Todo se juega en Berlín

Fecha:26/06/12
Autor:Nikolaus Piper

Se acerca el momento fatídico para el futuro del euro. El diario Süddeutsche Zeitung expone que en el Consejo Europeo que se celebrará el 28 y el 29 de junio, Angela Merkel debe decidir si Alemania quiere salvar la moneda única y en qué medida lo hará.

El futuro del euro no depende de Italia. Ya no depende de España, de Portugal, de Chipre, ni siquiera de Grecia. Es en Alemania y no en otro lugar donde se decidirá si la moneda única continúa y de qué modo. En este momento, Berlín se encuentra en el núcleo de la crisis. El Ministerio de Finanzas (1)(2) y el Bundesbank son plenamente conscientes de ello, pero la cuestión está lejos de debatirse públicamente con la franqueza necesaria. Sólo Alemania puede soportar la mayoría de las cargas que surgirán del rescate del euro. La cuestión está en saber si los alemanes están dispuestos a hacerlo y durante cuánto tiempo podrán seguir haciéndolo.

Antes de otra cumbre europea difícil, los responsables políticos y la opinión pública de Alemania tienen la ocasión de realizar sus cálculos fríamente: ¿cuánto nos va a costar aún el rescate del euro, económicamente y políticamente? ¿Y cuáles serían para nosotros las consecuencias de un fracaso, es decir, de la desintegración la eurozona, independientemente de su forma? En ambos casos, ¿qué riesgos se materializarían en los balances de los bancos y en el Bundesbank? ¿Cuáles serían las consecuencias de un fracaso para la posición de Alemania en Europa? ¿Debe y puede seguir asumiendo la canciller la función de domadora de Europa?

Una depresión global difícil de evitar

Los observadores desde fuera de Europa han señalado que los alemanes desarrollan el debate sobre el euro desde un punto de vista sorprendentemente moral: “¿cómo hemos acabado pagando para que los griegos se jubilen a los 45 años?”. Estas preguntas son fáciles de comprender, pero no son pertinentes: aún no se ha inyectado ningún euro alemán al sistema de pensiones griego. Ahora es más bien el momento de elevar el debate al nivel económico y constitucional.

El Gobierno alemán debe estudiar qué tiene derecho a hacer para salvar el euro y qué capacidad posee para ello. Estos límites están definidos tanto por la Constitución (1)(2) como por la fuerza económica y la opinión pública alemanas. Los ciudadanos temen por su dinero y cada vez más perciben como una amenaza los distintos planes de rescate.

Es evidente que la estrategia adoptada hasta ahora por Angela Merkel ha fracasado en un punto importante: desde 2010, la canciller sólo ha cedido lo suficiente para que prosiguiera el rescate del euro. Ha comprado tiempo ante la preocupación comprensible de mantener el control, para obligar a sus socios a que apliquen reformas.

Pero la crisis no ha terminado, sino todo lo contrario. Su coste sigue aumentado y crece el temor de que estalle una nueva crisis financiera mundial más grave. El hecho de que la agencia de calificación financiera Moody’s haya rebajado la nota de quince bancos internacionales, en algunos casos severamente, es una señal de alarma. Hace tiempo que ya se libra la batalla final del euro.

Una garantía común europea es necesaria

El estallido de la unión monetaria ahora es una posibilidad con la que hay que contar, en el sentido literal del término. Su consecuencia desde el punto de vista alemán no sería únicamente que la cotización del euro del Norte o del nuevo deutsche Mark (1), en función del nombre que se le dé a la moneda, se dispararía de forma incontrolada; difícilmente se podría evitar una depresión mundial y no podemos sino especular sobre el futuro de la UE en su conjunto(1). Puede que estos días algunos deseen que se produzca un fin horrible del euro, pero nos preguntamos si realmente tienen idea de la magnitud que alcanzaría este horror.

El rescate del euro saldría igualmente muy caro a Alemania, como también a Francia, Italia y otros países. Las propuestas del FMI, de los países del G-20 y de numerosos economistas se resumen fundamentalmente en lo mismo: los Estados de la eurozona deben compartir al menos en parte los riesgos que plantean sus sistemas bancarios y sus préstamos estatales. Los Estados ahorradores, es decir, Alemania y Países Bajos, deberán garantizar las cuentas españolas y los contribuyentes franceses y alemanes el presupuesto de Roma, Madrid y los demás.

No se puede defender el euro con credibilidad sin una garantía común europea, al menos limitada. Para ello es necesario adoptar rápidamente una política bancaria europea. ¿Por qué existen tantos bancos europeos descapitalizados, al contrario que sus homólogos estadounidenses? Porque no existe una instancia europea que les obligue a mantener unas reservas suficientes.

Con respecto al euro, los alemanes pueden elegir entre lo malo y lo catastrófico. Deben elegir la solución mala y además hacerlo rápidamente.

Desde París: “Una visión francesa de Europa”

En un intento de última hora por limar asperezas entre París y Berlín, antes del Consejo Europeo de esta semana, Angela Merkel se reunirá con François Hollande en el Palacio del Elíseo el 27 de junio.

Dominique Moïsi escribe en diario Les Echos sobre la lucha de poder que libran los dos países socios:

“En el pasado, Alemania fue percibida como la fuerza que conducía el ideal europeo. ¿Por qué es vista ahora como un freno y como la que con su inflexibilidad y certeza inquebrantable de estar en lo correcto podría causar la implosión de Europa? ¿Cómo explicar esta radical transformación de la percepción -o de la realidad- de Alemania?

El analista político señala que, tradicionalmente, Europa ha permitido a Francia “amplificar su influencia”, mientras que Alemania ha visto “el proyecto europeo como baluarte contra el posible retorno de sus demonios internos”;

Cuando Berlín habla de la Europa de hoy, se refiere una visión de Europa más “francesa” que “alemana”. El proyecto europeo ya no sirve como muro de protección contra su propio “lado oscuro”, sino como extensión de sí misma sustentada en el federalismo que le es natural.”

Articulo original del Sueddeutsche
Artículo de Les Echos

Fecha:21/06/2012

Berlín ya ha puesto precio a su solidaridad -la puesta en marcha de una compleja iniciativa política que requeriría probablemente cambios en los tratados europeos y reformas constitucionales en Alemania y en otras partes del mundo-, por lo que ahora les toca a otros decir si están dispuestos a aceptarlo

Bruselas. - El discurso que prevaleció en los últimos dos años y medio en la Unión Europea (UE) es que la crisis de deuda de la Eurozona se agravó por la negativa de la canciller alemana Angela Merkel a rascarse más los bolsillos.

Si no hubiera esperado meses antes de dar luz verde al primer rescate de Grecia (1) (2) o a la creación de los fondos de rescate de la Eurozona, los problemas actuales del bloque harían sido afrontados mucho antes con costes mucho menores, aseguran los críticos, indicó DPA.

Ahora Merkel está siendo presionada para que permita el uso de los fondos del euro para rebajar los costos de la deuda española e italiana y ayudar a los bancos españoles, así como para que se implique en iniciativas más extensas como la emisión conjunta de deuda pública mediante los eurobonos.

La líder alemana reaccionó este mes señalando que Berlín está preparado para abrir su cartera, pero sólo a largo plazo y a cambio de una “unión política” que supondría una mayor cesión de poderes políticos de los Estados miembro de la Eurozona a Bruselas.

“No sólo necesitamos una unión monetaria, sino también una unión fiscal, lo que significa más política monetaria y presupuestaria conjunta”, dijo Merkel en declaraciones a la televisión pública ARD. “Mientras pasa el tiempo, debemos ceder poderes paso a paso a Europa y garantizar capacidades europeas de supervisión”, añadió.

El presidente del banco central alemán, el Bundesbank, también llamó la atención con sus declaraciones en una entrevista con el diario francés Le Monde. “No das tu tarjeta de crédito a alguien si no puedes controlar sus gastos”, dijo Jens Weidmann, un anterior alto asesor económico de Merkel.

Berlín ya ha puesto precio a su solidaridad -la puesta en marcha de una compleja iniciativa política que requeriría probablemente cambios en los tratados europeos y reformas constitucionales en Alemania y en otras partes del mundo-, por lo que ahora les toca a otros decir si están dispuestos a aceptarlo.

La posición de Francia es muy problemática. Históricamente, la nación en extremo centralizada ha sido reticente a ceder demasiados poderes a Bruselas.

El año pasado, el anterior gobierno dirigido por el presidente de centro derecha Nicolas Sarkozy ofreció al principio una fuerte resistencia a adoptar decisiones que hicieran más fácil imponer sanciones a Estados de la UE que gastaran demasiado.

Se espera que el nuevo líder socialista, François Hollande, ofrezca menos oposición a la idea de una Europa federal que Sarkozy, pero ello podría cambiar una vez que la Comisión Europea comience a presionarlo para que reduzca el déficit.

Hollande resultó elegido con la promesa de contratar a 60.000 nuevos profesores y dar marcha atrás parcialmente en una reforma de la pensiones que aumentó la edad de jubilación de 60 a 62 años. Si la “unión política” de Merkel fuera una realidad, la UE tendría probablemente el poder de frenar esas iniciativas.

Bruselas ya puede meterse en políticas nacionales gracias al “six-pack” de los seis instrumentos legislativos para reducir el gasto y las normas de coordinación económicas aprobadas el año pasado con el objetivo de prevenir futuras crisis de deuda en la eurozona.

