Egipto: preguntas y respuestas de una crisis sin precedentes

 Redacción: BBC Mundo

 Fecha: 30/01/11

  El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, está enfrentando una severa crisis en el país, la peor en los casi 30 años que lleva en el poder.

 Desde hace una semana miles de ciudadanos han salido a las calles para protestar en contra de su gobierno y las manifestaciones ya han provocado más de cien muertos y miles de heridos. Incluso los propios funcionarios del partido gobernante han asegurado que la escala de las protestas no tiene precedentes.

 ¿Qué está pasando en Egipto?

Las protestas iniciaron el martes 25 de enero cuando los activistas convocaron a un “Día de Furia” contra el gobierno, a pesar de que las manifestaciones en el país son inusuales. Desde entonces las protestas continúan en diversas ciudades de Egipto para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak que está en el poder en el país árabe desde 1981.

  En respuesta, el gobierno sacó a los efectivos de la policía y a las tropas del ejército a patrullar las calles y posteriormente decretó el toque de queda en las ciudad es de El Cairo, Alejandría y Suez. El gobierno bloqueó el acceso a internet y a redes sociales como Twitter y Facebook, que los manifestantes habían estado utilizando para organizar sus reuniones. En su primera aparición pública en medio de la crisis, el presidente defendió el papel de las fuerzas de seguridad en las protestas y anunció el cambio de todo su gabinete pero no dio señales de abandonar el poder. Las revueltas están frenando uno de los principales ingresos de la economía egipcia:el del turismo. Se ha cerrado el acceso a las emblemáticas pirámides de Giza y miles de turistas han cancelado sus viajes al país o intentan salir de él.

  ¿Qué piden los manifestantes?

Los ciudadanos que han salido a las calles piden la renuncia de Mubarak. Además, quieren más libertades, más democracia y empleos. Egipto tiene muchos problemas sociales y políticos como el aumento del precio de los alimentos y del desempleo, así como la indignación ciudadana por la corrupción política. Además, según apuntó el corresponsal de la BBC en El Cairo, Jon Leyne, a eso hay que añadir la “profunda frustración en gran parte de la sociedad, que ve que el país ha perdido poder, estatus y prestigio internacional en las tres décadas del gobierno de Mubarak”.

 

¿Quién es Mubarak?

Hosni Mubarak, de 82 años, es el presidente de Egipto desde 1981. Llegó al poder después de que su antecesor Anwar Sadat fuera asesinado por radicales islámicos en un desfile militar en El Cairo. En las casi tres décadas que ha ocupado la presidencia de su país, Mubarak se ha posicionado como un aliado de confianza para Occidente y ha luchado contra un poderoso movimiento de oposición dentro de sus fronteras. Ex comandante de la Fuerza Aérea, Mubarak ha gobernado como un líder casi militar desde que asumió el poder. Mubarak ha presidido durante un período de estabilidad interna y desarrollo económico que significa que la mayoría de sus compatriotas han aceptado su monopolización del poder. Sin embargo, en los últimos años Mubarak ha sentido por primera vez presión para fomentar las reformas políticas, tanto desde el interior de Egipto como de su aliado más poderoso, Estados Unidos.

  ¿Qué ha respondido el gobierno?

Hosni Mubarak se ha negado a renunciar, pero el viernes anunció la renovación total de su gabinete. Por primera vez durante su mandato, Mubarak nombró a un vicepresidente, Omar Suleiman. También seleccionó al ministro de aviación Ahmed Shafiq como primer ministro. El nuevo vicepresidente era el director de los servicios de inteligencia egipcios y es visto como una persona apoyada por el ejército, los servicios de inteligencia, las fuerzas de seguridad y Estados Unidos. Suleiman, con un amplio historial militar, es considerado como una alternativa para reemplazar a Mubarak si el hijo del presidente, Gamal Mubarak, no accede al poder. Analistas de Medio Oriente le dijeron a la BBC que al ser un militar, el nombramiento de Suleiman podría no ayudar a resolver el conflicto y mencionaron que esperaban que Mubarak nombrar a alguien con experiencia en problemas sociales y económicos que ofreciera soluciones a las preocupaciones de los egipcios.

 ¿Qué tuvieron que ver las revueltas en Túnez?

Las revueltas populares que provocaron la salida del poder y del país del ex presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali el pasado 14 de enero prendieron la mecha de la población de otros países árabes que salieron a las calles para protestar contra sus gobiernos. En Túnez, Ben Ali llevaba 23 años en el poder y era apenas el segundo mandatario desde la independencia de Francia en 1956. Tras su caída, las manifestaciones se intensificaron en Egipto y en otros países árabes como Yemen y Argelia. Muchos analistas piensan que si el gobierno de Egipto, el país más populoso de la región, sucumbe ante el levantamiento popular, las repercusiones se sentirían más allá del Norte de África y el Medio Oriente.

  ¿Hay más crisis en la región árabe?

Las protestas en Túnez y en Egipto parecen estar desencadenando un efecto dominó en otros países como Yemen, Jordania y Argelia. A pesar de que cada país árabe tiene características diferentes, muchos de ellos comparten los mismos problemas como una alta tasa de desempleo entre los jóvenes, alto precio de alimentos, pocas oportunidades de progreso social y económico, corrupción y violaciones a los derechos humanos. Algunos analistas consideran que las protestas en Túnez y Egipto podrían provocar una revolución como la que ocurrió tras la caída de la Unión Soviética. En Yemen decenas de miles de manifestantes también están protestando contra el presidente Ali Abdullah Saleh, quien ha estado en el poder desde 1978.

  ¿Cómo reaccionaron otros países?  

Egipto es el país más populoso en el mundo árabe, con una de las economías y ejércitos más grandes de la región. Y aunque tal vez ya no ejerce la misma influencia en el Medio Oriente de décadas pasadas, su importancia no se discute y la crisis egipcia ha provocado reacciones en el resto del mundo. La reacción más esperada era la del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que tras conversar con el presidente Mubarak llamó al gobierno egipcio y a los ciudadanos al diálogo y a evitar la violencia. Además, en un discurso público el mandatario estadounidense pidió a su homólogo que tome medidas concretas hacia la reforma política y social y defendió el derecho de los ciudadanos a ser oídos. Por otra parte, líderes de Francia, Alemania y Reino Unido instaron en un comunicado conjunto al presidente egipcio a evitar la violencia “a toda costa”.

 ¿Qué pasará después?

 Si, como demandan los ciudadanos que salieron a manifestarse, el presidente y su gobierno renuncian, se abren una serie de dudas sobre qué sucedería después. 2011 es un año crucial para Egipto porque tiene en su agenda una elección presidencial.

 Hasta ahora no era claro si el presidente Hosni Mubarak contendería o si allanaría el camino para su hijo Gamal quien se ha preparado para llegar al poder, aunque no cuenta con un gran respaldo popular. En la actualidad, la oposición en Egipto está fraccionada pero, según la corresponsal de BBC en El Cairo, Yolande Knell, “si hubiera elecciones libres y justas, es muy probable que ganasen los Hermanos Musulmanes”, un partido oficialmente ilegal pero tolerado en el país y el movimiento opositor a Mubarak mejor organizado. Sin embargo, Mubarak siempre ha apelado a la llegada de un grupo islamista al poder en Egipto para asustar a sus aliados internacionales. Por otra parte, en el último año se ha sugerido desde diferentes ámbitos que el ex el director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, como un líder adecuado para dirigir la transición en Egipto y que cuenta con el reconocimiento internacional. Otros nombres que suenan como posibles futuros líderes incluye al secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, al recién nombrado vicepresidente, el general Omar Suleiman, un militar – como todos los líderes de Egipto desde que el rey fue derrocado en 1952-.

 Fuente: Periodismo Humano

 Fecha: 28/01/11

Autor: Monica G.Prieto

ElShaheed, creador del grupo Facebook ‘Todos somos Khaled Said’, explica la evolución de la revuelta egipcia. “Egipto no volverá a ser el de antes”.

 

Las protestas comenzaron el pasado julio para denunciar la muerte del joven Said, víctima de la violencia policial, y persiguen el final del régimen y la libertad. “Nos importa una mierda que Occidente no esté con nosotros. Es nuestro problema y lo vamor a arreglar solos”, dice ElShaheed.  Rehuye las cámaras como la peste. Todo protagonismo le molesta y ni siquiera es posible saber su nombre de pila. El hombre que está poniendo en jaque a Hosni Mubarak no tiene rostro ni desea tenerlo. Por un lado, sin que se conozca su identidad recibe amenazas de muerte desde el día en que se le ocurrió crear un grupo en Facebook para denunciar la tortura policial, la corrupción, el estado de excepción permanente, la falta de oportunidades y la ausencia de libertades cortesía del régimen egipcio. Por otro, y por encima de todo, él no sólo es él: representa a decenas de miles, si no a centenares de miles de ciudadanos ansiosos por liberarse de las cadenas. Él, y ellos, todos son Khaled Said, el joven de 28 años asesinado en una brutal y gratuita paliza policial el pasado 6 de junio en Alejandría en una agresión que despertó entre los egipcios la necesidad de luchar, desde las protestas cívicas, contra la impunidad y la injusticia. Y gracias a las convocatorias de su grupo de la red social, Kullum Khaled Said, Todos somos Khaled Said, ya ha conseguido mucho más: poner en entredicho la autocracia egipcia promoviendo las multitudinarias e históricas protestas que están convulsionando al país del Nilo.

 Hoy viernes, el país vive una jornada histórica: centenares de miles de personas han tomado las calles tras el rezo desafiando el masivo despliegue policial al grito de “Abajo Mubarak”. De poco está sirviendo que los uniformados respondan con cañones de agua, gas lacrimógeno y bolas de caucho contra unos manifestantes que no se dejan amedrentar, más bien al contrario: miles de ellos se dirigen en estos momentos al palacio presidencial de El Cairo residencia de Hosni Mubarak.  La participación de los Hermanos Musulmanes, principal grupo opositor, ha multiplicado la visibilidad de las protestas.

En un gesto de desesperación por parte de las autoridades, el líder opositor Mohamad ElBaradei, premio Nobel de la Paz, que regresó ayer para participar en la insurrección civil, ha sido brevemente retenido por las fuerzas de Seguridad. El régimen, además, ha apagado Internet y la telefonía móvil ha sido suspendida.

 Parece que, tras 30 años de dictadura, el final de Mubarak está próximo. “Esta vez tenemos muchas posibilidades de cambiar las cosas”, preveía ayer nuestro protagonista en declaraciones a Periodismo Humano, en nuestra última entrevista cibernética, horas antes de que los egipcios volvieran a echarse a las calles. “Hemos trabajado duro, pero nunca esperamos tener semejantes resultados. Es increíble que estemos haciendo historia. Ocurra lo que ocurra, el pasado 25 de enero nunca será olvidado.

Después de esa fecha, Egipto nunca volverá a ser el de antes”. Los resultados de su particular cruzada sobrepasan todas las expectativas. El pasado miércoles nuestro hombre, junto a otros grupos de oposición, logró convocar mediante las redes sociales una jornada de ira aprovechando el clima social y el empuje de la revolución tunecina, que ha demostrado a sus vecinos que el cambio es posible.

En los blogs egipcios, motor de la revuelta junto a Facebook y Twitter, se contaba que 50.000 personas habían prometido asistencia el pasado 25 de enero, fiesta nacional en Egipto, cuando se conmemora el Día de la Policía en memoria de los agentes que, en los años 50, se rebelaron contra los invasores británicos en una jornada patriótica considerada histórica.

 Agentes muy diferentes a los que hoy, de civil o de uniforme, cazan como animales a los manifestantes que se concentran para defender los derechos más básicos -los de todos los egipcios, incluidos los uniformados- y exigir el final del régimen.  ElShadeed, el mártir, como se identifica el creador de Todos Somos Khaled Said, no era tan optimista el pasado julio, cuando le contacté por primera vez.

Su grupo ya tenía 210.000 seguidores y estaba rompiendo moldes: desafiaba un estado de excepción en vigor desde hace tres décadas con protestas sociales que terminaron siendo reprimidas por las fuerzas de Seguridad. En lugar de disuadir a los manifestantes, su número se incrementaba. El motivo: el asesinato de Khaled Said, desencadenante de la actual revolución.

“Llevaba usando Facebook bastante tiempo. Tras ver la foto de Khaled Said publicada en el perfil de uno de los activistas políticos egipcios, Ayman Nur, la imagen me horrorizó, me conmocionó como joven y sentí que podía haberme pasado a mí. Al día siguiente, tras verificar lo que había pasado, decidí crear un grupo en Facebook para unir a la juventud egipcia contra las prácticas brutales de la policía. Soy el único administrador de esta página, y así ha sido desde que comencé”, explicaba en aquella primera entrevista. La historia que verificó ElShaheed es, efectivamente, horripilante.

A Khaled Saeed le sacaron a la fuerza del cibercafé que frecuentaba en su ciudad, Alejandría, dos agentes de paisano. Testigos presenciales relataron cómo le golpearon la cabeza contra una mesa de mármol. Cuando Haizam Hassan Hanafi, el dueño del café, les instó a salir “se llevaron a Saeed a la entrada de un edificio vecino y le golpearon la cabeza contra la puerta de hierro, dándole puñetazos en la cara y en el vientre. Recibió un golpe en la pierna, antes de caerse y golpearse de nuevo contra un escalón. Uno de los policías le levantó tratando de estrangularle. Saeed gritaba ‘Me estoy muriendo’, pero su atacante contestó ‘No te dejaré hasta que estés muerto’ El otro le siguió pateando. Le golpearon hasta que comenzó a sangrar por la cabeza y la boca. Cuando Saeed dejó de moverse, llamaron a la policía […] Un doctor que estaba en el cibercafé le examinó y dictaminó que estaba muerto”. La autopsia camufló la mortal paliza, negada por los agentes: afirmaron que el joven había muerto axfisiado tras ingerir algún tipo de droga.

 El informe médico, que sólo dio fe de “contusiones en un ojo”, fue enviado por el Centro El Nadim para la Rehabilitación de Víctimas de la Tortura y la Violencia junto con un amplio dossier fotográfico a dos médicos forenses internacionales, quienes concluyeron que la primera autopsia “no cumplía los estándares internacionales“.  Conscientes de las limitaciones egipcias a la hora de actuar, ElShaheed centró en Facebook todos sus esfuerzos, aplicando métodos revolucionarios para el Egipto de la dictadura de Mubarak, como él mismo explicaba con ironía en aquella entrevista. “Intenté que el grupo creciese mediante técnicas no tradicionales: preguntar [a los seguidores] antes de dar cada paso y consultarles de forma democrática”.

ElShadeed se felicitaba entonces por haber logrado 210.000 miembros en apenas dos meses: hoy en día son 425.000 en su edición árabe, casi 25.000 en su edición en inglés, desde la que se puede seguir la evolución de las protestas egipcias. Así logró convocar las primeras marchas, al principio en Alejandría y más tarde el El Cairo. “Para contornear la draconiana ley de emergencia que rige Egipto desde hace 30 años y que prohíbe las asambleas públicas, encontramos una solución: [convocar protestas en las que] miles de egipcios se quedasen de pie en largas filas frente a los paseos marítimos y fluviales de diferentes ciudades separados cinco metros unos de otros. Todos permanecen en silencio o leen el Corán o la Biblia. De esta forma no rompemos las leyes que prohíben acumulaciones de más de cinco personas, los eslóganes, etc. Solo nos quedamos de pie, tristes, vestidos de negro como símbolo de nuestro pesar por lo que le está ocurriendo a nuestro país”.

Se mantuvieron activos durante meses. Los seguidores colaboraban diseñando carteles, grabando vídeos, ultimando las páginas web de un movimiento destinado al cambio. Algunas protestas llegaron a ser más numerosas, e incluso el líder opositor y premio Nóbel de la Paz, Mohamad ElBaradei, se sumó a ellos, pero seguían sin ser lo suficientemente extensas para poner en peligro la mera supervivencia del régimen. “Aún no hemos perdido el miedo. La mayoría está asustada, porque Egipto está controlado por dictadores que usan su poder para controlar a la gente. Además, la gente ha perdido la esperanza. “No sacamos nada de lo que hacéis”, es el comentario más usual que tengo que leer en la página de Facebook, donde muchos egipcios sólo participan para criticar nuestras actividades”, lamentaba en julio. De ahí que nadie les pueda acusar de ser islamistas ni radicales, sólo jóvenes como el propio Khaled Said. En nuestra primera comunicación, le pedí que se describiera así mismo.

“Desde que nací, no he conocido a otro presidente que no sea Hosni Mubarak. Soy un joven egipcio que jamás ha participado en actividades políticas o ha militado en un partido. Pero me pone enfermo lo que le ocurre a mi país y ya no puedo seguir en silencio. Amo a mi país, pero estoy casado y quiero que mi hijo tenga una vida mejor de lo que sus papás han visto. Quiero resolver este problema y despertar a los egipcios. Soy muy persistente. ¡No pararé hasta conseguirlo!”. El momento llegó el pasado 25 de enero, aprovechando el tirón tunecino: la convocatoria corrió como la espuma (en Twitter se identificó como #JAN25) y la respuesta social fue masiva: decenas de miles de personas en la Plaza Tahrir (Liberación) de El Cairo, como no podía ser de otro modo, pero también en Alejandría, Suez, Ismailia… La represión y los centenares de detenciones sólo ha alentado la repitición en los días siguientes: para hoy viernes, día sagrado y festivo, sin obligaciones laborales o estudiantiles y con ElBaradei recién llegado para ponerle rostro a la revuelta, se ha convocado una jornada de ira y libertad.

La participación se espera masiva. “¿Es éste el final de Mubarak?”, le preguntaba ayer a ElShaheed. “Nadie lo sabe, pero estamos trabajando muy duro ahora mismo para lograr que la protesta crezca y crezca. En algún momento, el Ejército interferirá y veremos qué ocurre”.

En su grupo de Facebook, las informaciones hablan de permisos militares cancelados y de movilización total de los uniformados, pero también de desesperación en la cúpula del régimen: llegan a informar del despegue previsto para hoy de un avión de la Egypt Air, concretamente el vuelo MS299 a Luxor, cargado con 15 cajas de oro con rumbo a Bruselas. “Por favor, Bélgica, no les dejéis huir con las pobres reservas egipcias”, se lee en el muro. Sobre la ausencia de noticias en los grandes medios occidentales y la falta de apoyo por parte de ningún Gobierno democrático, ElShaheed es muy claro: “Nos importa una mierda. Sólo nos importa lo que pensamos. Este es nuestro problema y lo vamos a resolver solos. No necesitamos su ayuda”. Y por si esa misma comunidad internacional es llevada a error por los dictadores a los que apoya, nuestro anónimo héroe egipcio dejaba ayer claro en su grupo de Facebook el por qué de las movilizaciones.

“No se trata de problemas económicos y pobreza. Se trata de corrupción y de Justicia. Se trata, por encima de todo, de LIBERTAD”.  



Satélite egipcio interrumpe difusión de programas de Al Jazeera

Fecha: 30/01/2011

Tres horas antes, la televisión estatal había informado que el ministro de Información de Egipto, Anas El Fekki, había prohibido todas las actividades de Al Jazeera, que estaba cubriendo ampliamente las manifestaciones contra el régimen del presidente Hosni Mubarak

Egipto, AFP – El satélite egipcio Nilesat, administrado por el Estado, suspendió la difusión de los programas de la cadena de televisión Al Jazeera, anunció el domingo la empresa con sede en Qatar.

“La transmisión por satélite fue interrumpida por Nilesat”, declaró un responsable técnico de Al Jazeera.

Al Jazeera, que también emite por otros satélites árabes, entre ellos Arabsat, comunicó a sus telespectadores una nueva frecuencia para captar los programas.

El ministro “ordenó que cierre (…) Al Jazeera en la República Arabe de Egipto, se anulen sus permisos y se retiren los carnés de prensa de sus empleados a partir de hoy” (domingo), indicó MENA.

Al Jazeera respondió diciendo que esa decisión tiene por objetivo “censurar y acallar las voces del pueblo egipcio”.

Al Jazeera denuncia firmemente el cierre de su oficina en El Cairo, del que fue informada por las autoridades egipcias esta mañana”, afirma un comunicado de la cadena de información recibido por la AFP.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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