Bielsa, padre y señor nuestro…

Fecha: 30/01/11
Fuente: Blog del Autor
Autor: Fernando Villegas

Digamos las cosas por su nombre, sin ambages ni eufemismos: quien maneja el fútbol chileno, al menos quien no deja manejarlo a quien no lo maneje como a él le gusta, se llama Marcelo Bielsa. El hecho es inédito e histórico por mucho que nos hayamos acostumbrado a él. Por lo mismo, a algunos ya no les parece extraordinario, sino más bien un fenómeno tan natural como la salida del sol al amanecer. A ellos les recuerdo que en los pintorescos anales de este próspero negocio hemos visto muchas figuras dotadas de tanto prestigio como para defenestrar entrenadores, exiliar del camerino a comentaristas, copar los medios de prensa, ser habitués de la televisión y pololear con las rucias más vistosas del stock de maniquíes y modelos del mercado, pero nunca dichas personas, normalmente jugadores, por mucha celebridad, fama e influencia que ostentaran tuvieron poder propiamente tal, esto es, capacidad real y no sólo verbal para hacer su voluntad así en la cancha como en la asociación.

Eso es lo que posee Bielsa y eso es lo extraordinario. De sus monosílabos a veces ininteligibles dependen reinos, imperios y dirigentes. Uno se pregunta, con pasmo, qué procesos, eventos, milagros, delirios o hazañas hicieron posible que un transandino de pocas o ningunas palabras, sumido en una suerte de ensimismamiento vitalicio al borde de la catatonia, fulano enigmático, pensativo, depresivo, asocial, recoleto y cabezón pudiera remover -indirectamente- al presidente recién electo de la ANFP simplemente porque a él, a Marcelo, no le tincaba la idea de trabajar con dicho caballero.
Todos conocemos la secuencia de eventos, el cómo dicha remoción se produjo: primero vino la declaración de Bielsa de que se iba porque “no podía trabajar con Segovia”; luego, y de modo instantáneo apareció un bando opositor muy vociferante decidido a anular la elección del susodicho Segovia; en seguida súbitos juristas del rubro registraron los reglamentos hasta encontrar un artículo, el 164, que hizo legal el procesamiento y ajusticiamiento del flamante presidente; posteriormente la imposibilidad de dejar sin efecto dicho artículo incriminador, de detener esa guillotina, condenó también al cadalso a los que condenaron a Segovia y así dirigente tras dirigente se fueron viendo excluidos de ejercer la presidencia hasta llegarse al fin, Dios mediante, al nombre de Sergio Jadue, quien con casi toda seguridad logrará el parto de los montes: Bielsa va a quedarse. De eso trataba, después de todo, el meollo del asunto.

Telón de fondo

El poder de Bielsa fue, entonces, el factor que estuvo operando tras bambalinas. Lo hizo sin pronunciar ni una palabra adicional luego de su famosa conferencia de prensa; bastó su silencio para producir la caída estrepitosa de Segovia y también, como resultado indirecto y más tardío, causar la inesperada apoteosis del señor Jadue, dirigente de Unión Calera, distinguido señor hasta ahora casi desconocido, un dirigente a salvo de los efectos del artículo 164, porque no tuvo tiempo, como sus colegas, de asociar sus negocios -o acaso no tiene negocios- con el club que capitanea.
En cuanto a dicho poder de Bielsa, este sería un fenómeno inexplicable, prodigio del todo misterioso sin ese telón de fondo que fue la toma de la Bastilla perpetrada por las bases populares del fútbol. Hablamos de los hinchas, la clientela, de la gente que paga las entradas. Que Bielsa saliera de la selección y del país cuando en la mente y el corazón de la hinchada era ya una figura sagrada, casi una divinidad, fue inconcebible. De ahí la tremenda algarada, la cual nos recordó esas viejas películas en las que enardecidos labriegos, teas en manos, asaltan el castillo del doctor Frankestein. ¿Y cómo no? Los resultados de la selección chilena, aunque en ningún caso deslumbrantes, han sido lo suficientemente buenos como para que, comparados con las desastrosas presentaciones a las que el público se había resignado, ya nos parezcan extraordinarios. ¿Y quién si no Bielsa podía ser el causante de ese renacer? En el fútbol, actividad esencialmente emocional, irracional, la tendencia humana a encarnar en una persona lo bueno y lo malo, el sol y la lluvia, es incontrarrestable. El entrenador es culpable de todas las derrotas y tropiezos, pero por lo mismo es autor benemérito de todas las victorias y progresos. Y en este caso ese Primer Motor del Universo es Bielsa, la esfinge muda, el Dios que como todo Dios que se respeta no dice una palabra y deja todo en boca de sus mistagogos. Por eso decimos que Bielsa, hoy, es el zar del fútbol, de todos los programas deportivos, de todos los sueldos y nóminas que paga la actividad, del negocio entero. En este país no se mueve una pelota sin la aquiescencia de don Marcelo.

Comercio

Sin embargo, no nos llamemos a engaño: ese poder que Bielsa blande no se sustenta en sus respetables atributos personales, los cuales, por sí solos, sin asociarse a ciertas circunstancias, serían sólo materia de anécdota. En el fondo de todos los fondos lo que estaba en juego, la pelota que gambeteó Bielsa, era, como sucede casi en todo, el vil dinero. He ahí el quid del asunto, aunque el fútbol gusta disimular eso; gusta revestirse con una capa casi “espiritual” asociada a cosas inmateriales como el amor por la camiseta, a la ciudad, por el club, por el país, por el honor y todo lo demás. Pero eso no hace sino darle sabor hormonal a un caldo de cifras cuya esencia es contante, sonante y contable. De ahí que si el mercado reaccionaba con indignación ante la amenaza de Bielsa, no era cosa de montarse en el macho y decir “aquí mandamos nosotros”, como un desventurado dirigente del fútbol dijo en algún momento de delirio. Los partidos, la televisión y sus goles, dirigentes, periodistas del rubro, locutores, en fin, los propios futbolistas, todos por igual dependen en última instancia de si el público asiste o no a los estadios y sintoniza o no un programa. No es entonces cosa de decirles “aquí mandamos nosotros, los dirigentes”. Aquí manda un poderoso caballero, uno que manda todavía más que Bielsa, uno que manda más que todos nosotros, más que los dirigentes y más que los futbolistas; todos los personajes de la actividad, no importa su resplandor, no son sino meras encarnaciones o avatares de la verdadera y auténtica divinidad que entra a la cancha cuando se inicia el cotejo: los negocios…R

* Recomendamos nuestro artículo previo.

Recuerdos del ayer…

La historia desconocida de la polémica conferencia de Bielsa

En la conferencia de prensa del 3 de noviembre, el DT dijo que no trabajaría con Jorge Segovia como presidente de la ANFP y dio inicio a una crisis que aún no termina. Su alocución se basó en manuscritos que realizó mientras conversaba con su círculo cercano de colaboradores, su familia, dos periodistas e, incluso, llamados a Burundi, donde está el sacerdote jesuita Felipe Berríos. Hoy, el técnico tiene intenciones de quedarse, aunque depende de como terminen las negociaciones…que hoy dan señales de prosperidad.

Noviembre empezó mal para Marcelo Bielsa. El hombre tomaba desayuno en Juan Pinto Durán y leía los diarios, una pasión heredada desde pequeño en su Rosario natal. Lo hace siempre. Todos los días. Esté donde esté. Y cuando veía que la oposición, comandada por Jorge Segovia, tomaba fuerza, llamó a sus amigos para confirmar que lo que estaba escrito era cierto.

No lo podía entender. No porque no creyera en que puede existir un pensamiento distinto, sino porque no le cabía en su cabeza que Harold Mayne-Nicholls dejara de ser el presidente de la ANFP. Cuando del otro lado del teléfono le confirmaban que era posible que el oficialismo perdiera en las elecciones del 4 de noviembre, sintió lo mismo que cuando estaba en Argentina y era el entrenador de la selección albiceleste.

Aquella vez le quedó grabado en su mente que se fue en deuda con Raúl Gámez (el presidente de Vélez Sarsfield cuando él era el DT), quien postuló al sillón máximo de la AFA para desafiar a Julio Grondona (la causa fundamental para que renunciara a la selección argentina en septiembre de 2004). A pesar de tener las ganas de salir a apoyarlo públicamente, nunca lo hizo. Más tarde, la escena se repitió cuando el que enfrentaba al timonel del balompié transandino era Julio Alegre, ex titular de Estudiantes y encargado de las selecciones cuando el “Loco” era técnico de los transandinos.

Por lo mismo, esos primeros días del penúltimo mes del año los vivió con ansiedad. En su interior sabía que tenía que hacer algo para que no se fuera “un gran tipo y un gran dirigente”, como considera a Mayne-Nicholls. La pregunta era clara en su interior: “¿Cómo lo hago?”

La decisión estaba tomada

Las reuniones se sucedían en Pinto Durán con sus más íntimos colaboradores. El entrenador tenía ganas de salir a hablar públicamente para apoyar al hombre que lo había convencido de volver al fútbol después de tres años.

El 2 de noviembre ya tenía tomada la decisión y habló con Mayne-Nicholls para comunicarle lo que quería hacer. El funcionario de la FIFA le dijo que no era conveniente. Le pidió que no se metiera, porque el resto lo podía tildar de un “intervencionismo político”. Pero su objetivo se mantuvo, no podía olvidar que su falta de compromiso con dos personas que respeta mucho en Argentina lo hicieron lamentarse durante un tiempo largo. Entonces, comenzó a marcar los números que tiene en su celular para empezar a armar su discurso. A esa altura, todos los medios decían que la oposición ganaría 26 a 22, cuando quedaban dos días para los comicios.

El rosarino estuvo a punto de entregar un comunicado de prensa en el sitio de la ANFP ese mismo 2 de noviembre. Pero no lo hizo, porque necesitaba estructurar de mejor manera su discurso.

Llamadas al exterior

En el “grupo de asesores”, como lo reconoció públicamente en la histórica conferencia de prensa del 3 de noviembre, hay dos periodistas cuyos nombres se guardan con sigilo en el entorno más cercano al técnico. Ellos fueron los primeros en acercarle ideas para comenzar a moldear su manuscrito.

Pero el hombre no se quedó allí, porque en este caso quería tener más opiniones sobre lo que expondría y llamó a su mujer, la arquitecta Laura Braccalenti, para contarle la idea. Y no quiso dejar a nadie de su familia afuera, por eso “discó” el número de su hermano Rafael, con quien comparte la pasión política y la inclinación hacia la izquierda, pero los distancia la exposición mediática, ya que lo extrovertido de uno topa con la personalidad del DT. Sus peleas desde chicos quedaron en el recuerdo, a tal punto que en la última biografía del seleccionador, escrita por Román Iucht, dice que el ex canciller tiene una marca en la cabeza producto de una lata de duraznos que le lanzó el pequeño Marcelo después de una “pichanga”. La ronda de consultas continuó con la hermana menor, María Eugenia, la que, según el mismo libro, quedaba afuera de las discusiones con Rafael, porque era “una mocosa, que no tenía que estar en conversaciones de gente grande”.

Aló, Burundi

A esa altura tenía clara la película, pero necesitaba un apoyo más. Y para eso hizo la comunicación más lejana, con un hombre que conoció en su paso por Chile y que respeta mucho: Felipe Berríos.

¿Cómo llegó al sacerdote jesuita? No es muy difícil de deducirlo en la personalidad de Bielsa. El técnico arribó a Chile no sólo porque sabía que podía hacer un buen trabajo con la base de jugadores que tenía, sino porque le gustaba el país. Sus vacaciones como un personaje desconocido en La Serena y sus entrevistas de 1992, cuando decía que le encantaría entrenar en “Chile o Suiza, porque admiraba esos países”, lo demuestran.

Por eso veía documentales, películas y leía mucho (herencia de su abuelo Rafael, quien tenía una inmensa biblioteca en la casona frente al Parque Independencia, en Rosario). Por eso se comenzó a interiorizar de la obra del sacerdote, hasta que finalmente lo conoció y se animó a ayudarlo en su obra Un Techo para Chile. Además, lo hizo en el estilo que más le gusta al DT de la “Roja”: sus participaciones nunca salieron a la luz pública.

A tal punto llegó su cercanía y agradecimiento, que en la cena (no fue un asado como se podía pensar de un argentino), que ofreció a sus cercanos por la clasificación al Mundial de Sudáfrica, uno de los invitados fue el propio Berríos.

Más tarde, fue el mismo cura el que gestionó la presencia del “Loco” en la campaña solidaria por los damnificados del terremoto, ya que el técnico no estaba convencido, luego de que anunciaran públicamente su participación antes de avisarle a él. Fue Berríos quien grabó imágenes con el entrenador y fue quien lo llevó a sentarse con “Don Francisco”, el 6 de marzo de este año, para recordar el viaje al epicentro del desastre.

Incluso, en el discurso posterior del 3 de noviembre, cita a su amigo cuando dice que “el padre Felipe Berríos me dijo una vez: ‘Lo mejor es querer’. Yo soy injustamente querido”.

Estaba preparado

A esa altura había pasado el segundo día de noviembre. Marcelo Alberto Bielsa ya tenía macerada su alocución, pero todavía no tenía claro a través de qué vía comunicarlo. Volvió a recurrir a sus cercanos de Pinto Durán para ver cómo lo hacía. Su intención de colocarlo en la página de internet de la ANFP seguía en pie. Sin embargo, optó por citar a una conferencia de prensa para el miércoles 3 de noviembre a las ocho de la noche, en la sede de Quilín, y se lo comunicó a los funcionarios de la Asociación apenas dos horas antes. Muchos de los personeros ya no estaban en el edificio y los que quedaban tuvieron que llamar a algunos técnicos de radio para que los ayudaran a amplificar el sonido en la sala de plenario.

Twitter, red social de la que Bielsa no participa, era un hervidero. “Renunciará gane quién gane”, “Se siente manoseado por los dos bandos” o “Apoyará a Harold” eran los comentarios más comunes. Sin embargo, sus palabras fueron más contundentes que los 140 caracteres especulativos de Twitter.

Con Segovia, no

Mucho se hablaba en Chile de las largas conferencias de prensa del “Loco”. Como en las oratorias de Fidel Castro, el DT llegó a acumular cuatro horas y 40 minutos cuando se despidió de la selección argentina y confrontó con algunos periodistas. Sin embargo, en su nueva etapa con la “Roja”, su marca estaba en 88 minutos, cuando fue presentado como el entrenador del “Equipo de Todos” (13 de agosto de 2007).

Ese 3 de noviembre se instaló con un nuevo récord de dos horas y 23 minutos. En ese lapso, el rosarino ingresó a la sala de conferencia de prensa con buzo (un clásico), una polera Adidas y una carpeta. Adentro, llevaba muchos papeles escritos… a mano. Sí, de puño y letra. Porque al técnico le gusta agarrar el lápiz y desarrollar sus ideas en hojas en blanco.

La mayoría de las veces termina pasándoles esos manuscritos a sus secretarios para que los redacten en el computador. Pero ese miércoles apareció con su discurso ordenado en su mente y en un manojo de papeles que, a medida que se desarrollaba su locución, se iban desarmando como las defensas rivales cuando sufren el agobiante ataque de sus equipos.

Incluso, tuvo algunas interrupciones, porque no encontraba la hoja justa donde tenía anotados sus pensamientos. Revolvía hasta que las encontraba, pero igualmente su punto de vista estaba claro: apoyaba a Mayne-Nicholls y “no puedo trabajar en común con el señor Segovia, es imposible”.

Además, explicó los tres motivos que sustentaban su imposibilidad de seguir en caso de que el español ganara las elecciones (algo que finalmente pasó). Después, juntó los papeles desordenados en el escritorio y se marchó.

Buscó de nuevo a las personas con las que había charlado antes y les dijo que estaba tranquilo con su conciencia, porque sabía que había hecho lo que hubiera querido hacer unos años atrás en su país. Nadie le dijo nada, porque sabían que, más allá de las elecciones en la ANFP, ese día el entrenador se transformó en un ícono de Chile.

El año en que el fútbol entró en la política

Fue un saludo formal, que concentró las miradas de los presentes en Juan Pinto Durán el 3 de junio. Los protagonistas fueron Marcelo Bielsa y Sebastián Piñera, quien concurrió a despedir a la Selección, que al día siguiente partiría al Mundial de Sudáfrica. La escena era una suerte de resumen de las tensiones que ya arrastraba la relación entre la ANFP y La Moneda.

Los desencuentros tenían como punto de partida la decisión de La Moneda de frenar la construcción y remodelación de algunos estadios que impulsaron la ex presidenta Bachelet y la ANFP. El gobierno consideró mal diseñado dicho plan , pues proponía remodelar o construir estadios cuya capacidad de butacas estaba magnificada (el programa incluía ampliar recintos en regiones con baja convocatoria de público). La Moneda modificó el esquema basándose en estudios de rentabilidad social y, además, fortaleció la construcción de canchas en barrios.

La determinación fue resentida por el presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, quien apareció junto a Bachelet durante los partidos que jugó la Selección en el Mundial ( la había invitado en 2009). El protagonismo de la ex presidenta no pasó inadvertido en La Moneda. Al regresar a Chile, el dirigente puso en duda la asistencia del plantel a La Moneda. La visita ocurrió finalmente el 1 de julio y estuvo marcada por un frío saludo de Bielsa a Piñera. El DT ni siquiera miró al subsecretario Gabriel Ruiz-Tagle.

Esa misma semana, Mayne-Nicholls no descartó la posibilidad de que el subsecretario Ruiz Tagle -ex accionista de Colo Colo- estuviera apoyando una lista paralela a la suya en las elecciones para reelegirse en la ANFP.

A esas alturas del año, la competencia ya se había desatado. El grupo liderado por los equipos grandes (Colo Colo, U. de Chile y la UC) buscaba apoyos.

para levantar una lista opositora a Mayne-Nicholls. En noviembre se presentó el presidente de Unión Española, Jorge Segovia.

El mismo día de la elección, Piñera anunció la remodelación de los estadios de Everton y Santiago Wanderers. Ambos equipos apoyaban a Segovia, lo que alimentó las acusaciones de la Concertación cuando Mayne-Nicholls perdió las elecciones y Bielsa renunció: la intervención de La Moneda en los comicios. Para la oposición, el caso de la ANFP abría una ventana para embestir en contra del gobierno.

La reacción de La Moneda tuvo vaivenes. Primero optaron por marginar a Piñera del conflicto y luego fue el propio Presidente quien tomó la ofensiva, llamando a demostrar las acusaciones (incluso amenazó con querellas). La Concertación reflotó el tema del conflicto de interés, pero no mostró pruebas, pese a que algunos parlamentarios afirmaron tenerlas, como Soledad Alvear. Así, la creación de una comisión investigadora no prosperó por falta de votos.

De todas formas, el gobierno resintió el episodio. Así lo mostraron encuestas internas y la última Adimark, que arrojó una caída de popularidad de 13 puntos del Mandatario. A esa altura, el gobierno había hecho un control de daños: Piñera dijo que reexaminaría su propiedad en Colo Colo -la venta de sus acciones se programó para el viernes 24 de Diciembre- y Rodrigo Hinzpeter asistió al partido de despedida de Bielsa de la Selección.

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Un Comentario

  1. Pingback: Le tengo envidia a Bielsa. « El Moderador

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