De paria a parodia

Fecha: 25/02/11
Autor: Amir Bibawy
Fuente:.akhbar el yom

Los televidentes que vieron al líder libio Muammar Gaddafi “dirigirse” a su nación el 22 de febrero tenían razones para confundirse y pensar que se trataba de una parodia. De hecho, los humoristas norteamericanos de programas nocturnos podrían darse un festín haciendo añicos a Gaddafi que, a diferencia del asediado Hosni Mubarak, que sigue pareciendo un estadista, se veía ridículo. Y eso no era sorprendente. Alternando entre sus amenazas de usar la violencia, recitando varios crímenes punibles con la muerte del “Libro Verde”, o rememorando muchas de las batallas anticoloniales de su país, Gaddafi fue fiel a su figura. Realmente no hubo nada nuevo.

Lo que sí ha sido novedoso han sido los mensajes que he recibido de varios amigos árabes en Facebook y en mi celular durante los últimos días. Dejando a un lado su humor habitual, que incluso mantuvieron en los momentos más angustiantes, su lectura del discurso de Gaddafi fue ésta: “La broma se acabó. Ya no es divertido”.

En menos de una década, reforzado por estar obligado a pagar compensaciones por el atentado terrorista de Lockerbie de 1988, y por tener que entregar presuntas armas de destrucción masiva, Gaddafi pasó de paria a parodia.

En poco tiempo, este vistoso dictador estaba instalando carpas por todo el mundo durante sus visitas de Estado a Francia e Italia, y dirigiéndose a la Asamblea de las Naciones Unidas. Libia incluso fue elegida como líder de la Asamblea General en 2010 y, asombrosamente, se convirtió en miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Ayudó que el fondo de riqueza soberano de Libia, enjuagado en petrodólares, estuviera invirtiendo cerca de US$ 70 mil millones en el gigante bancario italiano UniCredit, la Fiat, el Financial Times y otras compañías europeas. De pronto, Occidente estaba complaciendo a uno de los dictadores más despiadados del mundo.

Un reciente repaso a recortes de prensa europeos, muestra a una Europa en su lado más desfavorable: asustada. La Gazeta Wyborcza de Polonia lo resume: “¿Qué es peor, la plaga o el cólera?”. El diario italiano La Repubblica publicó el domingo: “Si la Unión Europea continúa apoyando las protestas, Libia dejará de cooperar con ella en temas de inmigración ilegal”.

En una reunión informal a principios de esta semana en Nueva York, conversé con un italiano que deliraba con la reciente revolución en Egipto. “Ojalá lo mismo pudiera suceder en Italia”, agregó. Cuando le pregunté por Libia, su delirio llegó a un displicente fin. “Gaddafi coopera mucho con Italia con esos refugiados del mar”, fue todo lo que pudo decir. Un amigo diplomático de un país europeo que mantiene relaciones hostiles con Gaddafi, me dijo que su país no estaba respirando suspiros de alivio. “Sinceramente, todavía tenemos cerca del 10% de la población de Kosovo en nuestro territorio”. En todo caso, sí estuvo de acuerdo en que Europa era clave para lo que sea que suceda en Libia.

Y Europa es clave.

Porque no es que su respuesta a cada capricho de Gaddafi haya sido positiva. La prensa italiana, de hecho, se indignó con las fiestas de “conversión al Islam” que el dictador libio organizó el año pasado en su país. Algunos apuntan el manejo de Silvio Berlusconi de este tema como una de las tantas razones de los problemas de su gobierno hoy. Y aunque es injusto colocar la culpa solamente en los hombros de Europa, sí es cierto que tiene más en juego que casi cualquier otra parte involucrada, descontando a los propios libios, en lo que suceda en ese país.

Igual de culpables son los vecinos árabes de Libia que han mirado por décadas, mientras el gallardo y joven revolucionario se volvía cada vez más excéntrico. El egipcio Hosni Mubarak, que por mucho tiempo fue visto como uno de los más capacitados para hacer entrar en razón al líder libio, también lo complació por años porque temía por la suerte de cerca de un millón de trabajadores egipcios expatriados a lo largo de la frontera. Otros líderes árabes y africanos son igual de culpables.

Sin embargo, más allá de a quiénes haya que culpar, los actuales problemas de Gaddafi dicen algo mayor sobre cómo Occidente trata con parias y parodias. Y, ciertamente, expone el fetiche occidental de hacer vista gorda a dictadores con tal de obtener su petróleo. Porque Gaddafi no será el último dictador que se vuelque contra su gente y, finalmente, sea derrocado por ellos. Pero claro, que eso siga ocurriendo, ya no es divertido.

* El Moderador recomienda sus entradas previas:
Dos mil personas se manifiestan contra Gadafi en Libia
Gadafi soy el líder de la revolución no tengo que dimitir y moriré como mártir

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

  1. Pingback: Sin el sur, Europa acabará perdiendo el norte « El Moderador

  2. Pingback: La reconstrucción de Libia « El Moderador

  3. Pingback: Trípoli y Sirte siguen bajo el fuego intenso de los rebeldes y los leales a Gadafi « El Moderador

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: