Gastón Soublette: la voz de la Utopía

Fecha:28/02/2012
Autor:Vicente Parrini
Fotografía: Carolina Vargas
Producción: Álvaro Renner

Figura mítica en las contiendas estudiantiles de los 80 y gran amigo de Violeta Parra, su curso sobre Sabiduría Tradicional Chilena está entre los más apreciados por las nuevas generaciones de alumnos de la Universidad Católica. A los 87 años, su voz de maestro, filósofo y activista de la no violencia suena con más fuerza que nunca.

Conversar con Gastón Soublette, una tarde de verano a la sombra de un palto centenario en una parcela de Limache, puede ser una vivencia digna de ser contada a los nietos. Su sencillez en el trato, su fina inteligencia y vasta cultura, fundada en la práctica de la meditación y el desarrollo sistemático de variados saberes, lo convierten en un interlocutor inolvidable. Para satisfacer a su padre Soublette terminó Derecho en la Universidad de Chile, pero en compensación a ese preámbulo tedioso, decidió consagrarse a lo que de verdad le interesaba: el estudio de la música –egresó como compositor del Conservatorio de París–, del arte medieval, de la filosofía oriental –el tao te king, el confucionismo, el hinduismo–, de la cultura mapuche y la sabiduría popular. Con idéntico entusiasmo ha ejercido hasta hoy la docencia y la escritura sobre los temas que lo apasionan, como se puede apreciar en dos de sus más recientes libros: Sabiduría chilena de tradición oral: refranes y La cara oculta del cine.

Como discípulo de un seguidor de Gandhi, le ha tocado promover también, en diferentes hitos de su vida, la revolución no violenta, saltar del trabajo académico a “la plenitud vital” –como él mismo la llama– de la acción directa. Lo hizo en Mayo del 68 en Francia, siendo agregado cultural de Chile en ese país, y ahora con el movimiento estudiantil de 2011, desde el Campus Oriente de la Universidad Católica, donde hace clases desde hace más de cuarenta años. Quienes lo conocieron en ese lugar, durante la década del 80, recordarán su inconfundible facha de chamán o profeta, ataviado con un poncho mapuche, invitando a los estudiantes a usar la no violencia activa para resistir al régimen de facto que gobernaba Chile. Y también haciendo vagar a sus alumnos por los símbolos secretos del cine en sus clases del Instituto de Estética, dirigiendo un taller literario en un reservado del restorán Las Lanzas, de la plaza Ñuñoa, o mediando con las fuerzas policiales que llegaban a reprimir las protestas universitarias de la época.

Gastón Soublette se autodefine como un “burgués que conoce las pifias de la visión burguesa del mundo”. Quizás por eso, ya próximo a los 90 años y con la energía de un montañista, sigue siendo un rebelde frente a un modelo de sociedad “en crisis terminal” y a un sistema educativo que, a su juicio, “nos impide liberar el enorme potencial síquico que tenemos para cambiar el estado de las cosas”. Sobre esos y otros temas conversa sumergido en el valle de Limache, mientras ronda por ahí su perro Lonko.

¿Podría hacer un puente entre el movimiento de Mayo del 68 en París, que a usted le tocó vivir como agregado cultural de Chile en Francia, y el movimiento estudiantil chileno de 2011?
Durante la reciente toma del Campus Oriente les di una conferencia a los alumnos sobre mi experiencia en París. Yo era discípulo de un seguidor de Gandhi, Lanza del Vasto, y había sido formado en la doctrina de la no violencia activa. Cuando estalló ese conato revolucionario juvenil, que empezó en Alemania y se extendió por diferentes partes del mundo, pensamos con algunos amigos cuál podía ser nuestra contribución para que ese movimiento no desbordara en violencia y se desprestigiara. La ocasión de difundir esa postura se presentaba en una de las tomas, la del teatro del Odéon.

¿Y qué se debatía al interior del teatro?
Tuve la suerte de tener acceso a los debates en el Odéon, porque el jefe de la toma del teatro era amigo mío. Entré en un momento en que hacían la contabilidad de las armas que tenían y que eran muy pocas. Decían que la próxima toma sería en la Municipalidad de París, defendida por la policía profesional. Tratamos de convencerlos de que eso era un suicidio y de la necesidad de ejercer la resistencia no violenta. “¿Se imaginan lo difícil que sería desalojar este teatro si nadie se quiere mover de las butacas?”, les decíamos. Se sometió a votación y, por unanimidad, fue aprobada nuestra postura. Claro que Charles de Gaulle, que gobernaba Francia en ese tiempo, tuvo la astucia de no enviar nunca a la policía a desalojar. Él apostó a que el movimiento se iba a desinflar solo, como, de hecho, sucedió.

¿Cree que termine desinflándose el movimiento estudiantil en Chile, como pasó con el Mayo francés?
Acá se le ha dado demasiada importancia a las manifestaciones espectaculares y a las grandes marchas. Han sido absolutamente necesarias, pero no tengo claro cuál será el temple del movimiento cuando las marchas y las tomas cesen. Después viene el trabajo de hormiga, sin espectacularidad, incluso sin publicidad. ¿Estarán dispuestos los estudiantes a elaborar un proyecto país revolucionario, realmente novedoso y que no esté dominado por los partidos tradicionales?