Algo que ya provocó los primeros choques: cuando el comisario de Economía europeo, Olli Rehn, le dijo al gobierno belga (1) en enero que tenía que adoptar medidas de austeridad extraordinarias para escapar de la amenaza de sanciones presupuestarias, el ministro socialista Paul Magnette se rebeló.

“¿Quién conoce a Olli Rehn? ¿Quién ha visto alguna vez su cara? ¿Quién sabe de dónde viene y qué ha hecho? Nadie. Y ahora nos dice a nosotros cómo debemos conducir la política europea. Europa no tiene legitimidad democrática para hacer esto”, dijo al diario De Morgen.

Al parecer, Rehn reconoció indirectamente el problema al destacar en un discurso realizado la semana pasada que cualquier intento de apuntalar la eurozona uniendo soberanías nacionales no puede dejar de lado a la población. Por eso llamó a “un genuino proceso político para dar legitimidad y responsabilidad democrática a más movimientos” de integración.

Pero con partidos euroescépticos al alza en países como Francia, Finlandia, Holanda e Italia, es mucho pedir que se convenza a los votantes europeos de las ventajas de ceder más poderes a Bruselas para solucionar los problemas económicos.

Los recientes experimentos no tranquilizan: en la última década, los referendos relacionados con la UE mostraron su rechazo a Europa en países como Francia, Holanda o Irlanda.

Fecha:25/06/2012
Autor:Wolfgang Münchau

Con vistas a la cumbre de la UE de esta semana, el columnista Wolfgang Münchau plantea que sólo una unión política(1) puede salvar a la UE y que únicamente el primer ministro italiano puede exponerlo con claridad y convencer a Alemania. Pero ¿lo hará?

Imaginemos que este jueves por la tarde, en la reunión del Consejo Europeo de los jefes de Estado, el primer ministro italiano se levanta y dice lo siguiente: “Señor Presidente, estimados compañeros. Estamos ante una elección sencilla: podemos salvar el euro hoy y crear las bases de una futura unión política, o bien dejamos que fracase y no conseguiremos nada. Todos sabemos qué se necesita para salvar el euro. Necesitamos una unión bancaria para España, una unión fiscal para Italia y una unión política para Alemania.

“Podemos discrepar en cuanto a los detalles, por supuesto. Pero tenemos que resolver algunas de estas diferencias este fin de semana y tomar una decisión sobre los pasos necesarios en este momento. Nuestras políticas para resolver la crisis han fracasado una y otra vez. Ahora necesitamos algo que funcione rápido. Si no lo hacemos, les aseguro que dejaré de pertenecer a este grupo y que mi país ya no será parte de este proyecto”.

Permítanme decir ante todo que no espero realmente que Mario Monti pronuncie estas palabras, ni siquiera una versión más críptica. Es líder de un Gobierno técnico. Su tarea consiste en arreglar cosas. Enfrentarse a la canciller alemana, o pavonearse, como podrían describirlo algunas personas, no es parte de sus atribuciones y mucho menos hacer apuestas sobre el futuro de Italia. Los partidos políticos italianos le designaron porque necesitaban un fontanero para que sustituyera al playboy, no un jugador de apuestas. Lo último que querían era un líder.

Poner en evidencia a Alemania es equivocado

Creo que existen razones para realizar una apuesta calculada. Pero deben comprenderse a la perfección sus riesgos y sus ventajas. La clave no es tanto poner en evidencia a Angela Merkel, como han estado instando algunos de mis amigos italianos y españoles. No está tirándose un farol, a pesar de que la ruptura de la eurozona claramente sería algo desastroso para Alemania. Joschka Fischer, el exministro de Exteriores, afirmó recientemente que si se permite que la eurozona fracase, Alemania provocaría por tercera vez en un siglo la destrucción total de Europa y de sí misma.

Los que abogan por la estrategia de poner en evidencia a Alemania a menudo asumen un grado de racionalidad que sencillamente no existe. Los alemanes han desarrollado un extraño discurso sobre la crisis. Al seguir el debate allí, como suelo hacer, percibo un cierto universo paralelo. Por ejemplo, se niega que los actuales superávits de cuenta corriente constituyan remotamente un factor. En el discurso alemán, la economía es como un partido fútbol que está ganando Alemania. Y la tarea de la canciller es animar al equipo contra el otro, como hizo en Gdansk el pasado viernes, cuando Alemania derrotó a Grecia. Alemania, al igual que Merkel, parece imparable.

El reducido número de autoridades inteligentes y la élite económica comprenden lo que está en juego, pero están dispuestos a asumir el riesgo de un accidente. El mantenimiento del euro no es su principal objetivo.

