La carta

Fecha: 10/04/11
Fuente: Blog de Hector Soto
Autor: Hector Soto

Cuando en junio de 1993 Andrés Allamand habló de los poderes fácticos en la derecha, el terremoto en el sector fue grado 9 y se acuñó una expresión que mantiene su filo hasta el día de hoy. El concepto provenía de la transición española y su implantación no pudo ser más exitosa: son muchos los que consideran que la acción de los poderes fácticos explica buena parte de la historia de Chile.

Originalmente, la entrevista tuvo lugar en los días en que Allamand había estado sometido a fuertes presiones por parte de los gremios y grupos empresariales para armar una plantilla común de cara a las elecciones parlamentarias de fines del 93. El empresariado lo estaba obligando a ponerse de acuerdo en condiciones que consideraba lesivas para su partido no sólo con la UDI, sino también con la UCC de Francisco Javier Errázuriz. El planteamiento de Allamand era que mientras en la Concertación el proceso de designación de candidatos estaba basado en los partidos; en la derecha, en cambio, operaban tres interferencias decisivas: los empresarios, los militares y El Mercurio. Recordó también el actual ministro de Defensa que los militares ya habían hecho lo suyo sacando brutalmente de la arena presidencial a los dos candidatos que más prometían -Sebastián Piñera y Evelyn Matthei- y que en ese momento la cúpula empresarial se estaba comprando “el cuento de la UDI de la importancia electoral de la UCC y le construyen a Francisco Javier Errázuriz un escenario donde la extorsión es permanente”.

En un Chile entonces en plena transición, donde seguramente lo que se veía era apenas una mínima fracción comparado con lo que de verdad estaba ocurriendo, la expresión poderes fácticos llenó un vacío semántico que por supuesto trascendió los alcances de la olla donde se cocinaban las listas parlamentarias de la derecha. Y permitió visualizar, a veces con nombre y apellido, fuerzas ocultas que no estaban sometidas a contrapeso ni control. Aunque esos hilos en Chile se habían movido siempre, la denuncia coincidió con momentos de crispación, cuando nadie tenía muy claro cómo y hasta dónde iban a llegar los recortes y las concesiones de la democracia al establishment.

Lo que va de ayer a hoy

Si tiene algún sentido recordar el episodio es sólo para verificar las distancias que separan el Chile de ese tiempo del actual. Cuando Allamand habló de poderes fácticos el 93, no obstante estar refiriéndose a un asunto acotado, la conmoción fue gigantesca. La carta, en cambio, que dirigió Eliodoro Matte a El Mercurio, donde explica el alcance de su reunión con el fiscal nacional y pide perdón, no dio ni siquiera para remezón. ¿Leíste la carta de Matte? fue la pregunta de la semana. Pero la vida de quienes la leyeron y de quienes no en general discurrió –para qué andamos con cuentos- más o menos igual. La arena sobre la cual están cayendo los golpes noticiosos y las catedrales en Chile es tan absorbente que se traga cualquier cosa y el país sigue funcionando razonablemente bien. Este año un periodista le dijo al Presidente que era un mentiroso y no pasó nada. Este año una de las víctimas del caso Karadima dijo que el ex arzobispo de Santiago era un criminal y no pasó nada. Este año el rostro más respetado y emblemático del empresariado chileno –hombre de fortuna, pero también de señalado espíritu público, presidente de la Papelera, pero también del CEP- ha salido a pedir perdón por una gestión de alcances equívocos y vuelve a no pasar nada. ¿Y qué? Se diría que Chile está preparado para todo: para decirlo todo, discutirlo todo y transparentarlo todo.

No estaremos en el paraíso, pero qué duda cabe –primero- que esto es mejor que lo de antes y –segundo- que nada de esto ha sido gratis. Bastaría con repasar algunos episodios duros y dolorosos para los estamentos implicados. Recuérdese, entre diversas manifestaciones del cambio cultural de los últimos años, la catarsis a que tuvieron que someterse las Fuerzas Armadas; el drama que vivió el gobierno del Presidente Lagos por el caso MOP-Gate y el asunto de los sobresueldos; los mea culpa que tuvieron que ensayar muchos medios a raíz del caso Spiniak; las puntillosas explicaciones que tuvo que dar la Presidenta Bachelet por el Transantiago… La lista podría continuar.

Ahora le llegó el turno a Eliodoro Matte, cabeza de una familia que, al margen de la actividad industrial, ha hecho aportes importantes a la educación, la política y el debate público. No obstante ser un empresario con sentido de país, ahora igual ha tenido que terminar escribiendo una carta y ofreciendo excusas por la desafortunada audiencia en la cual encaró al fiscal Sabas Chahuán que la investigación de Karadima fuera rápida.

Es posible que haya una contradicción en la carta del empresario. Si cree que efectivamente no cometió ninguna incorrección acudiendo al mecanismo regular de las audiencias de la Fiscalía Nacional, bueno, es extraño que entonces ofrezca disculpas. El derecho de petición al fin y al cabo asiste a todos los ciudadanos por igual. A lo mejor más raro es que haya ido a conversar sobre una investigación en la cual él no es parte involucrada penalmente. Con todo, aun así, vaya que es sano y vaya que es nuevo que ofrezca disculpas. De esto no hay precedentes en Chile. La novedad, además, no termina ahí, porque también esta podría ser la primera vez en que un gran empresario chileno reconoce el poder que tiene más allá de los estados financieros del conglomerado que encabeza: “Formulo mis excusas –señala la carta- en perfecta conciencia de que todos los que ostentamos de una u otra forma alguna autoridad o poder debemos ser extremadamente cuidadosos al ejercerlo”.

También esto último ayuda a disipar eufemismos y a sincerar las cosas. Lo que no se dice ni se asume es que acudió a la audiencia con la convicción de que se estaba cometiendo una enorme injusticia con uno de los baluartes de la conciencia moral del país. Si le hubiera cabido una sombra de duda, por supuesto que no habría ido. Dio por hecho que Karadima era un hombre consecuente y quiso contribuir con su grano de arena a que la experiencia dolorosa que estaban viviendo los feligreses del cura y algunos miembros de su propia familia terminara pronto. Nunca contó con que el caso terminaría estallando no por el lado de los réprobos, sino por el del protagonista de ostentosas manifestaciones de piedad.

Lo macro, lo micro

Algo dice que este episodio se inscribe en un todo mayor. En lo macro, el proceso se llama “cambio cultural de la sociedad chilena”. En lo micro, podría denominarse algo así como “grietas profundas en las placas geológicas del conservadurismo nacional”. Porque han aparecido varias. Pertenecen a órdenes distintos, pero entre el incidente Ximena Ossandón, el caso Karadima, la comedia de equivocaciones de Jacqueline van Rysselberghe y las acusaciones contra sor Paula –por hilvanar sólo grietas recientes- hay una cierta trama, un cierto tufillo, que se repite. Fallaron los que no tenían que fallar. Gente que andaba pidiéndole explicaciones a los demás ahora se ha visto en la necesidad de darlas. El país las escucha. Quizás las cree, quizás no. Chile continúa.

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Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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