¿Y qué le parecen los argumentos que se han dado desde la clase política en torno al tema educacional?
El diálogo sobre la educación en Chile invoca solo temas de procedimiento, pero no del contenido de la educación. ¿Estamos educando para continuar explotando al prójimo, para seguir depredando el planeta y creando una sociedad jerarquizada y discriminadora? Esa pregunta no está en la tabla del día, porque la educación está al servicio del modelo de civilización puramente tecnológico y financiero. Es a través de la educación que se recupera una sociedad que ha perdido sus valores y que está dominada por un materialismo espantoso. Para eso es necesario educar en dos sentidos: como servicio a la comunidad y para formar el carácter del hombre en la virtud y en la sabiduría. Que en un punto tan clave solo se discutan cuestiones de procedimiento, es un signo de la decadencia espiritual de este país.

Se ha referido en sus escritos a los condicionamientos que impedirían la formación de individuos libres y críticos del sistema…
Se requeriría de padres sabios que no traumatizaran a los niños y de colegios que les abrieran un horizonte para su desarrollo síquico, para conocerlos mejor y saber cuáles son sus aptitudes y sus fallas, para que se desarrollen sin impedimentos. Eso no se da ni en la familia ni en la educación. El verdadero sentido de la educación consiste en desarrollar ese potencial.

Pero, ¿que puede hacer un joven para revertir esa situación y romper con esas verdades verticales?
Tuve 52 alumnos en mi curso de Sabiduría Chilena de Expresión Oral y si hay algo que los impresionó a estos cabros fue la siguiente idea: “Puedes ser evaluado como inteligente, mediocre o inútil pero, sea como sea, naces con un potencial síquico gigantesco y por haber nacido donde naciste, o por el colegio donde estudiaste, o los padres que tuviste, o los compañeros que fueron crueles contigo, ese potencial tuyo no se ha desarrollado como corresponde”. El sabio popular dice: “para saber quién es, canta el canario”, o sea, que en la acción el hombre se conoce a sí mismo. A muchos jóvenes de hoy, más que ganar fortunas les interesa conocerse a sí mismos, porque para cambiar el mundo necesitan cambiar ellos primero.

Otro de los movimientos estudiantiles en los que usted ha participado fue el de resistencia pacífica a la dictadura en el Campus Oriente en los años 80. ¿Qué balance hace de esa época?
Tengo sentimientos encontrados, porque, a pesar de que sufríamos tanto, yo viví una plenitud vital que me cambió la vida. Eso me ha llevado a la conclusión de que me gusta lachuchoca, en el fondo. Uno, en esos momentos, movilizaba energías que no sabía que tenía, un coraje, a veces, hasta temerario. En esa época fue tremenda la solidaridad con los que sufrían, con las víctimas del horror. Y por otro lado, en mi caso, seguir profundizando en el conocimiento de la cultura popular y en lo indígena, hacer guillatunes en la cordillera, formar talleres literarios, integrar la comisión mediadora de la universidad, ir a liberar a alumnos que fueron detenidos… Con el retorno a la democracia extrañé mucho esa vitalidad.

La importancia de Violeta y la cultura popular

Otra de las cruzadas de Gastón Soublette es continuar estudiando y promoviendo la cultura popular y el legado de Violeta Parra, su amiga y mentora de esa aventura. Desde que la conoció en radio Chilena, siendo director de programas de la desaparecida emisora, se nutrió del conocimiento adquirido por Violeta en su trabajo de recopilación de la auténtica tradición poética y musical de nuestro país. Todavía tiene grabado su último encuentro con ella en una escala en el aeropuerto Orly de París, unos meses antes de que la autora de Gracias a la vida se suicidara con el disparo de un revólver, el 5 de febrero de 1967, en su carpa de La Reina.
“Fue una amiga entrañable y una mujer extraordinaria que abrió la puerta para que la cultura tradicional permeara a la población de Chile, diciéndonos: “Señores, esta es la cultura de nuestro pueblo y tiene un valor aún más grande que la cultura ilustrada, importada de Europa…”

Al igual que Violeta Parra, usted ha dedicado una parte de su vida a estudiar y promover esa sabiduría popular. ¿Por qué le parece tan importante rescatar ese conocimiento?
Tomemos el ejemplo de Confucio, que vivió en un imperio antiguo chino en plena decadencia y se convirtió en el gran profeta que sistematizó la cultura tradicional y la legó a las generaciones venideras para preservar los valores perdidos. Decidimos con Fidel Sepúlveda, profesor del Instituto de Estética, hacer lo mismo en nuestro país, rescatando la cultura tradicional popular e incluyéndola en la educación superior. Tenemos un largo trabajo juntos en ese sentido. En lo más reciente, hice el año pasado un curso de Sabiduría Chilena de Tradición Oral y la reacción de los alumnos fue maravillosa. Para ellos fue un descubrimiento tremendo saber que no era la sabiduría de Andrés Bello ni la de Mac Iver, sino la del sabio popular anónimo que vivió en nuestros campos.

Está también el hecho de que una buena parte de nuestros artistas importantes provienen del mundo popular, como Neruda, la Mistral, De Rocka, Nicanor Parra
Todos son del pueblo, así de claro. Además, ellos fueron muy permeados por esta sabiduría, porque el pueblo no se interesaba en ir a predicar ese conocimiento a los caballeros que estaban infatuados por su cultura europea, por los grandes pensadores franceses o alemanes.

En la película de Andrés Wood, basada en la vida de Violeta Parra, se ve cómo ella trabaja en el rescate de esa sabiduría…
La infancia y la formación de Violeta corresponden al momento en que la cultura urbana va fagocitando a la cultura rural. Empiezan a despoblarse los campos por la migración de la gente a la ciudad, las personas empiezan a olvidar su texto hablado, se debilita la vida comunitaria y se transita a pasos agigantados a un mundo muy individualista.

Hay una escena de la película en el Club de la Unión, donde luego de alabarla por haber triunfado en París, a Violeta la querían mandar a comer a la cocina… ¿Cree que existe alguna razón para ese sentimiento de superioridad de las elites chilenas?
Ningún hombre tiene ningún motivo para sentirse superior a otro. En el fondo, ese sentimiento responde a una cuestión de estatus en una sociedad jerarquizada artificialmente, pero no existen verdaderas razones para que se sientan superiores.

Los peligros del discurso cuico

Entre los antepasados de Gastón Soublette se encuentra un tatarabuelo que fue dos veces presidente de Venezuela y discípulo de Bolívar. Bisnieto de un ingeniero que llegó a Chile a ocupar el puesto mejor pagado del país en la Sociedad del Salitre y el Yodo, es descendiente de grandes maestros de la logia masónica y reconoce su mezcla de “sangre francesa, vasca, alemana y mapuche”.

Otra de las causas que usted ha mantenido en el tiempo ha sido el rescate y promoción de la cultura mapuche…
En nuestra sociedad se considera que vivir a la manera burguesa es lo aceptable y se desprecia a los pueblos originarios. Morris Berman, gran historiador norteamericano, ha hecho una investigación de la sabiduría indígena y dice que ellos tienen una ventaja sobre nosotros: el alerta sicológico que los lleva a lo que él llama “la paradoja”, que es admitir en tu mente proposiciones y emociones contradictorias, para sacar una conclusión espiritualmente más elevada. En cambio, la cultura ilustrada conoce solo verdades verticales. Para vivir en comunidad, inserto en el orden natural, con 20 mujeres, hasta los 130 años, guerreando con un gran sentido de la dignidad y la libertad, como el cacique mapuche Calfücura, se requiere una sabiduría más alta que para vivir en un departamento.

¿Y por qué sería tan importante alcanzar la sabiduría?
Hay una instancia suprema de la conciencia que los hindúes llaman “budi”, que es el verdadero entendimiento. Se trata de que todas tus partes oscuras sean puestas a raya y que veas la realidad con una lucidez muy firme. Eso nos lleva a despojarnos de nuestros prejuicios y, como dice Nicanor Parra, a “no dejarnos llevar por el discurso cuico”, que valoriza solo la cultura ilustrada y te aleja de la posibilidad de un saber práctico que te revele el sentido de la vida en el quehacer cotidiano.

Usted ha dicho que es “un burgués que se dio cuenta de las pifias de la concepción burguesa del mundo”. ¿Cuáles serían esas pifias?
Ser inconscientes de que existe una tradición cultural muy importante en los estamentos trabajadores de Chile o, si llegan a saberlo, pensar que no tiene ningún valor. Quien nace en un hogar acomodado tiene condicionamientos tremendos: discriminación racial, discriminación de clase, sobrevaloración de la cultura ilustrada en desmedro de la cultura indígena y popular. Cuando la cultura ilustrada es un barco que se hunde como el Titanic, uno descubre que el pueblo tenía un texto hablado de múltiples matices. Un pueblo es realmente un pueblo cuando es una comunidad que comparte una tradición que le da sentido y un estilo a su vida.

Estamos entrando en 2012, y es difícil no hacer la pregunta de rigor: ¿cree en las predicciones sobre el fin del mundo?
El mundo no se va a acabar, porque ya se acabó. Mundo significa orden, que en este caso está representado por la cultura occidental cristiana, que se terminó. Estamos en una era tecnológica y financiera que no basta para desarrollar una cultura humana. El 2012 lo veo como el inicio de una era que ya empezó con la primavera árabe, con las protestas estudiantiles, con los indignados, y que se traduce en la reivindicación de otras formas de conocimiento que nos permitan ser mejores.

Fuente

Acerca de Ocktopus

Chileno, criado en Venezuela, amante de la buena vida, del buen pasar. Inquieto en los temas que me apasionan, siempre indago, busco e intento conocer nuevas cosas. Emprendedor innato. Siempre intento canalizar mis actividades en aquellas cosas que me atraen, de allí que los espacios en la red se vinculan a el turismo, la gastronomía y mantenerse informado.

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