muy diferente en su recientemente formalizada campaña por la reelección. La intensa lucha en el Congreso por sacar adelante el presupuesto sirvió como adelanto de la pelea del 2012.

Después de un breve período de calma, la política norteamericana vive intensas semanas. Por un lado, Obama lanzó su candidatura a las elecciones presidenciales del 2012; por otro, después de una larga lucha entre republicanos y demócratas, el presupuesto federal fue aprobado a último minuto cuando ya se temía una paralización total forzada de las operaciones del gobierno.

Obviamente, ambas noticias están conectadas. Obama perdió las elecciones del Congreso del año pasado porque permitió que sus oponentes lo definieran como un radical de izquierda, un “socialista” defensor de un gobierno intervencionista en todas las áreas de la sociedad; la lucha por el presupuesto le permitía consolidar su movimiento hacia el centro, iniciado días después de su derrota. Las concesiones hechas al Partido Republicano le han valido críticas duras del lado progresista de su partido: sí, se mantuvo firme en el tema de la educación y en el de los fondos para la planificación familiar (que los republicanos ven como un eufemismo para financiar abortos), pero cedió en temas clave como Medicare y Medicaid, que prestan apoyo a familias de escasos recursos y a ancianos, y abandonó muy rápidamente su sueño de conectar el país a través de ferrocarriles de alta velocidad. Al final de la agitada semana pasada, le habló al país como un negociador triunfante, un estadista que destacaba la capacidad de los partidos de ponerse de acuerdo. Una imagen dudosa, pero calculada: el presidente procuró no mezclarse en una pelea que correspondía al Congreso, porque no podía arriesgarse a ser “el perdedor”. Al menos no tan evidentemente.

Barack Obama confunde a todos, y eso lo hace un político tan impredecible como peligroso: por experiencia e ideología, pertenece al ala progresista del Partido Demócrata (así fue como ganó las elecciones anteriores), pero su impulso vital es el de trascender las luchas ideológicas que han desgastado a los Estados Unidos y contentar a todos. Hay días en que algunos lo ven como modelado en Bill Clinton (uno que justamente debió lidiar con una dura oposición que le negó el presupuesto hasta llegar a paralizar al gobierno), pero el político sureño siempre fue centrista y sus ajustes durante su gobierno fueron vistos como naturales a él. Otros días Obama parece Ronald Reagan, por su optimismo natural y su capacidad para proyectar un Estados Unidos innovador en el futuro, capaz de seguir como líder de Occidente. Reagan, sin embargo, sí tenía una ideología, y creía que sólo a través de su imposición Estados Unidos podría mantener su liderazgo.

El presidente ha abandonado la ideología progresista (entre otras cosas, continúa la guerra en Afganistán y la cárcel de Guantánamo sigue abierta) y no ha adquirido ninguna otra en su reemplazo. Toma pedazos de aquí y allá que no logran articularse en una visión, en un modelo de configuración nacional por el cual apostar. Resulta irónico que el gran líder de las elecciones pasadas, el hombre capaz de inspirar a una nación después de los años de pesadilla de George W. Bush, termine convertido en el político pragmático por excelencia.

Para su fortuna, en la vereda del frente las amenazas aún no parecen demasiado serias. En el Partido Republicano no han asomado alternativas suficientemente poderosas: Sarah Palin ha perdido el fuelle, Mitt Romney -quien ya oficializó el primer paso hacia su precandidatura para 2012 luce como un burócrata sin carisma, y los demás son enanos en una batalla que requiere de gigantes para triunfar. Tal como están las cosas, el presidente candidato Obama no tiene mucho de qué preocuparse. Excepto, claro, de su legado, más bien borroso a estas alturas, pero, si el próximo año tiene éxito, ya tendrá tiempo para aquello.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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