Analfabetismo económico y financiero

Cuando Otmar Issing, antiguo economista jefe del Banco Central Europeo, rechaza categóricamente cualquier forma de mutualización de la deuda (1), tal y como hizo en un reciente artículo en un periódico, no menciona qué ocurriría si el Gobierno siguiera su consejo. La eurozona se disolvería.

Si llega la presión de la disolución, vendrá de Italia. Silvio Berlusconi dijo de modo alarmante la semana pasada que la salida del euro no sería ninguna blasfemia. Expuso una serie sencilla de opciones: o Italia es rescatada, o Alemania sale de la eurozona, o Italia sale de la eurozona. Me da la impresión de que Berlusconi está preparando a su partido para ganarse el voto de los euroescépticos en las próximas elecciones y retar al Movimiento Cinco Estrellas en contra del euro, así como a su líder Beppe Grillo. Al parecer, Berlusconi ha estudiado sus discursos y sus escritos en detalle. Lo que estamos viendo en este caso es el proceso de cómo la postura en contra del euro se puede volver la corriente mayoritaria.

Y si sucede algo así, puede que ya sea demasiado tarde para salvar al euro. Los líderes de la eurozona han tenido más de tres años para actuar. Y los han desaprovechado. Puede que individualmente sean personas inteligentes, pero como grupo, han demostrado un extraordinario nivel de analfabetismo económico y financiero. ¿Recuerdan la noción de la contracción fiscal expansiva? ¿O la idea absurda de ampliar el fondo de rescate? ¿O la idea de que los inversores privados asumieran voluntariamente los costes de la estabilización? ¿Realmente creemos que estas son las personas que harán lo correcto en un solo día, cuando han cometido todos los errores posibles en tres años?

Retar a Merkel desde el interior

La única esperanza sería que alguien desde el interior retara a Merkel.

Esa persona debería vetar la chapuza que probablemente se proponga el jueves. ¿Qué nivel de credibilidad tiene una unión política en el futuro si no podemos salvar la eurozona hoy? Nos encontramos en un momento crucial.

Nadie ocupa una mejor posición para hacer frente a Merkel que el primer ministro italiano. Cuenta con información privilegiada sobre Europa. Es inteligente y elocuente. Su país es el siguiente al que atacarán los mercados. La Unión Europea carece de plan B.

Una amenaza de dimisión sería creíble y asustaría a muchas personas. No tiene nada que perder. Sus resultados en las encuestas de votos se han derrumbado y también está perdiendo apoyo dentro de su coalición. Monti sólo podrá salvar a su país y al euro hablando claramente ante la clase dirigente.

Consejo Europeo:Frenéticos preparativos para la Cumbre de la última oportunidad

A pocos días del Consejo Europeo de Bruselas del 28 y 29 de junio, descrito por los observadores como “decisivo” para el futuro del euro, los preparativos están en marcha y las reuniones entre los protagonistas se multiplican. Después de participar en la “minicumbre” de Roma celebrada entre Italia, Alemania, España y Francia el 22 de junio, François Hollande se reunió en París con Mario Draghi el día 25 de junio. El presidente del Banco Central Europeo tuvo como misión abogar frente al presidente francés en favor de la unión bancaria y una mayor integración política. Según explica La Stampa, hay mucho en juego para Draghi,

Si los líderes de la UE no logran tomar decisiones eficaces en la cumbre del 28 al 29 de junio, es Mario Draghi quien tendrá que pagar los platos rotos.

E incluso aunque los mercados confíen en que Draghi pueda encontrar una solución,

en el seno del BCE es cada vez más difícil adoptar nuevas medidas sin que los alemanes -que sistemáticamente han ido quedando en minoría a lo largo de los últimos meses- no den a conocer su descontento en el exterior, causando una pérdida de prestigio para todos.
El miércoles 27, Hollande recibirá a Angela Merkel en París. Con la canciller alemana, “las diferencias son mayores que nunca”, indica Les Echos.

El diario económico francés recuerda que “es en el ámbito de la solidaridad en el que Hollande intentará ganar concesiones por parte de Angela Merkel”, que sigue “renuente a dar un gran salto adelante institucional”.

El presidente francés ha renunciado a poner a los eurobonos sobre la mesa de negociaciones, pero espera que la canciller acepte otras formas de mutualización como las obligaciones a corto plazo, un fondo de amortización de la deuda europea o la posibilidad de que los fondos de rescate europeos compren la deuda de los países en dificultades dentro de la eurozona, para contrarrestar a los tipos de interés disparados en la deuda soberana.

Artículo  del Financial Times
Artículo de La Stampa
Artículo de Les Echos

Para su lectura

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 31 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: